Rato, el ocaso de un falso icono

Esta fotografía culmina el hundimiento de un icono de la derecha económica de este país. Rodrigo Rato ha pasado de héroe a villano en unos pocos años. Ni los suyos quieren saber de él. Antes era todo lo contrario: el político de moda, el ejecutivo admirado, el símbolo del buen hacer, el gestor ejemplar. El Partido Popular y sectores conservadores de los medios de comunicación lo definieron como el hombre milagro del despegue económico español durante la etapa de José María Aznar. Poco a poco, esa reputación prefabricada e injustificada comenzó a agrietarse. El modelo económico tan jaleado por los sectores liberales trocó en una burbuja inmobiliaria de tal magnitud que ha lastrado a nuestro país durante esta larga crisis y ha retrasado la recuperación. Ésa es una herencia que nos dejó Rato, el que declinó la oferta de Aznar de ser el candidato del PP a la presidencia del Gobierno en 2004 para hacer las Américas en la bien remunerada poltrona de director del Fondo Monetario Internacional (FMI). Dio una espantá de Nueva York, sin haber olfateado la profunda recesión internacional que había provocado la ambición sin límites del sistema financiero, y recaló en Caja Madrid/Bankia. Otra mancha (¡y de las grandes!) en su expediente: llevó a la entidad al borde del colapso con su salida a Bolsa y obligó a un rescate (con todas sus letras) que nos ha costado a todos los españoles más de 23.000 millones. Ahora, este patriota de la derecha está acusado por la Fiscalía de los presuntos delitos de fraude, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. No sé si esto es cuestión de familia porque su padre fue condenado a tres años de prisión por evasión fiscal (ocultó 70 millones de pesetas en Suiza). Las palmas de entonces ahora son pitos. Razones no faltan. El falso icono no tiene ya quien le escriba bien.

Foto.Huffington Post.

Paripé para Rato

La salida de Rodrigo Rato del Partido Popular por el escándalo de las tarjetas opacas y aledaños huele a paripé o a componenda. “La persona a la que usted se refiere”, que diría Mariano Rajoy, ha presentado su baja temporal de militancia después de varios días de ruido mediático y de clamor de sectores del partido. E inmediatamente, la dirección del PP ha archivado el expediente disciplinario que tenía abierto. Será, siguiendo a su presidente, para no prejuzgar a su correligionario. El que fuera vicepresidente de Aznar y su candidato para sucederle (le dio dos veces calabazas) se ha ahorrado el mal trago de salir por la puerta trasera y muy pequeña del sótano y el partido, el disgusto de sacrificar en el altar público a unos de sus prohombres. Este ángel caído del paraíso neoliberal no se siente culpable del inmoral (y ya decidirá un juez si ilegal) uso de las tarjetas opacas. Todo un responsable de economía y hacienda de España durante ocho años y otros cuantos presidente del Fondo Monetario Internacional que se hace el sueco. Pero por escabroso e indignante que es el caso de las tarjetas black, aún ha sido más gravosa para la sociedad española la gestión de Rato y su antecesor, Miguel Blesa. Ambos dejaron a Bankia en la bancarrota y el rescate nos ha costado a los españoles 23.000 millones de euros. Que los árboles del lacerante episodio de las tarjetas no nos impidan ver el bosque de una gestión ruinosa cuya factura nos han pasado a los ciudadanos.

Las dos caras de Blesa

Miguel Blesa sobre las preferentes: “Un jubilado no es un ignorante financiero“.

Blesa, inspector de Hacienda en excedencia, ante el juez sobre las tarjetas opacas: “Nadie me dijo que hubiera que declarar estas cantidades“.

El magistrado ve indicios “racionales y bastantes” de que Rodrigo Rato y Blesa habrían “consentido, propiciado y aceptado” el uso de tarjetas black y les impone una fianza civil de tres y 16 millones, respectivamente, como autores de un supuesto delito de administración desleal.

Moraleja: Donde las dan, las toman.

Mitos y desvergüenza

El caso de las tarjetas opacas de Caja Madrid/Bankia es una vergüenza. Este escándalo ha salpicado a representantes de todo signo y condición de partidos, sindicatos y patronal. La única diferencia es que cuanto más alto en la escala y más cerca al poder real en la Comunidad de Madrid mayor ha sido el uso fraudulento e inmoral de la citada tarjeta black. Xavier Vidal-Folch escribe un atinado artículo en El País concluye que este indignante culebrón de la caja madrileña acaba con tres mitos muy manoseados por el pensamiento neoliberal:

1. Es falso que es mejor que gobiernen los ricos porque no necesitan corromperse.

2. Es falso que la derecha siempre gestiona la economía mejor que la izquierda.

3. Es falso que un alto nivel de renta y de educación vacuna contra la irregularidad, el fraude fiscal y la corrupción.

Totalmente de acuerdo. Se puede decir más alto pero no más claro.

Foto.–  Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid durante 14 años, pagó safaris con la tarjeta black.

Una investigación sobre Bankia

Con el pufo de Bankia, el Partido Popular se está lavando las manos. Miran hacia otro lado como si el despropósito no fuera con ellos. El Gobierno ha tardado cinco días en dar la cara, se ha escondido detrás del burladero de unos escuetos comunicados de prensa cuando se cernía sobre el sistema financiero nacional y, por consiguiente, sobre el valor de la marca España una tormenta de dimensiones imprevisibles. Su gestión de la crisis ha sido más que deficiente, ha frisado la temeridad. Con ese tiempo de silencio bochornoso, con la opinión pública necesitada de una explicación convincente, los peperos estaban ganando tiempo para articular un relato exculpatorio y buscar al chivo expiatorio. El dedo acusador ha señalado al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Sin ser MAFO santo de mi devoción por sus desvaríos neoliberales con la reforma laboral y las pensiones, entre otras obsesiones, se antoja tremendamente injusto culpar al policía (el regulador) en lugar de los que cometen la fechoría (los responsables de las cajas, especialmente Caja Madrid, que alumbraron el nacimiento de Bankia). Habrá que reprender al gobernador por su negligencia in vigilando, pero los que han llevado a la ruina a la cuarta entidad financiera española han sido los gestores del Partido Popular, desde Miguel Blesa a Rodrigo Rato pasando por José Luis Olivas en la vertiente levantina. Bankia hace aguas por su excesiva exposición al ladrillo, por su ambición expansionista con fusiones de riesgo que han empeorado su cuenta de resultados y, si no fuera bastante, por una guerra soterrada de los gallitos del corral pepero madrileño (léase Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón) por el control del chiringuito. Con lo que nos va a costar a los españoles esta nacionalización del banco (o socialización de sus pérdidas), comparto con Ignacio Escolar que se debería abrir una comisión en el Parlamento para aclarar la quiebra y ordenar a la fiscalía que investigue si, más allá de las responsabilidades políticas, hay también responsabilidad penal.

Viñeta.– Los Calvitos en elplural.com

Díaz Ferrán, alea iacta est

Cuando se confirma en el puesto a un entrenador de fútbol que está en la cuerda floja por una mala racha de resultados, suele ocurrir que es la antesala de su destitución. Gerardo Díaz Ferrán achica aguas como puede para salvar algo de la riada que ha arrasado buena parte de su patrimonio empresarial y su credibilidad para dirigir los destinos de la patronal CEOE. Su futuro al frente de la cluster empresarial pende de un hilo… Ya ha empezado el desfile de hipotéticos sustitutos (el ultraliberal Manuel Pizarro figura en las quinielas conservadoras) cuando el titular aún está ocupando (eso sí, a duras penas) el puente de mando. Ya se sabe, a rey muerto, rey puesto. Es cruel e irremisible ley de vida.

La CEOE salió ayer de nuevo al rescate de su presidente. La dirección de la patronal, con un método tan poco ortodoxo como un comunicado vía telefónica, ha cerrado filas con Díaz Ferrán por segunda vez en dos semanas. Tanta actuación de emergencia evidencia la profunda crisis que afecta al patrón de patrones destapada con el embargo y cierre de la aerolínea de su propiedad. ¿Está capacitado para pilotar el destino del empresariado español alguien que no administra bien sus propias sociedades? Éste es el interrogante que se cierne sobre el jefe de la CEOE por mucho que sus portavoces se empeñen en difundir el apoyo de buena parte de la patronal.

Desde CEPYME, la organización de las pequeñas y medianas empresas, su presidente, Jesús Bárcenas, le ha sugerido públicamente la puerta de salida, una voz discrepante que no ha sido la única. El respaldo ya no es unánime a causa de los estragos que ha causado la pésima gestión de esta situación de crisis y la alarma que ha generado el conocimiento la situación financiera de Díaz Ferrán. Impago de 25 millones a Caja Madrid, deuda de 16 millones con la Seguridad Social y una aerolínea clausurada dejando a 666 trabajadores en la calle y a unos 7.000 viajeros sin billetes. Esto es lo que se sabe al día de hoy. Es posible que cuando se mire debajo de las alfombras aparezca algún pufo más.

En estos días de zozobra, con la presión de propios y extraños, Díaz Ferrán ha tenido un amargo 67 cumpleaños deshojando la margarita de su futuro. Un enroque numantino sólo serviría para perjudicar a sus compañeros de viaje y alargar su agonía. Su descrédito creciente no alumbra un horizonte halagüeño. Alea iacta est.

Foto.- El País. Trabajadores de Air Comet cortaron el tráfico ayer en el paseo de la Castellana en Madrid.

Conmoción

La actualidad de las últimas veinticuatro horas nos deja algunos acontecimientos que han provocado conmoción en diferentes ámbitos de la opinión pública.

EN EL MADRIDISMO.- Los seguidores merengues se han quedado de piedra, se acostaron profundamente indignados por el soberano repaso que la dio el Alcorcón, un humilde equipo de Segunda B, a la galaxia multimillonaria de Florentino Pérez en el partido de ida de la Copa del Rey. Un 4-0 que saca los colores a la panda de chuletas soberbios y caprichosos que integran el club más laureado del mundo. Es una clara demostración de la grandeza del deporte y de que nunca hay enemigo pequeño, máxime cuando los futbolistas de elite se toman un encuentro sin interés y con absoluta displicencia. La humillación ha alcanzado una dimensión tal que hasta el propio director general del Real Madrid, Jorge Valdano, se vio forzado a pedir disculpas con urgencia. Cuando se conocen las diferencias entre ambos clubes el varapalo adquiere mayor crudeza. El modesto conjunto del cinturón urbano madrileño maneja 1,3 millones de euros de presupuesto por los 430 millones del titular del Bernabéu. Otro dato demoledor: el salario medio de los futbolistas del Alcorcón se sitúa en 36.000 euros anuales, el de los madridistas ronda los 3 millones, con la punta descollante de los 12 millones que percibe Cristiano Ronaldo, el mejor pagado del fútbol planetario, que no participó en el bochorno por lesión.

EN LA POLÍTICA CATALANA.- El juez Baltasar Garzón ha asestado un duro golpe a una trama de corrupción con vínculos con CiU y el PSC. La operación destapa un turbio asunto que se suma al del Palau, que también ponía en el ojo del huracán la financiación de los nacionalistas de Convergencia. En las filas socialistas han pillado al alcalde de Santa Coloma, cuarta ciudad de Cataluña en número de habitantes, y a su círculo de confianza. La dirección del PSC ha acusado el golpe, pero ha enarbolado sin titubeos su código ético: si se confirma la imputación del regidor y los ediles, serán suspendidos de militancia y apartados del partido. Respuesta ejemplar y tranquilizadora para la ciudadanía porque ninguna organización está exenta de contar con algunos garbanzos negros, lo importante es sacarlos de la olla nada más se descubre su presencia. La cúpula de CiU, sin embargo, ha puesto paños calientes y ha atribuido las detenciones de Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, dos pesos pesados de los gobiernos de Jordi Pujol, a cuestiones personales. La implicación de estos dos brazos ejecutores del pujolismo eleva la trascendencia de la operación y requiere de la formación nacionalista más transparencia, más firmeza en la condena de  los hechos y la adopción de medidas disciplinarias cautelares sin dilación.

EN LA SEDE NACIONAL DEL PP.- Mariano Rajoy sigue cuajado con la que se le ha venido en lo alto. Me apropio de una idea de Miguel Ángel Aguilar: tiene el síndrome de la esfinge. Lo que traducido a un lenguaje más castizo sería que ni tuge ni muge. El escándalo Gurtel, el mayor caso de corrupción de la democracia española, lo tiene paralizado, sin capacidad de reacción. La pugna por el control de Caja Madrid ha acentuado aún más su perfil pusilánime y desvaído. Su falta de autoridad provoca, además, la rebelión de los barones o baronesas de su partido y de la cohorte mediática de la derecha. Todos a una voz le demandan una respuesta, que se moje, que coja el timón. Una de las cuñas de su misma madera conservadora, Federico Jiménez Losantos, ha tensado su látigo antimarianista y lo ha sentenciado: “Antes morirá que arriesgará“. En el caso de la entidad financiera, la cuarta del país, ya no caben apaños ni decisiones salomónicas: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, a través de su lugarteniente Manuel Cobo, han dejado claro que no quieren prisioneros. Lo que pasa es que Rajoy no quiere mancharse las manos para desfacer este entuerto.

Gallinero

El Partido Popular está hecho unos zorros. Más allá de la tempestad del caso Gurtel, profunda depresión que aún no ha desatado toda su virulencia, el primer partido de la oposición evidencia una ausencia alarmante de mando, se asemeja a un barco a la deriva arrastrado por las corrientes de los personalismos sin que su timonel sea capaz de poner orden. El mayoral del cortijo, Mariano Rajoy, ni está ni se le espera y el gallinero se solivianta. Francino lo tildaba esta mañana en la Cadena Ser de cachazudo, suave epíteto para definir a un huevón, a un medroso, a un cagueta, a un pusilánime, a un don Tancredo con sangre de horchata, en definitiva, a un  líder sin autoridad, es decir, la antítesis de lo que significa ejercer el liderazgo. No responde Rajoy ni mucho menos a la definición de líder que hace el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: no es esa persona a la que la gente sigue reconociéndola como jefe u orientadora. Está este calmoso registrador de la propiedad esperando con parsimonia que el tiempo arregle sus problemas.

Cada día son más los pollos que cacarean en su corral. Los más gallitos sacan sus espolones y marcan sus territorios. No hay ninguna voz firme que los acalle. Esperanza Aguirre se le ha subido definitivamente a las barbas. El desapego de la lideresa hacia su jefe acumula ya trienios, pero en el pulso por el control de Caja Madrid lo ha puesto públicamente a los pies de los caballos. Aguirre ha depositado sobre la mesa todos sus reaños para colocar a su niño Ignacio González al frente de la cuarta entidad financiera de España, mientras que Rajoy no tiene carácter para imponer el nombre de Rodrigo Rato. Sonoro y bufo espectáculo para hacerse con el apetitoso caramelo. Y en Andalucía se oye la voz de un chisgarabís defendiendo la despolitización de las cajas. Suena todo a mentira entre los ecos de esta pelea de patio de vecinos.

No es sólo la presidente de Madrid la que tensa la cuerda. Francisco Camps le toma el pelo y hace de su capa un sayo en Valencia; Juan Costa clama por la restitución de su hermano Ricardo, el megapijo del Infinity, y exige a la dirección de su partido que aclare su vinculación con la panda de corruptos de la Gurtel; el PP de Alicante se desmarca y aprueba una moción de apoyo al defenestrado Ric; Manuel Fraga pone el contrapunto y se sale de guión; Manuel Cobo, el número dos de Alberto Ruiz Gallardón, arremete contra la “gestapillo” de Aguirre y vomita por el liberalismo de pacotilla de la lideresa; ésta le pide a Génova que lo expulse por criticarla; María Dolores de Cospedal tercia sin convicción en la guerra cruenta y sin cuartel en el PP madrileño…

¿Comedia de enredo o desmoronamiento de una estructura cogida con alfileres? Y Rajoy calla, se mesa la barba, se fuma un puro y mira al cielo esperando una señal divina. Ya escampará, piensa, con más paciencia que el santo Job. Cada día hay más ruido y menos orden… Y sólo se conoce una tercera parte del estruendo de la Gurtel. ¡Para amarrarse bien los machos!