A las madres…

Mis caricias pagaste con exceso,
como pagan las flores en abril;
mil besos, ¡ay!, me dabas por un beso,
por un abrazo tú me dabas mil.
Vuelve; ¡Oh madre!, a mirarme con cariño;
tus caricias y halagos tórname;
Yo de ti me alejé, pero era un niño,
y el mundo me engañó, ¡perdóname!
Yo pagaré tu amor en el exceso
con que pagan las flores en abril;
mil besos te daré por solo un beso,
por un abrazo yo te daré mil.

Antonio Machado

Rosa de fuego

ROSA DE FUEGO
Antonio Machado

Tejidos sois de primavera, amantes,
de tierra y agua y viento y sol tejidos.
La sierra en vuestros pechos jadeantes,
en los ojos los campos florecidos,

pasead vuestra mutua primavera,
y aun bebed sin temor la dulce leche
que os brinda hoy la lúbrica pantera,
antes que, torva, en el camino aceche.

Caminad, cuando el eje del planeta
se vence hacia el solsticio del verano,
verde el almendro y mustia la violeta,

cerca la sed y el hontanar cercano,
hacia la tarde del amor, completa,
con la rosa de fuego en vuestra mano.

Inventario galante

INVENTARIO GALANTE
Antonio Machado

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil
como los juncos lánguidos,
como los sauces tristes,
como los linos glaucos.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano…
Y es alba y aura fría
sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
del río humilde y manso.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano.

De tu morena gracia
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios…
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana
arrancaré los ramos
de florecillas nuevas
a los almendros blancos,
en un tranquilo y triste
alborear de marzo.
Los regaré con agua
de los arroyos claros,
los ataré con verdes
junquillos del remanso…
Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.

* La obra de Antonio Machado ha pasado a dominio público esta semana y es ya de libre acceso en la Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional.

Soñé que tú me llevabas

SOÑÉ QUE TÚ ME LLEVABAS
Antonio Machado

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Cuando sea mi vida…

Ayer se cumplió el 75º aniversario de la muerte de Antonio Machado y el mejor homenaje es recordar su creación poética.

CUANDO SEA MI VIDA…

Cuando sea mi vida,
toda clara y ligera
como un buen río
que corre alegremente
a la mar,
a la mar ignota
que espera
llena de sol y de canción.
Y cuando brote en mi
corazón la primavera
serás tú, vida mía,
la inspiración
de mi nuevo poema.
Una canción de paz y amor
al ritmo de la sangre
que corre por las venas.
Una canción de amor y paz.
Tan sólo de dulces cosas y palabras.
Mientras,
mientras, guarda la llave de oro
de mis versos
entre tus joyas.
Guárdala y espera.

Desde el umbral de un sueño…

DESDE EL UMBRAL DE UN SUEÑO…
Antonio Machado

Desde el umbral de un sueño me llamaron…
Era la buena voz, la voz querida.

-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?….
Llegó a mi corazón una caricia.

-Contigo siempre….Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga.

Desnuda está la tierra

DESNUDA ESTÁ LA TIERRA
Antonio Machado

Desnuda está la tierra,
y el alma aúlla al horizonte pálido
como loba famélica. ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?
¡Amargo caminar, porque el camino
pesa en el corazón! ¡El viento helado,
y la noche que llega, y la amargura
de la distancia!… En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre… El sol murió… ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?

Machado y el flamenco

Mañana se cumplen 71 años de la muerte del inmortal Antonio Machado en Colliure (Francia), donde se exilió huyendo de la involución y el oprobio del alzamiento militar y la Guerra Civil. “Estos días azules y este sol de la infancia“. Éstos fueron quizá sus últimos versos, encontrados pocos días después de fallecimiento en el bolsillo de su abrigo. He rescatado de su legado un poema dedicado al cante hondo, aprovechando que Andalucía está liderando ante la Unesco la declaración del flamenco como patrimonio universal de la humanidad. La Junta, a través de la Agencia para el Desarrollo del Flamenco y de su infatigable e ingenioso director, Francisco Perujo, lleva varios meses en la apasionante aventura de este reconocimiento internacional para esta manifestación del ser andaluz.

CANTE HONDO
Antonio Machado

Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,
el plañir de una copia soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

… Y era el Amor, como una roja llama…
—Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro
que se trocaba en surtidor de estrellas—.

… Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
—Tal cuando yo era niño la soñaba—.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

Homenaje a Antonio Machado

Se cumplen setenta años de la muerte en el obligado exilio de Antonio Machado, poeta con mayúsculas, comprometido con la libertad, y que además nació al lado de mi casa, a escasos cincuenta metros, en el Palacio de las Dueñas, donde la infancia es recuerdo de un huerto claro donde madura el limonero… Aquí va mi modesto homenaje al maestro y al escritor con sentimiento y sensibilidad, comprometido con la democracia y la justicia social…  La lírica en estado puro. Doble referencia en este blog: con Cantares, en el vídeo musicado por Serrat acompañado por Sabina, y con Retrato:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Llueve y llueve

Está lloviendo este año como no se recordaba en Sevilla y en la zona occidental de Andalucía. Hacía tiempo que no teníamos un otoño y un invierno con tanto agua y tanto frío, con fines de semana tan desapacibles que te invitan a quedarte en casa calentito, ora viendo la final del Open de Australia entre Nadal y Federer, ora viendo una película… Y si te dejan hasta una siestecilla. No viene mal este descenso del ritmo frenético cotidiano. Más aún si cabe, me sirve para restañar las secuelas en forma de catarro que me ha dejado la gran mojada y el posterior enfriamiento de la media maratón del domingo pasado. Hoy las inclemencias meteorológicas me van a coger a buen resguardo, rememorando a Antonio Machado viendo la lluvia caer a través de los cristales:

Balada de otoño

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,
sobre los campos, llueve.

Pintaron de gris el cielo
y el suelo se fue abrigando con hojas,
se fue vistiendo de otoño.
La tarde que se adormece
parece un niño que el viento mece
con su balada en otoño.

Una balada en otoño,
un canto triste de melancolía,
que nace al morir el día.
Una balada en otoño,
a veces como un murmullo,
y a veces como un lamento
y a veces viento.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados
sobre los campos, llueve.

Te podría contar
que esta quemándose mi último leño en el hogar,
que soy muy pobre hoy,
que por una sonrisa doy
todo lo que soy,
porque estoy solo
y tengo miedo.

Si tú fueras capaz
de ver los ojos tristes de una lámpara y hablar
con esa porcelana que descubrí ayer
y que por un momento se ha vuelto mujer.

Llueve,
detrás de los cristales, llueve y llueve
sobre los chopos medio deshojados…
Entonces, olvidando
mi mañana y tu pasado
volverías a mi lado.

Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja,
de una balada en otoño.