De vuelta a la Sevilla rancia

Prometer, prometer y prometer… y luego olvidar lo prometido. Se ha pasado años el alcalde electo de Sevilla pregonando austeridad y contención en el gasto. Aún no se ha sentado en el sillón municipal y Juan Ignacio Zoido (PP) ya se ha comido parte de sus palabras liberadoras de lo que la derecha hispalense considera la carcoma social-comunista. Ufano por su rotundo éxito electoral, su señoría anuncia que cambiará farolas y mobiliario urbano de corte vanguardista en plazas y zonas peatonales del casco antiguo por otros elementos más propios de su gusto castizo y cañí.

La ocurrencia tiene varios flancos para la crítica. No se entiende, con las dificultades económicas del momento que vivimos, que nos metamos en semejante gasto, estimado en 400.000 euros, cuando lo que hay se conserva en buen estado. No se puede actuar a golpes de capricho como si el centro histórico de la capital andaluza fuera el salón de su casa. Parafraseando el eslogan publicitario, Zoido y la república independiente de sus farolas fernandinas y los bancos de hierro forjado. Y para rematar el antojo, lo que no vale para el centro se reutilizará en los barrios, una deriva de tono clasista que me molesta aún más.

Por último, le quiere poner una calle a su amigo Antonio Burgos, inveterado periodista y pensador muy moderado, y no seré yo quien niegue sus teóricos merecimientos para tan alta distinción. En el mismo viaje, pretende borrar del callejero a la cineasta sevillana Pilar Bardem por “haber insultado a José María Aznar” durante las manifestaciones contra la guerra de Irak.

Unos movimientos iniciales que pueden resultar anecdóticos pero que indician la impronta de la praxis política de Zoido para los próximos años: tradicionalismo, gobierno para unos pocos (los poderosos) y revanchismo. Vamos a desandar muy rápidamente lo conquistado. Se impone la Sevilla rancia, de color sepia. Amén.

Foto.Qué.

La pluma irreverente de Antonio Burgos

No sé si es por cuestión de edad, zalamería o una elemental falta de educación, lo cierto es que el ínclito Antonio Burgos propende a la descalificación, al improperio, al ataque personal con suma facilidad, con extrema ligereza, con inusitado desparpajo. En su inveterado recuadro, el periodista descerraja todo el cargador de su afilada munición dialéctica contra todo aquel que no comulgue con su visión de las cosas. Se solaza más si los recipiendarios de sus envenenados dardos son socialistas, entonces su prosa llega al éxtasis, su pluma discurre grácil y punzante hasta la agresión. A Bibiana Aído la ha llamado de todo entre chanzas y chascarrillos, a Rafael Velasco lo denominó “cani” y ahora ha considerado “mal nacidos” a aquellos que se han referido al profesor Manuel Olivencia como suegro de Javier Arenas por el asesoramiento de su bufete en el expediente de regulación de empleo de Santana Motor. Sin restar un ápice a la trayectoria ni a la integridad de tan señalado catedrático, a Burgos se la ha ido la mano una vez más en la furibunda y apasionada defensa de sus postulados. Nadie cuestiona los méritos de tan insigne y atildado personaje de la sociedad sevillana al mencionar sus vínculos parentales. Si es más que reprochable la actitud pendenciera de este reconocido columnista por la simplificación o la reducción propias del debate político y periodístico. Cualquiera espera de tan alta magistratura un poco más de talla. El exabrupto y la destemplanza nos empobrecen a todos.

Una carta oportuna

Reproduzco a continuación una carta abierta dirigida por Pepe Barragán, compañero de militancia, al escritor y periodista Antonio Burgos, un columnista que se pronuncia con una ligereza que, a veces, frisa con la insolencia y la falta de respeto en su popular Recuadro. El texto responde a uno publicado por Burgos en ABC de Sevilla donde despacha, con su proverbial insensibilidad hacia las cuestiones de justicia social o que considera de progres, la indemnización de la Junta de Andalucía para las mujeres que fueron vejadas y humilladas durante la directadura franquista por el tan punible hecho de ser esposa, hermana e hija de republicano.

CARTA ABIERTA

Don Antonio, he leído su artículo sobre las indemnizaciones a mujeres vejadas durante la guerra incivil (ABC de Sevilla 26-Sep-2010). Lo primero que me ha llamado la atención es que, del tono de sus palabras se deduce que se siente usted ‘jodido’.

Que usted critique al gobierno socialista de la Junta de Andalucía no es ninguna novedad (me pregunto que de qué hablará usted a partir del día en que un presidente de la derecha se siente en esa presidencia, [que no será Javier Arenas]).

Lo que sí es novedoso es que, para hacerlo, rebusque en los antecedentes familiares de los miembros del Gobierno para lanzarles a la cara la pertenencia de sus antepasados a alguna estructura del Estado franquista, como si en ese Estado se le permitiese a alguien no vincularse a él de cualquier forma y en cualquier actividad. Políticos, empresarios (grandes y pequeños), sindicalistas verticalistas elegidos por la patronal, maestros, médicos, militares, policías, guardia civiles… y periodistas. Todos encuadrados en su organización profesional o en la estructura orgánica correspondiente, pero todos tragando.

Claro está, había quien lo hacía a su pesar y quien disfrutaba con ello. Algún familiar mío se vio obligado a entrar en la Policía Armada (nombre de la época) para escapar del hambre de las tierras extremeñas. Mientras aquí los Beltrán, Colina, Suárez y otros guardias civiles y policías disfrutaban torturando en la Brigada Político-Social.

Don Antonio, le decía que le veía a usted ‘jodido’ y eso puede explicar de qué forma tan clara se ha retratado usted en este artículo.

Abandona usted toda su gracia para el ripio y la rima fácil y acomete su redacción con términos y frases como “Parte de Derrota”, “los que la perdieron” o “Ejército nacional”, todas de indudable significado filofranquista. E intenta compensarlo poniendo en valor a Santiago Carrillo y al PCE de la transición, que están fuera del poder.

Por el primero siento una gran admiración y me honra con su amistad. Respecto del PCE, milité en él bastantes años y se perfectamente lo que dio de sí después de esa transición. Pero no se engañe usted en el solitario ni intente engañarnos a los demás, ¿usted hubiese aceptado de buen grado un gobierno del PCE de Carrillo en la Junta de Andalucía? ¡Anda ya!

Con todo, lo más importante de su artículo no es que critique las indemnizaciones y el reconocimiento, ni tan siquiera el que utilice usted expresiones propias de una ideología totalitaria. Lo peor, lo más indignante es la manera en que trata usted el recuerdo de aquella mujeres vejadas, insultadas, apaleadas, violadas, denigradas y, en muchos casos, al final asesinadas.

“Supongamos que los nacionales (…) vejaban incluso a las muchachas de 16 años…”, dice usted en su artículo. ¿Supongamos?, no, Don Antonio, nada de suponer. Está comprobado: en Fuentes de Andalucía, Josefa González, de 16 años; la hija de la Polonia, de 15 años; la hija de Manuel de la Melliza, de 14 años. Por ellas no se preocupe usted, Don Antonio, no pedirán los 1.800 euros ni el reconocimiento. Fueron asesinadas después de violarlas y arrojadas a un pozo.

Ellas son sÓlo un ejemplo. Lea usted el libro de la profesora Pura Sánchez, ‘Individuas de dudosa moral’ (Ed. Crítica, 2009), y si después no se le cae la cara de vergüenza por su artículo es porque habrá perdido toda capacidad de autocrítica y humanidad.

Pone usted en duda la honestidad y honradez de estas mujeres. Las muestra usted dispuestas a vender su voto por dinero. Las vilipendia, imaginándolas a todas, las que sean, en un geriátrico, llamándolas “pelonas represaliadas”.

¿Sabe?, mi madre, de 86 años, originaria de un pequeño pueblo pacense, no fue vejada ni rapada, pero las vio. Vio atrocidades que no olvidó nunca y que aún recuerda. Ahora vive sola, por propia decisión y atiende su casa en la medida que su fuerza física se lo permite. Me lo contó muchas veces, aunque enseguida me decía aquella frase que el franquismo se encargó de meter en las cabezas de los españoles: “Tú no te metas en nada”. A ella no le ocurrió, de lo que me alegro, pero de haberle ocurrido no tendrían que ir “por los geriátricos buscando pelonas represaliadas”.

Mi suegro, también con 86 años, vive en las mismas circunstancias y, a pesar de todo lo sufrido, aún le quedan ganas y fuerza para estar al frente de su asociación de jubilados. Le quedan fuerzas para eso y para cagarse en los muertos de usted, si llegara el caso (estoy seguro que esto último no le ofenderá ya que es un recurso al lenguaje popular que usted utiliza con frecuencia).

En fin, Don Antonio, que resulta doloroso tener que leer un artículo referido a protagonistas del sufrimiento por culpa de un régimen sanguinario, para que encima usted utilice ese lenguaje soez, muy culto y muy soez, que traducido a la jerga de los jóvenes de hoy día nos haría a todos dudar de su educación, la de los jóvenes, porque la suya ya ha quedado patente.

Como le decía, le veo a usted ‘jodido’. ¡Y yo que me alegro!

Atentamente, José Barragán.