El caballo de Atila

junio 17, 2017

Donald Trump se empeña día tras día en malograr el legado de Barack Obama. Lo mismo dinamita los acuerdos sobre el cambio climático que abronca a sus aliados europeos. La última astracanada del magnate ha sido frenar en seco la política de deshielo con Cuba. ¡Qué afán de protagonismo y qué ganas de meter el dedo en el ojo a un país vecino! Trump pasará a la historia como caballo de Atila porque allí donde pisa no crece la hierba. Esa forma de actuar irresponsable, avasalladora y prepotente nos dejará un mundo peor, más fracturado y más convulso.

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Calentamiento global

diciembre 14, 2016

La temperatura media subió en Andalucía 1,1ºC y las precipitaciones se redujeron en un 30% entre 2007 a 2015. En este mismo periodo las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyeron un 26%. Estos datos constituyen todo un síntoma de que los efectos del cambio climático no se logran controlar pese a las medidas correctoras que se ponen en marcha individualmente en países o regiones. Sin duda, estamos ante un gravísimo problema que exige respuestas coordinadas a escala global y actuación local.

El Informe de Medio Ambiente en Andalucía de 2015, elaborado por este departamento de la Junta, recoge el carácter estructural del cambio climático, adquiriendo fenómenos cíclicos y coyunturales del ámbito mediterráneo, sobre todo sequías o lluvias anómalas como las que han afectado hace unos días a las provincias de Cádiz, Huelva y Málaga. Las previsiones no son halagüeñas. El último documento sobre escenarios futuros, elaborado por la Red de Información Ambiental de Andalucía (Rediam), señala que las temperaturas podrían subir entre 2,1 y 3,9ºC a finales del siglo XXI, mientras que las precipitaciones bajarían un 15% en el mejor de los supuestos y un 26% en el peor.

Se acentuará, por tanto, el carácter mediterráneo del clima andaluz durante este siglo, con más meses secos y cálidos, mayor aridez y una simplificación de la diversidad. El número de días con temperaturas de más de 35ºC pasará de los 33 actuales a prácticamente el doble a finales del siglo XXI y la evaporación subirá de un 15% a un 20%, dando lugar a un balance hídrico deficitario en un 40% al actual promedio histórico.

En 2015 se firmó el Acuerdo de París, un hito histórico que abre la oportunidad de trabajar colectivamente para limitar el aumento de la temperatura del planeta y evitar así las devastadoras consecuencias de este fenómeno. Un camino que se debe consolidar en el Congreso Internacional de Cambio Climático que se celebrará en Huelva en mayo de 2017. Se siguen conociendo noticias que nos deberían alertar a todos: se ha descubierto una grieta de 112 kilómetros que está rompiendo la Antártida. Si no reaccionamos ya, entraremos en el camino de no retorno.

Foto.Filming Almería. Desierto de Tabernas.

Nuestro futuro pasa por París

noviembre 30, 2015

Hemos disfrutado un fin de semana en Andalucía con unas temperaturas impropias. Los últimos días del mes de noviembre se asemejan más a la primavera que al invierno que está a la vuelta de la esquina. Ya nadie pone en duda que el calentamiento global es una realidad. Ni siquiera el primo de Mariano Rajoy. Hasta el presidente del Gobierno ya entiende que no se trata de alarmismo de la izquierda sino de un fenómeno que tiene efectos ya y que serán irreversibles dentro de unos años.

El mundo mira desde hoy a París, donde desde hoy y durante quince días se celebra una nueva cumbre mundial sobre el cambio climático. A diferencia de hace seis años en Copenhague, se acude a esta cita con una preocupación compartida: en el diagnóstico está todo el mundo de acuerdo, en las propuestas o en el grado de compromiso para hacerle frente ya no existe tanta unanimidad. Si proseguimos con esta dinámica destructiva y no limitamos las emisiones de gases de efecto invernadero, se está poniendo en riesgo no sólo nuestro ecosistema, también la supervivencia de decenas de miles de millones de personas. El futuro del planeta está en peligro.

Se parte de un documento de mínimos que reemplace y actualice el acuerdo de Kioto de 1997. La situación se ha agravado en estos 18 años por los incumplimientos de muchos países, y muy especialmente de grandes potencias como Estados Unidos y China. Es imprescindible en estos momentos alturas de miras y luces largas. 180 de los 195 participantes han presentado planes para reducir las emisiones. Tenemos que pasar de las palabras a los hechos. Estamos a tiempo de frenar las nefastas consecuencias del calentamiento global. Aún se puede prevenir, o al menos mitigar, luego no será posible curar.

Vídeo.- Declaraciones de Rajoy en 2007.

Llueve y llueve

enero 12, 2010

No deja de llover en Sevilla y en el sur de España desde hace tres semanas. Llueve y llueve sin parar. Como si la Península Ibérica hubiera girado sobre su eje y Andalucía ocupara el lugar de Galicia y la cornisa cantábrica. No estamos acostumbrados por estos lares a esta magnitud de precipitaciones y a semanas completas sin ver el sol y el firmamento azul. En este tiempo pluviométricamente intenso sólo ha lucido dos días el astro rey, y uno de ellos con temperaturas casi glaciares. Ha sido tanta la abundancia de lluvia que los pantanos de esta comunidad autónoma están a rebosar y muchos de ellos desembalsando agua, cuando antes de esta concatenación de frentes y borrascas la media andaluza rondaba la mitad de su capacidad total. Nos queda aún unas jornadas de aúpa, pasadas por agua, incluido el fin de semana, según la Agencia Estatal de Meteorología. Las vacaciones que se ha tomado el anticiclón de las Azores nos congela un poco el estado de ánimo. No obstante, tirando de refranero, al mal tiempo, buena cara. Por cierto, seguimos buscando al primo de Rajoy para que nos explique si siguen manteniendo que el cambio climático es una bobada.

Vídeo.It’s raining again, Supertramp.

Fiasco en Copenhague

diciembre 20, 2009

Fiasco y frustración. Teníamos muchas esperanzas depositadas en la Cumbre sobre el Cambio Climático celebrada durante las dos últimas semanas en Copenhague y su resultado final no ha podido ser más decepcionante. Un acuerdo de mínimos muy mínimos entre Estados Unidos y China no justifica ni las expectativas generadas ni la necesidad acuciante de un planeta en peligro real. El cambio climático no es una quimera ni una especulación de científicos chiflados.

Sólo la Unión Europea iba en serio con una propuesta ambiciosa para reducir las emisiones de CO2, principal consecuencia del calentamiento global, y con dinero contante y sonante para ayudar a los países en vías de desarrollo a adaptar su modelo productivo. Todo lo demás ha sido una partida de póker con cartas marcadas y tahúres duchos en el arte del engaño. Se ha dado un paso atrás respecto a Kioto porque no se fijan ni siquiera objetivos concretos sobre la disminución de gases lanzados a la atmósfera. La conclusión final se resume en un ambiguo deseo de alcanzar un acuerdo sobre el volumen tolerable de gases emitidos y la contención del aumento de la temperatura media del planeta en dos grados, un umbral por encima del cual los daños podrían ser irreversibles.

La presencia de Barack Obama, convencido ambientalista, no ha servido para nada en esta ocasión. Se ha preferido desde la Casa Blanca un consenso amplio sobre unas bases muy modestas que un acuerdo de las principales potencias, salvo China e India, que tire del carro y arrastre a los demás por el camino de la preservación de nuestro ecosistema. Posiblemente, Estados Unidos haya antepuesto el pragmatismo al compromiso con el futuro de las generaciones venideras. El titular de El País en primera página es elocuente: EEUU impone al mundo su ley ante el cambio climático. Ante la desidia o el posibilismo de algunos mandatarios, al ciudadano se le queda cara de tonto. “Kioto era legalmente vinculante y a todo el mundo le pareció poco. Es importante avanzar en vez de tener palabras en un papel”, ha dicho Obama para justificar lo injustificable.

Las organizaciones ecologistas hablan sin tapujos de oportunidad perdida. Por ejemplo, Greenpeace condena enérgicamente en su página web “la arrogancia de los jefes de Estado de los países más poderosos del mundo” en una cumbre que “se cerraba de forma vergonzosa, incoherente y duramente disputada”. Para esta poderosa organización, el mundo se enfrenta a una “trágica crisis de liderazgo” y se dirige a un “caos climático”. Quizá tanto catastrofismo sea excesivo, pero no anda descaminada Greenpeace sobre los efectos del calentamiento global. Las Tuvalu se hunden… Y no son las únicas.

Pendientes de Copenhague

diciembre 10, 2009

Los datos certifican el calentamiento global del planeta. No son chaladuras de ecologistas o sesudos estudios de científicos. La realidad salta a la vista, la tenemos delante de nuestras narices. Por ejemplo, en España hemos tenido el tercer año más caluroso desde que se tienen estadísticas sobre comportamiento meteorológico. Ya observamos con cierta normalidad (o resignación) la reducción drástica del régimen de lluvias. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC) ha establecido que el cambio climático es una certeza, más allá de cualquier duda científica. (Hasta Mariano Rajoy ya se ha olvidado de su primo biólogo).

La Cumbre del Clima de Copenhague, organizada por Naciones Unidas, tiene en su mano poner remedio a los efectos nocivos que está provocando el cambio climático provocado por la acción de ser humano. Estados Unidos, de la mano del presidente Obama, está orientando su política hacia un modelo sostenible. La Unión Europea lo tiene claro desde hace tiempo. Además de contribuir a un fondo para ayudar a los países en desarrollo en su lucha contra el cambio climático, con una aportación inicial de 5.000 a 7.000 millones de euros anuales hasta 2012, la UE ya ha decidido una reducción mínima del 20% en 2020, en relación con los niveles de emisiones de 1990. Ese porcentaje se elevaría al 30% si otros países asumieran un compromiso equivalente.

La clave del éxito pasa por los compromisos que contraigan las potencias emergentes: China, India o Brasil tienen mucho que decir y, sobre todo, mucho que hacer para contribuir a frenar esta pendiente que nos conduce a la modificación inexorable de nuestro hábitat. Estoy de acuerdo con el presidente del PICC: hace falta que el planeta como un todo adopte medidas específicas de adaptación. Todos estamos pendientes de los resultados de la cita de Copenhague. Nos va mucho en ello. Ya no caben más patadas a seguir. Se requiere con urgencia una hoja de ruta clara y el compromiso colectivo de cumplirla a rajatabla.

Viñeta.- Forges, en El País.