Amistad a lo largo

AMISTAD A LO LARGO
Jaime Gil de Biedma

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.

Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.

Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

* Un poema dedicado a mi amigo Joselín (José Muñoz Sánchez) in memoriam.

Un hombre bueno

Esta foto recoge el momento de la despedida real, la última vez que nos vimos. Hoy le hemos dicho adiós oficialmente, pero siempre estarás ahí, presente en nuestro recuerdo, querido Juan. Ese último abrazo llevaba un mensaje entre líneas, la rúbrica de años de sincera y profunda amistad con los puntos suspensivos del hasta siempre.

Juan Ayllón Campillo era un tipo de una pieza, en términos machadianos, en el buen sentido de la palabra, bueno, muy bueno, una persona servicial a prueba de bomba, la palabra ‘no’ nunca tuvo un hueco en su vocabulario ni en su forma de entender la vida, siempre dispuesto a ayudar en cualquier momento y en cualquier circunstancia, daba sin pedir nada a cambio, siempre entregado a los demás aunque éstos a veces, muchas veces, no lo trataran como él realmente se merecía, su bondad no entendía de resentimientos. Generosidad a raudales, lealtad inquebrantable, coherencia al máximo exponente, fiel a sus ideas y a las esencias del socialismo transformador, amigo de sus amigos, de fiar…

Una persona única, irrepetible, que nos dice adiós y nos deja muchas lecciones de las que aprender. En lo humano y también en lo profesional. Un trabajador infatigable, con conocimientos y preparación, cumplidor y de palabra, le gustaban las cosas bien hechas y no cejaba en el empeño hasta conseguirlo, se sentía incómodo con las chapuzas y las improvisaciones. Un lujazo trabajar con alguien que te transmitía seguridad y serenidad, que destilaba saber, confianza y pasión. Me lo refería esta mañana Lola, su esposa y compañera de tantos años, muchas veces no lo han valorado como le habría correspondido en justicia. Quizá fuera así por su humildad, su bonhomía y su escaso afán de protagonismo. Pero para quienes lo conocíamos de verdad (y lo queríamos) era alguien irreemplazable. También en esta faceta era bueno, muy bueno, DEP.

Foto.- Es del 31 de enero. A Juan se le notaban ya los estragos de la enfermedad. Fue una visita sorpresa preparada con Lola de Paco Perujo y quien suscribe, los doctores como él nos llamaba y servía de nombre a nuestro grupo de WhatsApp. Un momento de emociones, muchas emociones…

Se piange, se ridi

SE PIANGE, SE RIDI
Ángeles Mora

Te diré que no supe si reír o llorar
después de todo
pero estaba feliz,
demasiado feliz, sospecho ahora.
Recuerdo que me hablaste
de que empezaba a amanecer,
el cielo parecía algodón sucio.
Lo más inolvidable será siempre
el aire fresco y dulce que crecía,
igual que una caricia, entre dos luces.
Yo estaba sola
y tú quisiste ser mi amigo:
que esto no rompa la amistad, dijimos.

Pero fue hermoso más que un sueño,
mucho más inquietante que un puente entre la bruma
y aquel coche sin duda más maravilloso
que un bosque de la Alhambra
y tu corazón más hondo y más extenso
que el manto de la aurora
cuando llorando me asomé al balcón
de tus ojos.

Por eso ahora escuece la distancia
como ella sola y el deseo -cruel-
asoma cada minuto
-con el peligro que eso entraña
para una sencilla amistad-
ahora no puedo menos que aceptar
lo que fue un verdadero error de cálculo:
esta suave tristeza insoportable
con la que no contábamos.

Ángeles Mora, ganadora de la LXI edición del Premio de la Crítica de poesía en castellano (2016).

Cogí el vestido que tanto le gusta…

COGÍ EL VESTIDO QUE TANTO LE GUSTA…
Almudena Guzmán

Cogí el vestido que tanto le gusta
a mi amigo
cogí el vestido y volaron mariposas
y lo enredé en mi pecho
con tres deseos de hiedra.

(A las velas del barco blanco
que no me olviden,
al pájaro que no me cante en la rama
de la flor del dolor
y al agua que mi amigo me llame
cuando lo lave.)

Los adioses

LOS ADIOSES
Rosario Castellanos

Quisimos aprender la despedida
y rompimos la alianza
que juntaba al amigo con la amiga.
Y alzamos la distancia
entre las amistades divididas.

Para aprender a irnos, caminamos.
Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,
los verdeantes prados.
miramos su hermosura
pero no nos quedamos.

Foto.– Alberto Montejo.

Recordando a un amigo

Alejandro Álvarez Beigbeder y Miguel Ángel Vázquez

Hoy mi amigo Alejandro habría cumplido años. Pocos, sólo 48. Era muy joven cuando esa fatídica enfermedad le segó la vida no hace aún ni cinco meses. El cruel cáncer vino de frente y los tratamientos médicos no pudieron derrotarlo. Su lucha fue infructuosa y el 30 de diciembre se apagaba su llama. Menudo mazazo, un desgarro, una injusticia. Su recuerdo me acompaña a diario. El dolor de su pérdida no se mitiga y pienso en María, su mujer, y en Ale, su hijo. Hay golpes que dejan huella, profunda y sentida. Imborrable.

Nuestra amistad prende con naturalidad, arraiga y se cultiva al margen de las mudanzas familiares. Éramos (¡cuánto me gustaría decir somos!) dos colegas por encima de avatares y la distancia. No necesitábamos vernos para saber que estábamos ahí. Forjamos una alianza a prueba de fuego, sólida, sincera y duradera, con noches de parranda compartidas, confesiones personales e intransferibles, gustos musicales y literarios parecidos y episodios vividos por la experiencia del otro. Y un profundo cariño y mucha empatía.

Ojalá te viera saborear una coca-cola muy fría, es “un placer inenarrable”, decías, ojalá pudieras explotar tu pasión de madurez por el piano, ojalá pudieras disfrutar del inminente concierto de rock sinfónico en el calendario y, sobre todo, ojalá pudieras ver crecer al retoño fruto de tu amor con María… Se me agolpan muchos y bonitos recuerdos. Tal día como hoy hace 16 años acompañé a María a comprarte tu regalo, unas gafas de sol, por los soportales de la Avenida de Cádiz. En ese 1999 fraguó nuestra amistad. Hoy ya no te podré llamar por teléfono.

Estas pocas líneas tan sólo pretenden ser la evocación de esa gran persona de la que tuve (y tengo) la enorme fortuna de ser amigo. Gracias, Alejandro.

Foto.– Noche de Carnaval de Cádiz 2006.

Amistad a lo largo

AMISTAD A LO LARGO
Jaime Gil de Biedma

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.

Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.

Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.