Más Andalucía que nunca

Cada vez que se acerca el 28 de febrero tenemos en Andalucía una oportunidad para celebrar y conmemorar lo que hemos conseguido gracias a aquella movilización social por una autonomía plena, que no era otra cosa que la conquista de la igualdad. El 28-F es siempre una fiesta, la fiesta de la esperanza que se plasma en los colores de nuestra bandera. Recordar nuestro pasado es una buena manera de asegurar nuestro futuro. (La importancia de la memoria). Por eso, es bueno que cada año, por estas fechas, hagamos un alto para rememorar de dónde venimos, para valorar lo que hemos avanzado y para reflexionar sobre lo que nos queda por delante para mejorar en bienestar y calidad de vida. Y también es un momento de reivindicación y para defender que nadie nos arrebate lo que tanto nos ha costado. No vamos a permitir ni un paso atrás y cualquier decisión que se tome en España debe contar con esta tierra. Ese peso político y ese papel de equilibrio nos lo hemos ganado con esfuerzo y generosidad.

Del 4-D al 28-F

Hoy, 4 de diciembre, hacemos un alto para conmemorar aquel día de 1977 que comenzamos a construir los cimientos de un futuro que conquistamos en las urnas el 28 de febrero de 1980. Una mínima parada para reflexionar sobre lo que hemos avanzado y reafirmar nuestro compromiso con nuestra tierra y el desarrollo territorial de España en igualdad. Como hace 40 años, existe la tentación de implantar un modelo a dos velocidades y Andalucía no se quedará cruzada de brazos. Al igual que entonces, no queremos ser ni más ni menos que nadie.

Reescribidores

Sirva esta entrevista como recordatorio de la historia de la lucha de Andalucía por la conquista legal de su autonomía, con el máximo nivel de autogobierno y en pos de la igualdad de todos los ciudadanos de este país. Ni más ni menos que nadie. Los lumbreras de Podemos, con Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez a la cabeza, están intentando retorcer la realidad y comparar la movilización andaluza por la vía constitucional con el procés de Cataluña. Ni de lejos el significado del 4-D y del 28-F tiene que ver con el independentismo. Este intento de reescribir la historia por parte de la formación morada produce bochorno. Sólo buscan tapar sus vergüenzas por su posición incomprensible ante la cuestión catalana. Las mentiras por muchas veces que se repitan no se hacen verdad. Ya no cuela ni la propaganda ni la posverdad.

Ha merecido la pena

La evolución de Andalucía demuestra que la apuesta del pueblo andaluz el 28 de febrero de 1980 ha dado sus frutos. La autonomía nos permitió cambiar nuestra historia y engancharnos al progreso. Sin duda seguimos teniendo problemas, como cualquier territorio de España, pero somos una tierra que ofrece oportunidades e inspira confianza a la inversión, que tiene la generación mejor formada de la historia y atesora mucho talento, que cuenta con servicios públicos de calidad y que son referencia nacional, que exporta y lidera nuevos sectores económicos como el aeronáutico, la investigación biomédica, la creación cultural o las energías renovables, además de de la potencia en otros clásicos como el turismo o la agroindustria. Han pasado 36 años y la apuesta ha merecido la pena. Este indudable avance ha de ser un acicate para seguir escalando en derechos, cotas de bienestar y calidad de vida.

28-F, un sí para siempre

El 28 de febrero de 1980, Andalucía cambió la historia de España. Aquella masiva movilización del pueblo andaluz en el referéndum por la autonomía plena permitió construir un estado en pie de igualdad. Los andaluces no quisimos ser menos que nadie, ni tampoco más, sólo iguales. Fue toda una gesta: el triunfo del sí, de un sí para siempre. Desde entonces, Andalucía tiene mucho que decir en todo lo que acontece en España. Este vídeo recoge con ojos del presente el significado de este hito histórico a través de personas que vivieron aquel momento y de otras que han recogido el fruto de aquel acto de autoestima y rebeldía del pueblo andaluz. Es una pieza vibrante, con fuerza, muy emotiva…

37 años después

Hoy se cumplen 37 años de una de las fechas claves en la historia reciente de Andalucía. Ese 4 de diciembre de 1977 se comenzó a escribir una página nueva con esta tierra protagonista en la construcción de una España armónica y en clave de igualdad. Fue una movilización que nos hizo creer en nuestras posibilidades y decidir nuestro futuro. Un proceso reivindicativo que desembocó en el referéndum del 28 de febrero de 1980 y, que pese a las muchas zancadillas de la derecha de entonces, permitió que Andalucía tuviera y tenga hoy voz propia en nuestro país.

Money, money, money

Casi al mismo tiempo que el todopoderoso Emilio Botín nos intentaba narcotizar las meninges con que a España “está llegando dinero por todas partes”, money, money, money, a lo Liza Minelli, conocíamos el plan de ajuste entregado por el Gobierno de la nación a Bruselas con un recorte sobre lo mucho ya recortado de 16.097 millones de euros para 2014 y 2015. Un esfuerzo que recae de nuevo sobre comunidades autónomas y ayuntamientos. Las autonomías, prestadoras de los servicios públicos fundamentales (educación, sanidad y protección social) tendrán que reducir sus gastos en otros 8.000 millones. Y por si no fuera suficiente, las CCAA tendrán que asumir, como consecuencia de la reforma local, competencias que hasta ahora desempeñaban las corporaciones locales y sin recibir financiación adicional para ello. Otro nuevo hachazo. El Ejecutivo de Mariano Rajoy parece empeñado en desmantelar el estado del bienestar y la igualdad de oportunidades para los ciudadanos.

A este ritmo de demolición, sólo los ricos podrán tener acceso a determinados servicios y se vislumbra cada vez una sociedad más dual y con enormes desigualdades. Tanto ajuste y tanta motosierra han convertido a nuestro país en el segundo de la UE, sólo superado por Letonia, en desigualdad social. El triunfalista discurso de Botín, muy al estilo It´s raining men (en este caso, money), aleluya, de las Spice Girls, es sólo de momento un espejismo para la gran mayoría y beneficia sólo a la superestructura económica. Máximos en el Ibex 35, bajada de la prima de riesgo, aumento de las exportaciones… Está todo muy bien, ¿pero cuándo llegará a la base social la ansiada recuperación? Por supuesto, ni a corto ni a medio plazo. Hasta 2018 no bajará la tasa de desempleo en España del 25%. Insoportable.

Y mientras que llueve el dinero en los despachos de las grandes multinacionales y los bancos, que ganan mucho en estas aguas revueltas, las clases medias y trabajadoras seguirán sufriendo recortes salariales, permanecerán en vilo por sus empleos y sus pensiones, verán cómo se deterioran los servicios públicos y donde gobierna el PP se privatizan, se perderán derechos invocando la ineluctabilidad de la crisis… El pensamiento neoliberal nos bombardea con que no hay otra salida posible. Ahí es donde experiencias como Andalucía adquieren su verdadera dimensión. Existen otros caminos para salir de la crisis y no dejar a una buena parte de la sociedad abandonada a su suerte.

Hace 32 años

Han pasado ya 32 años. Una mañana de 28 de febrero se levantó Andalucía con la ilusión de romper con su destino. Muchos balcones de los barrios obreros de nuestras ciudades y pueblos amanecían engalanados con la bandera blanca y verde de la esperanza y el compromiso con un futuro mejor. En mi casa colgaba la enseña andaluza, como en otras ocasiones durante los primeros años de la Transición, reivindicando nuestra capacidad para decidir por nosotros mismos. Los hombres y mujeres de esta tierra estaban llamados a votar (a mí me quedaban aún tres años para adquirir el derecho al sufragio). Sabíamos lo que nos estábamos jugando. Fue un referéndum plagado de obstáculos y trampas por parte de la derecha gobernante. Pero Andalucía se levantó, alzó su voz y superó el reto. Con cierto suspense. Almería no alcanzó en primera instancia el 50 por ciento de síes que exigía el draconiano mecanismo impuesto por el Gobierno de UCD. (Se exigía que en todas las provincias la mayoría absoluta de las personas censadas diera su apoyo a la vía del 151 de la Constitución o, lo que es lo mismo, el mismo nivel de autogobierno que las comunidades históricas, Cataluña, País Vasco y Galicia). Fue un rotundo triunfo político, un grito de liberación muy mayoritario, pero nos acostamos con la incertidumbre sobre si la enorme contestación andaluza se quedaría en saco roto por unas décimas en Almería. No paró la presión de los dirigentes de la izquierda andaluza, encabezados por el presidente preautonómico Rafael Escuredo. Se supo que el censo no había sido depurado y permanecían hasta personas fallecidas. El grito incontestable del pueblo andaluz, el éxito de la movilización social, junto al descubrimiento de las argucias de los entonces mandatarios del Gobierno para hacer descarrilar el proceso, nos condujeron inexorablemente a adquirir una autonomía de primera no sin esfuerzo y sufrimiento. Se imponía la lógica y el sentir de los andaluces. Desde entonces, con aciertos y con algunos errores, nos hemos ido ganando nuestro futuro. Un futuro que no podemos poner en riesgo el 25 de marzo. Aquéllos que se presentan como adalides del cambio no son más que ángeles exterminadores de nuestras conquistas.

Foto.ABC.

La Andalucía de hoy

 

¿Le gustará este vídeo al clasista Cayetano Martínez de Irujo? ¿Se pondrá de los nervios Artur Mas al ver que Andalucía es capaz de liderar muchos sectores y mantener el estado del bienestar? ¿Se revolverá la derecha rancia y retrógrada al comprobar que esta tierra ha superado la época de cortijos y señoritos? ¿Podrá soportar Arenas que se conozcan las verdades que desmontan su crónica negra? Andalucía se ha desembarazado del tópico y el estereotipo. Sin embargo, los de siempre se aferran al cliché, siguen en la foto fija. Lo dice nuestro himno: “Andaluces levantaos”. Y desde el 28 de febrero de 1980 que nos ganamos nuestro derecho a decidir ganando nuestro referéndum por la autonomía plena, nos pusimos de pie y cambiamos nuestro destino. Con sus problemas, esta tierra no la conoce ya ni la madre que la parió, que diría Alfonso Guerra.

Caretas

Un discurso lo aguanta todo. Los hechos retratan a cada persona. Anda la derecha andaluza eufórica, envalentonada y altiva por los pronósticos demoscópicos, poniéndoles velas a todos los santos para que la crisis se alargue al máximo, travistiéndose con la piel de corderito centrista, agitando las banderas de un andalucismo de pacotilla. Se nota en demasía que este supuesto giro a la moderación es una pose, un ardid de mercadotecnia para disimular su cara menos amable, su faceta más repulsiva. A esta gente tan conservadora le pasa como al alacrán de la fábula: siempre le aflora su verdadera naturaleza. A las primeras de cambio se le caen las caretas.

Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola y portavoz del PP en el Parlamento de Andalucía, representa a esa derecha de siempre rancia y retrógrada que tanto daño ha inflingido a esta tierra por mucho que camufle su verdadero ADN ideológico. La política es mucho más que soflamas y discursos retóricos. La política es praxis amparada en una ideología, se demuestra andando, con hechos y no con palabras que el viento se las lleva.

En Fuengirola se ha producido uno de esos episodios que nos revelan el verdadero rostro de la derecha. El pleno municipal, gracias a la mayoría absoluta del PP, ha rechazado cambiar el nombre al polideportivo José Antonio Elola Olaso, insigne falangista, gobernador civil de Sevilla y delegado nacional de Deportes durante el franquismo, para pasar a llamarlo Blas Infante, padre de la patria andaluza, fusilado por las fuerzas golpistas en la madrugada del 11 de agosto de 1936.

La afrenta a la democracia no tiene nombre. Y el desparpajo de la alcaldesa para justificar su enroque con el pasado se antoja aún más intolerable. Oña justifica así el dislate: “No tenemos intención de hacer eso, no lo vemos bien. Como yo no soy quién para decir quién es bueno y quién es malo, tampoco sé si el señor Elola era mejor o peor que Blas Infante“. Una explicación que justifica que bajo el barniz de nuevo andalucismo del que hace gala el PP, y nada más que se rasca, sale a la luz la epidermis recalcitrante y revanchista de la derecha de siempre.

Este fin de semana comienzan los fastos para conmemorar el 125 aniversario del nacimiento de Blas Infante, una serie de actos que concluye el lunes con un pleno institucional del Parlamento y la reapertura de su casa en el denominado Recinto de la Autonomía de Coria del Río (Sevilla). Seguro que en ese marco el PP sacará a relucir su discurso falsario e hipócrita sobre el padre de la patria andaluza. Más que declaraciones de cara a la galería, Javier Arenas debería pedir disculpas por la insensibilidad y el disparate de su correligionaria Oña. De lo contrario, quedará de manifiesto que el andalucismo del PP es de boquilla. Son los mismos con distinto collar.

Foto.- Fototeca Municipal publicada por El Correo de Andalucía.