El triunfo del Brexit es una mala noticia para el proyecto europeo. Supone un retroceso en la construcción de una Europa más fuerte, a la que muchos aspiramos pese a los errores de los últimos tiempos. El resultado del referéndum británico es la constatación de que los populismos, sean del signo que sean, han estado siempre en contra del proyecto de la Unión Europea. Y el populismo y la otra cara de la misma moneda, el nacionalismo, siempre han sido la causa de los grandes males de este continente. Cuando el populismo y el nacionalismo han ido de la mano siempre nos ha ido mal en Europa. La historia del siglo pasado está ahí como aldabonazo a nuestra memoria.

La irresponsabilidad de David Cameron de convocar un referéndum cuando no había un clamor social demandándolo puede tener consecuencias nefastas para Reino Unido y para Europa. El triunfo del Brexit se debe a que se han impuesto los mensajes del nacionalismo, el populismo y la insolidaridad. Con mentiras de la derecha irresponsable y de los antieuropeos, el miedo y la ignorancia se han impuesto a la convivencia y a la integración.

Restando no se progresa. Frente al Brexit, tenemos que avanzar en la integración. En la construcción de una Europa mejor, más atractiva, que piense en las personas. Una Europa en la que todos queramos estar porque nos ofrece futuro y oportunidades. Se ha hecho desde Bruselas una gestión nefasta de esta crisis. Una crisis que ha castigado a los más débiles y que ha generado un rechazo y una enorme desafección para con el proyecto europeo. Se han cometido serios errores, se han abusado de los recortes y de políticas insensibles, que sin lugar a dudas se deben corregir.

Por eso, la UE y Merkel deberían tomar nota y abandonar de una vez por todas las políticas que tanto año han hecho a los ciudadanos y, al mismo tiempo, al prestigio de las instituciones europeas. Tenemos que recuperar los valores que inspiraron la construcción de un proyecto común europeo: el progreso, la solidaridad, la cohesión y la justicia social. Ese es el único antídoto para frenar el rupturismo que plantea la derecha nacionalista y antieuropea y también el radicalismo de izquierda. Para ello, hay que reformar lo que no funciona para fortalecer el proyecto europeo. No cabe la marcha atrás, sí un paso al frente con unas políticas más justas y que ayuden a hacer una Europa mejor.

En clave nacional, deberíamos sacar conclusiones del fiasco del referéndum británico. Cameron convocó un referéndum en el que no creía y el tiro le ha salido por la culata. Cameron ha defendido el remain (permanecer) y ha triunfado el leave (abandonar). Su partido, el Conservador, se ha partido en dos, él ha tenido que presentar su dimisión tras un fracaso tan sonoro y lo que es más grave: Reino Unido entra en una grave crisis institucional que no se sabe cómo terminará. Aquellos que en España quieren hacer referendos de autodeterminación deberían aprender la lección de Cameron, sobre todo si dicen (con la boca muy chica) que no quieren la ruptura del país más antiguo del Viejo Continente. No se puede dar alas a consultas que producen división, que en el caso español no tienen soporte legal y que no conducen a ningún sitio. Ojo con aquellos que no les importa echar gasolina al fuego. Luego las consecuencias son incalculables.

El Brexit no es inmediato (se abre un periodo de transición de dos años) pero puede tener efectos negativos en Andalucía: para las exportaciones, para el turismo, para los andaluces que trabajan en Gibraltar o los que han emigrado a Reino Unido. También para los británicos que viven en la Costa del Sol y otros rincones de esta tierra. Como andaluz y adoptivo del Campo de Gibraltar por vía conyugal, pienso en los 7.000 trabajadores de esa zona que todos los días cruzan la verja para ganarse la vida. Tranquilizan las palabras de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, de estar vigilante en la defensa de sus derechos y su futuro, en particular, y de los intereses de Andalucía, en general.

Anuncios

Demasiada fanfarria

octubre 23, 2015

¡Mariano eres el mejor, Mariano eres el más grande! Sólo les faltó a los principales dirigentes europeos conservadores un soniquete de fondo de pasodoble para aclamar a su hombre con vistas a las elecciones generales del 20 de diciembre. En el coro participaron desde la jefa del club, Angela Merkel, hasta el xenófobo y ultraderechista presidente de Hungría, pasando por el condenado Silvio Berlusconi o Nicolás Sarkozy… En Madrid se daban cita lo más granado de la derecha europea para respaldar a Rajoy en un aquelarre de vítores y piropos. Para los próceres conservadores del Viejo Continente el presidente español encarna el milagro de la recuperación y del buen hacer de la ortodoxia de la austeridad a ultranza, muy a contracorriente de lo que piensan la mayoría de los españoles. Y otros muchos ciudadanos del sur de Europa: en Italia, Grecia y Portugal se ha impuesto en las urnas una mayoría social progresista contra el austericidio.

Coincidió esta verbena de conservadora con la divulgación de los datos de la Encuesta de Población Activa correspondiente al tercer trimestre de 2015. Un estudio que sitúa la tasa de paro por debajo de los cinco millones y 298.200 personas menos en el desempleo. Bienvenida la evolución positiva y ojalá la reactivación económica acabe de prender y nos permita salir del largo túnel de sufrimiento que nos ha dejado la crisis económica. Fanfarria aparte, la EPA deja varios indicadores estremecedores que la propaganda del Gobierno y el PP: cuatro años después hay casi 105.000 ocupados menos en España (18.153.000 de 2011 frente a los 18.048.700 de 2015) y, gracias a la reforma laboral, el trabajo es más precario (350.000 contratos indefinidos menos) y muchos trabajadores con empleo tienen salarios tan bajos que no llegan a fin de mes, con lo que se ha disparado de la tasa de pobreza. En fin, no hay tanto que celebrar…

Foto.Telecinco.

Europa no reacciona

septiembre 16, 2015

No se dieron mucha prisa en Bruselas para convocar una cumbre de países de la UE sobre la crisis de los refugiados por la guerra en Siria e Irak. Se tomaron catorce días para afrontar la emergencia humanitaria por el avispero en el que se ha convertido Oriente Próximo. Se aplicaron el dicho popular de ‘vísteme despacio…’ y que sigan esperando los que sufren en las fronteras o en tierra de nadie. En ese tiempo se ha agudizado la presión de los desplazados que huyen de la muerte y el terror. Sin embargo, el resultado de ese encuentro de los estados miembros no ha podido ser más decepcionante. Desacuerdo entre los socios de la Unión en la distribución del contingente de 120.000 nuevos desplazados. Da vergüenza tanta insensibilidad, tanto pensar en uno mismo. Se deja la resolución del conflicto sobre la mesa por puro egoísmo. España, entretanto, permanece agazapada esperando a que se mueva Bruselas o Alemania con un presidente Rajoy que ni lidera ni quiere liderar. Y es que en el PP existen posturas enfrentadas ante la acogida de sirios y mejor se cobijan bajo la sombra de Merkel. Europa (o sería mejor decir sus dirigentes) no reacciona y se sigue debilitando el proyecto compartido. Se deja hacer a los socios al margen de los principios fundacionales de la UE. El caso más evidente es el de Hungría. Su respuesta a la crisis no tiene nombre: tratan a los expatriados que llegan a su país como delincuentes. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y otras voces cualificadas piden sanciones a los que no cumplen con estos principios. No puede ser, ha dicho la dirigente socialista con toda la razón, que se castigue a los que sobrepasan el objetivo del déficit y no se haga lo mismo con los que desoyen las directrices comunitarias en materia de desplazados. Al día de hoy, la UE carece de política de asilo y refugio. Una vez ha quedado demostrado que hace falta más Europa, una Europa que se sobreponga a los intereses particulares de los estados.

Refugiados

septiembre 10, 2015

Ya se conoce el cupo de refugiados sirios y de otros países en conflicto que tendrá que acoger España. Entre el nuevo contingente y el asignado en mayo asciende a 17.680 personas que huyen de la guerra y el terror que impone el fanatismo de Estado Islámico las que llegarán en próximas fechas a nuestro país. España acogerá a un desplazado por cada 2.540 habitantes. A una ciudad como Sevilla le correspondería albergar 275 refugiados si se hiciera un reparto puramente aritmético. Con estos datos, quedan en evidencian argumentos peregrinos manejados por el Gobierno y el PP como que la recepción de estos asilados pondría en riesgo la teórica recuperación económica. Y es aún más evidente el disparate porque la Unión Europea cubre el 60% del coste la atención a los expatriados. Nuestro país sólo tendrá que poner unos 4.000 euros por desplazado, según cálculos del economista Emilio Ontiveros en la Cadena Ser. De este modo, la atención representaría unos 70 millones de euros. ¿No es una cantidad insignificante para una administración general del Estado con un presupuesto de gasto para 2016 de casi 315.000 millones de euros? No es más que el 0,0002 del total. El guirigay interno en las filas de la derecha ha respondido, por tanto, a un prejuicio ideológico más que a una reflexión sustentada con rigor intelectual. Un hecho que pone sobre la mesa una vez más la falta de sensibilidad del Gobierno y el PP ante crisis humanitarias como la que estamos viviendo. Se han puesto demasiadas excusas economicistas falsas cuando detrás de todo ese discurso se halla un posicionamiento político excluyente e insolidario. Al final, los tirones de orejas por parte de Merkel y la tozuda realidad han metido en razón a Rajoy y los suyos.

Viñeta.– Ricardo en El Mundo.

De piñón fijo

julio 25, 2015

Viendo la viñeta de El Roto me ha acordado de Angela MerkelMariano Rajoy, Cristóbal Montoro, de la troika, de los burócratas de Bruselas… De todos aquellos que siguen a piñón fijo emperrados en el camino del austericidio pese al sufrimiento que ha causado a millones de personas en el Viejo Continente. Saben que no es el camino adecuado pero no cambian el rumbo.

Irrelevancia

julio 14, 2015

España ha perdido fuerza en Europa. No es una valoración subjetiva, sino un hecho objetivo. Lo reconocen incluso medios de orientación conservadora. Mariano Rajoy está situando al quinto país en la Unión Europea por teórico peso político, económico y demográfico en la irrelevancia. El presidente del Gobierno ha asistido como convidado de piedra a las negociaciones entre las instituciones europeas y Grecia. Ha apostado por la comodidad quedándose bajo la alargada sombra de Angela Merkel, actuando como simple monaguillo que esparce el incienso en los altares del austericidio. ¿A quién sorprende que Rajoy se ponga de perfil y deje hacer? No ha alzado la voz contra unas políticas que se dictan desde Berlín y que se han vuelto a cebar con el pueblo griego, como antes ocurrió con el portugués, el irlandés o el español. Ha demostrado pintar poco en el concierto europeo. Entre los líderes europeos, tan sólo François Hollande y Matteo Renzi han buscado desde la socialdemocracia frenar las ansias revanchistas de un neoliberalismo que campa a sus anchas por el nuevo continente. Al político gallego ni está ni se le espera en estas lides. Una realidad que como español me produce tristeza, sobre todo, por esa manera pusilánime de cruzarse de brazos mientras que el proyecto europeo se resquebraja.

Si el papel casi de extra desempeñado en la crisis griega ya nos escandalizaba, el jarro de agua fría recibido al perder la tan cacareada presidencia del Eurogrupo confirmó el rol testimonial en el tablero europeo en el que ha quedado España. Rajoy y sus altavoces mediáticos habían vendido sin cesar que el ministro de Economía, Luis de Guindos, era el candidato bendecido por Merkel para este organismo europeo. Era la demostración del ‘poderío’ de Rajoy ante Bruselas. A la hora de la verdad, el español se quedó compuesto y sin cargo. España cuenta con menos presencia institucional desde la llegada del PP a la Moncloa. En 2012 perdimos la plaza que teníamos en el Banco Central Europeo y en el reparto de la nueva Comisión cedimos una vicepresidencia que ostentaba Joaquín Almunia a cambio de una cartera de menor peso para Arias Cañete pensando en el ciento volando de la futura Presidencia del Eurogrupo. Al final, todo quedó en nada, Rajoy tropezó y se le cayó el cántaro de leche. ¿Qué hubieran dicho el PP y determinados medios de comunicación si este fiasco le hubiera pasado a Rodríguez Zapatero? Lo habrían despellejado políticamente hablando. Pero esto de Rajoy para algunos no es un fracaso, la culpa es de la oposición. ¡Qué tropa!

El mal negocio griego

julio 13, 2015

El culebrón sobre la permanencia de Grecia en el euro ha terminado con acuerdo. Quizá se haya puesto el the end en las instituciones europeas pero en el país heleno podría ser un continuará. Para este viaje no hacían falta estas alforjas. El resultado final ha sido peor que las propuestas intermedias rechazadas por el Gobierno de Alexis Tsipras en esta intrincada negociación. Cierto que se ha conseguido un tercer rescate por valor de 50.000 millones a cambio de medidas drásticas en condiciones laborales, pensiones, subida del IVA y privatizaciones. Justo lo que ellos criticaban a sus antecesores y condujo a Syriza a una victoria amplia en las elecciones de enero pasado. No habrá ni quita ni reestructuración de la deuda en tanto en cuanto Atenas no cumpla con lo firmado. Y por si no fuera suficiente, los 50.000 millones irán llegando en función de que el  Gobierno griego vaya privatizando activos públicos para amortizar la deuda. Se ofrece liquidez con la contrapartida de certificaciones de venta de patrimonio público, algo así como ocurre en los créditos hipotecarios en las promociones inmobiliarias.

Un mal acuerdo que hace inexplicable la celebración del referéndum. El amplio triunfo del ‘no’ se ha convertido en papel mojado. No ha valido para nada y ha desairado a un electorado que se le vendió una quimera. Lo conseguido puede aliviar momentáneamente las arcas helenas a costa de castigar más a los ciudadanos. El gran perdedor de esta inexplicable estrategia del Ejecutivo heleno es su propio pueblo, víctima de la insensibilidad de las instituciones europeas, especialmente de la inflexible Alemania, y de la irresponsabilidad de sus mandatarios, que no han sabido jugar la partida y sus faroles se les han vuelto en su contra. ¿Para qué convocó Tsipras una consulta, ya de por sí discutible, si encima desoye el resultado y acepta un acuerdo que empeora los requisitos para recibir la ayuda de Bruselas? Esa es la cuestión que tiene que dilucidar éste en el seno de su partido, Syriza, que se debate en una fuerte crisis por predicar el asalto de los cielos y darse de bruces con la realidad de la gobernanza de situaciones complejas. Cualificadas voces de Syriza cuestionan los vaivenes de Tsipras e incluso el ministro de Trabajo anuncia nuevas elecciones tras el mal negocio protagonizado por su jefe de filas. A Grecia le toca seguir viviendo un drama.

Foto.eldiario.es. Angela Merkel y Tsipras, con François Hollande de espaldas.