Las reválidas ya son historia

La eficacia del trabajo político se mide por los resultados que se consiguen. En este mes escaso que lleva rodando la legislatura se ha logrado ya, entre otras cuestiones, frenar la dañina LOMCE y hoy suspender las reválidas, que tenían en vilo a más de medio millón de estudiantes españoles. El PSOE ha trabajado de la mano de la comunidad educativa para frenar una injusta reforma impuesta por el Partido Popular sin consenso. Gracias al acuerdo alcanzado entre el Ministerio y comunidades autónomas, se vuelve al modelo anterior, a la selectividad, para el acceso a la Universidad tras cursar 2º de Bachillerato y se dejan definitivamente sin valor académico las pruebas de final de Primaria y ESO. De esta forma, se transmite tranquilidad y certidumbre a los niños y niñas y a sus familias a la hora de encarar el final del curso sin sobresaltos. Esta rectificación del Gobierno de Mariano Rajoy supone una buena noticia para toda la comunidad educativa y permite ser razonablemente optimistas para que en el plazo de seis meses se pueda alcanzar un gran pacto nacional sobre el modelo educativo que supere el fiasco de la LOMCE. Un pacto que consolide una educación de calidad, que garantice la igualdad de oportunidades, que no segregue y favorezca la integración y que proteja la educación pública. Una buena noticia para todos que ha tardado en conseguirse por el empecinamiento del PP en mantener una hoja de ruta equivocada y sin contar con ningún apoyo. Se empiezan a revertir las perniciosas medidas de la época del rodillo de Rajoy y a demostrar que esta legislatura desde la oposición se puede conseguir muchas cosas.

Foto.Huffington Post.

Segregación clasista y sexista

Ya está sobre la mesa la reforma educativa de Mariano Rajoy, séptima de la democracia. El Consejo de Ministros dio luz verde en su reunión a un anteproyecto de ley con el sarcástico y petulante nombre de “mejora de la calidad de la educación”. Antes de entrar en el regresivo contenido de la reforma, tiene bemoles que con los recortes y los obstáculos que está poniendo a la educación pública, una voladura controlada y calculada de la igualdad de oportunidades, el Ministerio se descuelgue con semejante nombre para su proyecto de involución académica.

El modelo educativo que quiere poner en marcha el ministro Wert supone un paso atrás desde el punto de vista pedagógico (añoranzas de aquellos tiempos del catón) y pretende restar fondos a la escuela pública para favorecer el negocio privado y un modelo más clasista, elitista y segregador. Con estos mimbre se ahondará en la brecha social (los hijos de familias con menos recursos estarán en desventaja) y no se facilitará la integración. Al segregar desde edades muy tempranas se abona el terreno para el incremento del fracaso escolar. La división prematura de estudiantes, como ocurría antaño, en listos y torpes, penalizará a los procedentes de entornos con ambientes sociales más humildes.

Segregación por razones académicas y también por razones de sexo. Una prueba más del órdago ministerial es la inclusión de la educación diferenciada (los niños con los niños y las niñas con las niñas) como beneficiaria de recursos públicos pese a la reciente sentencia contraria del Tribunal Supremo. El alto tribunal entiende que en estos centros no se favorece la igualdad efectiva de hombres y mujeres. El Gobierno, sin embargo, hace oídos sordos a este fallo judicial.

Se ha producido una reacción casi unánime de rechazo al proyecto. Sindicatos, oposición política, comunidades autónomas, profesorado y padres y madres de la escuela pública. Sólo ha contado el anuncio de Wert con el aplauso de la patronal y las familias de colegios católicos y privados. Por si había alguna duda sobre el maltrato que el Gobierno de la nación iba a por la escuela pública, las adhesiones a la reforma señalan quienes son los principales beneficiarios de la misma. Por tanto, estamos ante la imposición de un pendulazo ideológico por más retórica beatífica que se derroche desde el Palacio de la Moncloa.

Sería imprescindible que Wert abandone las bravatas y que abra un proceso de diálogo con las comunidades autónomas y con el conjunto de la comunidad educativa. El Gobierno central debe despojarse de sus prejuicios ideológicos y favorecer una reflexión serena y plural que dé respuesta a las necesidades del sistema educativo. Si no se aviene al diálogo, la reforma condenará a muchos niños y niñas al fracaso. Y lo que es peor hará germinar una sociedad de dos velocidades al liquidar la igualdad de oportunidades.

Peor educación

La ecuación no puede ser más perversa. O más engañosa. El Gobierno de Rajoy mete la motosierra en la educación pública (un 21% menos en los presupuestos en los Presupuestos Generales más 3.000 millones adicionales para acallar a los mercados) y nos quiere hacer ver que esta demolición controlada supondrá una mejora de nuestro sistema educativo. ¡Que no nos tomen por tontos! El ministro Wert puede hacer todo el encaje de bolillos dialéctico que quiera para justificar este hachazo brutal a uno de los pilares del estado del bienestar, pero no engaña a nadie. ¿Quién se va a creer que con menos recursos puede funcionar mejor la educación? Ni la educación ni un club de fútbol ni una mediana empresa. Este tijeretazo supone una involución y un severo golpe a la igualdad de oportunidades.

El plan de reconversión de la educación pública se resume en más alumnado por clase y menos profesores. En concreto, se impone desde el Gobierno a las comunidades autónomas: incremento del 20% de la ratio de alumnos por aula (33 en Primaria y 38 en Secundaria); se aumenta las horas lectivas del profesorado, con lo que perderán su empleo unos 100.000 docentes interinos en España, 15.000 en Andalucía; las bajas de profesores inferiores a 10 días lectivos no se cubrirán; los centros sólo están obligados a ofertar una modalidad de Bachillerato (ciencias o letras); y se pospone sine die la entrada en vigor de la ampliación hasta 2.000 horas lectivas de los ciclos formativos de FP de grado medio o superior.

Con todos estos pasos atrás, el ministro Wert tiene la osadía de decir que el sistema educativo no se resentirá. Quien no se consuela es porque no quiere. Estos recortes empobrecen la educación pública y provocarán un aumento del fracaso escolar. El deterioro está cantado, salta a la vista. No es de extrañar que ante tan desmesurado tijeretazo la Junta de Andalucía y todos los sindicatos del sector educativo hayan alzado la voz de alarma. El retroceso es para preocuparse. Y los mercados frotándose las manos.

La figura del maestro

Me agrada sobremanera la decisión del Gobierno andaluz de reforzar la figura del profesor. No con palabras vacías o compromisos de cara a la galería, sino con las garantías del desarrollo legislativo. La Consejería de Educación planea reformar los reglamentos de organización de los centros y elaborar una carta de derechos de los docentes. El principal fin que persigue esta oportuna iniciativa es realzar el reconocimiento público del maestro. Se articulan medidas imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema educativo con objeto de robustecer la autoridad del profesorado. Por ejemplo, se considerará la agresión a un docente como atentado a un funcionario público y se concederá asistencia jurídica a los afectados. La Junta, usando la misma terminología de la consejera del ramo, Mar Moreno, “se moja” a favor de los maestros. Y lo hace con decisión y criterio.

Ya era hora de que se protegiera el magisterio ante una falta de consideración social cada vez más alarmante. Se ha vivido en España y en Andalucía los efectos de la ley del péndulo. En mis tiempos de escolar, últimos coletazos del franquismo, el maestro era un semidiós, un personaje severo y autoritario que causaba un miedo cerval al alumnado (había algunos especímenes con este ADN en los Salesianos) y que era venerado sin rechistar por los padres y madres, hiciera lo que hiciera. Mi padre me ponía el mismo castigo que me había impuesto el profesor.

En la actualidad, en muchas aulas y en muchas familias se toma al profesorado como el pito del sereno. Ni tanto ni tan calvo. El papel social del maestro requiere de un apoyo explícito e inequívoco del conjunto de la comunidad educativa y del calor cercano y cómplice de la Administración. No en vano es un elemento crucial para el desarrollo de los niños y las niñas a los que imparte clases. O lo que es lo mismo, para la construcción de una sociedad basada en el respeto, la convivencia, el progreso y el conocimiento.