Ganó el populismo

Nueva pifia de las encuestas. Ninguna auguraba el triunfo de Donald Trump y desde hoy es ya el 45º presidente de Estados Unidos. Politólogos, comentaristas y periodistas mostraban en este amanecer su asombro por la victoria del multimillonario. O dicho de otro modo: intentaban tapar su falta de tino y olfato para prever el resultado electoral. Tras el fiasco demoscópico del Brexit, del referéndum de paz en Colombia o del sorpasso en España, el estrecho margen que pronosticaban los sondeos hacía presagiar el bombazo. Y se ha producido y de forma contundente. El mundo afronta una nueva era y no será para bien. Nos esperan tiempos de incertidumbre y convulsión. La llegada de Trump a la Casa Blanca constituye una mala noticia para la convivencia.

Esperemos que las soflamas de campaña del excéntrico ganador no se consumen en hechos durante su mandato. Trump se ha mostrado en estado puro: autoritario, provocador, xenófobo, machista, intolerante, soberbio… Una ‘joya’ que han elegido con sus votos los ciudadanos americanos. Nos guste o no la elección ha sido un ejercicio de democracia. No se trata de reñir a los electores, como han hecho esta mañana Pablo Iglesias y sus cuates morados a través de las redes sociales al más puro estilo Julio Anguita, sino de encontrar las razones que expliquen por qué una mayoría de estadounidenses han dado su voto a este energúmeno político.

Nadie pone en cuestión la preparación y la solvencia de Hillary Clinton. Era la candidata del mundo civilizado e incluso de algunos republicanos que detestaban los modos y el histrionismo de Trump. Sin embargo, la demócrata no ha logrado conectar con la ciudadanía norteamericana por un cúmulo de circunstancias: lleva demasiado tiempo en política y no supone renovación alguna; era su segunda tentativa tras perder en 2008 en las primarias demócratas con Barack Obama y no ha despertado nunca la ilusión que acompañó al actual presidente en sus campañas; las cuitas personales la han perseguido todo este tiempo; las dinastías (primero su marido y ahora ella) no tienen buena venta en política; y no ha sabido aprovechar los gravísimos errores y las barbaridades de su contrincante. A todo ello, hay que sumar las dificultades para romper el techo de cristal en una sociedad con tintes machistas.

La pesadilla se hizo realidad. Y el mundo se enfrenta a sufrir la era Trump. En Europa el populismo se frota las manos y confía que la ola llegue a esta parte del Atlántico. En un año tendremos elecciones en Francia y Alemania y la demagogia populista ha ganado posiciones en esos países, como ocurrió en Reino Unido con el Brexit. ¡Qué desgracia!

Foto.- ABC.

Dos patinazos

No ha tenido un buen arranque de semana el alcalde de Málaga. Un político habitualmente moderado ha protagonizado un par de sonoros traspiés dialécticos. En primer lugar, Francisco de la Torre ha reaccionado de forma extemporánea y airada a la noticia de que el Ayuntamiento ha construido un parque para que los perros hagan sus necesidades sobre la mayor fosa de víctimas del franquismo. Al final, la realidad es tozuda y han tenido que cerrar la instalación ante tamaña ofensa. Han pasado de la bravuconería de ayer queriendo responsabilizar del dislate a las asociaciones de Memoria Histórica a templar gaitas. Con voz de no haber roto nunca un plato, el concejal de Urbanismo se ha tragado sus palabras y ha asumido un error técnico. No sólo han metido la pata sino que les faltó humildad para admitir el yerro. Bienvenida sea la rectificación de hoy. No se podía insultar de esa manera la memoria de las víctimas.

Y en paralelo un segundo tropezón. El regidor tampoco ha demostrado mesura al criticar a la Junta por no apoyar, a su juicio, a Málaga como futura sede de la Agencia Europea del Medicamento, sita actualmente en suelo británico, ante la salida del Reino Unido de la UE tras la victoria del Brexit. De la Torre debería actuar con prudencia y controlar sus arrebatos porque Bruselas y Londres ni siquiera han concretado cómo se efectuará la salida de la UE.  Sin duda, para el Gobierno de Andalucía sería una buena noticia que este centro administrativo comunitario se instale en esta tierra. Y considera tan potente la opción de Málaga como la de Granada, cuyo alcalde también ha manifestado interés por albergar este organismo. Cuando hay dos ciudades andaluzas con aspiraciones, la Junta ha de estar con las dos.

Llama la atención que De la Torre arremeta contra la Junta cuando el Gobierno de España ya ha manifestado que ayudará a la Generalitat, de Carles Puigdemont y los independentistas de Junt pel sí, a conseguir que Cataluña sea sede de la Agencia. El alcalde no debería pagar sus frustraciones con quien no debe. Ha sido la vicepresidenta del Gobierno, que es de su partido por si lo ha olvidado, quien ha apostado por Barcelona dando la espalda a otras posibles candidatas. Si está molesto, que dirija las pullas a quien corresponda. A ver si va a ser culpa de la Junta que Soraya Sáenz de Santamaría haya ofrecido su apoyo a Barcelona. Un segundo patinazo por querer buscar una confrontación que no cabía.

Foto.ABC de Sevilla.

 

Brexit, el triunfo del egoísmo

El triunfo del Brexit es una mala noticia para el proyecto europeo. Supone un retroceso en la construcción de una Europa más fuerte, a la que muchos aspiramos pese a los errores de los últimos tiempos. El resultado del referéndum británico es la constatación de que los populismos, sean del signo que sean, han estado siempre en contra del proyecto de la Unión Europea. Y el populismo y la otra cara de la misma moneda, el nacionalismo, siempre han sido la causa de los grandes males de este continente. Cuando el populismo y el nacionalismo han ido de la mano siempre nos ha ido mal en Europa. La historia del siglo pasado está ahí como aldabonazo a nuestra memoria.

La irresponsabilidad de David Cameron de convocar un referéndum cuando no había un clamor social demandándolo puede tener consecuencias nefastas para Reino Unido y para Europa. El triunfo del Brexit se debe a que se han impuesto los mensajes del nacionalismo, el populismo y la insolidaridad. Con mentiras de la derecha irresponsable y de los antieuropeos, el miedo y la ignorancia se han impuesto a la convivencia y a la integración.

Restando no se progresa. Frente al Brexit, tenemos que avanzar en la integración. En la construcción de una Europa mejor, más atractiva, que piense en las personas. Una Europa en la que todos queramos estar porque nos ofrece futuro y oportunidades. Se ha hecho desde Bruselas una gestión nefasta de esta crisis. Una crisis que ha castigado a los más débiles y que ha generado un rechazo y una enorme desafección para con el proyecto europeo. Se han cometido serios errores, se han abusado de los recortes y de políticas insensibles, que sin lugar a dudas se deben corregir.

Por eso, la UE y Merkel deberían tomar nota y abandonar de una vez por todas las políticas que tanto año han hecho a los ciudadanos y, al mismo tiempo, al prestigio de las instituciones europeas. Tenemos que recuperar los valores que inspiraron la construcción de un proyecto común europeo: el progreso, la solidaridad, la cohesión y la justicia social. Ese es el único antídoto para frenar el rupturismo que plantea la derecha nacionalista y antieuropea y también el radicalismo de izquierda. Para ello, hay que reformar lo que no funciona para fortalecer el proyecto europeo. No cabe la marcha atrás, sí un paso al frente con unas políticas más justas y que ayuden a hacer una Europa mejor.

En clave nacional, deberíamos sacar conclusiones del fiasco del referéndum británico. Cameron convocó un referéndum en el que no creía y el tiro le ha salido por la culata. Cameron ha defendido el remain (permanecer) y ha triunfado el leave (abandonar). Su partido, el Conservador, se ha partido en dos, él ha tenido que presentar su dimisión tras un fracaso tan sonoro y lo que es más grave: Reino Unido entra en una grave crisis institucional que no se sabe cómo terminará. Aquellos que en España quieren hacer referendos de autodeterminación deberían aprender la lección de Cameron, sobre todo si dicen (con la boca muy chica) que no quieren la ruptura del país más antiguo del Viejo Continente. No se puede dar alas a consultas que producen división, que en el caso español no tienen soporte legal y que no conducen a ningún sitio. Ojo con aquellos que no les importa echar gasolina al fuego. Luego las consecuencias son incalculables.

El Brexit no es inmediato (se abre un periodo de transición de dos años) pero puede tener efectos negativos en Andalucía: para las exportaciones, para el turismo, para los andaluces que trabajan en Gibraltar o los que han emigrado a Reino Unido. También para los británicos que viven en la Costa del Sol y otros rincones de esta tierra. Como andaluz y adoptivo del Campo de Gibraltar por vía conyugal, pienso en los 7.000 trabajadores de esa zona que todos los días cruzan la verja para ganarse la vida. Tranquilizan las palabras de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, de estar vigilante en la defensa de sus derechos y su futuro, en particular, y de los intereses de Andalucía, en general.