Nueva etapa

Estamos de enhorabuena. La democracia ha puesto punto y final a la etapa Rajoy, seis años y medio de gobierno de la derecha caracterizado por recortes, desigualdad e involución en derechos y libertades. El instrumento empleado es legítimo, constitucional y democrático, recogido en artículo 113 de nuestra carta magna. La moción de censura era inevitable y un deber ético tras la sentencia contundente del caso Gürtel. La falta de grandeza de Rajoy al no asumir responsabilidades políticas por el durísimo varapalo judicial precipitó esta salida de higiene democrática. El ya ex presidente podía haberse sometido a una moción de confianza, o convocar elecciones anticipadas o simplemente dimitir. Pero no, no hizo nada. Rajoy volvió a hacer de Rajoy. Todo un monumento a la parálisis. Su miopía política ha puesto de acuerdo a una amplísima mayoría de sensibilidades y ha favorecido que prospere una moción de censura por primera vez en la historia de nuestra democracia. Los aspavientos y los gritos hiperbólicos del PP no pueden ocultar su gran fracaso. No han estado a la altura de lo que demandaba este país.

Como socialista, me alegro del cambio en la Moncloa y de la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia. Y frente al apocalipsis anunciado por la derecha, la reacción de la Bolsa ha sido al alza. La llegada de la izquierda al Consejo de Ministros no afecta a la estabilidad económica de España. Era de perogrullo, pero la respuesta de los mercados acalla esas voces tremendistas del espectro conservador. Este país necesita un cambio de rumbo progresista y más diálogo, una acción política honesta que regenere la vida pública y que piense en la inmensa mayoría, que haga posible que la recuperación alcance a las familias y no sólo se quede en datos macroeconómicos, una acción política que devuelva derechos arrebatados y que trabaje por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, que resuelva de una vez por todas la insuficiente financiación de las comunidades autónomas para garantizar el buen funcionamiento de los servicios públicos fundamentales… Sánchez tiene ante sí un gran reto. Mucha suerte y acierto.

Foto.El País.

Como los avestruces

Atrincherado en el eufemismo. Mariano Rajoy, como bien recoge este vídeo de eldiario.es, ha despachado la comparecencia de hoy en el Congreso de los Diputados como una mero trámite, con desidia y malhumorado, y ha evitado usar palabras malditas para el Partido Popular: ni Gürtel, ni Bárcenas, ni Correa. Al más puro estilo del presidente: lo que no se nombra no existe. Pero está claro que existe por mucho que él y su troupe lo quieran ocultar. Las andanzas de sobres y cuentas B, el dopaje en las elecciones y el presunto uso de dinero público en beneficio privado está en los tribunales. Esconder la cabeza bajo la tierra como los avestruces no cambia la realidad, la turbia y cruda realidad.

Sin plasma

Finalmente Mariano Rajoy tendrá que declarar en persona en el juicio de Gürtel el próximo 26 de julio. Los jueces han descartado la petición del presidente del Gobierno de hacerlo por videoconferencia, desmontando sus argumentos peregrinos para esconderse tras el plasma. Intentaba Rajoy zafarse del mal trago aduciendo la distancia y la falta de seguridad de la Audiencia Nacional. Paupérrimas razones para no dar la cara. Y como cualquier ciudadano tendrá que comparecer en la vista oral para contar lo que sepa. Acude como testigo y tiene la obligación de decir la verdad. Y no sólo eso, sino el deber ético y democrático de hacerlo. La decisión judicial ha caído como un jarro de agua en Moncloa y en la calle Génova y, por primera en democracia, un presidente en activo tendrá que declarar, eso sí como testigo, en una causa penal. Una causa que es uno de los muchos casos de presunta corrupción que acorralan al PP. Esa imagen del 26 de julio será de primera plana y hará mella en la ya muy devaluada reputación del partido de la gaviota.

Viñetas.- Miki&Duarte, en el Grupo Joly; Ricardo, en El Mundo; y Peridis, en El País.

¿Corrupción institucional?

El vendaval de la corrupción ha adquirido dimensiones de tsunami en el Partido Popular. La operación Lezo, por la que está en prisión Ignacio González y ha provocado la tercera dimisión en cinco años de Esperanza Aguirre, se suma a la larga de ristra de casos (Gürtel, Bárcenas, Púnica, Rato, Bankia, Brugal, Taula, Emarsa, Palma Arena…) que no sólo afectan a la dirección nacional sino a las de Madrid, Comunitat Valenciana, Murcia o Baleares. En todos escándalos se investiga la presunta financiación ilegal del PP y el enriquecimiento de ilustres representantes de la derecha patria. Si es gravísimo el uso y abuso del dinero público para el beneficio particular, no le anda a la zaga lo que hemos conocido en el transcurso de la operación Lezo sobre penetración del PP en distintas instancias para controlar los resortes del Estado, unas maniobras que suponen una adulteración de la democracia y un ejemplo nítido de corrupción institucional. Han trascendido cosas inaceptables que exigen explicaciones urgentes e incluso dimisiones.

  • El intento del fiscal jefe anticorrupción de boicotear el trabajo de los fiscales del caso frenando registros claves para el esclarecimiento del caso.
  • La reunión del número dos del Ministerio del Interior, José Antonio Nieto, en la propia sede institucional con el hermano de Ignacio González cuando la investigación judicial estaba ya en curso.
  • La confesión del juez Velasco reconociendo que se le está haciendo vida imposible y por eso pide irse.
  • La decisión del magistrado de poner micrófonos ocultos en el despacho del ex presidente de Madrid porque los investigados estaba recibiendo avisos del pinchazo de sus teléfonos.

Todo esto sitúa al PP ante un necesario ejercicio de refundación y al Estado en la obligación de cortar todos los tentáculos con los que el partido de Rajoy podría estar vulnerando las reglas del juego democrático.

Viñeta.- Miki&Duarte, en el Grupo Joly.

De susto en susto

El Partido Popular no gana para sustos. Se estaba relamiendo las heridas por la citación de Mariano Rajoy como testigo en el caso Gürtel cuando se pone en marcha una operación contra la corrupción que acaba con la detención del ex presidente madrileño Ignacio González y diez personas más. El juez pretende desentrañar un catálogo de graves delitos por presunto desvío de muchos millones de euros públicos a través la empresa Canal de Isabel II. Lo del PP en Madrid es una charca con mucho fango, con grandes escándalos como Gürtel, Púnica.. y ahora se suma otro caso más: la operación Lezo. Desde el año 2003, cuando Esperanza Aguirre tomó el poder al asalto gracias al tamayazo, han desarrollado una gestión bajo sospecha cuyas excrecencias que estamos conociendo ahora. De momento, los dos hombres de confianza de Aguirre están bajo la lupa de la justicia: Francisco Granados, en prisión y González, detenido esta mañana. La pregunta es: ¿Cuándo asumirá responsabilidades políticas la ex presidenta? Ya son muchos sapos que tragar para esta charca. Todo lo que se investiga ocurrió durante sus mandatos. Mucho está tardando.

Y en la sede nacional de la calle Génova la preocupación ha aumentado varios grados, casi hasta la ebullición. Ya estaban noqueados por la citación de Rajoy y de buena mañana otro marrón. Es la primera vez que un presidente de Gobierno en activo en lo que llevamos de democracia ha de testificar ante los tribunales. Mucho ha tardado Rajoy en tener que dar explicaciones sobre los tejemanejes de Correa y su banda dentro de su partido. Hasta ahora ha ido esquivando ese mal trago y eso que el político gallego ha sido alto dirigente del PP en todo el tiempo que se investiga. Ya no se puede esconder más detrás del plasma. Tiene la obligación de decir toda la verdad de ese periodo turbio y responder a todas las preguntas. Rajoy debe colaborar con la justicia y decir todo lo que debe saber. Resulta impensable que no conociera lo que estaba pasando cuando, según se desprende de la instrucción judicial y de lo publicado en los medios de comunicación, fue el mandatario popular que recibió más sobres de la mano de Bárcenas. Y no olvidemos el famoso ‘Luis, sé fuerte’ o el disco duro machacado a martillazos. Por tanto, es más que lógica su presencia ante la Audiencia Nacional y el PP sólo se rasga fatuamente sus vestiduras. Se han de limitar a aceptar la decisión judicial. Les guste o no.

Viñeta.– Ricardo, en El Mundo.

Responsabilidades

En la semana que hemos visto el esperpento de la oposición en Andalucía, con el PP a la cabeza, pidiendo responsabilidades políticas por los cursos de formación, una gran farsa urdida por los peperos y que se ha desmoronado en los tribunales de justicia, conocemos que nueve empresarios reconocen que han financiado ilegalmente al partido de Mariano Rajoy y Francisco Camps en dos campañas electorales. Los empresarios admiten el delito para rebajar sus posibles penas. Con este acuerdo entre la Fiscalía y las partes, se certifica que el PP acudió dopado a las urnas al menos en esas dos ocasiones. Esta es la gran diferencia entre el caso de formación en Andalucía y la fosa séptica de la Gürtel. Tanto la instrucción judicial como la comisión de investigación parlamentaria han concluido que no ha habido menoscabo de fondos públicos en Andalucía. La magistrada archiva la pieza política concluyendo que no hay delito. Sin embargo, el PP, con el cinismo que rezuma por sus poros, pide responsabilidad política casi hasta para los ordenanzas de la Junta. Cazada la derecha en su mentira, sigue en su huida hacia adelante para hacer daño indecentemente a personas honestas e íntegras. Sólo pretende aniquilar socialmente a sus adversarios políticos. Siguiendo su esquema, pero en este caso con la constatación y la gravedad del delito, ¿tendría que asumir Rajoy su responsabilidad política al haberse financiado el PP de manera irregular? ¿O por haber nombrado a un tesorero que está siendo juzgado por la contabilidad B del PP y que repartía sobres a toda la cúpula del partido con billetes de origen turbio? ¿O por tener a su partido sentado en el banquillo en calidad de partícipes a título lucrativo de las andanzas de Bárcenas? Que empiecen a actuar con coherencia, si no es mucho pedir. Resulta obsceno ver siempre el PP queriendo disimular la gran viga que nubla su propio ojo.

Foto.El Mundo. Camps y Rajoy, en uno de esos actos montados con dinero ajeno.

Vergüenza ajena

Por muy solemnes que se pronuncien las mentiras, mentiras son. En la tarde de ayer, Mariano Rajoy nos ofreció otro curso acelerado de desahogo. En la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez, también fallida, el ‘valiente’ presidente en funciones dejó el tono de verbena de la primera sesión y optó un tono admonitorio y campanudo para decir lo mismo que hacía 48 horas. Volvió a recriminar sin sonrojo al socialista que hubiera asumido el encargo del jefe del Estado que él había declinado por irresponsabilidad, indolencia o ventajismo (o las tres cosas al mismo tiempo). No puede dar lecciones quien no da ejemplo. Y Sánchez tuvo el arrojo se asumir el reto para desbloquear una situación política con una aritmética parlamentaria imposible.

Pero Rajoy (ajeno aún a que la Concordia de los Toros de Guisando será la que se produzca en el PP cinco siglos después para poner fin su sucesión) dio un paso más al acusar a su adversario del PSOE de usar las instituciones en beneficio propio “y eso también es corrupción” (literal). No se conformó en maquillar las dos ‘cobras’ que le hizo al Rey, sino que encima ridiculizó a Felipe VI, que no a Sánchez, por dar la oportunidad al candidato de la segunda fuerza más votada. Y para redondear la faena de pitos y almohadillas habla de corrupción el jefe del partido de Gürtel, Bárcenas, Púnica, Taula, Brugal, Palma Arena, y un largo etcétera de casos que huelen a podredumbre. Se pueden retorcer los argumentos para tapar las carencias propias, pero no la conciencia de la opinión pública. Y todo el mundo sabe que el PP necesita una regeneración urgente empezando por su cabeza. Por eso, Rajoy produjo vergüenza ajena.