Gobierno insumiso

En un estado de derecho las leyes hay que cumplirlas desde el último de sus ciudadanos al más destacado de sus mandatarios. Sobre esa exigencia de igualdad ante la ley se construye la convivencia en democracia. Este principio luego tiene algunas imperfecciones que se sobrellevan con dosis de buena voluntad. Ahora bien, que un gobierno se declare insumiso a una norma que forma parte del bloque de constitucionalidad no hay por donde cogerlo. Han de ser los representantes públicos los primeros en dar ejemplo ante la ciudadanía.

El secretario de Estado de Hacienda, el ínclito Antonio Beteta, se descuelga con que el Gobierno de la nación no tiene la obligación de cumplir el criterio de inversión que recoge el Estatuto de Autonomía de Andalucía. Para este buen señor, una ley de tan elevado rango no supone ningún compromiso y se permite el lujo de reírse de un texto legislativo que el propio Mariano Rajoy o Javier Arenas apoyaron en el Congreso de los Diputados y que el pueblo andaluz convalidó en un referéndum. Y no sólo nos quiere birlar 1.504 millones de euros en inversiones no realizadas, sino que miente para intentar enmascarar sus fobias hacia esta tierra.

Esta salida de Beteta supone una agresión para Andalucía y un desaire para el conjunto de los andaluces, sean de la orientación ideológica que sean. Recupera este secretario de estado los modos y los usos del PP durante la etapa negra de Aznar, los años del castigo sistemático y la confrontación. Retoma el palo y tentetieso contra esta comunidad autónoma, la política de acoso y derribo contra una tierra que se resiste a darle la confianza de gobierno a la derecha. Y con este tipo de actitudes injustas, hostiles y rencorosas hacen más difícil que el pueblo andaluz modifique su opinión. La gente en Andalucía tiene memoria y sabe de sobre que la derecha ni cree ni quiere a esta tierra. ¿Dirá algo Zoido, el nuevo dirigente pepero, sobre este desafuero contra Andalucía?

Vuelve la confrontación

No constituye ninguna sorpresa. Javier Arenas se subió en el último minuto al acuerdo para la reforma del Estatuto de Autonomía. Con ese movimiento meramente táctico, para nada sincero, el Partido Popular no quería incurrir en el error de su no a la autonomía plena para Andalucía en el referéndum de 1980. El 28-F ha sido una losa para la derecha desde entonces. Como todo era un escaparate, a las primeras de cambio Arenas ha preferido plegarse a los designios del Gobierno de la nación, aun a costa de pisotear la carta autonómica andaluza.

Me explico. En el Senado, el PP, con el voto de su señoría Arenas, han rechazado una moción del Grupo Socialista en la que pedía el cumplimiento de la disposición adicional tercera. Esta cláusula obliga al Gobierno central a invertir en Andalucía durante siete años un porcentaje equivalente al peso de su población, un 17,8%. Desde la entrada en vigor del Estatuto, y bajo mandato socialista, se venía cumpliendo anualmente con esta exigencia legal. En el primer presupuesto de Rajoy se roto esta dinámica al consignar sólo un 14,6% del total. La derecha, con Arenas agazapado en los escaños de la Cámara alta, se ha enrocado en este incumplimiento flagrante del Gobierno de la nación.

Desde la Junta de Andalucía se planteó una ofensiva política antes de recurrir a los tribunales para reclamar lo que a la comunidad autónoma le corresponder por derecho. Está claro que en la Moncloa no se piensa cambiar ni una sola coma de su proyecto de presupuestos para 2012. Al Ejecutivo autonómico no le quedará otra que optar por la vía judicial para defender los intereses de Andalucía. El PP está reeditando la agenda de la confrontación de la era Aznar, una estrategia revanchista que busca castigar a una tierra que no los vota. En esta ocasión será incluso una carga más agresiva y sectaria después de la profunda decepción de la derecha el 25-M. Se frotaban las manos embriagados del éxito de las encuestas y, sin embargo, seguirán sentados en los bancos de la oposición. Y como no pueden en las urnas, usan de forma pendenciera e injusta el BOE. Como no saben perder, recurren a las malas artes despreciando a la legislación vigente y a los andaluces. Vuelve la confrontación.

La irresponsabilidad de Soraya

Volvemos a las andadas. Como en 1996, el Gobierno del PP le ha puesto la proa a Andalucía. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, no sólo equivocó el Palacio de la Moncloa con la sede de su partido, error de bulto que denota cierta bisoñez (o ganas de confundir), sino que mintió sobre la situación financiera de Andalucía. Haciendo el juego a su compañero Javier Arenas, postulante por cuarta vez a la presidencia de la Junta el 25-M, y a un periódico reconvertido en pasquín, lanzó una sombra de sospecha sobre las cuentas de la comunidad andaluza. Los datos desmienten la osadía sectaria de Soraya: el Banco de España o el Ministerio de Hacienda certifican que tanto la deuda como el déficit de Andalucía están por debajo de la media nacional. Con estos argumentos, sólo cabe calificar de irresponsabilidad inadmisible la declaración de la vicepresidenta y enmarcarla dentro de la carrera electoral a la desesperada de un Arenas al que ya no le quedan más oportunidades ni derrotas que acumular. Esta forma de actuar recuerda a la deslealtad institucional que caracterizó los ocho años de Aznar. A la derecha parece que sólo le va el palo y tentetieso  con Andalucía. Comparto las palabras del presidente Griñán: “Esto es una operación contra Andalucía orquestada por motivos puramente electorales“. ¡Basta ya de agresiones!

Viejos y malos modos

Dice el refrán que la cabra siempre tira al monte. A las primeras de cambio, esta derecha triunfante subida en su ola azul ha vuelto a las andadas de las actitudes despóticas de la era Aznar. Mal comienzo para una legislatura con temas tan urgentes para acometer desde el consenso y la cooperación entre administraciones. La toma de posesión de la nueva delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, fue un ejemplo del sectarismo y de la falta de respeto a las instituciones autonómicas que recordó a otros infaustos tiempos. Desde el Gobierno de España se respondió a la mano tendida y a la oferta de colaboración lanzada por el presidente andaluz, Pepe Griñán, con un desplante injustificado e injustificable. Se presentó la flamante vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, con una delegación de la representación de Mariano Rajoy en el acto, una triquiñuela para desplazar y agraviar al jefe del Ejecutivo regional.

La maquinaria de la intolerancia del Partido Popular rebuscó una fórmula legal para agredir al presidente de los andaluces y las andaluzas, que demostró altura de miras al acudir a un acto para mejor gloria de sus adversarios políticos. ¿No cabían sendas intervenciones de Santamaría y Griñán en sintonía con el llamamiento que Rajoy ha hecho al PSOE para abordar ahora juntos (antes no) la lucha contra la crisis? No, optaron por el ninguneo. La cortesía política no parece estar en el manual de urbanidad del PP, o quizá están embriagados de tanto éxito que los mueve el fanatismo.

Estas argucias mezquinas tienen la firma de un político de antes y de ahora, Javier Arenas, instigador de la estrategia de confrontación con Andalucía durante los ocho años negros de Aznar para con esta tierra. No se trata de un desplante a un dirigente socialista, sino al primer representante del Estado en Andalucía y de los ocho millones y medio de ciudadanos de esta comunidad. Estando Arenas por medio y con la ansiedad de afrontar su cuarta tentativa a la Junta mucho me temo que no será la última. Han vuelto los viejos y malos modos de antaño.

Foto.- El Mundo.

Parlamentarismo basura

Lo podemos llamar parlamentarismo basura. O amarillo. O del morbo. Los tres términos son intercambiables y se refieren a una deriva de la confrontación política que despliega el Partido Popular en Andalucía para poner la caldera a punto de reventar y llevar el debate a las cloacas y no a los asuntos que interesan a la gente. En política, al menos hasta ahora, la esfera privada quedaba al margen de la contienda entre partidos. No sé si será por la ansiedad de Javier Arenas, eterno perdedor que se juega a todo o nada su futuro en las próximas elecciones autonómicas, o por la enajenación transitoria de algunos/as meritorios/as que se quieren ganar el favor del jefe, o por ambas cosas al mismo tiempo, que el PP está enfrascado en esta escalada desquiciada de crispación y laminación del adversario recurriendo a todo tipo de artimañas.

El diario de sesiones del Parlamento recoge ejemplos sonoros de ataques personales que persiguen generar un ambiente enrarecido en torno a la cosa pública y provocar desafección de la ciudadanía andaluza hacia el PSOE. Es una estrategia perfectamente calculada en la que poco importa sobrepasar los límites de la decencia con tal de arañar unos cuantos votos. La semana pasada, en una de las comisiones a la que estoy adscrito como diputado, en concreto en la de Presidencia, asistí a una representación de un grotesco Sálvame parlamentario que removería la conciencia crítica de cualquier ciudadano de bien por tanta bajeza en la dialéctica política. La artista invitada de esta sesión, que no pasará a los anales del parlamentarismo, fue la diputada popular Teresa Ruiz Sillero, agresiva e irreverente hasta un punto inasumible. Se pasó de rosca y, lo que es peor, se relamía los labios de satisfacción por su infausta faena. Ahí va un resumen de las principales perlas de esta heredera ¿aventajada? de Emilio Castelar:

  • Esta pregunta se realiza por el total secretismo que hay en torno a esta Delegación, y lo único que se sabe es que el Delegado de la Junta de Andalucía… Y si se teclea en Google, en una búsqueda básica, sobre la Delegación de la Junta en Madrid, pues, la única noticia que aparece es que el delegado es Julián Martínez, el novio de Bibiana Aído —la ministra del aborto—.”
  • Relaciona los actos en los que ha participado el señor Julián Martínez, que, como digo… Y es un hecho cierto —eso no se lo va a negar, a pesar de los puntos suspensivos que quiere decir el consejero de Presidencia—, que el señor Julián Martínez es el novio de Bibiana Aído y se le nombró con posterioridad, inmediatamente a que fue nombrada Bibiana Aído, y aquí está publicado. Es una información que está publicada en Internet y en distintos medios de comunicación…
  • …es un hecho cierto que Julián Martínez —así aparece en los medios de comunicación, a no ser que en los últimos días haya cambiado sus circunstancias— es el novio de Bibiana Aído…
  • …qué casualidad, el consejero de Gobernación es de Alcalá de los Gazules, igual que Bibiana Aído, de Alcalá de los Gazules…

Si a pesar de este nivel de oratoria y de argumentación más que deficiente alguien tiene ganas de conocer al detalle el debate entre la parlamentaria Ruiz Sillero y el consejero de Presidencia, Antonio Ávila, le adjunto un link que demuestra que hay dos formas de hacer política bien distintas y que se puede ser contundente y firme en los planteamientos sin necesidad de recursos zafios ni ponzoña.

Diario de sesiones de la Comisión de Presidencia del 17 de diciembre.

Foto.Chiclana Digital.