Aquel gesto de Zapatero

Menos mal que las cosas cambian en España. El nombramiento de una mujer, María Dolores de Cospedal, para dirigir el Ministerio de Defensa no ha levantado ninguna oleada de mensajes machistas provenientes de la carcunda. No fue así cuando José Luis Rodríguez Zapatero nombró a Carme Chacón para ese mismo cargo en abril de 2008. A la catalana con raíces andaluzas le dijeron de todo desde los sectores más reaccionarios de este país. Chacón recibió chistes de mal gusto, diatribas lacerantes y empellones retrógrados. Algunos, desde su berrinche indisimulado, llegaron a criticar hasta su capacidad de trabajo por su estado de gestación o sus modelos en los actos oficiales. ¡Qué disparate! Zapatero había roto un techo de cristal situando por primera vez al frente de las fuerzas armadas a una mujer y eso era un trago demasiado duro de digerir para los más recalcitrantes de este país. Sin duda, fue todo un símbolo que coronaba las políticas de igualdad que impulsó el presidente socialista durante su mandato. Ocho años después, otra mujer coge la cartera y ya no se ha producido ningún alboroto. Nadie habla hoy de frivolidad, nos limitamos a valorar el nombramiento en función de la competencia o no de la persona para el puesto, al igual que ocurre en el caso de los hombres. Aquel gesto inicial de Zapatero ha dado sus frutos. Algo hemos avanzado, bendita normalidad democrática. Pero no bajemos la guardia: esta sociedad española es machista y el monstruo permanece agazapado.

Foto.- 20 minutos.

Puntos sobre las íes

El debate sobre Cataluña siempre levanta ampollas. El españolismo cerril y unívoco, cobijado en el Partido Popular, y el nacionalismo estridente, dos polos opuestos que se tocan y paradójicamente confluyen en sus intereses, han exacerbado una visión distorsionada y fanática de este conflicto de crecimiento y consolidación del estado autonómico impulsado por la Constitución de 1978. Unos y otros se niegan a ver la realidad de una España diversa que se complementa en su conjunto y cuya suma plural y polifónica hace más fuerte al todo que a las partes por separado. Felipe González y Carme Chacón firman un artículo en El País en el que ponen los puntos sobre las íes sin estridencias, con sentido común y sentido de estado, que en demasiadas ocasiones dibujan líneas divergentes, poniendo el acento en los grandes avances que ha posibilitado el título VIII de nuestra carta magna y no en las fricciones o el rancio espantajo del ‘España se rompe’. Bajo el título sobre Apuntes sobre Cataluña y España, el ex presidente del Gobierno y la catalana ministra de Defensa hacen una acertada reflexión sobre el importante camino andado con la democracia que no debe difuminar la sentencia del TC sobre el Estatut y mucho menos el griterío de los talibanes de ambos bandos extremistas. Recomendando su lectura íntegra, extraigo algunas de los fragmentos que me parecen más relevantes:

“El camino recorrido por nuestra democracia ha ido superando dos resistencias. La de los centralistas, que consideran el proceso como un debilitamiento de la nación española y una afrenta al castellano. Y la de los separatistas, que presentan los avances como un engaño y magnifican cualquier fricción como ofensas a Cataluña”.

“Una amplia mayoría de catalanes compatibiliza su identidad catalana y española, sin considerarlas excluyentes, con un acento mayor o menor en cada una de ellas”.

“El fallo consagra y constitucionaliza el mayor nivel de autogobierno alcanzado; reconoce derechos propios a los ciudadanos de Cataluña, y todas las competencias que el Parlament había propuesto. Reconoce los derechos históricos, el estatuto lingüístico, la bilateralidad en las relaciones con el Gobierno central y convalida el sistema de financiación y la organización territorial propia de Cataluña. Por tanto, mayor autogobierno institucional y de fuentes del derecho.”

“El problema no radica, pues, en la Constitución, que se ha revelado por más de tres décadas como un texto incluyente de la diversidad y ha permitido el desarrollo de un proceso federalizador en la configuración del Estado de las Autonomías, aunque no estuviera contemplado en su letra. Tampoco radica en este Estatut, a pesar de las insidiosas campañas del Partido Popular sobre la ruptura de España o el tutelaje de ETA. Estos cuatro años de desarrollo sin fricciones lo demuestran.”

“El problema sigue estando en la resistencia del PP a reconocer la diversidad de España y en la obstinación de los sectores catalanes que magnifican las fricciones y minimizan los avances históricos que hemos vivido. Y radica también en la falta de energía de quienes desde Cataluña y desde el resto de España apostamos por la vía del entendimiento y rechazamos tanto el camino de la imposición uniformadora como el de la separación.”

“Tras la manifestación de Barcelona, ya ha habido quien ha proclamado sin más que la vía del autogobierno está superada, sin tener en cuenta la pluralidad de opciones que animaban tanto a los asistentes como a los no asistentes. Sin embargo, la vía del autogobierno, como la de la Constitución, es la única con plena vigencia.”

“Lo conseguido hasta ahora, convivir en paz y libertad sin renunciar a lo que somos ni a lo que queremos ser, es lo que importa, a pesar de quienes se empeñan en atizar el enfrentamiento. Nuestro reto no se limita a restituir los preceptos del Estatut objetados que pueden recuperarse. Va más allá. Debemos demostrar que estos 30 años de convivencia y autogobierno no han sido un paréntesis, sino el inicio de una nueva etapa; hemos de poner de manifiesto que la Constitución de 1978 fue punto de encuentro y de partida; que la concepción de España como “Nación de naciones” nos fortalece a todos.”

¡Qué poco dura la cordura!

Cuando la politiquería entra por la puerta, la cordura sale por la ventana. Me he permitido adaptar el título de una canción de El último de la fila para explicitar la sensación que me ha producido la reacción del Partido Popular y algunos medios de comunicación de nítida orientación conservadora tras la feliz liberación de los 36 tripulantes del atunero Alakrana. Un día de júbilo y toque a rebato contra el Gobierno de España. Este contraataque desaforado y visceral no sorprende, es la tónica de una oposición con instinto de escualo o con sonrisa de hiena.

Una vez que se ha producido el desenlace positivo de un secuestro que tenía en vilo a las familias, en particular, y a la sociedad española, en general, ha llegado la hora de la explicación inmediata por parte del Ejecutivo y el análisis de la gestión por el conjunto del arco parlamentario. Y por ese orden: primero el conocimiento de todos los extremos del conflicto y luego la valoración y la crítica, si procede.

El PP, con su confirmado líder por quinta vez, Mariano Rajoy, se ha lanzado al ruedo con el estoque de matar. ¡Para qué esperar a la versión del Gobierno! Ha anunciado, para empezar a hablar, la reprobación de tres miembros del gabinete (María Teresa Fernández de la Vega, Carme Chacón y Francisco Caamaño). Eso como aperitivo, para abrir boca, luego los populares meterán en el lote a Miguel Ángel Moratinos o Elena Espinosa, también miembros del gabinete de crisis. Reprobar no cuesta nada, ni siquiera se pierde credibilidad, se dispara indiscriminadamente y se desprestigia por deporte al adversario, más tarde, cuando todo queda aclarado, si te he visto, no me acuerdo, ni siquiera unas disculpas con la boca chica.

El objetivo de la estrategia del PP es generar confusión y evitar que el Gobierno se pudiera apuntar el tanto de la liberación de los secuestrados. Rajoy, con la transfusión de autoestima que le pusieron este fin de semana pasado en Barcelona, ha engolado la voz para lanzar una sarta de improperios y descalificaciones a la actividad del Ejecutivo. Quien la lleva, la entiende, pero, en mi modesta opinión, la ciudadanía espera en el caso del Alakrana y en cualquier otro asunto responsabilidad y mesura, no algarada y confrontación. Que se conozcan todos los extremos del secuestro y la liberación en primer lugar y después será el momento de la crítica y las reconvenciones. No al revés.

Recuerdo palabras de la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría: “El primer deber de un Estado es garantizar la seguridad de sus ciudadanos”. Es una aseveración con la que cualquier persona tiene que estar de acuerdo. Se empieza, sin embargo, a instalar un debate en los medios conservadores, alentado por las huestes de Rajoy, sobre quién pagó el rescate. ¿En qué quedamos? Para conseguir que los marineros del Alakrana pudieran volver a casa, sanos y salvos, la única posibilidad era abonar la cantidad pactada con los captores. No se entiende que haya foros en los que se clama contra la mordida entregada a los corsarios somalíes. No sé si esperaban un arrepentimiento súbito de los filibusteros o que la Armada tomara el barco con una tropa de asalto. Se ha abonado un rescate como en incidentes similares ocurridos en el Índico. Y lamentablemete el Alakrana puede que no sea el último.

Merece una mención, aunque sea tangencial, el papel de los medios de comunicación en este affaire. Se ha sabido ahora que los tres marineros que supuestamente fueron trasladados a tierra nunca llegaron a pisar la costa y se quedaron encerrados en un camarote en la embarcación. Fue un engaño de los piratas difundido por los retenidos, que bajo presión se creyeron la añagaza, y aireado por unos periodistas que compraron sin más el producto, sin contrastar su veracidad, generando un mayor ambiente de tensión y pánico. Como decía anoche Josep Ramoneda en la Cadena Ser, los medios también pueden extraer alguna enseñanza de este proceloso episodio y ser menos indulgentes con sus errores.

Foto.- Concentración organizada por los familiares en demanda de la liberación de los marineros del Alakrana.