En este momento…

A la fuerza ahorcan. Mariano Rajoy ha introducido un matiz sobre sus opciones políticas de futuro. El presidente en funciones ha virado ligeramente y ha entreabierto la puerta a una renuncia. Ha dicho que “en este momento” no se plantea dar un paso atrás para favorecer un cambio de cartel en el Partido Popular. Dándole la vuelta al argumento, en otro momento sería posible, ¿verdad? Hasta ahora había cerrado a cal y canto la posibilidad de dar la alternativa a otro candidato (o candidata). Pero la realidad es que en términos políticos es un ‘apestado’ al que nadie se quiere asociar ni tan siquiera dejar pasar con la nariz tapada. Teniendo el precedente de lo ocurrido en Cataluña, con la retirada in extremis de Artur Mas para evitar nuevas elecciones, todo es posible. Y más con casi dos meses por delante. La decisión de Rajoy dependerá de las encuestas. El dirigente catalán se comió su orgullo cuando estando en el precipicio de una nueva cita con las urnas, los malos augurios de los sondeos le desaconsejaron seguir en la primera línea. A medida que se acerque el 2 de mayo, mayor serán las presiones internas que recibirá el candidato popular si los trabajos demoscópicos anuncian tormenta. Pues como las barbas de tu vecino Mas viste pelar, Mariano ve poniendo las tuyas a remojar.

¿Tamayazo a la catalana?

Leo en El País que Artur Mas busca disidentes de la CUP para seguir en el poder. No me ha extrañado esa publicación. Unas horas antes, comentaba con una periodista de una cadena de radio nacional la posibilidad de un atajo a la desesperada para salvar el pellejo del president en funciones, que cada día que pasa tiene más aspecto de cadáver político. Se me vino a la cabeza el tristemente famoso ‘tamayazo’ de 2003, la compra de dos diputados socialistas que impidieron un gobierno de izquierdas en la Comunidad de Madrid y facilitaron el acceso a la Presidencia de Esperanza Aguirre. No tiene por qué reeditarse una peripecia tan bochornosa. Son otros tiempos, otros actores y otro escenario político. Lo que sí coincide es que hay mucho en juego. El postpujolismo, término acuñado por Xavier Vidal-Folch, apura las pocas fechas que quedan para evitar la repetición de las elecciones. La soflama de Mas contra la formación anticapitalista, además de hurgar en la división interna, intenta mover el no a su investidura tras un largo, proceloso y complejo proceso asambleario. El president ha apelado al chantaje patriótico para romper la disciplina de voto en el seno de la CUP. Confiemos en que los diez diputados cumplan con el mandato que le han dado sus bases y no salte la sorpresa. Es lo que faltaría ya al histérico proceso de independencia iniciado por Mas y sus cuates. Sería toda una paradoja para los que quieren romper que Cataluña acogiera un episodio tan a la española. Tendría guasa un ‘tamayazo’ a la catalana.

Sentencia para Artur Mas

La CUP ha decidido finalmente no apoyar la investidura de Artur Mas. Les ha llevado más de tres meses la toma de una decisión que ya habían verbalizado hasta la saciedad durante la campaña electoral. Con esta premisa se presentaron a las elecciones catalanas del 27 de septiembre y se reafirmaron en ella en los días posteriores. La postura de la formación anticapitalista era pública: el que presida no puede ser identificado ni con los recortes ni con la corrupción. Mas no tenía ninguna posibilidad de repetir al frente de la Generalitat con esta línea roja. Sin embargo, la CUP se metió en una engorrosa y bizantina negociación con Junts pel sí y condujo a sus bases por un laberíntico proceso asambleario con sospechas de manipulación en su resultado (¿quién se cree ese empate imposible a 1.515 votos?). Constituye un sano ejercicio la profundización en la democracia interna de los partidos, como también lo es cumplir lo que se promete cuando se pide el voto durante la campaña. Todo el proceso de diálogo carecía de sentido, salvo que en Junts pel sí se hubieran mostrado dispuestos a sacrificar al actual president en funciones, y de momento esa eventualidad ni siquiera se ha planteado.

El postrero y manoseado veredicto de la CUP supone la muerte política de Artur Mas. Éste había fiado todo su futuro político a seguir como cabeza de la Generalitat e iniciar el proceso de independencia (o de desconexión de España, como eufemísticamente lo bautizaron en la resolución aprobada por el Parlament). Si antes del 10 de enero su formación no cede a la petición de los anticapitalistas, se tendrán que repetir las elecciones autonómicas. El equilibrio de fuerzas dentro de Junts pel si ya no es el mismo. En los comicios generales del 20 de diciembre por primera vez desde 1978 ERC ha superado en las urnas al partido de Mas, Convergència, ahora rebautizada como Democracia i Llibertat. Sin duda, y dando por hecho de que continué la candidatura de concentración independentista, Artur Mas no tiene escasas posibilidades de repetir como candidato a la Presidencia. Por un lado, porque en caso de necesitar otra vez los votos de la CUP para la investidura estaríamos ante un nuevo bloqueo y, por otro, porque los socios no sólo demandarán un cambio de cartel sino una reconfiguración de la lista acorde al mapa político actual de Cataluña. Por tanto, alea jacta est.

Foto.Reuters. Oriol Junqueras (ERC), Antonio Baños (CUP) y Mas, en el Parlament.

¿Tongo?

Nuevos partidos, viejos trucos. El empate registrado en la asamblea de la CUP para apoyar o no la investidura de Artur Mas se antoja un puro artificio, una maniobra artera de la dirección para mantener la situación en suspense y arrogarse la decisión última sobre el respaldo o el rechazo al president en funciones. El azar puede producir estas contingencias inverosímiles, pero en política las casualidades no existen. Y estas increíbles tablas a 1.515 votos entre independentistas y anticapitalistas de la CUP, las dos almas que conviven en esta formación, dejan la decisión en manos de la dirección. Ya no serán 3.030 militantes los que decidan, sino sesenta dirigentes los que pongan jefe del Gobierno catalán o fuercen la repetición de las elecciones.

No tenía dudas de que la asamblea iba a ser dirigida por los cabecillas con hilos aparentemente invisibles. Así lo manifesté en este blog hace unos días. La faena ha sido más burda de lo esperado. El resultado final tiene cocina de creación y nos sirve en bandeja de plata un asamblearismo moldeable. Y chirría el camino conducente al empate plagado de preguntas trampas y votaciones kafkianas. ¿No habría sido más fácil decidir sobre dos opciones: sí o no a la investidura de Mas? El complejo sudoku perseguía generar una apariencia de democracia con un final escrito de antemano. El veredicto de la asamblea se muñó entre bambalinas y se revistió de decisión salomónica: fractura en dos mitades. Nadie pierde, nadie gana y el grupúsculo directivo que tiene la batuta de esta orquestada desafinada parte y reparte juego.

La lectura de los líderes de la CUP se sitúa en el esperpento. Su valoración fue en una rueda de prensa sin preguntas. Estos próceres de los nuevos modos tienen vicios de la más añeja política. Anna Gabriel, su portavoz parlamentaria, ha dejado una frase lapidaria que bebe en los galimatías de Groucho Marx: “No podemos dar a ninguna opción por ganadora, como por una parte u otra deseaban algunas partes“. El candidato anticapitalista en el 27-S, Antonio Baños, busca una maquillaje imposible para cubrir la realidad: “El resultado no nuestra división. Es una oportunidad para estudiar nuevas propuestas“. La primera pone el parche antes de que salga el grano y el segundo hace de la necesidad virtud (algo así que somos tan independentistas como anticapitalistas.

Si se pretendía alargar la agonía de Mas, objetivo cumplido. Si se intentaba sacar más tajada de la debilidad y la ansiedad de Junts pel sí por evitar una nueva cita con las urnas, objetivo cumplido. Pero lo más claro de todo es que sesenta dirigentes han cogido la sartén por el mango y tienen en sus manos el futuro de Cataluña.

Foto.– El Periódico de Catalunya. Baños y Gabriel, en el centro, durante la asamblea.

 

Utopía por plato de lentejas

La CUP ha abierto la puerta a la investidura de Artur Mas. La cúpula directiva dará este domingo otra vez la voz a sus militantes. De nunca a puede ser. Se habla en los medios de comunicación de preacuerdo. Las proclamas de fuerza con un no rotundo, de antes y después del 27-S, se han ido debilitando con el paso de los días. No era tan fiero el león como lo pintaban. Esta fuerza anticapitalista, antieuropea y de la izquierda radical se comerá todos sus principios y, si lo deciden sus bases, mantendrán a un presidente de Cataluña de derecha, adalid de los recortes y miembro de un partido acechado por la sombra de la corrupción. Han pasado de la utopía al plato de lentejas. No les importa prostituir sus valores en aras de un aburguesado pragmatismo. Y no parecen escuchar a los catalanes que en las elecciones generales de este domingo han situado a la marca blanqueada de Convergencia en cuarto lugar, muy lejos de sus preferencias. Si el pueblo no los quiere, ¿por qué la dirección colegiada de la CUP le da oxígeno a Mas?  Hace unas semanas, los seguidores de esta fuerza política ya rechazaron al president en funciones, pero habrá una segunda vuelta a ver si en este nuevo intento se cambia el sentir de la mayoría con persuasión y una dirección inteligente de la asamblea. Los líderes pretenden pastorear a su rebaño con salmos y promesas de un mundo en el más allá. Veremos qué pasa.

Foto.– Mas y Baños, candidato de la CUP, en el Parlament de Cataluña.

Otro sablazo

A nadie sorprende ya el maltrato y la hostilidad que el Partido Popular dispensa a Andalucía. Es una dinámica más vieja que el hilo negro. Tenemos ya un callo de tanto castigo pero no nos cansamos de alzar la voz, es nuestra forma de defender lo que es nuestro. Hace un par de días, por la vía de los hechos consumados, el Gobierno de Mariano Rajoy nos ha quitado 265 millones de euros que nos correspondían por derecho. Ni han avisado: han metido directamente la mano en la caja y se lo han quedado. Son 265 millones que no podremos dedicar en esta tierra para atender las necesidades de la sanidad y de la educación públicas, para dar cobertura a más personas en situación de dependencia o en riesgo de exclusión social, para recuperar los derechos que arrebató la crisis a los empleados públicos, para generar posibilidades de empleo… Andalucía deja de percibir todos los años unos mil millones respecto a la media de las autonomías. Y no sólo sufrimos este agravio, sino que además nos dan un sablazo adicional de 265 millones. La derecha no entiende lo que significa justicia social y redistribución de riqueza. Eso sí, en su diccionario aparece con letras muy grandes discriminación y desprecio a Andalucía.

Esta nueva agresión procede de una aplicación sectaria por parte del Ministerio de Hacienda de la liquidación del ejercicio de 2013 y de un reparto arbitrario del llamado de fondo de convergencia. Este fondo se ha de emplear para ir recortando las distancias entre las distintas comunidades autónomas y favorecer la cohesión social de todos los españoles. Sin embargo, Cristóbal Montoro, que en su DNI reza como andaluz, tergiversa este concepto y la obligación de un ejecutivo de que todos los territorios tiendan a parecerse, a contar con las mismas oportunidades. El Ministerio ha preferido dar una riada de millones a Cataluña y a la Comunidad Valencia en perjuicio de Andalucía. No cumplieron con el objetivo del déficit en ese año por la pésima gestión de Artur Mas (Convergencia) y de Alberto Fabra (PP) y encima se les premia.

La palabra de Rajoy es papel mojado, no vale nada. Hace justamente un año, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, lo alertó de este auténtico dislate en el Palacio de la Moncloa. Le hizo saber la injusticia de castigar a Andalucía por una interpretación sesgada del reparto de la financiación autonómica y le planteó, si se consumaba esta distribución trampeada, que al menos se permitiera una devolución en varias anualidades. Pues ni una cosa ni la otra. Han mantenido el desequilibrio entre CCAA y nos han metido la mano en la cartera sin previo aviso. Así se las gasta el PP con Andalucía. A algunos sólo les interesa esta tierra para ver los debates de los que se ausenta desde las instalaciones públicas de Doñana.

Foto.EFE.

Mas y la gran farsa

Nada mejor que recurrir al humor gráfico para conocer de forma sencilla y directa los asuntos más complejos. Estas viñetas de opinión de Gallego&Rey y Ricardo en El Mundo, El Roto en El País o Miki&Duarte en el Grupo Joly, muestran el disparate que supone el proceso de independencia de Cataluña y la obsesión de Artur Mas por continuar con su huida hacia adelante para tapar los casos de corrupción que cercan a su partido y el despropósito de una gestión ineficaz y caracterizada por los recortes. Cuando más dificultad tiene para repetir como presidente y salvar el pellejo político, más se aferra al desvarío separatista y más mendiga el apoyo a los antisistema de la CUP. Y es que el independentismo catalán se ha situado en la locura y fuera de la ley. Han usado el Parlamento y una minoría con ínfulas de superioridad moral para pisotear nuestra Constitución, la razón y la convivencia de los catalanes entre sí y de todos los españoles. Es inaceptable que Artur Mas haga gala de la desobediencia a la ley. No sólo es una barbaridad, sino que sitúa a Cataluña en el abismo y en el camino a ninguna parte. ¿Adónde quieren llegar con esta gran farsa? Artur Mas se ha amarrado el palo de la ruptura para salvarse él mismo. Y mientras los catalanes siguen sin tener solución a sus problemas.

Desafío consumado

Los independentistas han consumado su desafío. El Parlamento de Cataluña, con los votos de Junts pel sí y la CUP, ha aprobado la propuesta de resolución que supone el principio del proceso de la independencia. Los separatistas defienden este paso claramente ilegal con juegos retóricos: justifican su desobediencia a la legislación vigente con el argumento de dar respuesta a un mandato ciudadano. Curioso pretexto cuando la mayoría de los catalanes, un 52%, se manifestó en las urnas en contra de la vía de la secesión. Esta huida hacia adelante supone dinamitar los puentes del entendimiento, de la convivencia y del sentido común. No se puede considerar democrático el incumplimiento de la ley, un estado de derecho se basa precisamente en el respeto al ordenamiento jurídico. Cuando se pisotean las normas, se dan pasos hacia la barbarie y el caos. Un auténtico disparate. Este desacato sólo produce división de ciudadanos catalanes entre sí y de catalanes con el resto de españoles. Mal servicio de Artur Mas, Oriol Junqueras y compañía para Cataluña y también para España. A todos los españoles que queremos a Cataluña nos corresponde una respuesta unitaria y que permita garantizar la legalidad vigente y reconstruir los puentes que está dinamitando el independentismo.

Foto.– El País.

Pulso independentista

El independentismo catalán se tira al monte. Las dos fuerzas que propugnan la ruptura con España, Junts pel sí y la CUP, no han esperado siquiera a la constitución del nuevo govern y han presentado una propuesta de resolución para que se tramite por la vía de urgencia en el Parlamento comenzar el proceso de independencia. Este movimiento exprés del bloque soberanista no llegará a ninguna parte y obedece sólo a las urgencias de Artur Mas y Convergencia para evitar la acción de la justicia en torno a la presunta financiación irregular de la formación (el famoso 3 por ciento) y para tapar el registro policial a todo el clan Pujol que se está produciendo hoy. Las sospechas de corrupción cada vez más fundadas estaban poniendo en peligro la investidura de Mas como presidente y la única manera de desbloquearla era acelerando el proceso separador para contentar a la CUP. No es más que el triunfo de la sinrazón para que el dirigente convergente salve el pellejo político.

El paso supone una vuelta de tuerca más en la demencial estrategia secesionista. No tiene soporte jurídico ni respaldo democrático (la mayoría del pueblo catalán está por seguir dentro de España). Ante este acto, nos toca al resto estar en la defensa de la Constitución y la legalidad, hacer valer la legitimidad de la democracia expresada en las urnas y buscar una solución con argumentos no sólo jurídicos, sino también políticos. Ante la provocación del independentismo, se requiere la unidad de los españoles y de todas las fuerzas políticas que apoyan nuestra carta magna. Sólo cabe afrontar el reto soberanista con altura de miras y huir de tentaciones que persigan réditos electorales porque nos jugamos mucho como país. Los españoles estaremos más tranquilos si observamos unidad de acción y objetivos compartidos. Buena señal es el contacto mantenido por Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Foto.elconfidencial.com.