¿Corrupción institucional?

El vendaval de la corrupción ha adquirido dimensiones de tsunami en el Partido Popular. La operación Lezo, por la que está en prisión Ignacio González y ha provocado la tercera dimisión en cinco años de Esperanza Aguirre, se suma a la larga de ristra de casos (Gürtel, Bárcenas, Púnica, Rato, Bankia, Brugal, Taula, Emarsa, Palma Arena…) que no sólo afectan a la dirección nacional sino a las de Madrid, Comunitat Valenciana, Murcia o Baleares. En todos escándalos se investiga la presunta financiación ilegal del PP y el enriquecimiento de ilustres representantes de la derecha patria. Si es gravísimo el uso y abuso del dinero público para el beneficio particular, no le anda a la zaga lo que hemos conocido en el transcurso de la operación Lezo sobre penetración del PP en distintas instancias para controlar los resortes del Estado, unas maniobras que suponen una adulteración de la democracia y un ejemplo nítido de corrupción institucional. Han trascendido cosas inaceptables que exigen explicaciones urgentes e incluso dimisiones.

  • El intento del fiscal jefe anticorrupción de boicotear el trabajo de los fiscales del caso frenando registros claves para el esclarecimiento del caso.
  • La reunión del número dos del Ministerio del Interior, José Antonio Nieto, en la propia sede institucional con el hermano de Ignacio González cuando la investigación judicial estaba ya en curso.
  • La confesión del juez Velasco reconociendo que se le está haciendo vida imposible y por eso pide irse.
  • La decisión del magistrado de poner micrófonos ocultos en el despacho del ex presidente de Madrid porque los investigados estaba recibiendo avisos del pinchazo de sus teléfonos.

Todo esto sitúa al PP ante un necesario ejercicio de refundación y al Estado en la obligación de cortar todos los tentáculos con los que el partido de Rajoy podría estar vulnerando las reglas del juego democrático.

Viñeta.- Miki&Duarte, en el Grupo Joly.

Vergüenza ajena

Por muy solemnes que se pronuncien las mentiras, mentiras son. En la tarde de ayer, Mariano Rajoy nos ofreció otro curso acelerado de desahogo. En la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez, también fallida, el ‘valiente’ presidente en funciones dejó el tono de verbena de la primera sesión y optó un tono admonitorio y campanudo para decir lo mismo que hacía 48 horas. Volvió a recriminar sin sonrojo al socialista que hubiera asumido el encargo del jefe del Estado que él había declinado por irresponsabilidad, indolencia o ventajismo (o las tres cosas al mismo tiempo). No puede dar lecciones quien no da ejemplo. Y Sánchez tuvo el arrojo se asumir el reto para desbloquear una situación política con una aritmética parlamentaria imposible.

Pero Rajoy (ajeno aún a que la Concordia de los Toros de Guisando será la que se produzca en el PP cinco siglos después para poner fin su sucesión) dio un paso más al acusar a su adversario del PSOE de usar las instituciones en beneficio propio “y eso también es corrupción” (literal). No se conformó en maquillar las dos ‘cobras’ que le hizo al Rey, sino que encima ridiculizó a Felipe VI, que no a Sánchez, por dar la oportunidad al candidato de la segunda fuerza más votada. Y para redondear la faena de pitos y almohadillas habla de corrupción el jefe del partido de Gürtel, Bárcenas, Púnica, Taula, Brugal, Palma Arena, y un largo etcétera de casos que huelen a podredumbre. Se pueden retorcer los argumentos para tapar las carencias propias, pero no la conciencia de la opinión pública. Y todo el mundo sabe que el PP necesita una regeneración urgente empezando por su cabeza. Por eso, Rajoy produjo vergüenza ajena.

Martilleo de hechos

Ya no me sorprende el simplismo de Mariano Rajoy en el análisis político. Ni a mí ni a los a la gran mayoría de “españoles, muy españoles, mucho españoles“. Nos hemos vacunado contra los discursos fútiles del actual inquilino de la Moncloa. Dice el presidente que el desgaste vertiginoso del Partido Popular se debe “al martilleo constante de las televisiones con la corrupción“. No a los hechos en sí, tan execrables y desalentadores en democracia vengan de donde vengan, sino al ejercicio del derecho constitucional de difundir información veraz y del ciudadano a recibirla. Ese runrún pertinaz del mundo marrón del PP (me atrevo a parafrasear desvirtuando esa letra de Estopa y Rosario) lo único que ha hecho es aflorar una realidad que no han querido o no han sabido ver en la sede de la gaviota en la madrileña calle Génova. Ese repiqueteo ha socavado la confianza de su electorado, unido a la falta de una acción contundente para cortar de raíz comportamientos reprobables. Se han puesto de perfil y entre col y col, un SMS, “Luis, sé fuerte” o un despido en diferido en forma de simulación. Rajoy ha puesto el ojo siempre en el lugar equivocado: que si Matas era el modelo, que si estaba delante, detrás o al lado de Camps, que si Rita (Barberá)eres la mejor“… Que no son los medios de comunicación, lo que son tozudos son los hechos… Gürtel, Púnica, Rato, Brugal, Emarsa, Imelsa, Palma Arena, Troya… El PP de Aznar se declaró incompatible contra la corrupción. El tiempo ha desmentido esa afirmación. Las cañas se le han vuelto lanzas: no ha buscado combatir la corrupción, sino usarla como ariete contra sus adversarios políticos. Hoy recoge las tempestades de los vientos que ha sembrado y de su quietud exasperante.

Foto.- Vanity Fair.

Deshaciendo errores

La plantilla de Canal 9 está deshaciendo los muchos errores cometidos durante demasiados años por el sometimiento de la cadena a las consignas y a la propaganda del Partido Popular. La rebelión interna tras el anuncio de cierre por parte del presidente Fabra (ya tiene fecha: 27 de noviembre) ha puesto a la redacción de este medio ante el espejo de sus contradicciones. ¿Cómo han podido permanecer tanto tiempo en silencio permitiendo una manipulación tan burda e insoportable desde el punto de vista deontológico o, en algunos casos, participando activamente en la fiesta de la desinformación? El caso del accidente del metro, con 43 víctimas mortales, constituye el paradigma de una propuesta informativa a la carta de los intereses del PP. No es el único. Un espectador que sólo siguiera la actualidad a través de esta cadena no sabría qué es el caso Gürtel y no entendió la  repentina dimisión de Camps, contada por cierto de una manera oscura e ininteligible. Ni el caso Brugal, ni el caso Emarsa, ni las andanzas del otro Fabra (Carlos) por Castellón, ni el aeropuerto sin aviones, ni los recortes del Gobierno de Rajoy… Suma y sigue. Quizá tendrían que haber levantado la voz antes frente a las barrabasadas que les obligaban a hacer y a firmar. Más vale tarde que nunca. Más que reproches, esta revuelta postrera quizá permita extraer una lección: la ética y la dignidad valen más que un salario.

Os dejo dos opiniones que abundan en esta línea con mayor tino que yo:

El suicidio de Canal 9, en el blog Mi mesa cojea.

El oxímoron de Canal 9: Asamblearismo oficialista, de Julià Álvaro en eldiario.es.

Pose hipócrita

“Lo que hoy se necesita es  gente que gestione bien lo que es de todo. Que se cuide el dinero público como si fuera oro siempre es importante, pero cuando hay pocos recursos lo es más. El dinero público es sagrado y que no se puede dilapidar ni jugar con él, porque ello supone burlarse de la gente.”

Estas palabras han brotado de la boca incorrupta de Mariano Rajoy en estos primeros compases de campaña electoral. El presidente del Gobierno se sumó a las consignas contra el caso de los expedientes de regulación de empleo fraudulento como si se tratara de un hooligan más de su partido. Y olvidó muchas cosas en su alocución como que fue la Junta de Andalucía la que llevó el caso a los tribunales, la que ha hecho una rigurosa investigación interna para detectar las posibles irregularidades y que ha colaborado con la jueza Alaya poniendo a su disposición más de 200.000 folios de distintos expedientes. Es decir, el Gobierno andaluz denuncia, investiga, es parte acusadora y quiere que los culpables paguen por sus comportamientos ilícitos y que devuelvan lo que se han llevado. Nadie está exento de tener una oveja negra en sus filas, la diferencia está en cómo se reacciona ante los supuestos de corrupción. Desde el PSOE se manifiesta tolerancia cero con los desalmados que vulneran la confianza de todos, mientras en el PP se encubren, se amparan y no se les reprocha públicamente sus lamentables actitudes.

Particularmente, me repugna que un cargo público se sirva de su posición y meta la mano en la caja que es de todos. Sea del partido que sea. Si es socialista me duele muchísimo más. También me produce náuseas que todo un presidente del Gobierno se baje al estercolero envuelto en la bandera de la propaganda. Y me resulta aún más vomitivo que este señor intente dar lecciones de ética cuando ha permanecido callado, incluso escondido, ante los muchos casos de corrupción que rodean al Partido Popular. Ni una palabra de condena o de disculpas sobre Gürtel (el mayor escándalo de la democracia), Palma Arena, Brugal, Fabra, Emarsa, Zona Franca de Cádiz, caso Troya en Alhaurín el Grande, las muchas causas judiciales de La Línea… Suma y sigue. Ante toda esta podredumbre, como siempre, ha metido la cabeza bajo la tierra y ha esperado que pase el chaparrón sin de decir ni mu. Arenas tampoco ha dado la cara. Ni siquiera han pedido disculpas. No le concedo a Rajoy autoridad moral para alzar la voz contra nadie cuando tiene tanto que callar. ¿No era Matas un modelo a imitar? ¿No iba a estar delante, detrás o al lado de Camps? Venir a Andalucía con esas ínfulas se me antoja chusco y miserable. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces, Mariano.

PPCard

En total, los gastos suntuosos e inútiles de la Comunidad de Valencia nos han constado 2.306 millones de euros. Una auténtica barbaridad: casi 400.000 millones de las antiguas pesetas dilapidados. Francisco Camps, el modelo a imitar de Javier Arenas, era un pésimo gestor, un manirroto y un megalómano y ha dejado a su región en bancarrota y cruzada de casos de presunta corrupción. En una situación tan grave que el Gobierno de Rajoy ha tenido que salir al rescate para evitar que las cuentas valencianas entren en concurso de acreedores. ¿Éstos son los que nos quieren dar lecciones de solvencia, eficacia y austeridad en la administración de los fondos públicos? Pues aviados vamos.

La mejor defensa…

…un buen ataque. El Partido Popular se ha lanzado a la ofensiva en lugar de guardar un prudente luto tras la dimisión Francisco Camps. Su ariete más corrosivo, Esteban González Pons, ya ha destilado su veneno. No se cortan, no se arredran, no actúan desde la mesura y la ponderación. Se mueven con rabia, cual animales acorralados, disparando con infamias y difamaciones para tapar sus vergüenzas. Haría bien Rajoy de refrenar tanto rencor y tanta inquina de sus subalternos ante un episodio tan poco honorable. Ha caído el presidente de la Generalitat valenciana, sostenido con alfileres hasta el 22 de mayo para salvar el obstáculo electoral. Los trajes no dejan de ser la punta del iceberg del mayor escándalo de corrupción de España, el caso Gürtel. Mucho ha resistido cuando desde un punto de visto ético su permanencia en el poder no tenía un pase. Ahora querer convertirse en mártir o víctima, santificarlo por su forzado sacrificio, no cuela. La podredumbre se huele desde muy lejos. Once imputados se sientan en la Corts valencianas y el Partido Popular dejando su código ético como papel mojado. Un contertulio de la Cadena Ser hablaba esta mañana de la “gusanera” en la que se tornado la Comunidad de Valencia en la era Camps. El caso Gürtel, con los “amiguitos del alma” de Camps como principales protagonistas, es el asunto de corrupción más importante pero no el único. También el caso Brugal, el lamentable historial de corruptelas e irregularidades de Carlos Fabra, dos presidentes provinciales del PP en la picota… Suma y sigue. Con este expediente, salir a dar lecciones o tirar a matar desde el cinismo se antoja una reacción tan patética como impresentable.