Hasta aquí hemos llegado

Insaciables. Con la excusa de la crisis, el liberalismo se ha cebado con los trabajadores en los últimos cinco años. Nos han asestado golpes y más golpes y nos han arrebatado con avaricia derechos laborales. No se conforman con el resurgimiento de la figura de los trabajadores pobres, que con un sueldo de miseria no tienen para llegar a final de mes. Les parece poco que la brecha de la desigualdad se haya agrandado de tal manera que más de tres millones de personas hayan dejado de ser clase media y se encuentren en riesgo de exclusión. Se frotan las manos porque hoy los ricos son más ricos y los pobres más pobres. El peso de la crisis lo hemos soportado los trabajadores y ahora que se atisba la recuperación quieren más hachazos sobre los de siempre. No están satisfechos con las vueltas de tuerca que nos han dado. Pero hasta aquí hemos llegado.

El Banco de España plantea abaratar de nuevo el despido, quitar protección a los contratos fijos y una nueva revisión salarial. Otro tijeretazo en la barriga de los trabajadores. Al calor de las elecciones, el supervisor bancario se mete en arena política. Posiblemente animado por el Gobierno de Mariano Rajoy. Lo usa para que lance globos sonda a ver si cuelan. Quiere sin duda el PP, empujado sus compromisos inconfesables, endurecer su reforma laboral infame. Una reforma que impuso sin diálogo y que genera poco empleo y además precario y con condiciones casi de explotación. Más que nunca hace falta que el 26 de junio saquemos democráticamente a Rajoy y al PP de la Moncloa y el nuevo Gobierno socialista derogue la reforma laboral y construyamos un nuevo marco de relaciones laborales que recupere la negociación, respete los derechos de la fuerza del trabajo y genere empleo de calidad y estable.

Foto.EFE. Luis María Linde, gobernador del Banco de España.

Siglo XIX

Dice el presidente de la patronal CEOE, Joan Rosell, que el empleo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX. Lo que son de esa época son los salarios de trabajadores que no dan para llegar a fin de mes y llevar una vida digna. O que miles de trabajadores no tengan convenios colectivos por un reforma laboral infame del Partido Popular que nos desprotege. O que haya trabajadores con condiciones laborales que lindan con la explotación, echando más horas por menos remuneración. O que en 2015 en España tenemos ya el mismo Producto Interior Bruto que en 2010 y sin embargo la masa salarial del conjunto de los trabajadores ha caído en 30.000 millones de euros, lo que quiere decir que los ricos son más ricos y las clases media y trabajadora se han empobrecido durante la crisis. Todo esto sí que es del siglo XIX y lo que corresponde al tiempo en que vivimos es un marco de relaciones laborales con salarios dignos y empleos de calidad. ¡Derogación ya de la reforma laboral!

¿Esto es recuperación?

El sociólogo Narciso Michavila difundía ayer a través de su cuenta de Twitter este gráfico y lo acompañaba de un comentario rotundo: “Por primera en la historia, el jubilado ingresa más que el ocupado. PRIORIDAD: crear empleo y proteger al parado“. El presidente de la firma GAD3 insistía en esta red social en que “la creación de empleo deber ser la prioridad, la protección del parado de larga duración una necesidad imperiosa“. Estos datos deberían hacer saltar las alarmas en un país como España, teórica quinta potencia de la Unión Europea, y en un Gobierno que tanto triunfalismo derrocha con la tan cacareada recuperación económica. Pero Mariano Rajoy ni se inmutará.

La crisis y la gestión de la misma (léase reforma laboral, fundamentalmente) han empobrecido a la fuerza del trabajo. Los trabajadores, estén ocupados o no, han perdido derechos y condiciones salariales. Y lo que es más preocupante: las peores condiciones retributivas tendrán como resultado en el futuro unas pensiones más bajas que las actuales. Un círculo vicioso que profundiza la brecha de la desigualdad y que penaliza a los de siempre. O se cambia la política económica neoliberal que nos imponen desde fuera y con la que tan a gusto se siente el Partido Popular y se apuesta por el empleo de calidad, estable y con salarios decentes, o las clases trabajadoras y medias seguirán soportando sobre sus hombros, el legado envenenado de esta crisis. El poder adquisitivo de los jubilados no se ha resentido de momento gracias al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, una maravillosa hucha que dejó el Gobierno de Rodríguez Zapatero con más de 65.000 millones de euros y de la que los mandatarios actuales se han comido más de la mitad. Ni Rajoy ni el PP van a tener tiempo para dilapidar esta bendita herencia. Menos mal.

Pensando en la mayoría

El PSOE afronta estas elecciones municipales del 24 de mayo con un proyecto incluyente, para todos, pero pensando muy especialmente en los que peor lo han pasado en esta crisis económica que no se acaba de remontar. Si existen indicios de recuperación económica, lo justo y razonable es poner el acento en los que han sufrido en sus carnes los recortes y la falta de oportunidades. Las clases medias y trabajadoras que han visto cómo le han arrebatado derechos y libertades, cómo el paro se ha disparado, cómo se ha intentado demoler el estado del bienestar, cómo se ha antepuesto los intereses de los bancos a las de las personas…

¿Más madera?

Vídeo Cuatro nuevos recortes

El Ministerio de Economía, según Cuatro, admite en un documento dirigido a inversores extranjeros que recortará 40.000 millones de euros en los próximos tres años y en el que presume de la caída de un 8% en los costes laborales. Si se suma a este brutal tijeretazo otros 10.000 millones previstos en este ejercicio, estaríamos hablando de la escalofriante cifra de 50.000 millones más de reducción del gasto público. Es decir, más sufrimiento para las clases medias y trabajadoras. La derecha es insaciable. ¿Será éste el recuerdo conmovedor que nos deja la visita de Angela Merkel? Por eso ha regresado tan contenta a Alemania tras su contacto con Rajoy

En marcha

El PSOE está en marcha a partir del congreso del fin de semana. O está de nuevo en pie para cambiar España, que diría su nuevo secretario general, Pedro Sánchez. El partido sale más fuerte, más unido y con unos objetivos políticos reconocibles y coherentes con el ideario socialista. Sánchez ha trazado una hoja de ruta clara en la regeneración política, en la defensa del modelo social y en la línea económica. Ha esbozado a grandes trazos un programa de gobierno con espíritu reformista y modernizador de este país como ya hicieron en su momento Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

El líder del PSOE ha fijado una serie de compromisos (derogación de la reforma laboral, de los acuerdos con la Santa Sede para avanzar hacia un país laico y un no rotundo al pucherazo de la reforma electoral para la elección directa de alcaldes, entre otros) que ha puesto a la derecha política y mediática de los nervios. Sánchez pronóstico al término de su intervención que para las huestes conservadoras era un mal día y leyendo algún editorial, se nota que la derecha no encaja que el PSOE tome nuevos bríos.

Cerrado este capítulo congresual, toca dirigir todas las energías a dar respuesta a los problemas que aquejan a cientos de miles de españoles, desplegando políticas que busquen el interés general, la creación de empleo y el bienestar social, que favorezcan la convivencia y que no penalicen a las clases medias y trabajadoras como hace el PP. La gente tiene que sentir muy cerca al PSOE. Ese es nuestro reto.

Foto.- EFE.

Ecuación diabólica

El Gobierno de Mariano Rajoy nos ha vendido una reforma fiscal con más trampas que las películas de kung-fu. La propaganda pepera nos lanzó el señuelo de una hipotética rebaja de los impuestos, insignificante para las clases medias y trabajadoras y muy sustanciosa para los más ricos. En lugar de revisar el sistema tributario pensando en el sostenimiento de los servicios públicos, las mentes neoliberales de la derecha hacen una reforma fiscal para beneficiar a los poderosos y que contempla una caída de ingresos que piensan enjugar en parte con una reducción del gasto público. Lo que traducido supone más recortes, copagos y medidas lesivas para los empleados públicos. La ecuación es sencilla pero diabólica. Menos ingresos y la obligación de cumplir los objetivos de déficit es igual a menos gasto público. La incógnita estaba despejada desde abril: el plan de equilibrio que presentó el Ejecutivo central en Bruselas en esas fechas ya contemplaba un tijeretazo a la inversión pública en política social (educación, sanidad y protección social) y en pensiones.

El ruido de mercadotecnia de la engañosa reforma fiscal no consigue disimular las ansias de demoler el estado del bienestar que tiene la derecha. El Ministerio de Hacienda ha preparado un documento para dar otra vuelta de tuerca más de recortes a los servicios públicos, establecer nuevos copagos sanitarios, aumentar la ratio de alumnos por aula en la escuela pública o para restar más derechos a los funcionarios, entre otras agresiones a los de siempre. Es un documento del Gobierno y de las comunidades gobernadas por el PP y ahora nadie reconoce la autoría de las dentelladas con motosierra que nos quieren dar. Los gobiernos regionales de Galicia, Madrid, Valencia o Murcia se desentienden de su contenido. Lo cierto es que el ministro Montoro lo pretende poner sobre la mesa en el Consejo de Política Fiscal y Financiera del 31 de julio y esperemos que no venga otra remesa de recortes por decreto-ley aprovechando el mes de agosto.

Andalucía se ha plantado ante este movimiento del Gobierno. No aplicará ningún recorte más en salud, en educación o sobre los empleados públicos. El mensaje se le ha trasladado nítido y rotundo al Ministerio de Hacienda. Por los cauces institucionales y también a través de los medios de comunicación. Menuda paradoja que se filtre esta operación de ajuste el mismo día que conocemos que la operación de reflotamiento de Catalunya Bank a los ciudadanos 12.000 millones. Está más interesado el PP en rescatar a los bancos (unos 100.000 millones en total) que en rescatar a las personas. En esta tierra apostamos por los ciudadanos. Cada cual tiene sus prioridades políticas.

¿Recortes poselectorales?

Estaba cantado. La Comisión Europea ya pidió a España más recortes antes de la campaña electoral. Desde Bruselas se valoraba el esfuerzo realizado hasta ahora pero exigía nuevos sacrificios colectivos en nuestro país. El Gobierno de Rajoy pasó de puntillas por semejante campo de minas en vísperas electorales. Otro de los integrantes de la troika, el Fondo Monetario Internacional, ha esperado que pasara la cita con las urnas para ponerle nombre a los nuevos ajustes: subida del IVA, un impuesto que pagamos todos por igual independientemente de nuestra renta y nuestro patrimonio, y una nueva bajada de salarios. Más de lo mismo. ¡Qué cansinos! Esta receta sólo conduce a más empobrecimiento y más sufrimiento de las clases medias y trabajadoras y a lastrar una posible recuperación económica. Esperemos que el Ejecutivo del PP no pase otra vez más por el aro y haya entendido el rechazo de una gran mayoría social a esas políticas seguidistas y a los recortes. En la cumbre de jefes de estados de la UE, hay una reacción de los principales países europeos (Francia, Reino Unido, Italia e incluso España) contra la austeridad a ultranza que sigue defendiendo Angela Merkel. Ya no está el horno para más bollos.

Toca pelear de nuevo

Hemos retrocedido tanto en derechos y libertades, en poder adquisitivo e incluso expectativas de futuro que no me parece descabellado el análisis de El Roto. Cuando esta larga crisis termine (esperemos que sean cuanto antes) y recapitulemos, serán demasiados los daños y las pérdidas acumulados. Nos costará recuperar tanto estropicio orquestado al calor de políticas neoliberales que han ensanchado la brecha de la desigualdad y nos ha situado ante una sociedad más dual y más injusta. Hemos desandado mucho trecho de lo avanzado en las más de tres décadas de democracia. No debemos resignarnos a que éste era el único camino posible. A los poderosos de siempre les molestaba el auge de las clases medias y trabajadoras y nos han ajustado cuentas con la coartada de las dificultades económicas. Nos tocará pelear de nuevo para volver a los niveles de bienestar y calidad de vida de los que gozábamos antes de esta maldita crisis.

El grano de la Agencia Tributaria

A Cristóbal Montoro le ha salido un grano por su gestión más que discutible de la Agencia Tributaria. Catarata de dimisiones de inspectores (que el ministro despacha despectivamente como “socialistas”) y nuevos cargos seleccionados con el dedo del partidismo. Todo apunta a una caza de brujas con un objetivo poco democrático. Nadie debe sortear las exigencias fiscales por mucho poder económico o de cualquier otra índole que acumule. Estas decisiones dejan en mal lugar aquel viejo lema publicitario de que “Hacienda somos todos”. Da la impresión de que no todos por igual. Parece que unos pocos tienen mucha mano y obtienen un trato diferenciado. Mal ejemplo cuando no se deja de pedir esfuerzos a las clases medias y trabajadoras, mientras otros (por supuesto, poderosos) se pueden ir de rositas.