Inhumanidad

Este vídeo nos da una pista de las malas ideas que tiene Vox para la sanidad pública y para aquellos que no tienen ingresos suficientes para costearse la sanidad privada. Este fragmento de conferencia fue difundido por el partido de extrema derecha a través de sus redes sociales y ya lo ha retirado como consecuencia de la enorme contestación y rechazo que ha cosechado. Intuía que eso podría ocurrir e hice copia y pantallazo de este ejemplo descarnado de inhumanidad. Vox entiende que la atención a los pacientes oncológicos terminales es un despilfarro y que, por tanto, habría que dejar de cuidarlos y dejarlos morir con sufrimiento y dolor, desahuciarlos y despojarlos de sus derechos actuales. Traducido al lenguaje coloquial andaluz, que rabien como perros sin gastar un solo euro de dinero público. Total, si se van a morir para qué invertir, piensan estos ultras.

Esto lo sostienen los que están en contra de la eutanasia, se dan golpes de pecho como buenos cristianos y, sobre todo, tienen recursos suficientes para que sus familiares, si se encuentran en una situación similar, puedan recibir tratamientos paliativos en una institución sanitaria privada. Esta posición política da una muestra del mal fondo de los líderes de Vox y la falta de sensibilidad y solidaridad (incluso de caridad) con el que sufre y su única esperanza está en la salud pública con prestaciones que garanticen la igualdad ante la enfermedad. El servicio público sanitario no se puede regir exclusivamente por la rentabilidad económica, ha de tener muy en cuenta la rentabilidad social y el factor humano. Este vídeo produce en cualquiera con empatía hacia el dolor ajeno una tremenda indignación por la catadura moral de quienes defienden posiciones tan desalmadas y economicistas.

¡Y un jamón!

Lazón jamónLos españoles nos hemos tomado con humor, con mucha guasa, el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los riesgos cancerígenos de las carnes procesadas. Los chistes y los comentarios jocosos inundan las redes sociales, ya sea Twitter, Facebook o WhatsApp. En Andalucía, tierra de jamón, caña de lomo y otros maravillosos embutidos, está tendencia se acentúa. La opinión es unánime: nadie va a dejar de comer estos sabrosos manjares. Y la razón es bien sencilla: las chacinas de esta tierra están certificadas, son de calidad y sanas. Estos productos cárnicos forman parte de la dieta mediterránea, que tanto reconocimiento tiene dentro de la comunidad médica y científica, y lógicamente no pueden ser el único patrón de alimentación, se recomienda un consumo moderado y equilibrado pero no por su relación con el cáncer. Además, no existe ningún informe médico que avale esta afirmación tan rotunda de la OMS por lo que es necesario tomarla con prudencia. No vaya a ser que ocurra lo mismo que con el aceite de oliva, nuestro oro líquido, que un estudio de dudosa reputación quiso poner bajo sospecha. Todo lo que no sea actuar con mesura supone alarmar innecesaria e infundadamente al consumidor y perjudicar a un sector económico andaluz que es puntero y goza de enorme prestigio internacional.

Campaña solidaria

Como todos los años en estas fechas, se ha vuelto a difundir por redes sociales y grupos de whatsapp un video-clip interactivo del cantante Macaco para recoger fondos para la investigación del cáncer infantil. Esta campaña se realiza en colaboración con pacientes, familiares y trabajadores de la planta 8ª (oncología) del hospital infantil de San Juan de Dios en Barcelona. Una gran labor que necesita de colaboración de todos. Cada vez que se abra el vídeo, entrarán cinco céntimos para la causa. Así que no hay excusa para no entrar y recomendar que lo hagan todos los amigos que puedan. Ojalá siempre fuera tan fácil ayudar.

 

Una sanción disparatada

El fútbol es un mundo aparte, una realidad virtual con una organización y una justicia deportiva arbitrarias y caprichosas. Hoy no toca hablar de los árbitros, ese colectivo que siempre arrima la sardina al ascua de los grandes, sino del tremendo disparate de uno de esos tribunales futboleros, en concreto el Comité de Competición, que ha sancionado con 2.000 euros al modesto jugador del Jaén Jonathan Mejía Ruiz, Jona, por mostrar una camiseta en la celebración de un gol en apoyo de los niños que padecen cáncer. Un gesto solidario al que se aplica la norma con rigurosa rigidez y nula sensibilidad.

El código disciplinario impide a los futbolistas levantarse el atuendo oficial para exhibir cualquiera clase de publicidad, lema, leyenda, siglas, anagramas o dibujos. No parece que el mensaje ‘Ánimo pequeñines’, acompañado por el hashtag Día Mundial contra el Cáncer Infantil, sea agresivo y busque el lucro particular. Tiene además visos de ser improvisado sobre la marcha en el vestuario (el texto está escrito a bolígrafo) al conocer que el club había invitado a una niña al partido aquejada de esta enfermedad. Los jueces del deporte rey patrio se han aferrado a esta norma a rajatabla, sin ningún tipo de interpretación del gesto humanitario y comprometido. Una de las últimas referencias es la ridícula penalización al Atlético de Madrid de 600 euros por el mecherazo a Cristiano Ronaldo. En otros campos con hechos similares se les ha ido la mano con el castigo.

El escándalo está servido. Nadie entiende la razón de la penalización al jugador del Jaén. Muchas voces han expresado su perplejidad ante esta decisión del Comité de Competición. Posiblemente, el recurso prospere y todo este despropósito quede en una simple anécdota a olvidar. Y que sirva la lección para que la justicia y el sentido común imperen en este mundo virtual.

Pechos que no venden

Joana Bonet publica hoy en La Vanguardia una columna con este título. Un texto delicioso, reivindicativo, que me ha parecido imprescindible compartir a través de esta bitácora.

Pechos que no venden

No fue “un episodio capaz de producir objetivamente una perturbación grave del orden”. Así lo dictó en su auto el juez Ramiro García de Dios, ordenando la puesta en libertad de las activistas de Femen que alborotaron el Congreso con sus grafiteados pechos al aire. El juez parte de una premisa monumental: desnudar el torso “en la realidad social del tiempo actual” ya no escandaliza a nadie. Acaso podrían causar disturbio grave las palabras de las activistas, afirma, pero no tanto por su contenido sino por dar voces hasta interrumpir abruptamente la sesión. La lógica del juez parece la propia de una sociedad madura y cansada: resulta más condenable armar griterío entre las bancadas de sus señorías que plantarles un topless reivindicativo en pleno escaño.

Protestar con las tetas apuntando a la lente de la cámara no significa protestar más, pero sí conseguir un eco mediático que, a día de hoy, sigue funcionando. Quién lo hubiera dicho. La mamocracia es en nuestros días un lugar común que, como bien advierte el juez, se ha convertido ya en costumbre. Las mujeres exhiben sus tetas por motivos bien dispares: bajo el sol, para mostrar rebeldía, con deseos lúbricos o para amamantar a sus hijos. En las campañas de publicidad, en el cine, en las revistas que promueven un erotismo cool –como la resucitada Lui, dirigida por el escritor y provocador Frédéric Beigbeder, o la barcelonesa Odiseo–, las modelos posan ante fotógrafos estrella en desnudos ‘estéticos’, glamurosos o minimalistas. Eso ocurre en un dobladillo de la realidad, y por su intensidad como espectáculo predominante en el discurso público de los senos desinhibidos.

Pero, en el otro extremo, entre la masa difusa de las vidas corrientes, en las que no hay asomo de exhibicionismo ni de bronca, muchos pechos corren otra suerte: en la Comunidad de Madrid, 30.000 mujeres no han podido someterse desde hace más de medio año a una mamografía preventiva. Asuntos de contratos con clínicas privadas. Recortes. Y como resultado, una dimisión del sistema en toda regla. La Sociedad Española de Oncología ha anunciado su preocupación, y el PSOE pide abrir expediente, pero el caso es que esas 30.000 mujeres de entre 50 y 69 años –a partir de entonces te desahucian del protocolo de prevención– aguardan a su cita con la máquina. “No respires, no te muevas”. Los pechos oprimidos entre planchas de acero. Una prueba sádica, dolorosa, y aun así salvadora y reconfortante. Cierto que no es lo mismo el amor que el sexo ni el erotismo que la ginecología. Y que los pechos expectantes de una mamografía poco tienen que ver con los senos morbosamente felices de las revistas que ahora vuelven a los quioscos de la Rive Gauche ni con las tetas protestonas de Femen. En verdad son más noticiables, sí; pero no venden.

PD.– Mejorar este texto, con el que coincido ampliamente, era una tarea casi imposible.

Me sumo al rosa

Hoy se celebra Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, una enfermedad que supone la primera causa de mortalidad por cáncer en las mujeres y que también cuenta con las más altas probabilidades de curación si se detecta en estadios iniciales. Por cada 1.000 mujeres sometidas a mamografías cada dos años, desde los 50 hasta los 69 años, se salvan entre siete y nueve vidas. La prevención  juega a favor de la vida. En cambio, desde el Gobierno de Rajoy se está revisando la cartera de prestaciones de la sanidad pública para imponer el copago (o repago) en las mamografías y en otras pruebas para detectar o prevenir enfermedades, lo que podría suponer un retroceso en la lucha contra el cáncer de mama y otras patologías.

Una atención óptima alarga hasta diez años la esperanza de vida de las mujeres aquejadas de este mal. Los datos son elocuentes, esperemos que las decisiones del Ministerio de Sanidad sean consecuentes con los estudios científicos. Las medidas de ahorro y control del gasto público han de dejar de ser irracionales y crueles. Los malditos recortes no pueden ir en contra de la calidad de los servicios y las prestaciones a los pacientes oncológicos (o de cualquier otra patología). No es tolerable que se pongan en riesgo a muchas mujeres por ahorrar un miserable puñado de euros. Se ha de mantener, como hasta ahora, una prestación básica para asegurar la igualdad en el acceso a las pruebas. Anteponer criterios economicistas a la salud atenta contra el sentido común y sólo añadirá dolor y sufrimiento.

Negocio

Hay cosas que no se pueden digerir por más sal de frutas que se tome. Me envía un colega una noticia al correo electrónico que ha disparado mi rabia. Al parecer, unos científicos canadienses han encontrado un fármaco que cura el cáncer y no se va a comercializar porque no representa negocio para las empresas farmacéuticas. Y luego hay gente que critica que un grupo de ciudadanos reaccione y se concentre, entre otras razones, por el control de los poderes económicos sobre la gobernanza de la democracia. Ya conocemos cómo se las gastan los laboratorios en defensa de su cuenta de resultados: pura avaricia y nula sensibilidad con los que sufren. En África han estado dejando morir a miles y miles de personas de sida especulando con las vacunas. El poder del dinero se impone al sentido común y la solidaridad. Me parece de una enorme inmoralidad, de una crueldad sin límites, que este avance médico se quede en una probeta mientras millones de seres humanos padecen esta brutal dolencia porque las multinacionales sólo se muevan por la pasta. ¡Buitres!