Camps y su república bananera

El Partido Popular hace de su capa un sayo en la Comunidad Valenciana. Podría coger el guante que siempre lanza Javier Arenas por estos pagos y hablar directamente de régimen, pero con argumentos solventes y palmarios. Esta comunidad visualiza un sistema político en decadencia, marcado por el autoritarismo, lastrado por el despilfarro del dinero público y por un endeudamiento récord en el conjunto del mapa de las autonomías y cruzado por innumerables casos de corrupción. Una situación que se remonta en el tiempo y que se ha agravado en las últimas fechas: de los desmanes de Eduardo Zaplana a los atropellos estrafalarios de la era Camps.

Desde el estallido del caso Gurtel, el mayor de la historia de España y con profundas ramificaciones a la ribera del Turia, el castillo de naipes que era el entramado institucional montado por los populares se ha venido abajo. Repasando los acontecimientos de los últimos días, el nerviosismo, la bravuconería y lo arrabalero campan a sus anchas en el seno del Gobierno valenciano y el partido que lo sustenta:

  • Crisis institucional en las Cortes: un presidente en funciones de la Cámara expulsa al portavoz socialista al grito de “aquí, quien ordena cuándo se habla soy yo“. El vicepresidente Maluenda amonestó al socialista Ángel Luna por querer formalizar una queja por el desarrollo de un debate.
  • Juan Cotino, vicepresidente del Gobierno valenciano, insulta gravemente a una diputada de la oposición. La llama hija de puta usando un eufemismo y un día después le pide disculpas ante el clamor de los medios de comunicación por la inaceptable barrabasada.
  • El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) anula el nombramiento en 2007 de Pedro García como director general de Ràdio Televisió Valenciana (RTVV), cargo que ostentaba desde 2003. La sentencia considera que la renovación de García se produjo de forma irregular. Por cierto, que éste dimitió a finales de agosto del año pasado al verse salpicado por el caso Gurtel, de cuyos cabecillas obtuvo suculentos regalos.
  • El secretario general de RTVV, Vicente Sanz, otrora alto dirigente del PP de aquella comunidad, ha sido suspendido cautelarmente de sus funciones después de conocerse que tres trabajadoras de la cadena autonómica de televisión le hayan denunciado por acoso sexual.
  • Las peripecias turbias del capo Carlos Fabra en Castellón dan para escribir varios volúmenes. Los casos se acumulan en los juzgados mientras el dirigente popular hace y deshace en su provincia con métodos de otras épocas de palo y tentetieso. Cada día se escribe un nuevo episodio de esta truculenta saga.
  • Francisco Camps se escabulle del control de la oposición haciendo uso y abuso de su mayoría absoluta. El viaje que el president de la Generalitat realizará la próxima semana con una misión comercial de empresarios a Brasil le salva de acudir a la sesión de las Cortes Valencianas.

Este somero repaso de asuntos candentes en la agenda pública en Valencia durante esta semana nos ofrece una visión nada gratificante de la situación política, con una democracia herida y zarandeada por sus rectores. Desde el punto de vista institucional, el PP está convirtiendo esta comunidad en una república bananera. Mi compañero Ángel Luna prefiere hablar de escenario comparable a la Sicilia profunda o a Calabria.