1.000 días de bochorno

Si el castigo ferroviario que recibe Granada por parte del Gobierno del Rajoy es insoportable, las justificaciones del Partido Popular a este atropello son sangrantes. Más de 1.000 días de aislamiento por tren (y los que quedan) y unas pérdidas estimadas de 417 millones de euros requieren una solución inminente y una profunda autocrítica por parte de los populares en lugar de diatribas demagógicas y falaces. No es entendible que en pleno siglo XXI la ciudad de la Alhambra esté desconectada por vía férrea durante tanto tiempo, recordando viejas estampas del siglo XIX. El Ministerio de Fomento ha demostrado una inoperancia de récord Guinness y la insensibilidad habitual de la derecha con todos los asuntos estratégicos para Andalucía. Bochornoso.

Foto.- El Independiente de Granada. Ayer tuvo lugar una nueva manifestación por su ferrocarril.

El PP, en fuera de juego

Amplia coincidencia. Los sindicatos (UGT, CCOO y CSIF) y los empresarios han compartido con la presidenta andaluza, Susana Díaz, la reivindicación de un nuevo sistema de financiación autonómica que garantice la igualdad de todos los ciudadanos de este país vivan donde vivan y los recursos suficientes para que las distintas autonomías puedan garantizar los servicios públicos y el fortalecimiento del estado del bienestar. El actual modelo, caducado desde 2014 y que el Gobierno de Rajoy se encarga de aplicar de forma discriminatoria y arbitraria, le ha supuesto a Andalucía una pérdida de más de 5.500 millones. Junta y los agentes económicos y sociales han fijado una posición común en beneficio de Andalucía que deja al Partido Popular en fuera de juego y con un discurso, como siempre, de espaldas a las necesidades reales de esta tierra y de sumisión al castigo que se decide en la Moncloa. La derecha andaluza tiene argumentos para defender su silencio cómplice para el castigo que recibe esta comunidad ni tiene sensibilidad con esta tierra.

El colmo

El Gobierno de Mariano Rajoy no ha invertido ni un solo euro en los corredores ferroviarios en Andalucía desde que aterrizó en la Moncloa a finales de 2011. No sólo ha cerrado el grifo, sino que ha destinado más de 6.000 millones (dato ofrecido hoy por el PP) al ramal que discurre por la costa mediterránea hasta llegar a Murcia y ahí lo ha paralizado sin llegar a territorio andaluz. Es tal agravio que sufre esta comunidad autónoma que hace unas semanas se constituyó, a instancia de las Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, una plataforma para reivindicar la conexión de Andalucía a la red transeuropea de transporte ferroviario, cuyo kilómetro cero tanto del corredor mediterráneo como del atlántico comienza por Algeciras, donde se ubica el primer puerto de España y al que el Partido Popular está sometiendo a un castigo injustificable para que pierda su condición de líder. A esta iniciativa ciudadana se han sumado la Confederación de Empresarios, los sindicatos UGT y CCOO, los puertos de Andalucía, la Federación Andaluza de Municipios y Provincias y la Junta de Andalucía. Sólo no está el Gobierno de la nación: el que no invierte y quiere hacer perder una oportunidad de desarrollo económico que la puede situar como la base logística del sur de Europa.

Con esta realidad incontestable, el presidente  del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, tiene la desfachatez de decir que el corredor mediterráneo es fundamental en un foro sobre esta infraestructura en que participaban peperos de Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía. Pues si es así por qué no le dice a sus compañeros de Madrid que dejen de maltratar a esta comunidad. No se ha acordado en casi cinco años de este proyecto crucial para esta tierra y ahora se descuelga con un ejercicio de hipocresía de aúpa. El discurso lo aguanta todo, pero la realidad desmiente a Moreno Bonilla. Se ha instalado en el colmo del desahogo. Y por si no fuera suficiente ha dejado una frase para la antología: hay que concluir esta obra que “hace frente a la incertidumbre que genera el independentismo y fanatismo yihadista”. Una reflexión muy depurada, sí señor, de reputado estadista… Todo un ‘viva Cartagena’. ¡Qué le han dado esta mañana a este hombre de desayunar!

Foto.- Puerto de Algeciras.

Otro sablazo

A nadie sorprende ya el maltrato y la hostilidad que el Partido Popular dispensa a Andalucía. Es una dinámica más vieja que el hilo negro. Tenemos ya un callo de tanto castigo pero no nos cansamos de alzar la voz, es nuestra forma de defender lo que es nuestro. Hace un par de días, por la vía de los hechos consumados, el Gobierno de Mariano Rajoy nos ha quitado 265 millones de euros que nos correspondían por derecho. Ni han avisado: han metido directamente la mano en la caja y se lo han quedado. Son 265 millones que no podremos dedicar en esta tierra para atender las necesidades de la sanidad y de la educación públicas, para dar cobertura a más personas en situación de dependencia o en riesgo de exclusión social, para recuperar los derechos que arrebató la crisis a los empleados públicos, para generar posibilidades de empleo… Andalucía deja de percibir todos los años unos mil millones respecto a la media de las autonomías. Y no sólo sufrimos este agravio, sino que además nos dan un sablazo adicional de 265 millones. La derecha no entiende lo que significa justicia social y redistribución de riqueza. Eso sí, en su diccionario aparece con letras muy grandes discriminación y desprecio a Andalucía.

Esta nueva agresión procede de una aplicación sectaria por parte del Ministerio de Hacienda de la liquidación del ejercicio de 2013 y de un reparto arbitrario del llamado de fondo de convergencia. Este fondo se ha de emplear para ir recortando las distancias entre las distintas comunidades autónomas y favorecer la cohesión social de todos los españoles. Sin embargo, Cristóbal Montoro, que en su DNI reza como andaluz, tergiversa este concepto y la obligación de un ejecutivo de que todos los territorios tiendan a parecerse, a contar con las mismas oportunidades. El Ministerio ha preferido dar una riada de millones a Cataluña y a la Comunidad Valencia en perjuicio de Andalucía. No cumplieron con el objetivo del déficit en ese año por la pésima gestión de Artur Mas (Convergencia) y de Alberto Fabra (PP) y encima se les premia.

La palabra de Rajoy es papel mojado, no vale nada. Hace justamente un año, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, lo alertó de este auténtico dislate en el Palacio de la Moncloa. Le hizo saber la injusticia de castigar a Andalucía por una interpretación sesgada del reparto de la financiación autonómica y le planteó, si se consumaba esta distribución trampeada, que al menos se permitiera una devolución en varias anualidades. Pues ni una cosa ni la otra. Han mantenido el desequilibrio entre CCAA y nos han metido la mano en la cartera sin previo aviso. Así se las gasta el PP con Andalucía. A algunos sólo les interesa esta tierra para ver los debates de los que se ausenta desde las instalaciones públicas de Doñana.

Foto.EFE.

El trasquilón de Beteta

¡Beteta, Beteta! (Dicho en un tono admonitorio pero guasón). El secretario de Estado de Administraciones Públicas vino a por lana a Andalucía y salió trasquilado. El número dos de Cristóbal Montoro tuvo ayer la desafortunada ocurrencia de acusar al Gobierno de Susana Díaz de no haber presentado el plan económico y financiero 2015-2016 y pinchó en hueso. El documento está en el Ministerio de Hacienda desde el 2 de octubre. 18 días y Antonio Beteta sin enterarse. El asesor que le dio erróneamente la información está recogiendo ya el despacho por cese fulminante. Hizo que su jefe se tirara a la piscina sin agua. Y planchazo total. El alto cargo se frotaría las manos pensando que oportunidad tenía para sacar los colores a la Junta… y no se lo pensó ni un segundo. Horas más tarde, el Ministerio tenía que reconocer su yerro.

Más allá del estruendoso ridículo, el patinazo de Beteta demuestra una preconcebida actitud de hostilidad para con Andalucía muy característica del PP. Quizá estaba preparando el terreno para un nuevo castigo en forma de recortes de fondos pero la realidad ha dejado en evidencia su maniobra. En lugar de preguntar por los cauces institucionales se prefiere el rifirrafe público para arañar un titular y quién sabe si algún voto. La cercanía de las elecciones generales también contribuye a que se orille la lealtad institucional debida para anteponer un pírrico e hipotético beneficio partidario y montar ruido. Al cazador Beteta la ha salido el tiro por la culata. Esperemos que el Gobierno de Rajoy y el PP hayan aprendido la lección y dejen usar la Administración que es de todos para sus estrategias electorales.

Más de lo mismo

Decepcionante. Ese adjetivo define el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2015 entregado hoy por el ministo de Hacienda en el Congreso de los Diputados. Estas cuentas son más de lo mismo. Ni inversión, ni empleo, ni cohesión social, ni lealtad institucional. Y además da la espalda a Andalucía y profundiza en el desmantelamiento del estado del bienestar. Son los presupuestos de la resignación ante una política económica fracasada, que quiebra la igualdad de oportunidades y que castigan a nuestra comunidad autónoma.

Frente al discurso triunfalista de Rajoy y su gabinete sobre la recuperación económica, las grandes líneas del presupuesto certifican que ni el propio Gobierno se cree la recuperación económica, no hay medidas de fomento de empleo y se mantiene un ajuste continuado en el gasto público y en los servicios fundamentales. El único objetivo es el control del déficit, y da igual cómo lo estén pasando miles de familias. El Gobierno de la nación sigue a pies juntillas las indicaciones neoliberales de Merkel. Así lo atestiguan las escuetas partidas que dedican al estímulo de crecimiento. Apenas destinará 700 millones en 2015 a estimular la actividad económica. Esta cantidad para el conjunto del Estado resulta ridícula, ya que sólo durante este año Andalucía ha movilizado más de 900 millones en medidas destinadas a la dinamización de la economía.

Es una legislatura perdida en materia de empleo. Según el escenario económico que ofrece el propio Ejecutivo de la nación, se habrán perdido esta legislatura 400.000 empleos y no se bajará de los cinco millones de parados. Además, se recortan en 4.100 millones las prestaciones por desempleo. Una reducción que desnuda la insensibilidad con los parados que agotan sus ayudas.

Un año más el Gobierno vuelve a castigar a Andalucía. Las inversiones previstas para el próximo ejercicio se sitúan en 1.958 millones, lo que representa el 17,4%, cinco décimas menos del peso de nuestra población. Desde que gobierna Rajoy hemos dejado de recibir 801 millones en inversiones en función de lo que representa la población andaluza. 742 millones en los tres anteriores presupuestos y 58,8 en el de 2015. Andalucía es la décima CCAA en inversión per cápita, igual que en los PGE de 2014. La comparativa entre los PGE del anterior Gobiernos socialista y el actual del PP evidencia que la derecha nunca apuesta por Andalucía. Son 2.202M€ menos de inversión media en la comparación del período 2008-2011 del PSOE frente a la etapa 2012-2015 de la derecha. Andalucía recibió el 17,7% de la inversión del Estado la etapa socialista y sólo el 16,1% en el mandato de Rajoy.

Otro dato negativo: asignan un 2,8% menos del fondo de suficiencia para 2015. En el ejercicio actual ya recortaron este fondo un 25,4%. Hemos pasado de los 667,39 millones de 2013 a los 483,9 para el próximo año. 183,5 millones menos de financiación para nuestras comunidad para demostrar que es posible otra política y una salida distinta de la crisis. Además, se congela el Fondo de Compensación Interterritorial respecto a 2014, pero con una dotación un 54,5% inferior que en la legislatura de Rodríguez Zapatero. Y no se revisa la aplicación de los fondos de convergencia, obligarán a Andalucía a devolver 426 millones el próximo. La derecha se caracteriza por poner chinitas en el camino de esta tierra.

En definitiva, Andalucía sale peor parada en los presupuestos del año que viene y ya estaba penalizada por parte del Gobierno en las tres últimas cuentas. Y todo porque la derecha sigue viendo a esta autonomía como un territorio por el que no merece la pena aportar. Se necesita un Gobierno de la nación con sensibilidad y que crea en las potencialidades de esta tierra. Está claro que la derecha ni quiere ni cree en esta comunidad. Lo demuestra en todas y cada una de sus decisiones.