De cómo meterse en un jardín

La directora de la Agencia Tributaria se metió solita en un empantanado jardín. A Beatriz Viana le tocó lidiar el morlaco de negar los beneficios de la amnistía fiscal para el ex tesorero del PP Luis Bárcenas. Le temblaba la voz, puso un ejemplo sin pies ni cabeza y encima, una vez acabada la rueda de prensa, reconoce con el micro aún abierto que no sabe ni lo que ha dicho, que incluso haya podido deslizar una “barbaridad”. Hay días que mejor no levantarse.

Cuando Bárcenas era inocente…

Entrevista Javier Arenas sobre Bárcenas

De lo que algunos (Javier Arenas, por ejemplo) decían ayer a lo que conocemos hoy:

El País: Los papeles secretos de Bárcenas. Figuran numerosas donaciones de constructores, entre ellos tres imputados en Gürtel, y retribuciones opacas a los principales dirigentes populares. El PP lo niega y anuncia acciones judiciales (colectiva del partido y particulares de los nombrados) contra este medio.

El País: El ex tesorero blanqueó con la amnistía fiscal 11 millones.

El Mundo: Bárcenas blanquea casi 20 millones pagando 1,4 y sin explicar su origen.

Un fiasco de amnistía fiscal

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El Gobierno de Rajoy ha fracasado con estrépito con la amnistía fiscal. Ha conseguido aflorar una cantidad muy inferior de dinero negro a la deseada y, por tanto, ha recaudado en concepto de penalización sólo 1.198 millones de euros, muy lejos de los 2.600 previstos. La medida resulta un fiasco en cuanto a sus objetivos y una vergüenza en su filosofía. Premiar a los que han estado engañando, o mejor dicho estafando, a la sociedad española resulta siempre una inmoralidad y una doble injusticia en los tiempos que corren donde todos los ciudadanos hemos sufrido un aumento de la presión fiscal.

Por mucho que lo niegue el gobierno este revés en la afloración de caudales por parte de los evasores fiscales tiene mucho que ver con la no revalorización de las pensiones. Si la campaña de blanqueo institucionalizada por el Ministerio de Hacienda hubiera dado los frutos, posiblemente los pensionistas no habrían perdido poder adquisitivo. El Ejecutivo de la nación puso demasiadas expectativas en el supuesto civismo y el arrepentimiento de los defraudadores. Como en casi en todo, sus pronósticos no han sido acertados. Lo correcto es combatir seriamente el fraude fiscal y no poner paños calientes: si se sacara a la luz todo el dinero negro y el que se coloca en paraísos fiscales en España no habría que hacer recortes.

Se ha recaudado poco y todo se lo quiere quedar la administración central, aunque el sistema de financiación, que es ley, contempla que impuestos como el IRPF y el IVA se reparten a partes entre Gobierno y autonomías. En ese sentido, el presidente de la Junta plantea el cumplimiento de la legislación vigente: que el IRPF se reparte al 50% y, como Andalucía no reguló ninguna amnistía fiscal sobre la tarifa autonómica de dicho tributo, estudiar si tienen que pagarla o no quienes en esta comunidad se han beneficiado de este indulto fiscal.

Los medios de la derecha, cada vez más militantes de una ideología y más distante de la función social del periodismo, se escandalizan porque Andalucía reclama su parte del dinero negro defraudado, que es un dinero que tendría que haber entrado en su día en las arcas autonómicas para sufragar los servicios públicos, y censuran esta iniciativa de Griñán cuando en su día aplaudieron hasta con las orejas la amnistía fiscal de Rajoy. Eso de aplicar el mismo rasero no va con ellos. Ad kalendas græcas.

Viñeta.- Los calvitos en http://www.elplural.com.

Injusta fiscalidad

No es noticia. Sabemos casi desde siempre que el esfuerzo fiscal está mal repartido. Todos aquellos que estamos sujetos a nómina soportamos un mayor peso. En cambio, profesiones liberales y empresas no tributan en consonancia con sus ingresos. Las generalizaciones acarrean rotundas injusticias, seguro que hay excepciones muy honrosas que cumplen con sus deberes ciudadanos. Pese a este evidente desequilibrio tributario, todavía me sorprendo cuando se difunden datos oficiales que certifican la envergadura del agravio que padecemos los empleados por cuenta ajena. El último guarismo es descorazonador: las empresas pagaron sólo por impuestos el 11,6% de sus beneficios en 2011. Es decir, por un salario mileurista un currito tributa un porcentaje similar. ¡Tremenda injusticia! Arranca la información de El País que me ha soliviantado reconociendo que “hasta ahora las normas tributarias españolas han sido bastante indulgentes con las empresas, sobre todo con los grandes grupos“. No hace falta que lo jure. Ahí tiene Rajoy un filón enorme para recaudar y no cargar las tintas contra los de siempre.

PD.- Y, por supuesto, que el Gobierno derogue la amnistía fiscal. Es impresentable que se premie al defraudador. Al que no cumple con sus obligaciones fiscales, hay que perseguirlo. Es la hora de una lucha intensiva y eficaz contra el fraude fiscal.

Así no se crece

Me arde la sangre con la amnistía fiscal arbitrada por el Gobierno de Rajoy. Y aún más cuando se produce en plena campaña de la renta y se está estudiando elevar el IVA de productos de primera necesidad (pan, leche, fruta, etc.) mientras se les da barra libre, con muy escasa carga impositiva, a aquellos que han estado defraudando al conjunto de la sociedad española. Una amnistía fiscal, por tanto, más injusta y más insolidaria si cabe. Menos mal que el PSOE ha presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional para poner freno a este despropósito. A la gran mayoría se nos escapa por qué en lugar de perseguir el fraude, se perdona a estos desaprensivos que han estado haciendo trampas.  Esta dispensa a los grandes defraudadores es moralmente inaceptable. La amnistía no es sólo injusta, sino que podría ser ilegal porque vulnera los principios de igualdad, progresividad y proporcionalidad que ampara en su artículo 31.1 nuestra carta magna.

En este contexto suena aún peor el anuncio del presidente del Gobierno de España sobre nuevas medidas económicas “difíciles”. Tras este enésimo eufemismo se ocultan nuevos recortes que supondrán sin duda más sacrificios para la ciudadanía y más depresión para nuestra economía. No es ése el camino. Los recortes sólo están empeorando la vida de los ciudadanos, empobreciendo los servicios públicos, lastrando el consumo, estrangulando nuestra economía y creando más paro. Una vez más, se echan de menos políticas de estímulo económico. Con recortes no se avanza. Ya no se pueden hacer recaer más esfuerzos sobre las espaldas de las clases medias y trabajadoras. Esta crisis, por desgracia, no la están pagando sus responsables.

Dinero indecente

Estamos en la campaña de la renta. Como millones de españoles, acabo de pasar por ventanilla para entregar mi declaración. Mientras que la inmensa mayoría cumplimos con nuestra obligación con el fisco, el Gobierno de España legaliza el blanqueo de dinero negro en metálico hasta el 30 de noviembre, una medida que supone una agresión al sentido común y al común de los mortales que pagamos impuestos. Ya no tenía un pase la amnistía fiscal aprobada hace dos meses, pero su desarrollo reglamentario ha profundizado en el error y en la injusticia. El Ejecutivo de Rajoy da barra libre al dinero negro sin importarle su procedencia. La norma aprobada permite que no se conozca el origen de estos fondos ni la forma en que se han conseguido. Se puede aflorar recursos económicos obtenidos por actividades ilegales como el narcotráfico o el robo, y Hacienda mirará hacia otro lado. Una burla a los contribuyentes en toda regla. Menudo ejemplo para la gente que religiosamente abona sus tributos y para la convivencia en sociedad. Ya era fuerte que los que han estado haciendo trampas durante años sólo se les grave con el 10%, cuando los que tenemos nómina pagamos el doble o más. Sin embargo, este nuevo paso supone perder el pudor y los escrúpulos. ¿No sería mejor combatir de verdad el fraude fiscal y que paguen los sinvergüenzas? Con tal de coger un puñado de euros les da igual que vengan manchados de sangre, dolor o indecencia. Impresentable.

De coquinas y cuervos

No hace falta tener dotes de adivino para pronosticar que habría pasado si los últimos recortes y los últimos embustes de Mariano Rajoy se hubieran conocido antes del 25 de marzo. El resultado de las elecciones autonómicas habría sido otro y Javier Arenas estaría ya cogiendo coquinas en las playas de Punta Umbría. La deliberada estrategia de dilación escondía una brutal agresión a las familias y las clases medias y trabajadoras: ajuste de 27.300 millones de euros en los Presupuestos Generales, una amnistía fiscal para los grandes defraudadores para insulto de los que pagamos religiosamente nuestros impuestos y una poda adicional de 10.000 millones en educación y sanidad (y eso que el inquilino de la Moncloa prometió que no metería la tijera en estas partidas). Con estas tres nuevas (infames) variables más la primera remesa de demolición del estado del bienestar de 15.000 millones en diciembre, la subida de impuestos (incumpliendo todas las promesas del PP) y la agresiva y regresiva reforma laboral habrían conducido a Javier Arenas a un fracaso aún más rotundo e inapelable que el cosechado hace unas fechas. El escaso punto de ventaja de las urnas se habría convertido en varapalo de dimensiones impresionantes.

Ya sabíamos que tanta demora calculada ocultaba una tala inmisericorde de derechos ciudadanos y servicios públicos. Tanto tacticismo de los gurús del Palacio de la Moncloa no sólo no ha deparado réditos electorales a los peperos, sino que ha aumentado la ira de los mercados. Se presentan unos presupuestos injustos e insolidarios el 30 de marzo y nueve días después el propio Gobierno se hace una enmienda a la totalidad a su propio proyecto con un recorte extra de 10.000 millones en servicios públicos fundamentales como educación y sanidad. Todo para calmar a ese ente invisible e insaciable que responde al nombre de mercados. La reacción de esta hidra financiera ha sido justo la contraria: pese a los nuevos sacrificios concedidos por Rajoy sobre el altar del pensamiento único, los especuladores redoblan su acoso hacia las finanzas españolas. Eso es lo que nos pasa por dar de comer a los cuervos… Te acaban sacando los ojos. Y lo que más duele: no hacemos nada por evitarlo.

Hachazo a los de siempre

Por fin parió Rajoy los presupuestos generales del Estado. Hecho público a grandes rasgos su injusto contenido, se explica el interés del Partido Popular en demorar su presentación hasta pasadas las elecciones autonómicas de Andalucía (y Asturias). Si se llegan a conocer antes del 25-M, el hundimiento del PP habría sido total. Llegan con el mayor recorte de derechos y servicios públicos de la historia (27.300 millones de euros menos) y con un regalito para los grandes defraudadores. Castigo brutal para los de siempre (clases medias y trabajadoras), amnistía fiscal para los que han amasado dinero negro y bula para las grandes fortunas y los bancos. Las cuentas para 2012 ofrecen una respuesta muy de derechas para salir de la crisis, una respuesta que dinamita conquistas y que abona el crecimiento del paro. Los presupuestos conducen a la asfixia económica, abortan cualquier atisbo de recuperación y nos condenan al atraso. El hachazo, impuesto por Merkel y la UE, es tremebundo. Nos harán más pobres, liquidarán la igualdad de oportunidades, aumentarán la brecha social entre ricos y clases medias y trabajadoras y pondrán los servicios públicos en manos privadas. El resultado de la ecuación no puede ser más nefasto.

A los grandes defraudadores se les da un trato exquisito. Sólo se les gravará con un 10% del dinero que afloren. A los de a pie nos suben el IRPF (trabajadores y pensionistas con ingresos medios pagamos más del 20% o un 21% por los ahorros que tenemos en un depósito bancario), también incrementan el IBI y, por si no fuera suficiente, desde abril pagaremos un 7% más por la luz, un 5% más por el gas y se crea una tasa para acudir a la justicia. Más carga para los que ya sufrimos presión fiscal y premios para los que han estado estafando a la sociedad española no abonando lo que debían. No ha mucho, apenas un año, Rajoy tildaba de “ocurrencia” y Cospedal de “impresentable” (para que no se olvide, están las hemerotecas y YouTube) una hipotética regularización fiscal que no se llegó a producir. Otro engaño más a sumar a los que ya nos han obsequiado. Sería más ejemplarizante perseguir el fraude fiscal y la economía sumergida. ¿Qué pensaran los ciudadanos que han pagado religiosamente sus impuestos? El Gobierno de Rajoy, tan magnánimo con los de arriba y tan implacable con los que tenemos nóminas.

De más a más. Reducen en 5.300 millones las partidas para sanidad, educación y dependencia. Otro rejonazo a las economías de las familias que necesitan unos servicios públicos eficientes y que garanticen la igualdad de oportunidades. Si se dejan de prestar servicios sanitarios, si eliminan becas o si se dejan de atender a personas en situación de dependencia, otro golpe a los que tenemos nóminas. Además, se le traspasa el marrón a las comunidades autónomas, que son las que tienen transferidas estas competencias.

Otro dato espeluznante: 1.500 millones menos para políticas de formación para desempleados. La caída de más de un 21% en educación más el desistimiento del Gobierno en reciclaje para los parados desembocan en una sociedad menos preparada. Si descapitalizamos el capital humano, dando oportunidad sólo a aquellos estudiantes de familias con recursos, y no formamos a los parados para reinsertarlos en el mercado laboral se nos presenta un futuro de aúpa.

Con este proyecto, más la lesiva reforma laboral, el Gobierno de Rajoy nos dirige hacia el abismo. Los milagreros de la oposición se han tornado en los enterradores de nuestras conquistas sociales y del estado del bienestar. Sus políticas se traducen en involución y en carga adicional para los de siempre. El único objetivo de estos presupuestos es reducir el déficit, las personas no contamos. Mientras se recorta en lo importante, se mantienen prácticamente los gastos de Defensa, no se le exige a la Iglesia que pague impuestos como cualquier hijo de vecino y ni se mira a las grandes fortunas. Más que unas cuentas para una economía de guerra, como se puede leer en un periódico conservador, constituyen una auténtica “declaración de guerra” (Gaspar Llamazares).