Confianza en el PSOE


Hoy se ha conocido uno de los barómetros de referencia que miden la situación electoral en Andalucía. La entrega de invierno del Egopa, que realiza la Universidad de Granada, ‪sitúa al PSOE de Andalucía como ganador las elecciones autonómicas con notable diferencia sobre el segundo. Un resultado que revalida la confianza en el PSOE, el partido con quien más se identifican, y en la acción del gobierno que preside Susana Díaz. Los andaluces valoran la estabilidad política, las medidas progresistas y una política presidida por la igualdad de oportunidades, la apuesta por los servicios públicos y la defensa de los intereses de esta tierra.

Los socialistas sacarían más de 14 puntos de ventaja a Ciudadanos, que desplazaría al PP a la tercera posición. La formación naranja superaría a los populares y se consumaría el sorpasso en el centroderecha andaluz, que también pronostican algunas encuestas en el contexto nacional. El batacazo del PP es morrocotudo: el peor registro electoral si descontamos el cosechado en los comicios andaluces en 1982, aún bajo las siglas de AP (Alianza Popular).

La posición relativa del PP podría ser incluso peor si se considerara una eventual confluencia de Podemos-IU. En una suma directa de los datos que ofrece este sondeo, la coalición de estas dos formaciones relegaría al PP como cuarta fuerza política. Este Egopa ha caído como una bomba en la sede regional de la franquicia pepera. Su presidente por ahora, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha arremetido contra una encuesta que en otras ocasiones ha destacado cuando el resultado le gustaba más. Respuesta infantil que demuestra el nerviosismo y el desconcierto que reina en el PP.

Casualmente, los dos partidos que bajan (y mucho) en este trabajo demoscópico son los que practican (sin mucho éxito) la pinza contra el Ejecutivo andaluz. El electorado no entiende la política de destrucción sin más argumento que ser el perro del hortelano ni tampoco esta alianza antinatura.

Los andaluces apuestan por la estabilidad

El PSOE ganaría de nuevo las elecciones en Andalucía y aumentaría su distancia sobre el Partido Popular (hasta 17 escaños y 11 puntos) si hoy se celebrarán comicios en esta comunidad autónoma. Éste sería el resumen de una encuesta de Celeste-Tel que publican tres periódicos andaluces (Córdoba, Jaén y La Opinión de Málaga). El PSOE sería el partido más votado y obtendría un escaño más con respecto a las elecciones de 2015. Junto a los socialistas, el otro partido que mejora resultado es Ciudadanos, que pasaría de 9 a 13 escaños. El PP continúa perdiendo apoyo electoral y se quedaría con sólo 31 diputados. Podemos e IU también perderían representación parlamentaria. Este sondeo dibuja un escenario de estabilidad política. Y penaliza a las fuerzas que buscan la destrucción y se dedican exclusivamente a poner palos en las ruedas: Podemos y PP son los partidos que más rechazo generan al electorado y a los que más gente manifiesta que nunca votarían. La socialista Susana Díaz es la dirigente política mejor valorada y la que recibe la mejor nota con diferencia. La peor calificada es Teresa Rodríguez, de Podemos. También sale muy mal parado, Juan Manuel Moreno Bonilla, con una marca personal pésima y un apoyo al PP bajo mínimos.

Todos… ¿y el PP?

Nos jugamos mucho en Andalucía ante la aprobación de un nuevo modelo de financiación autonómica. Hay un compromiso suscrito por Gobierno de España y comunidades autónomas de aprobarlo este año, y es que el vigente está caducado desde 2014. Está sobre la mesa el futuro de los servicios públicos y de nuestro autogobierno. Sabedora de esta realidad, la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, ha mantenido una ronda con los dirigentes de los partidos para trabajar en una posición unitaria ante una nueva financiación justa y que distribuya los recursos suficientes para garantizar la igualdad, una reivindicación que ya habían compartido sindicatos y patronal la semana pasada.

A esta alianza por Andalucía se han sumado en líneas generales todas las fuerzas parlamentarias. El PP, consciente de su soledad en este asunto, se ha visto obligado a modular (al menos de boquilla) su discurso ante la contumacia de los datos. El último ejercicio presupuestario liquidado, el de 2015, se traduce en que cada andaluz recibe 104 euros menos que la media nacional, lo que en términos absolutos suponen unos 1.000 millones de euros. O dicho de otra manera, con la aplicación que hace del sistema de financiación el Ejecutivo de Mariano Rajoy no se envían los fondos correspondientes a 220.000 andaluces.

El agravio es evidente y Moreno Bonilla no ha tenido más escapatoria que apelar a un gran acuerdo nacional entre PP y PSOE. Una contorsión de urgencia ante quien siempre se ha puesto de perfil y no levantado nunca la voz ante la Moncloa. Lo que en el argot del rugby sería una patada hacia adelante para alejar el peligro. Sin embargo, empecemos por los cimientos, no por el tejado: lo primero es sellar un gran acuerdo en Andalucía para recibir los fondos que nos corresponden por derecho. Y los dirigentes del PP se tendrán que retratar, decidir si por una vez en su historia anteponen los intereses de esta comunidad o se pliegan sin decoro a las exigencias de su partido y a los compromisos de Rajoy. Ellos verán… Hasta ahora su actitud sumisa y genuflexa la rechaza la mayoría de los ciudadanos de esta tierra.

Viaje productivo

Hoy más que nunca pienso en la sentencia del Quijote: “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos“. La buena cosecha recogida por Susana Díaz en su visita institucional a Bruselas ha molestado mucho a varios partidos de la oposición. Partido Popular y sus aliados de pinza, Podemos e Izquierda Unida, han jugado a la política de tierra quemada. Con el más puro estilo de los malos futbolistas, han intentado embarrar el campo para parar al adversario, en este caso político. Y han fracasado con estrépito. El resultado obtenido habla por sí solo, no necesita intérpretes mal intencionados: reivindicación de la conexión del Puerto de Algeciras con la red ferroviaria transeuropea, el desbloqueo de proyectos de interés estratégico como la red logística o el corredor litoral de la Costa del Sol, el giro económico de la Unión Europea para romper con las políticas austericidas, el apoyo al I+D+i y las energías renovables, la protección de Doñana, la extensión del programa andaluz de acogida de menores refugiados no acompañados a toda los países de la UE y un largo etcétera. Tres comisarios (Mogherini, Moscovici y Cretu), con los que Díaz ha mantenido reuniones, han manifestado su interés por visitar Andalucía y conocer los proyectos en marcha de primera.

El nombre de Andalucía sonó fuerte en las instituciones comunitarias y eso es demasiado para una oposición de cortas miras. El que dirige la franquicia andaluza del PP ha estado estos días en Bruselas, siguiendo la rueda de la presidenta andaluza, y su estancia ha pasado sin pena ni gloria. Juan Manuel Moreno Bonilla se ha pasado tres jornadas dando vueltas por los pasillos y los corresponsales más veteranos no recordaban una visita menos justificada y más inane. Como no ha vendido nada, se ha dedicado otra vez a dañar la imagen de esta comunidad (por cierto, Andalucía ha ejecutado el 116% de los fondos europeos y su gestión es valorada en la UE) y a atacar a Díaz. De lo que ha ido el pepero a hacer a la capital comunitaria no se tiene noticia alguna. ¡Ay, la envidia!

A Antonio Maíllo, líder de lo que antes era un partido y hoy es una franquicia: Izquierda Unida, no le ha interesado mucho el contenido y se ha dedicado a predicar moralina trufada de demagogia. Maíllo, que sangra por una herida autoinfligida, se ha ofuscado atacando la visita en sí y tirando de mezquindad preguntando el coste del viaje. A una persona de su cualificación y su nivel intelectual no le pega chapotear de esa manera en el fango. Su jefa de Podemos, Teresa Rodríguez, ha buscado también hacer un relato en clave orgánica muy alejado de la realidad de esta misión y ha usado la misma línea de crítica barata que su subalterno de IU.

Una oposición, en definitiva, que ha digerido muy mal una agenda muy productiva. Menos ruido y más propuestas.

Foto.- Díaz, con el presidente del Parlamento europeo, Martin Shulz.

Pactos de Estado

Pacto de Estado Violencia de Género

Determinados asuntos de interés general, de profunda incidencia social o económica y que exigen una respuesta unitaria convienen sacarlos de la refriega política. Por este motivo, la Junta de Andalucía acordó ayer plantear al Gobierno de la nación dos pactos de Estado: uno en defensa del sistema público de atención a la dependencia y otro para la erradicación de la violencia de género. Estamos ante dos temas de enorme sensibilidad social y que demandan una política consensuada que permita en dependencia reforzar este cuarto pilar del estado del bienestar y en cuanto al terrorismo machista convertirlo en cuestión de Estado y que todos a uno combatamos esta lacra social. No habría ni que esperar al 21 de diciembre para impulsar y acometer estos pactos. Las inminentes elecciones no colisionan con la necesidad de dar atención a personas que lo necesitan ni anticipar medidas que puedan evitar que más mujeres sean asesinadas o maltratadas por sus parejas. El Ejecutivo que preside Susana Díaz pone sobre la mesa unas iniciativas urgentes y abiertas a que se adhieran partidos, agentes sociales y todo tipo de organizaciones.

De decepcionante se puede calificar la respuesta de la oposición en Andalucía. Partido Popular e Izquierda Unida han emplazado a la Junta a que cumpla con sus competencias (la popular Ana Mestre) y que se deje de propuestas ampulosas (Antonio Maillo, de IU). Si hubiesen contestado lo mismo con los atentados de París, se habría montado un gran escándalo. No se han enterado de la bondad ni de la necesidad de la propuesta. Se plantean estos pactos de Estado porque son políticas que requieren de unidad de todos y de coordinación y colaboración leal de las distintas administraciones. Existe un clamor social y cualquier institución responsable no puede permanecer impasible y de espaldas a esta problemática. En lugar de poner pegas, la oposición debería subirse al carro y favorecer, gracias a la unidad de acción en Andalucía, que estos pactos de Estado fueran una realidad en España. Tanto PP como IU han preferido el regate corto y una mirada desde el rifirrafe electoral en materias tan sensibles para los ciudadanos. Allá ellos. La sociedad andaluza va por delante y con más altura de miras.

Respeto institucional

La vida institucional acarrea una serie de obligaciones. A la toma de posesión de ayer de Susana Díaz como presidenta de la Junta se ausentaron los portavoces de los cuatro grupos de la oposición y enviaron una representación de segundo nivel. Unos no fueron por asuntos personales (Juan Manuel Moreno Bonilla, del PP, celebraba el bautizo de su hijo), otros en cuestiones internas de sus partidos (Juan Marín, de Ciudadanos, y Antonio Maíllo, de Izquierda Unida) y otros no han dado ninguna explicación (Teresa Rodríguez, de Podemos). Con o sin argumentos, lo cierto que su inasistencia a un acto de esta relevancia institucional no va en consonancia con los nuevos tiempos de diálogo y mano tendida para el entendimiento que demanda la ciudadanía. Lo cierto es que habitualmente los responsables de los partidos que no gobernaban no solían acudir a esta cita. Pero también es una realidad que las cosas han cambiado. Tendrán que ser los ausentes y sus respectivas formaciones quienes expliquen este comportamiento.

Resulta curioso que determinados medios pongan el foco en este episodio y no en el contenido del propio acto. Y también es sintomático que conviertan una dejación de responsabilidades o una descortesía en acto de protesta contra la presidenta andaluza. ¿Plantearían un enfoque similar estos medios si no asistieran los representantes de la oposición a otros actos nacionales convocados por altas instancias del Estado? Me atrevo a asegurar que rotundamente no. Se afearía el gesto y se censuraría con dureza la desconsideración de los protagonistas del plantón. Aquí se hace al revés, usando una vara de medir distinta.

Dejemos la anécdota y pasemos a lo mollar, lo importante es la toma de posesión de la presidenta, que abre la puerta al desarrollo normal de la legislatura después de 80 días de bloqueo por parte de la oposición. Susana Díaz ofreció diálogo a los cuatro grupos, apeló a la responsabilidad colectiva y garantizó que gobernará para todos, los que la votaron y los que no. La pelota está en el tejado de la oposición, que deben pasar de la política destructiva a una etapa de construcción que permita que la recuperación llegue cuanto antes a los que peor lo han pasado durante la crisis.

Foto.EFE.

Análisis del 22-M

Ayer hablaron los ciudadanos de Andalucía y su voz se oyó alta y clara. Las elecciones autonómicas han supuesto una victoria clara y rotunda del PSOE en esta comunidad. Os dejó mi análisis en pinceladas de urgencia.

Susana Díaz es la ganadora de las elecciones. Con ella, los socialistas recuperan el primer puesto y lo que es más importante: la confianza mayoritaria de la gente con 47 diputados en la Cámara. El resultado es inapelable: 14 escaños y casi diez puntos sobre la segunda fuerza (PP) y 32 escaños y más de veinte puntos sobre la tercera (Podemos). El PSOE gana en siete de las ocho provincias, en 660 municipios (el 86% del total) y en el mundo rural y también en las zonas urbanas (15 de las 19 ciudades de más de 50.000 habitantes). Después de 33 años ininterrumpidos de gobiernos socialistas, Susana Díaz ha sabido impulsar un tiempo nuevo y una forma de gobernar que rompe con la vieja política.

El gran perdedor de las elecciones es el Partido Popular. Los andaluces han dicho no una vez más a las recetas de sufrimiento y desigualdad que encarna el PP. Han salido derrotados su candidato, Juan Manuel Moreno Bonilla, y también Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno asumió el protagonismo de la campaña, desplazó a su compañero del cartel electoral y, por tanto, el resultado y el fracaso son suyos. El PP ha obtenido el menor apoyo en 25 años y se han dejado en la gatera 17 escaños y medio millón de votos. Poca autocrítica se ha oído en sus filas después del descalabro. Se ha producido un cierre de filas artificial ante el desastre.

Los andaluces han frenado a Podemos. Consiguen entrar en el Parlamento con 15 escaños y un 14,8% de los votos. Este resultado está muy por debajo de lo que pronosticaban las encuestas y de lo que esperaban en la nueva formación política. Se queda en tercer lugar a mucha distancia del PSOE. Han reconocido desde la dirección nacional cierta insatisfacción por situarse por debajo de sus expectativas. Buena parte del electorado potencial ha identificado a Podemos con el radicalismo del Sindicato de Obreros del Campo, con Sánchez Gordillo y Cañamero, y se ha desencantado antes incluso de votarlos. La candidatura de Teresa Rodríguez no ha conseguido llegar al mundo rural.

Ciudadanos han entrado en el Parlamento con nueve escaños cuando hace apenas dos meses apenas si aparecían en los sondeos. Y lo ha hecho con la marca y con un candidato muy desconocido, Juan Marín. Este partido de nuevo cuño ha recogido el voto del desencanto del centro-derecha con el PP. Por primera vez desde hace 25 años, el PP pierde el monopolio en su espectro ideológico: le ha salido un competidor que le ha hecho un boquete en las zonas urbanas.

Izquierda Unida se hunde. De doce escaños pasa a cinco y se queda sin presencia en tres provincias. (Almería, Huelva y Jaén). No ha sabido rentabilizar su presencia en el Gobierno de la Junta, ha pagado sus coqueteos con la convergencia con otras fuerzas, especialmente Podemos, y ha realizado una campaña errónea en la definición de su adversario real. No han sido capaces de interpretar que iban al despeñadero pese a las alertas de todas las encuestas. Antonio Maíllo, su candidato, no han encontrado el registro para llegar a sus tradicionales votantes que se han ido a Podemos. Entre la copia y el original, la gente siempre prefiere lo segundo.