El no gobierno

El gobierno de las derechas en Andalucía lleva ya dos meses en el puesto y sigue sin dar golpe. Hasta la fecha no han gestionado nada y sólo se dedican a difundir bulos, patrañas y montajes de la anterior etapa socialista. Como por inercia de tantos años o por incapacidad y desconocimiento, o por todo a la vez, continúan haciendo oposición al Ejecutivo anterior. Una demostración de que esta tarea les viene grande y sólo saben destruir porque no tienen nada que ofrecer a la ciudadanía. No es que haya desgobierno, que lo hay por la inacción y la desconfianza de los socios, es que no hay gobierno porque los que han llegado después de tantos años lampando no cumplen su cometido y se dedican al trilerismo político.

Y este espectáculo bufo y decepcionante tiene su momento de esplendor cada martes, con el consejero de Presidencia, Elías Bendodo, como un Merlín de las malos augurios y de profecías de todo a cien. Cada rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno se convierte en un disparate de afirmaciones manipuladas, de mentiras como puños, con el afán malsano de convertir la buena herencia recibida en una suerte de erial. Datos descontextualizados, cifras infladas o discursos incendiarios desde una tribuna que se convierte en un altar del despropósito y la propaganda, muy lejos del tono institucional que ha de presidir este tipo de comparecencias. Un gobierno cuyo único balance son las soflamas y la ausencia más absoluta de rigor y solvencia. Los supuestos cien días de gracia que se les concede a un nuevo gabinete se han convertido en periodo de desgracia porque lo único que hacen los del trifachito es generar falsa alarma y engañar sin pudor a la opinión pública.

Con las reglas del juego en la mano, los perdedores de derechas llegaron al Palacio de San Telmo porque la aritmética parlamentaria con Vox, la extrema derecha, lo hizo posible. Todo legítimo. Lo que no lo es tanto es que desde el Gobierno se haga oposición espuria a los anteriores por la falta de ideas y de aptitud. Manolete, si no sabes torear…

Foto.Andalucía Información. De derecha a izquierda, el uno (Moreno Bonilla), el dos o supuesto dos (Marín) y el tres, que en verdad es el dos (Bendodo).

Con el rumbo perdido

La derecha está de los nervios antes las próximas citas electorales. El Partido Popular está haciendo las listas a las generales como si se tratara del casting de Gran Hermano VIP, buscando a gente famosa para frenar su caída. Ciudadanos actúa con histrionismo fichando en el patio de otras formaciones, haciendo pucherazos para colocar a los preferidos de Albert Rivera, soltando la piel de corderos en entrevistas en las que se encaran con periodistas por sus preguntas y supuestamente comprando dosieres de rivales políticos en las cloacas del sistema (quien calla, otorga y hasta ahora nadie de la formación naranja ha desmentido esta información). Han alimentado a la extrema derecha y ahora temen que la bestia los pueda engullir: Sectores conservadores, tradicionalmente cercanos al PP, como la jerarquía de la iglesia católica y otros colectivos sociales, tienen el corazón partío. El controvertido arzobispo de Granada ya ha pedido en una carta a sus feligreses el apoyo para Vox. En el caso de Ciudadanos, el veto de Rivera a Pedro Sánchez y al PSOE, hace que un tercio de sus votantes centristas pueda retirarle el voto, según las encuestas. Esta realidad hace que estén dando palos de ciegos, cometan errores de bulto y se prodiguen en aspavientos estériles. El patio de la derecha está revuelto y transmutando. Y la culpa la tienen los dos partidos que tantos golpes se dan de constitucionalismo por abrazarse y blanquear al radicalismo ultra.

Foto.Última hora. Pablo Casado con Juan José Cortés, uno de sus teóricos fichajes estrella.

Chaquetero

Albert Rivera funciona como las veletas a impulsos del viento. Defiende una cosa y la contraria sin rubor alguno, va cambiando de posición según conveniencia y por su desmedida ambición electoral (va a por su tercer intento y se la juega ante su parroquia el 28 de abril, posiblemente no tenga una cuarta oportunidad), su única ideología es la tendencia que marque la encuesta de opinión del momento, vive en una perenne contorsión. Es el hombre de las mil chaquetas, una para ocasión. Como decía Groucho Marx, estos son sus principios y si no gustan, tiene otros. Cuánta incoherencia, cuánto desahogo… y encima va de puro.

Nota.- Erratas aparte, ¡qué buen tuit!

La casa por el tejado

El aforamiento es una figura que permite a determinadas personas por el cargo o la función que desempeñan gozar de un fuero distinto y no son juzgadas por instancias ordinarias. Esta situación especial afecta a unas 250.000 personas, la mayoría, unas 232.000, forman parte de las fuerzas de seguridad del Estado. El resto son jueces y fiscales (unos 10.000), integrantes de instituciones del Estado, cargos públicos y la familia real. Eso no significa que no tengan que pasar por el Supremo o tribunales superiores de Justicia de cada autonomía a rendir cuentas. Sin embargo, en los últimos tiempos este fuero particular se ha calificado como privilegio de quienes los disfrutan y se ha hecho mucha demagogia con su eliminación. Pues si hay que quitarlos, hágase para todos sin excepción, a escala nacional y no usar este debate cínicamente para desacreditar a la política y los políticos. Quien no tiene nada que temer ni que ocultar le da igual el tribunal que lo juzgue.

Hago esta reflexión previa porque el nuevo Gobierno de Andalucía, el trifachito de las derechas y la extrema derecha, ha anunciado el inicio del trámite para eliminar esta situación jurídica sólo para los cargos políticos en Andalucía. Es una medida que Ciudadanos insiste en sacar adelante en esta comunidad pero no impulsa en España ni en aquellas autonomías donde gobierna con o apoya al Partido Popular. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, lo incluyeron en el pacto de investidura con el PP y se les agota la legislatura, queda menos de un mes para la disolución del Parlamento autonómico, y no se han rasgado las vestiduras por el supuesto incumplimiento. Como sí hicieron en Andalucía rompiendo la colaboración con el PSOE, negándose siquiera a negociar los presupuestos de 2019 y provocando la convocatoria anticipada de elecciones.

El anuncio del Ejecutivo andaluz de PP, Cs y Vox se quedará aquí también en fuegos de artificio, un movimiento de cara a la galería sin visos de prosperar. Y es que hasta el propio presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, lo ve complicado. Su puesta en marcha necesita en Andalucía la reforma del Estatuto de Autonomía, con una mayoría cualificada de dos tercios del Parlamento, la remisión a las Cortes para su validación y su aprobación posterior por referéndum. Un camino largo y que exige un amplio consenso. Lo que pretenden es comenzar la casa por el tejado. Una medida de estas características requiere un gran acuerdo nacional y una aplicación en todo el territorio, no parches autonómicos que romperían la igualdad que hipotécticamente quieren conseguir con esta iniciativa.

¿Llevará el Partido Popular la eliminación de los aforamientos, todos los aforamientos, en su programa para las próximas elecciones? ¿Exigirá Ciudanos su aplicación en todo el territorio nacional y no sólo en aquellas comunidades donde le interese un titular en los medios de comunicación, muy al estilo del “perturbador” Rivera? Menos demagogia y más rigor para afrontar este asunto de manera global. Insisto, si hay que eliminar esta figura, hágase en toda España y para todos. Solo así sería justo y oportuno.

Trifachito

Me parece muy acertado este concepto que con tanto arte y puntería usa el tuitero Gerardo Tecé para denominar a la triple alianza de las derechas y la extrema derecha en Andalucía. PP, Ciudadanos y Vox forman el eje de la reacción y quieren exportar su entente cordiale a todos los rincones de España. Ya no queda ninguna duda tras sus primeras proclamas al calor del anuncio de generales el 28 de abril. A los ultras de Santiago Abascal y los populares cada vez más radicalizados de Pablo Casado les importa poco que los llamen de derechas. Es más, Casado está en una carrera para taponar la fuga de votos por flanco diestro y cada día se asemeja más a los extremistas.

En cambio, a la derechita acomplejada y cobarde, usando la terminología de Vox para referirse a los naranjas, sí les escuece y les incomoda. Comienzan la precampaña proclamándose como liberales, porque lo de centristas ya no se lo cree nadie, ni siquiera ellos. Rivera se ha retratado con una renuncia expresa a dialogar tras los comicios tanto con Pedro Sánchez como con el PSOE. Ha trazado un cordón sanitario preventivo. Este maximalismo electoralista (que ya usaron en Andalucía contra Susana Díaz) sólo deja como opción a Ciudadanos constituir el trifachito a escala nacional. Ha quedado muy claro del pie del que cojean: entre el PSOE y Vox prefieren a la ultraderecha. Así se explica de la foto de la Plaza Colón. Y como dice el refrán, dos (en este caso tres) que duermen en el mismo colchón se levantan de la misma condición.

Foto.- Europa Press.

Promesas que se lleva el viento

Para Ciudadanos, el partido que regeneración democrática significa subirse el sueldo, las promesas electorales son una forma de hablar, no hay que cumplirlas, pertenecen al género hiperbólico de las campañas. El flamante consejero de Economía de Andalucía, Rogelio Velasco, lo ha dejado claro en esta comparecencia en el Parlamento llevándose por delante los dos compromisos estrella de su presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, en materia económica. Ni creación de 600.000 empleos en esta legislatura ni bajada masiva de impuestos. Estamos ante un engaño masivo y ante una falta de respeto colectivo. La política no se trata de bla, bla, bla, sino de dar la palabra y hacer lo posible y lo imposible por cumplirla. Mal ejemplo de este consejero y triste pedagogía sobre la credibilidad de los que se dedican (nos dedicamos) a lo público. Un representante de los ciudadanos dista mucho de ser un charlatán o un vendedor de humo, o al menos debería intentarlo. Ha de actuar como un servidor público ejemplar, honesto y comprometido hasta la médula por hacer realidad todo lo que promete. Espero que este desahogo de Rogelio Velasco sea fruto de su inexperiencia y no de su convicción. Si no, aviados estamos.

Desconfianza

De manera tan solemne como hipócrita, Partido Popular y Ciudadanos incluyeron en su pacto de gobierno en Andalucía, un acuerdo bendecido por la extrema derecha de Vox, la despolitización de Canal Sur. Un compromiso que da por hecho que la cadena pública estaba sometida al control del anterior Ejecutivo. Nada más lejos de la realidad. Todos los informes sobre el pluralismo emitidos por el Consejo Audiovisual concluyen justamente lo contrario: que la radiotelevisión andaluza cumple su misión pública y que hay equilibrio y neutralidad informativas. Existe un consejo profesional, órgano formado por los trabajadores de la casa, para velar por la independencia y veracidad de los servicios informativos. Además, la agencia pública cuenta con un consejo de administración y una comisión de seguimiento en el Parlamento que le hacen un control a toda la gestión.

A pesar de todo estos mecanismos de fiscalización, el Gobierno de las derechas va a crear un nuevo ente paritario entre populares y naranjas para el marcaje estrecho de Canal Sur, manteniendo la Dirección General de Comunicación Social, departamento que se ocupa de los asuntos de la nuestra. Pues menuda paradoja: se constituye un ente político para despolitizar supuestamente la cadena. No se lo creen ni ellos. Estamos ante un órgano fruto de la desconfianza de los socios y que pretende el reparto de parcelas de poder en Canal Sur. Lo de despolitizar es un eufemismo para meter el cazo y usar un medio público al servicio de PP y Ciudadanos. Como no se fían, los números dos y tres del tripartito, el naranja Marín y el popular Bendodo, se vigilarán en torno a una mesa para que la manipulación y el abuso de la cadena produzca un beneficio compartido en detrimento del servicio público. La derecha, en estas lides, tiene másteres y dilatada experiencia. Está claro que los medios públicos sólo los quieren para usarlos.

Foto.Diario de Sevilla.