¿Máster regalado?

Cristina Cifuentes está viviendo por adelantado una particular semana de pasión, un camino al calvario al que le quedan aún muchos capítulos. Hasta ahora había sorteado con mucha fortuna el campo de minas de la corrupción del PP en la Comunidad de Madrid. Pero el escándalo del supuesto máster regalado le está haciendo mucha mella en su credibilidad. El alumnado de ese curso de postgrado asegura no haber visto nunca en clase a la presidenta madrileña en las aulas de la Universidad Rey Juan Carlos. No acudió “ni un solo día“, según testimonios recogidos por el medio que ha destapado el caso, eldiario.es. Un dato más que pone a Cifuentes en el disparadero y que dinamita su débil e inconsistente argumentación. Quedan muchos cabos sueltos que demandan una respuesta solvente o, al menos, verosímil por parte de la dirigente del Partido Popular:

1. ¿Cómo solicita el título sabiendo que tenía dos asignaturas sin aprobar y sin mediar una nueva matriculación de las mismas?

2. ¿Incitó para que en 2014 fueran modificadas en las actas las notas de las dos asignaturas que en el curso 2011/2012 reflejaban un ‘no presentado’?

3. Si como sostiene Cifuentes esas dos asignaturas, que suponían 27 créditos de un total 60 para obtener el máster, las aprobó en 2014, ¿por qué no muestra el apunte o el documento bancario del pago de la matrícula? En caso de no tenerlo, lo podría solicitar a la entidad financiera.

4. Entra dentro de lo posible que haya perdido el trabajo de fin de máster (TFM), pero se depositan varios ejemplares en el departamento universitario en papel y en formato digital. (Los que hemos realizado estudios de postgrado nos encargamos de realizar varias copias de la tesis o el TFM por temor a que se extravíe lo que tanto cuesta elaborar).

5. ¿Quién fue el tutor de Cifuentes para el TFM?

6. ¿Qué día y ante qué comisión evaluadora defendió la hoy presidenta madrileña su TFM? La defensa de este documento es un acto público y en la Universidad nadie recuerda su celebración.

7. Si la verdad estuviera de su parte, ¿por qué no exige a la Universidad que haga públicos los datos de su expediente académico?

Éstas son las cuestiones que tiene que aclarar cuanto antes la presidenta de Madrid. Si no lo hace, callando y otorgando, sólo debería responder a otra pregunta: ¿Cuándo piensa dimitir? Por mucho menos, en otros países europeos un cargo público habría presentado ya su renuncia. De momento, sólo se ha quitado de escena desde hace 48 horas aludiendo a su presunta gripe… A ver si escampa, pero tendrá que dar la cara y ofrecer pruebas frente a un escándalo tan mayúsculo.

Falso debate (II)

Insisto: ante la demagogia, datos. No hay mejor forma de desmontar una mentira que contar la verdad. Este vídeo, que ofrece el balance del impuesto de sucesiones y donaciones en Andalucía en 2016, deja en evidencia la propaganda malsana del Partido Popular para favorecer a los que más tienen. Gracias a las exenciones que hace el PP en la Comunidad de Madrid las grandes fortunas se ahorraron 600 millones el año pasado por este tributo. La derecha siempre barre para los más poderosos.

Error sobre error

Lo más aconsejable cuando se mete la pata es rectificar y dar carpetazo al asunto. Cuando la soberbia se impone, se nubla la razón y se persevera en el error. Enrocarse en el patinazo suele empeorar la situación. Esto es lo que le ha pasado a la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes. No sólo desbarró gravemente cuando manifestó que los andaluces tenemos salud y educación gracias a los madrileños, sino que ya en frío profundizó en el yerro con argumentos peregrinos. Cifuentes, en lugar de envainársela, achacó el rechazo frontal a su desafortunado comentario por parte de la presidenta andaluza, Susana Díaz, a las aspiraciones personales de la socialista y al victimismo del PSOE andaluz. Olvida la presidenta madrileña que su ofensiva afirmación ha recibido la censura de todo el arco parlamentario en Andalucía, incluido su partido, el PP, aunque con la boca chica y con su presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, escondido esperando que escampe el tiroteo de fuego amigo, como bien han señalado algunos medios de comunicación.

Señora Cifuentes, sus palabras son de todo punto inaceptables. En primer lugar porque no se ajustan a la verdad. Andalucía es una de las comunidades autónomas más perjudicadas por la aplicación que hace el Gobierno de Rajoy del sistema de financiación: se dejan de ingresar a razón de 1.000 anuales. Además, en ese reparto cada madrileño recibe 109 euros más para sufragar los servicios públicos que un andaluz. Sin contar los beneficios que reporta a Madrid la capitalidad: más de la mitad de los ingresos extras que recibe es por su condición de capital. Lo más preocupante, sin embargo, es que pretenda enfrentar y dividir a los españoles. Su discurso se asemeja mucho al de los rufianes y compañía. Sólo le ha faltado decir que Andalucía les roba. Este tropezón con reincidencia pone en solfa su concepto de España. Menos golpes de pecho y paraguas con la roja y gualda y más defensa de la igualdad de los españoles. Se hace más patria cuando se pone por delante de todo el bienestar de los ciudadanos, de todos sin excepción. Y por cierto nadie la ha manipulado, señora Cifuentes, sus palabras de ayer fueron claras, clasistas e insultantes.

Foto.OKdiario.

Aguirre y las pulgas

Esperanza Aguirre nunca tiene culpa de nada. ¡Y mira que han acontecido escándalos en Madrid durante su etapa como presidenta autonómica y del partido, empezando por su llegada a la Puerta del Sol gracias al tamayazo! La responsabilidad es siempre de otros. Es una verdadera especialista en el escapismo político. Vive en un campo de minas presentes y pasadas y parece no sufrir daños irreparables. Ante cualquier incidente, su respuesta es el ‘no sabe’ o apuntar con el dedo índice al de al lado. Ella, por sistema, se encoge de hombros y entona el ‘a mí que me registren’. Tanto echar balones fuera canta demasiado. La última peripecia de la lideresa ha sido el desmarque de los créditos (9 millones) y el pago a asesores (5 millones) de una empresa creada por la Comunidad de Madrid durante su mandato. Un episodio de su gestión de dudosa ética y estética que, sin entrar en detalles, ha beneficiado a destacados miembros del Partido Popular. Aguirre se ha sacudido las pulgas y ha apuntado al Antonio Beteta, actual secretario de Estado de Administración Pública, en su calidad de presidente de Madrid Network hasta 2011. Ella ni idea. Y tan pancha… A presentarse a la Alcaldía de Madrid como si nunca hubiera roto un plato.

Foto.elconfidencial.com. Aguirre y Beteta.

¿Cazatalentos?

Esperanza Aguirre dejó en su día la Presidencia de la Comunidad de Madrid y fue fichada por una empresa como cazatalentos. Con lo que se conoce hoy sobre su mal tino en la selección de colaboradores, posiblemente esa compañía no la habría contratado. Casos de corrupción como Gürtel o Púnica que acorralan al Partido Popular en esa comunidad datan de su etapa de presidenta autonómica y de su formación política. Ella se encoge de hombros y mira hacia otro lado como si no tuviera vela en ese entierro y los implicados no fueran correligionarios. (No es precisamente lo que exige el PP en otros territorios por nombramientos que salen rana.) No ha derrochado Aguirre mucho olfato político para la selección de recursos humanos. Y especialmente poco fina ha estado con Francisco Granados, que ha sido su número dos en el partido y en el Gobierno regional. Ahora, escuchando sus declaraciones, pretende dar a entender que lo conociera sólo por referencias, casi de visita o por amigos comunes. Con el carácter que demuestra la lideresa, seguro que no se lo impusieron. Lo eligió ella y erró el tiro. No cuela eso tan recurrente de ‘si te he visto, no me acuerdo’. Produce bochorno verla echando balones fuera con tanto desparpajo. Pues con este bagaje, y una fuga de la guardia urbana tras derribar una moto policial, se presenta a la Alcaldía de Madrid. Los ciudadanos dirán.

Profunda insensibilidad

Escuchar al consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid hablar de la auxiliar de enfermería contagiada de ébola produce una indignación sin límite. En su primera comparecencia (recogida en el vídeo de El Intermedio) y en su posterior romería de entrevistas por distintos medios de comunicación, Javier Rodríguez ha destilado una profunda insensibilidad, una falta de tacto insoportable, una ausencia de empatía brutal ante una persona cuya vida está en juego por hacer su trabajo. ¿Cómo se puede hablar así de una profesional que se ofreció voluntaria para atender a los misioneros repatriados aquejados de la enfermedad? La locuacidad fría y despiadada (ni una sola palabra de apoyo a la auxiliar de enfermería) contrasta con el silencio injustificable de la ministra Ana Mato.

Ya llegará la hora de exigir responsabilidades políticas, ahora es el momento de colaborar y resolver esta situación de alerta sanitaria que afecta a la imagen internacional de España. Sin embargo, no su puede permitir que desde el PP se intente culpar a Teresa Romero, la víctima nunca puede ser la responsable. Los profesionales de la salud pública de Madrid, que están viviendo una salvajada de recortes y privatizaciones, se merecen el reconocimiento a su trabajo y a su compromiso social. Y no el desdén con los que se expresa este consejero. Parece que con esta estrategia los gurús de comunicación de la calle Génova intenten desviar la atención sobre los errores cometidos tanto por el Ministerio de Salud como por el departamento madrileña de Salud. Mal camino.

Mitos y desvergüenza

El caso de las tarjetas opacas de Caja Madrid/Bankia es una vergüenza. Este escándalo ha salpicado a representantes de todo signo y condición de partidos, sindicatos y patronal. La única diferencia es que cuanto más alto en la escala y más cerca al poder real en la Comunidad de Madrid mayor ha sido el uso fraudulento e inmoral de la citada tarjeta black. Xavier Vidal-Folch escribe un atinado artículo en El País concluye que este indignante culebrón de la caja madrileña acaba con tres mitos muy manoseados por el pensamiento neoliberal:

1. Es falso que es mejor que gobiernen los ricos porque no necesitan corromperse.

2. Es falso que la derecha siempre gestiona la economía mejor que la izquierda.

3. Es falso que un alto nivel de renta y de educación vacuna contra la irregularidad, el fraude fiscal y la corrupción.

Totalmente de acuerdo. Se puede decir más alto pero no más claro.

Foto.–  Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid durante 14 años, pagó safaris con la tarjeta black.

Ensuciando la campaña

Los dirigentes nacionales del Partido Popular se despachan a gusto contra Andalucía. No es nuevo. Es una dinámica insultante que se acentúa en los periodos electorales. El turno le ha tocado hoy al reincidente Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid. El sustituto de Esperanza Aguirre asegura: “No queremos una Europa que se parezca a Andalucía“. Ataque directo y sin matices. Bien podría haber criticado al Gobierno de esta comunidad, pero a la derecha siempre se la va la mano con una tierra que ni quiere ni comprende. El pepero madrileño despotrica a lo grande y mira por dónde se ha comprado un ático exclusivo en una zona de lujo de la Costa del Sol. (Por cierto, una operación bajo investigación judicial que mantiene de momento imputada a su esposa). Algo tendrá esta tierra cuando la elige para sus estancias vacacionales. No será tan mala. Por supuesto, el PP andaluz calla y otorga, como siempre mantiene un silencio bochornoso.

Esta salida de tono no es casual ni fruto de un calentón. Es una parte sustantiva del juego sucio con que el PP afronta estas elecciones europeas. Saben en la sede nacional de la madrileña calle Génova que el resultado en los comicios del 25 de mayo no les será favorable en esta comunidad. Y por eso recurren a las malas artes y a los golpes bajos. Andalucía es una china en el zapato para el PP porque todos los días está demostrando que es posible hacer otra política, que se piensa y se trabaja para las personas, y esa realidad deja en evidencia la gestión de la derecha, que ha ensanchado como nunca la brecha de la desigualdad y que ha empobrecido a las clases medias y trabajadoras. Andalucía es ese testigo incómodo, ese aldabonazo que molesta al PP y que deja claro que existe un camino más justo para salir de la crisis.

El PP no quiere una Europa como Andalucía porque:

  • Aquí existe una sanidad pública, universal y de calidad y la derecha donde gobierna la privatiza y les arrebata derechos a los ciudadanos.
  • Aquí apostamos por las becas y contamos con las tasas universitarias más bajas mientras que ellos están rompiendo la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación con recortes, más obstáculos y la escandalosa LOMCE.
  • Aquí hacemos leyes para frenar el drama social de los desahucios y ellos recurren estas normas dejando a muchas familias en riesgo de perder su techo mientras ‘regalan’ 40.000 millones a los bancos.
  • Aquí atendemos a las personas en situación de dependencia mientras que ellos nos recortan 314 millones desde que llegaron al Gobierno y no cumple con su obligación legal de cubrir el 50% de la prestación.
  • Y los ejemplos serían infinitos…

La inmensa mayoría de los ciudadanos quiere una Europa que como Andalucía defienda el estado del bienestar y los servicios públicos; una Europa que haga políticas que favorezcan la cohesión social y que estimule el crecimiento económico y el empleo, especialmente para los jóvenes; una Europa que blinde la igualdad de oportunidades para construir una sociedad más justa y más eficiente; una Europa solidaria y que su principal objetivo sean las personas. En definitiva, una Europa que mire a Andalucía para hacer una política distinta a la desarrollada durante los últimos años.

Foto.– González y su esposa, Lourdes Cavero.

Pechos que no venden

Joana Bonet publica hoy en La Vanguardia una columna con este título. Un texto delicioso, reivindicativo, que me ha parecido imprescindible compartir a través de esta bitácora.

Pechos que no venden

No fue “un episodio capaz de producir objetivamente una perturbación grave del orden”. Así lo dictó en su auto el juez Ramiro García de Dios, ordenando la puesta en libertad de las activistas de Femen que alborotaron el Congreso con sus grafiteados pechos al aire. El juez parte de una premisa monumental: desnudar el torso “en la realidad social del tiempo actual” ya no escandaliza a nadie. Acaso podrían causar disturbio grave las palabras de las activistas, afirma, pero no tanto por su contenido sino por dar voces hasta interrumpir abruptamente la sesión. La lógica del juez parece la propia de una sociedad madura y cansada: resulta más condenable armar griterío entre las bancadas de sus señorías que plantarles un topless reivindicativo en pleno escaño.

Protestar con las tetas apuntando a la lente de la cámara no significa protestar más, pero sí conseguir un eco mediático que, a día de hoy, sigue funcionando. Quién lo hubiera dicho. La mamocracia es en nuestros días un lugar común que, como bien advierte el juez, se ha convertido ya en costumbre. Las mujeres exhiben sus tetas por motivos bien dispares: bajo el sol, para mostrar rebeldía, con deseos lúbricos o para amamantar a sus hijos. En las campañas de publicidad, en el cine, en las revistas que promueven un erotismo cool –como la resucitada Lui, dirigida por el escritor y provocador Frédéric Beigbeder, o la barcelonesa Odiseo–, las modelos posan ante fotógrafos estrella en desnudos ‘estéticos’, glamurosos o minimalistas. Eso ocurre en un dobladillo de la realidad, y por su intensidad como espectáculo predominante en el discurso público de los senos desinhibidos.

Pero, en el otro extremo, entre la masa difusa de las vidas corrientes, en las que no hay asomo de exhibicionismo ni de bronca, muchos pechos corren otra suerte: en la Comunidad de Madrid, 30.000 mujeres no han podido someterse desde hace más de medio año a una mamografía preventiva. Asuntos de contratos con clínicas privadas. Recortes. Y como resultado, una dimisión del sistema en toda regla. La Sociedad Española de Oncología ha anunciado su preocupación, y el PSOE pide abrir expediente, pero el caso es que esas 30.000 mujeres de entre 50 y 69 años –a partir de entonces te desahucian del protocolo de prevención– aguardan a su cita con la máquina. “No respires, no te muevas”. Los pechos oprimidos entre planchas de acero. Una prueba sádica, dolorosa, y aun así salvadora y reconfortante. Cierto que no es lo mismo el amor que el sexo ni el erotismo que la ginecología. Y que los pechos expectantes de una mamografía poco tienen que ver con los senos morbosamente felices de las revistas que ahora vuelven a los quioscos de la Rive Gauche ni con las tetas protestonas de Femen. En verdad son más noticiables, sí; pero no venden.

PD.– Mejorar este texto, con el que coincido ampliamente, era una tarea casi imposible.