Caída generalizada

La audiencia de Canal Sur TV cae y cae. El domingo pasado no llegó ni al 5% de share. Este desplome de las preferencias del público se refleja muy especialmente en los programas estrenados con la nueva dirección, pero también tiene grave incidencia en los espacios informativos y en los buques insignia de la cadena. Hasta los dos programas más emblemáticos de la parrilla vespertina, ‘La tarde, aquí y ahora’ y ‘Andalucía directo’, que son los que aguantan la cuota de pantalla diariamente, han perdido un número significativo de espectadores en el último año y dos meses.


Los datos son sintomáticos y alarmantes. Ambas ofertas televisivas han venido compitiendo con éxito con las cadenas privadas en esa franja y eran (y son todavía) el sostén del share de la casa. Por tanto, la pérdida de público de estos dos programas tiene carácter estratégico por la repercusión sobre el conjunto de la programación y el efecto arrastre en el resultado global del ente. En el caso de continuar esta preocupante línea descendente, Canal Sur TV se resentiría sobremanera. La actual cuota de pantalla promedio se sitúa en el 7% y tiende a la baja, con unos nuevos programas que no funcionan y un prime-time con registros pírricos. Canal Sur ya cerró en 2019 con su peor resultado histórico en audiencia. Todo se debe a una serie de factores que afectan a la credibilidad de esta televisión pública y a la fidelización de su audiencia, factores vinculados a las decisiones de la nueva dirección:

  1. Una política errática en la programación.
  2. Una manipulación evidente en los informativos, así como en otros programas de actualidad no diarios.
  3. Una ausencia de criterio profesionalizado a la hora de elegir alternativas.
  4. Una falta de continuidad en los contenidos por los que se apuesta y…
  5. Una carencia evidente de criterio y de organización, con fichajes extemporáneos en todos los ámbitos, para convertir la cadena en una extensión del Gobierno de la Junta de Andalucía.

Ésta es mi opinión, que se nutre de la observación y de las reflexiones de otros contrastados profesionales que dominan la materia… Cada cual que defienda la suya, está en su derecho. Los datos, sin embargo, son incontestables.

Señales para la alarma

Estos datos de audiencia no son para despacharlos a la ligera. Encierran un mensaje de alarma que la actual dirección de Canal Sur no debe ni minusvalorar ni despreciar. En un año la cuota de pantalla de la retransmisión de la final del Carnaval de Cádiz desde el Teatro Falla ha caído más de once puntos (-11,4%) y perdido casi la mitad de espectadores (290.000) en la franja de prime time. Durante la madrugada, el share se desplomó hasta 17 puntos. Un producto tan consolidado como el Carnaval ha cosechado la peor audiencia de la serie histórica y el equipo directivo responsabiliza del mal resultado al paro de los trabajadores con una hora de pantalla En negro el viernes ¡a la hora de comer!, cinco horas antes del arranque de la final. No deja de ser una excusa simplista por no decir maniquea de los actuales rectores de la cadena. No hacen la más mínima autocrítica de su gestión: querían prescindir del Carnaval negociaron con desgana con la televisión municipal que tiene los derechos (Onda Cádiz), se dieron cuenta del error y se subieron tarde y mal, no se ha hecho una adecuada promoción de la retransmisión… Ésas serían algunas de las razones específicas del pinchazo, que se pueden corregir en posteriores ediciones. Pero hay una de fondo y de difícil solución: la pérdida de confianza en la cadena autonómica de su audiencia tradicional. Canal Sur TV ha perdido más de un punto de cuota de pantalla en apenas ocho meses. Y esa es la gran tragedia. El traspiés del carnaval es sólo la punta del iceberg de lo que podría venir si se sigue en esta deriva. Este domingo sólo se alcanzó un share del 4,9%. La cuesta abajo no cesa.

Datos.- Medición de audiencia de Barlovento.

A pique

Ni con la presencia del presidente de la Junta de Andalucía remonta. El programa que presenta y dirige Mariló Montero, ‘5C El debate’, ha vuelto a pinchar y presenta unas cuotas de pantalla bajísimas, muy por debajo de la media de la cadena y de otros espacios del prime time de Canal Sur Televisión. Jueves tras jueves, este debate de la cadena autonómica ofrece unos pobres resultados de audiencia. En cualquier cadena, un programa con estos registros estaría fuera de la parrilla.

Pero el share sería el menor de los problemas si cumpliera el programa con la misión de servicio público. 5C es un formato que tendría cabida en una cadena pública si respondiera a los estándares de neutralidad y pluralismo político. En cambio, se caracteriza por su sesgo tendencioso, por su parcialidad en los enfoques y en la selección de asuntos, por su tono subjetivo y editorializante, por la ausencia de pluralismo en la selección de invitados y tertulianos y por su claro seguidismo de las instrucciones que le marcan desde el Palacio de San Telmo (los tentáculos del ‘supersonsejero’ Bendodo se notan demasiado). En definitiva, un programa más propio de Intereconomía que de una televisión pública. Así es imposible que gane telespectadores. La carencia absoluta de valores públicos espanta a la audiencia.

En muy poco tiempo, Canal Sur TV ha perdido de forma alarmante cuota de pantalla. Ahora se sitúa en torno al 7% de media diaria y crece entre los trabajadores de la casa que todo se va a pique. Y el nuevo equipo directivo se emplea a fondo para acelerar la pérdida de credibilidad de la cadena. Curiosa forma de defender a una empresa que es de todos.

Cuesta abajo y sin frenos… (II)

Esta segunda entrega estará dedicada al análisis de las audiencias de las televisiones públicas durante este fin de semana. El titular que resume este análisis comparativo es el siguiente: la cuota de pantalla de Canal Sur en general y la de sus informativos en particular está muy por debajo de TVE y de las cadenas de las tres comunidades llamadas históricas (Cataluña, País Vasco y Galicia). También es sobrepasada por Aragón TV.

Yendo por partes. Canal Sur no ha alcanzado ni el 7% de cuota de pantalla durante el fin de semana. El sábado, a duras penas superó el 7%, con un 7,2%, para caer el domingo a un preocupante 6,5%. Entre las cadenas públicas, la más vista fue la catalana TV3, con un 15,9% el sábado y un 11,1% el domingo. Prácticamente dobla en audiencia a Canal Sur. Tras TV3 se sitúa TVE, con un 8,6% y un 10,5%, respectivamente. La vasca ETB repite ambos días un share del 8,3% y la gallega TVG presenta un 9,6 (sábado) y un 7,1 (domingo). Aragón TV también reúne más telespectadores en términos relativos que la andaluza: 7,6 y 7,2. Los datos confirman que los estrenos no sólo no han aportado a la autonómica andaluza sino que han hundido la audiencia, una deriva a la que también contribuye la caída de los informativos.

Para una televisión pública los informativos constituyen su seña de identidad, su columna vertebral, y nutren (o castigan) el share final de la cadena. Los ciudadanos acuden a sus señales regionales porque les ofrecen noticias de proximidad, información más cercana, en la que deben ser con diferencia más competitivas y atractivas que otras pantallas de ámbito nacional. Eso ocurre en todas las cadenas autonómicas analizadas menos en Canal Sur. La cuota de pantalla de los noticiarios de TV3, ETB, TVG y Aragón TV supera con mucho a sus adversarios catódicos y se erigen en los líderes de sus respectivos territorios. En Andalucía, aun siendo los espacios con más audiencia de ‘la nuestra’, están muy lejos de los niveles de otros tiempos (cuando eran la referencia en la comunidad autónoma), siguen perdiendo audiencia mes a mes y cada vez es mayor el gap con otras autonómicas. En otro ámbito, los telediarios de TVE compiten de tú a tú con los de las grandes cadenas privadas generalistas. Telecinco lideró el fin de semana, seguida de la cadena pública nacional en reñida competencia con Antena 3.

Todos estos datos (quizá demasiados) confirman el titular inicial y el motivo de esta serie de posts: con el nuevo equipo de Canal Sur no sólo no ha remontado las cuotas de audiencia, sino que la cadena andaluza se rezaga respecto a sus competidores. Nuevos programas que pinchan, informativos que retroceden en la preferencia de los ciudadanos. Con los nuevos, por el momento, todo va peor…

35 años en el tajo

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Un 1 de octubre pero de 1981 comenzaba mi vida laboral. Tenía 16 años y acababa de terminar segundo de BUP (con buenas notas, modestia aparte) cuando mi padre me ‘animó’ y yo obedecí a su propuesta de compaginar trabajo y estudios. Accedí sin muchas ganas porque por aquellas fechas tenía en mente estudiar Derecho, aunque en mi fuero interno sabía que mi progenitor tenía razón. Y acertó. Así, tras un examen de ingreso con un centenar de aspirantes, empecé a fichar en la ya desaparecida Industrias Subsidiarias de Aviación (ISA). Poco más de siete años en el sector del metal para dar el salto al periodismo (El Correo de Andalucía, Diario 16 de Andalucía en dos etapas y Canal Sur TV), luego a la comunicación política (responsable de comunicación del PSOE de Andalucía desde 1997 a 2008) y, finalmente, a la política (diputado autonómico entre 2008 y 2012 y portavoz del Gobierno de Andalucía desde 2012 hasta la fecha). En total, 35 años en el tajo, repartidos entre lo privado y lo público, y todos felizmente cotizados. Me queda mucho trecho para la jubilación pero acumulo trienios para cobrar una pensión en el futuro si el Gobierno de Mariano Rajoy no se carga nuestro sistema público. 35 años: miro hacia atrás y cuántas cosas me han pasado en la vida.

Enhorabuena a Canal Sur

Canal Sur TV se resarció con creces de la pifia del año pasado con las campanadas. El especial de anoche, doce uvas incluidas, rayó a gran altura. Un programa familiar, ameno, divertido, con ritmo y su inevitable dosis de autocrítica. Si la reacción al error resultó oportuna, un acierto con el gag de los carboneros, 365 días después nos brindaron un buen espectáculo televisivo. Todo un despliegue de medios técnicos, humanos y de ingenio. Un ejemplo de la idiosincrasia de los andaluces de reírnos de nuestros defectos pero, sobre todo, de la capacidad de sobreponernos y tirar de talento y humor para superar las adversidades. La cadena pública se reconcilió con su audiencia representada por la familia de las pajaritas… Y con Almería, que volvió a acoger la retransmisión de la entrada del nuevo año. Mi enhorabuena a todos los profesionales de Canal Sur, desde Manolo Casal y Modesto Barragán hasta el último de los técnicos. Han demostrado el nivel de una plantilla y han confirmado el refrán de que hasta el mejor escribano echa un borrón. Nos han permitido entrar en 2016 con una sonrisa. Muchas gracias.

El mal perder

El segundo debate electoral, celebrado anoche en TVE, ha certificado la victoria rotunda de Susana Díaz y el mal perder de la derecha. Los medios de comunicación conservadores han salido al rescate del candidato del PP para tapar sus carencias y sus escasas prestaciones en el plató televisivo. Han querido desviar la atención en lo formal y arremetiendo con gruesas palabras contra la presidenta de la Junta. Lo que es firmeza y conocimiento lo han querido vender como soberbia, lo que era defensa del buen nombre de Andalucía lo han visto como nerviosismo, las interrupciones de la presidenta ante las mentiras reiteradas de Juan Manuel Moreno Bonilla como mala educación… Nunca desde que me alcanza la memoria estos medios han dado vencedor en un debate contra el PP a ningún socialista. ¡Qué casualidad! Parecen que tienen la crónica escrita de antemano.

Me sorprenden también las interpretaciones sobre un debate vivo, como son las habituales tertulias de radio y televisión. Andan siempre los periodistas y los opinadores reclamando unos formatos menos rígidos y más atractivos para el ciudadano. Pero cuando se produce, como ocurrió anoche, se quejan de que los contendientes, en este caso Susana Díaz, se zafen del corsé y produzca una conversación real y con gancho para la audiencia (una media de 493.000 telespectadores y una cuota de pantalla del 12,3%, 93.000 personas más y dos puntos más que el primero en Canal Sur). No se puede pedir una cosa y la contraria. No se puede criticar la tradicional sucesión de monólogos memorizados de los contendientes y al mismo tiempo quejarse del intercambio natural de mensajes con interrupciones y solapamientos, como se produce en la vida misma. Soplar y sorber es imposible.