El papelón de Rivera

La ruptura de Ciudadanos con Manuel Valls deja en un muy mal lugar a Albert Rivera. La respuesta iracunda del líder naranja retrata a un político de poco fuste y cortos vuelos. El ex primer ministro francés ha tenido un gesto de altura al propiciar la continuidad de Ada Colau y frenar el avance del independentismo. Con esta audaz decisión ha evitado que Barcelona se convierta en otro escaparate de propaganda del separatismo catalán. Se podría decir que la jugada es positiva o, al menos, desde la óptica del partido naranja, se primaría el mal menor. Si este partido nació según sus fundadores para frenar la deriva secesionista, ¿por qué no han visto con buenos ojos este movimiento político? Rivera, dirigente caprichoso y acelerado, ha preferido cortar amarras en cambio con Valls, con quien mantenía un enfriamiento de relaciones por las críticas de éste a los pactos implícitos y también explícitos de Cs con la extrema derecha.

¿Le ha molestado a Albert Rivera el frenazo en seco que ha sufrido el independentismo en Barcelona? Por su modo de reaccionar como elefante en cacharrería se diría que sí. ¿Preferiría un alcalde como Ernest Maragall para tener otro frente de confrontación continua? Ciudadanos se ha instalado en la polarización y en el frentismo, en el cuanto peor mejor. Cataluña y, por tanto, España se merecen una mirada más elevada y menos mezquina. No se trata de agitar el conflicto para arañar un puñado de votos, sino de buscar caminos de entendimiento para ir reduciendo los decibelios y la temperatura. No incrementar la presión por interés particular y sí favorecer la reconstrucción de puentes y la convivencia democrática. Se ha de mirar un poco más allá del propio ombligo. La réplica desproporcionada de Cs y Rivera ante el gesto de Valls se asemeja mucho a la pataleta de un niño al que le quitan un juguete. Pero, Albert, hay algo que un dirigente político debería saber: con las cosas importantes no se juega.

Foto.- El Español. Valls y Rivera.

Lectura agridulce

Los resultados de las elecciones catalanas de ayer nos han dejado un sabor agridulce. Te queda una grata sensación con la elevada participación (un 82%) en una jornada presidida normalidad democrática y, sobre todo, con el crecimiento de los votos de los que apoyan la convivencia y el camino compartido dentro de España. Las urnas han hablado y la diferencia se incrementa respecto a 2015: hay muchos más catalanes, la nada despreciable cifra de 150.000 de diferencia, que han apostado opciones políticas que no apoyan al independentismo ni la ruptura unilateral. Crece el número de ciudadanos que se posicionan contra la locura secesionista.

La cara amarga del resultado electoral es que una sesgada ley electoral catalana permitirá que los separatistas tengan mayoría de escaños en el Parlamento. Se sabía que ese marco normativo, que prima el voto de las circunscripciones menos pobladas, jugaba a favor de las candidaturas independentistas. Al ganador, Ciudadanos, cada escaño le ha costado 29.786 votos, mientras que al segundo, Junts per Catalunya (JxC), la antigua Convergència, tan sólo 27.665, esto es, 2.121 menos que a la formación naranja. Y su derrota en números absolutos no les impedirá formar gobierno y seguir en las andadas. Nos espera más confrontación y más desafío unilateral. Al menos eso se deduce de sus primeras valoraciones de unos comicios en los que han reducido de forma sensible su fuerza electoral. Este frenesí separatista, sin duda, se traducirá en inestabilidad y freno a la recuperación económica para Cataluña y España.

Foto.RTVE.

El sainete de Podemos

Sin encomendarse a sus compañeros catalanes, los comunes, Pablo Iglesias anunció ayer por sorpresa la decisión de Unidos Podemos de impugar ante el Tribunal Constitucional la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Como en un corral de comedias, entró en escena un Xavier Domènech despavorido por una proclama que rompe su campaña de la equidistancia en las elecciones del 21 de diciembre. Todo un sainete a apenas tres semanas de los comicios. Lo que no podían hacer los independentistas por falta de diputados en el Congreso se lo pone en bandeja la formación morada. Se necesitan 50 parlamentarios para presentar un recurso ante el TC.

Todo el mundo era consciente de los coqueteos de Iglesias y su troupe con los separatistas. Pero esta iniciativa indica bien a las claras del lado que está Podemos. La posición sobre Cataluña está abriendo un abismo entre Iglesias y sus votantes. Ya lo alertó una de las cofundadoras, Carolina Bescansa, pidiendo que su partido “hablara más a España y a los españoles y menos a los independentistas”. Su sugerencia, salta a la vista, ha caído en saco roto. La cúpula nacional de Podemos se ha abrazado al secesionismo. Cada día tiene más poder el ala más radical y antisistema.

Iglesias pretende retorcer la realidad. La aplicación del 155 fue la respuesta constitucional y políticamente adecuada a la declaración unilateral de independencia tras un referéndum ilegal. Y ante el disparate separatista, nada mejor que hable la democracia, que los ciudadanos voten… Aunque a Podemos le gusta más un referéndum de independencia que unas elecciones autonómicas. Qué perdidos están.

Baño de realidad

Se ha confirmado el pronóstico. La Agencia Europea del Medicamento no se instalará en Barcelona. Este organismo se irá hasta Ámsterdam tras su salida de Reino Unido como consecuencia del Brexit. Y lo más clamoroso es que los independentistas catalanes se rasgan las vestiduras por esta oportunidad perdida. Pues la han perdido ellos por méritos propios. El contexto de inestabilidad política que han promovido ha sido determinante para esta decisión de las instituciones comunitarias, con un ya ex president Puigdemont jugando al exilio en la capital de la Unión, los líderes indepes desafiando y enfrentándose a las instituciones comunitarias y más de 2.500 empresas saliendo despavoridas de Cataluña por la inseguridad jurídica de las leyes de desconexión. La declaración de independencia, si hubiera prosperado, situaba a Cataluña fuera de la Unión Europea. El escenario republicano soñado por los separatistas dejaba a Cataluña fuera del club europeo. ¿O es que en su cuento de la lechera pensaban que la UE iba a colocar uno de sus organismos en un territorio ajeno? Este ejemplo desnuda el disparate jurídico y político que envuelve al secesionismo. Que no le imputen a nadie este baño de realidad que ha supuesto la pérdida de esta agencia. Esto no es más que la consecuencia de su despropósito. Que se lo hagan mirar.

Foto.Cadena Ser.

¡Qué gran estafa!

Pienso hoy en los muchos catalanes de buena fe a los que los gurús de independentismo han engañado con el falso sueño de un país propio al margen de España. Hoy la fantasía se ha desvanecido y se ha descubierto el truco de los charlatanes de feria. Se ha impuesto la normalidad democrática y el estado de derecho. ¿Qué habrán pensado muchos de estos ciudadanos cuando han visto cómo Puigdemont y buena parte del govern han huido a Bruselas y se plantean seguir haciendo el ridículo internacional con la petición de asilo político? ¿Qué habrán pensado de un president y un gabinete que decían continuar trabajando y que tras su destitución por el Estado no han pasado por sus despachos? ¿Qué habrán pensado de Tardà y Rufián, que desde la más absoluta incoherencia siguen aferrados a un escaño en el Congreso de un país al que no quieren pertenecer? ¿Qué habrán pensado de que ningún país europeo ni EEUU hayan reconocido la huida hacia ninguna parte de la independencia? ¿Qué habrán pensado de tantas mentiras inoculadas por la propaganda del separatismo? Muchos de los que se creyeron el cuento de la buena pipa hoy pensarán que todo ha sido un gran timo, una colosal estafa política.

Foto.La Vanguardia. Puigdemont y los cinco consellers que se han ido de Cataluña.