#JeSuisBruxelles

Hemos amanecido con la conmoción de otro zarpazo del terrorismo. Bruselas ha sufrido la sinrazón de los que no creen ni en la libertad ni en la convivencia. Más de treinta muertos en el aeropuerto y en el metro. Dolor y consternación por la pérdida de vida de inocentes. Hoy los terroristas han golpeado en el corazón de Europa, hace unos días cegaron varias vidas en Turquía. Toda la violencia merece idéntica repulsa, el mismo contundente rechazo y condena. Ahora es el momento del recogimiento y la solidaridad con las víctimas y sus familias, de la unidad de todos los que defendemos la convivencia pacífica frente a los asesinos. Podrán matar pero nunca derrotarán los valores ni la fuerza de la democracia.

Salvajada

La brutalidad no se puede tolerar en las sociedades civilizadas. Cuesta digerir un año más el triste y cruento espectáculo del Toro de la Vega, en Tordesillas (Valladolid). Tanta crueldad, tanta saña, tanto sadismo resultan insoportables. No podemos permanecer impasibles ante una salvajada propia de la Edad Media e incompatible con el siglo XXI. No se puede defender la violencia desmedida contra un animal con el débil argumento de la costumbre. Muchas costumbres ancestrales han ido desapareciendo con la evolución social y cultural de los seres humanos. ¿O no han quedado como vestigio de un pasado tétrico la esclavitud o el derecho de pernada? Se ha de encarar un debate serio (y que no acabe como ayer a pedradas entre detractores y defensores de esta sanguinaria fiesta) que ponga fin a este espectáculo salvaje que proyecta hacia el exterior una imagen de España bárbara y distorsionada. Alguien tiene que ponerle con urgencia el cascabel al gato. La Administración competente no puede seguir mirando hacia otro lado.

Coto a la barbarie

De Baena a Isla Cristina. El espanto no conoce fronteras. Otra violación múltiple sacude nuestras conciencias. Siete menores, dos de ellos con una edad inferior a los 14 años y por tanto inimputables con la legislación en la mano, han agredido sexualmente a otra menor de 13 años con problemas psíquicos. El horror adquiere dimensiones descomunales. Algo estamos haciendo mal (todos y todas, sin excepción) para que por las cabezas de unos críos pasen atrocidades de este calibre.

La sociedad no se puede quedar cruzada de brazos ni dejar impunes estas conductas inadmisibles. Es imprescindible un profundo y sereno debate colectivo con la ulterior asunción de medidas que, de forma estructural, corrijan esas lacerantes goteras que arruinan nuestra convivencia. No cabe duda de que hay que seguir profundizando en la educación en igualdad y en valores y también estudiar una posible modificación legal que proteja mejor a las posibles víctimas y penalice las acciones deleznables. Como padre resulta desolador que dos de los agresores estén ya en su casa por tener sólo 13 años.

José Chamizo, defensor del Pueblo de Andalucía, lanza la idea de arbitrar algún tipo de castigo a los chicos que delinquen (por ejemplo, órdenes de ingreso en centros de trastornos del comportamiento), sobre todo cuando aumentan los agresores menores de edad. ¿Hay que poner sobre la mesa la reflexión sobre una eventual reforma de la Ley del Menor para penalizar más estrictamente los delitos de violación? El asunto es complejo: exige cabeza fría y no dejarse arrastrar por el acaloramiento del momento (¡ya no estamos en el Far West!), sino tomar decisiones meditadas y eficaces. Esta lacra se corrige especialmente con prevención sin olvidar el efecto disuasorio que tiene la sanción.