El sainete de Podemos

Sin encomendarse a sus compañeros catalanes, los comunes, Pablo Iglesias anunció ayer por sorpresa la decisión de Unidos Podemos de impugar ante el Tribunal Constitucional la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Como en un corral de comedias, entró en escena un Xavier Domènech despavorido por una proclama que rompe su campaña de la equidistancia en las elecciones del 21 de diciembre. Todo un sainete a apenas tres semanas de los comicios. Lo que no podían hacer los independentistas por falta de diputados en el Congreso se lo pone en bandeja la formación morada. Se necesitan 50 parlamentarios para presentar un recurso ante el TC.

Todo el mundo era consciente de los coqueteos de Iglesias y su troupe con los separatistas. Pero esta iniciativa indica bien a las claras del lado que está Podemos. La posición sobre Cataluña está abriendo un abismo entre Iglesias y sus votantes. Ya lo alertó una de las cofundadoras, Carolina Bescansa, pidiendo que su partido “hablara más a España y a los españoles y menos a los independentistas”. Su sugerencia, salta a la vista, ha caído en saco roto. La cúpula nacional de Podemos se ha abrazado al secesionismo. Cada día tiene más poder el ala más radical y antisistema.

Iglesias pretende retorcer la realidad. La aplicación del 155 fue la respuesta constitucional y políticamente adecuada a la declaración unilateral de independencia tras un referéndum ilegal. Y ante el disparate separatista, nada mejor que hable la democracia, que los ciudadanos voten… Aunque a Podemos le gusta más un referéndum de independencia que unas elecciones autonómicas. Qué perdidos están.

Torpedo interno

No hay peor cuña que la de la misma madera. Carolina Bescansa ha dejado al descubierto la deriva de su partido en el conflicto catalán: “Podemos debe hablar más a los españoles y no sólo a los independentistas”. Lo ha dicho una de las cofundadoras de la formación morada después de ser purgada como miembro de la comisión constitucional del Congreso de los Diputados. Ya sabemos la razón del castigo. Bescansa ha recibido el apoyo en su tesis de falta de proyecto de Podemos para España de Luis Alegre, otro confundador también represaliado por el pablismo por discrepante con la línea oficial. Podemos está jugando más en el terreno de la autodeterminación que en el de la Constitución.

Lo más desternillante es la salida de la portavoz parlamentaria y sustituta de Bescansa en la susodicha comisión. Irene Montero ha afeado a su compañera que exprese su opinión en público ante los medios de comunicación. ¿No eran éstos los próceres de la transparencia? ¿No eran éstos los que querían retransmitir por streaming todas las reuniones? Como recoge el dicho popular: ‘Justicia, señor juez, pero por mi casa no’. Qué pronto han envejecido estos adalides de la nueva política. Purga, oscurantismo y radicalismo ideológico. Menuda carta de presentación.

Posemos

Artículo Santiago González

Una errata inspira este minipost. Quiero pensar que es así, un gazapo, si no estamos ante una auténtica genialidad. Hoy el articulista Santiago González, en El Mundo, ha rebautizado al partido de Pablo Iglesias como Posemos. Y nunca un baile de letras (la ‘s’ y la ‘d’ son vecinas en el teclado) ha podido definir con más exactitud un concepto. En este caso, a una fuerza política. La formación morada ha abandonado el ‘sí se puede’ por el ‘sí se posa’. Tienen planificado cada gesto, cada acto, cada palabra. Son el partido del simulacro, que escribiría Braudillard. Nada queda a la espontaneidad: ni el atuendo para cada ocasión (ora camisa arremangada, ora esmoquin), ni el beso entre Domènech e Iglesias, ni la presencia del niño de Bescansa, ni el desfile a modo de tortuga romana por los pasillos del Congreso antes de hacer declaraciones a los periodistas… Todo milimetrado, estudiado hasta el más mínimo detalle. Pura pose.

Puro teatro

“Teatro, la vida es puro teatro”. A esta canción de La Lupe me recordó la puesta de largo de Podemos y aledaños en la constitución del Congreso de los Diputados. “Igual que en un escenario, finges tu dolor barato”. Todo estaba perfectamente guionizado. Desde la llegada a la carrera de San Jerónimo, ya sea en grupo en bicicletas, como en ‘Verano azul’, ya sea con banda de música al son de la marcha mora, hasta el final con lágrimas de Pablo Iglesias y su abrazo sin fin con Juan Carlos Monedero, el ángel caído (“tu drama no es necesario, ya conozco ese teatro”), pasando por la presencia del bebé de Carolina Bescansa, de mano en mano por canguros ocasionales con poca maña, la gesticulación estridente o las promesas del cargo con una retahíla de proclamas tampoco tan novedosas (Sánchez Gordillo o representantes de la izquierda abertzale ya lo habían hecho años ha). Se seguía la escaleta de un programa, nada se había dejado al azar, todos y cada uno de los guiños estaba organizado. Los recién llegados son maestros en el arte de propaganda, expertos manejadores de “los códigos de vistosidad de la telecracia“, como escribe hoy Jorge Bustos. “Falsedad bien ensayada, estudiado simulacroPerdona que no te crea. Lo tuyo es puro teatro”.

Sinceridad y gesto de soberbia

En los cuarteles generales de Podemos ha prendido el desánimo y la inquietud. El mal resultado cosechado en las elecciones catalanas ha confirmado sus temores y ha hecho saltar las luces de alarma. Lo dicho por las urnas no es más que la constatación de la tendencia a la baja que registran todas las encuestas, incluidas las suyas. En poco menos de un año han pasado de aspirar a ser la primera fuerza del país a ocupar la cuarta posición en la tabla de preferencias de los españoles. Es tan evidente el desplome de las expectativas que una de las voces más autorizadas de la formación morada, Carolina Bescansa, ha admitido que no están en situación de ganar el 20 de diciembre. La cara de su líder, Pablo Iglesias, es un espejo desde la noche del 27 de septiembre de la preocupación que recorre toda la organización.

Este rapto de sinceridad ha venido acompañado de un gesto de soberbia. Podemos sólo tiene previsto pactar con el PSOE en el caso de obtener más votos que ellos. Y si ocurre al contrario, como pronostican todos los trabajos demoscópicos, ni siquiera lo contemplan. Es una respuesta un tanto soberbia por parte del partido de Pablo Iglesias. ¿Se creen mejores? Si aceptan los votos socialistas para gobernar ellos, ¿por qué niegan los suyos en el escenario más que probable de victoria de la lista de Pedro Sánchez? Deslizan un argumento endeble: que no quieren ser bisagra de la izquierda. A lo mejor actuando de esa forma, se convierten en aliado ¿involuntario? de la derecha, como ocurre en Andalucía. En esta comunidad se sienten muy cómodos votando con el PP una y otra vez.

Podemos se tendrá que mojar cuando llegue la hora. El PSOE llega a estos comicios con convicción y posibilidades de triunfo. El partido morado, en cambio, no parte con la vitola ni siquiera de aspirante. Los ciudadanos, en cualquier caso, tendrán la última palabra: son los que ponen y quitan gobiernos.