De Trump a Aznar

Vaya por delante mi repulsa al régimen sirio de Bashar al-Asad. Un régimen autoritario que ha sumido a su país en una dolorosa guerra civil y que usa armas químicas contra la población civil. (Las barbaridades del Estado Islámico tampoco se quedan atrás). No tengo ninguna simpatía hacia los que están causando tanto sufrimiento a sus compatriotas. Pero la respuesta desde los países occidentales no puede ser la otra cara de la misma moneda. El bombardeo de Estados Unidos no es la solución, más bien puede ser el problema. No cometamos los errores del pasado. Como en su día hizo George W. Bush, Donald Trump empieza actuar sin contar con nadie, poniendo en marcha una acción unilateral contra Siria. Toda intervención ha de contar con el respaldo de la comunidad internacional. Trump debería refrenar su ansias de convertirse en el gendarme del mundo.

No tropecemos más veces en la misma piedra. En cambio, José María Aznar sigue erre que erre. El ex presidente decía esta semana en el programa de Bertín Osborne que la foto de la que más se siente orgulloso en su vida es la de las Azores. Aznar no ha aprendido nada después de tanto tiempo y tantas mentiras descubiertas. Ni una pizca de arrepentimiento tras situar a España como lacayo de EEUU, ni por participar en una guerra injusta e ilegal, ni por engañar a la gente. Para cualquier español, entre ellos el que suscribe, esa foto es la foto de la vergüenza, es la foto de la mentira. Y ya va siendo hora de que Aznar pida disculpas y no de boquilla. Lo han hecho Tony Blair y Bush, pero él sigue sacando pecho con semejante disparate. ¡Cuánta arrogancia!

Reincidir en el error

De la foto de las Azores a la de San Petesburgo. Distintos protagonistas, previsión del mismo resultado. Estamos dispuestos a cometer el mismo error que en 2003 en Irak. El Gobierno de España, según Washington, apoya la intervención militar que patrocina Estados Unidos al margen de las Naciones Unidas. Obama ha recabado el apoyo de diez de los miembros del G20 en la cumbre celebrada en la ciudad rusa. Queremos combatir una ilegalidad (el uso de armas químicas por parte del régimen dictatorial del sátrapa Bashar al Asad) con otra ilegalidad (una acción bélica en Siria de espaldas al derecho internacional). Confiemos que Rajoy no se salte a la torera la consulta al Congreso de los Diputados, una sana costumbre democrática que instauró José Luis Rodríguez Zapatero. De momento, lo que hace falta con urgencia es una explicación del Gobierno de la nación sobre el comunicado emitido por la Casa Blanca.

Aprender del error

¿Aprenderemos de nuestros errores o tropezaremos de nuevo en la misma piedra? Planteo esta pregunta (retórica) viendo cómo se están sucediendo los acontecimientos en torno a una eventual intervención militar en Siria. Cambian los tiempos, cambia la sociedad, cambia la tecnología de la información y Estados Unidos mantiene el mismo patrón y la misma forma de analizar las cosas. ¿Se habrá sacado alguna lectura para no reincidir en el yerro de Afganistán e Irak? Ninguna operación militar se ha de hacer de espalda a la legislación internacional y sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU (sabiendo que los intereses con los países con derecho a veto ponen dificultades a una resolución consensuada). Por mucho que nos repugne el régimen de Bashar al-Asad y su deleznable defensa de su poder corrupto, una acción bélica ha de ser la última opción. Apuremos antes todas las vías políticas para intentar parar la carnicería que se está produciendo en Siria. En Reino Unido Cameron se ha encontrado el rechazo del Parlamento británico a un ataque inminente. En el Elíseo, Hollande parece refrenar sus ímpetus. Sólo Estados Unidos está decidido a pasar a la acción. No nos dejemos arrastrar por las prisas norteamericanas o repetiremos la historia.

Viñetas.– Fontdevila en eldiario.es y Erlich en El País.

Desidia internacional

El horror se recrudece en Siria. Una nueva matanza con más 1.300 víctimas con armas químicas nos recuerda que el conflicto sigue al rojo vivo aunque los focos periodísticos hayan centrado su atención en Egipto en las últimas semanas. La guerra civil siria suma ya 100.000 muertos y la comunidad internacional asiste impávida, entre la desidia y la impotencia, a esta cruenta masacre que se prolonga ya durante más de dos años. El Consejo de Seguridad ni está ni se le espera: en su reunión de urgencia de esta madrugada sólo exige al régimen de Bashar al-Asad que aclare lo ocurrido. Siria es una pieza clave en los equilibrios geoestratégicos de Oriente Medio y el apoyo de Rusia y China veta cualquier posible solución. Incluso alguna tan simple como que los inspectores de la ONU que están en Damasco puedan ir a comprobar si se están usando armas químicas, especialmente en el fatídico último bombardeo cerca de la capital. Ésa era la línea roja que había puesto Barack Obama para tomar cartas en el asunto. Francia quiere mover ficha (ya veremos si cara a la galería o con intención de poner freno al exterminio de vidas humanas inocentes). ¿Asistimos a una escalada de declaraciones sin ningún efecto concreto y sólo como descarga de la mala conciencia? ¿Cuántos muertos más se han de producir antes encontrar la llave para poner fin a este conflicto? Por desgracia, priman siempre los intereses políticos y/o económicos y se relega a las personas.