Odisea con final feliz

En Hungría…

…y días después en Alemania.

Osama y su hijo, de 7 años, ya se encuentran en Alemania. Han quedado atrás doce días de peregrinaje desde Turquía y más de un año desde que salieron de Siria huyendo de la guerra. Protagonizaron todos los informativos y las redes sociales hace unas jornadas cuando una mal llamada reportera, Petra Laszlo, les puso una zancadilla a su llegada a Hungría. Osama, que fue entrenador de la primera división de fútbol siria, y su vástago ya están en Múnich y sus rostros ya no reflejan el dolor ni la indignación tras el triste episodio vivido en la campa húngara. En la capital de Baviera, además, se han reencontrado con el hijo mayor, Mohammad, de 18 años. Hace ocho meses, cuando aún era menor de edad, éste llegó por mar a Italia y luego tomó rumbo al país germano. Distintos rumbos para una odisea de momento con final feliz aunque parte de la familia siga en tierras turcas.

Zombis de la austeridad

La economía alemana se vuelve a desacelerar. El Gobierno de Merkel anuncia una revisión a la baja de sus previsiones de crecimiento y agita el fantasma de una nueva recesión en el continente.  Hace unos días la Comisión Europea ya alertó del riesgo de recaída. Y si la locomotora se resfría, ojalá a los demás no nos llegue una pulmonía. Viendo las noticias tan preocupantes, me he acordado de un artículo reciente del premio nobel de Economía Joseph E. Stiglitz titulado Los zombis de la austeridad. Pese al parón de su economía, Alemania no se baja del burro: achaca el frenazo a factores externos y no cambiará su estricta política de ajuste. Después de seis largos años de crisis, ni la Unión Europea en su conjunto ni sus estados por separado acaban de consolidar la recuperación económica. Algo se está haciendo mal aunque el muro de la ortodoxia neoliberal nos oculte otras visiones económicas. En Estados Unidos con otras recetas se está en fase de crecimiento sólido y se han creado ocho millones de puestos de trabajo. Suscribo estas palabras de Stiglitz: “A pesar de que se acumulan las pruebas de que la austeridad no funciona, Alemania y los otros halcones han redoblado su respaldo a dicha austeridad, apostando el futuro de Europa por una teoría desacreditada desde hace ya mucho tiempo”. Pero ellos erre que erre, pura tozudez dogmática.

‘Jogo’ bonito

Decía el delantero inglés Gary Lineker que el fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania. El palizón que recibió la anfitriona Brasil por parte de la selección germana me hizo recordar esta sentencia del punta británico que jugó en el Barcelona.

Un 7-1 que supone una humillación para un país que vive este deporte con pasión y fanatismo. Brasil ha ido pasando fases más por nombre que por juego. Ha superado etapas por ayudas arbitrales, golpes de suerte o fogonazos aislados de sus estrellas. La canarihna ha abdicado el este campeonato del jogo bonito. Un plantel con magníficos peloteros, con talento y chispa, convertidos por la mano de un entrenador rácano en obreros con mono de trabajo y sin apenas inspiración. Cuando uno renuncia a su estilo, resulta irreconocible. Brasil ha traicionado sus raíces: ha buscado más un fútbol conservador y táctico que creativo. Y así le ha ido… (A España le fue peor, que quede claro).

En cambio, Alemania ha sabido combinar el derroche físico, la disciplina, el juego en bloque de siempre con el toque de la España que gano la Copa del Mundo de Suráfrica en 2010. El conjunto teutón ha dado una lección futbolística quedándose con el jogo bonito, y ha confirmado el favoritismo que le daban todos los pronósticos antes del campeonato. La final del domingo no será inédita: o los alemanes se toparán con la Holanda de Robben y Van Persie reeditando la de 1974 o se medirán con la Argentina de Messi como ocurrió en 1896 y 1990. Con la albiceleste se repartieron los éxitos, un trofeo para cada uno, pero la selección que dirige Van Gaal tiene pendiente la revancha de hace cuatro décadas de la naranja mecánica capitaneada por Cruyff. La cita del domingo será de relumbrón.

Rajoy se aferra al austericidio

Francia e Italia, dos de los países europeos con gobiernos socialistas, han planteado a la Comisión Europea un relajamiento de los objetivos de déficit público y de la deuda y una apuesta firme por el empleo. España, con su mayoría absoluta de derechas, se ha desmarcado de esta propuesta que piensa en las personas y no en las hojas de cálculo. Aprovechando la atención generalizada a los fastos de proclamación de Felipe VI, Mariano Rajoy habló por la boca del ministro de Economía, Luis de Guindos, para apuntalar la ortodoxia neoliberal y anteponer el ajuste presupuestario a la recuperación económica y la creación de un empleo. Se ha alineado nuestro país con Alemania y no con la necesidad de casi seis millones de parados. Esta línea de austeridad inflexible sólo perjudica a los ciudadanos y choca con el sentido común en un país que tiene más del 25% de paro. Lo lógico, como piden Francia e Italia, sería flexibilizar los plazos de consolidación fiscal y excluir las inversiones productivas del cálculo de déficit público. El resultado de tanto ajuste se traduce en aumento de la desigualdad y pérdida de riqueza (España tiene el PIB de hace 16 años en comparación con la UE). Empecinarse en estas recetas perversas ya sabemos que no conducen a buen puerto, Urge un cambio de rumbo económico que favorezca la recuperación, la austeridad a ultranza sólo la frena y evita que los posibles beneficios lleguen antes a las personas.

Foto.- Los presidentes francés e italiano, François Hollande y Matteo Renzi.

Merkel barre

Angela Merkel se ha quedado al borde la mayoría absoluta, con una espectacular subida de más de ocho puntos o, lo que es mismo, siete millones más de votos respecto a 2009. Este abrumador apoyo la ha dejado a apenas cinco escaños de dicha mayoría, cosechando la mayor diferencia con sus adversarios políticos desde hace más de dos décadas. Resultado incontestable que refleja bien a las claras el liderazgo que le reconocen y valoran sus conciudadanos. Los comicios refrendan a la canciller cuando la crisis se ha llevado por delante a una veintena de presidentes en Europa (Sarkozy, Brown, Zapatero y Monti, entre otros).

Los alemanes entienden, por consiguiente, que la política de Merkel es buena para sus intereses nacionales. En cambio, el escrutinio arroja un mapa político que no parece el mejor ni para Europa ni para España. Mientras que en EEUU y Japón se mantiene una línea expansiva desde lo público, en el viejo continente Merkel impone la austeridad a ultranza, que está asfixiando a los países del sur. Y visto sus compromisos en la víspera electoral, la canciller no tiene previsto cambiar el paso. Merkel ha trabajado para Alemania y sus electores la han premiado en las urnas. Ha sido el triunfo de un nacionalismo que camina en el sentido contrario de lo que necesita Europa. No queremos una Europa a la alemana, sino una Alemania europea. Confiemos que tras el frenesí de los comicios y con la holgada victoria de la líder del CDU/CSU, se serenen los ánimos y desde Berlín se piense más en el proyecto colectivo, que se mire más allá de sus propias fronteras.

Fracaso de las recetas neoliberales

Lo he escrito en más de una ocasión: los recortes conducen a más recortes. La reducción brutal del gasto público y la supresión de prestaciones sociales y derechos ciudadanos sólo contribuyen a deprimir más la economía. La austeridad a ultranza como única receta política de la filosofía ultraliberal, el denominado austericidio, no es la fórmula. Los organismos internacionales lo saben y persisten en el error, inasequibles al desaliento y miopes ante una realidad que desmontan todas sus teorías y sus previsiones en páginas excel. Grecia puede ser el ejemplo más elocuente (con un tercer rescate en lontananza), pero España se encuentra también en una situación delicada por la obcecación en medidas fracasadas. Estados Unidos y Japón, con políticas económicas expansivas, están comenzando a dejar atrás el fantasma de la crisis. En Europa, bajo la batuta de Alemania, con elecciones este mismo mes, se mantiene la ruta que conduce al abismo a los países del sur del viejo continente. ¡Para qué corregir si los poderosos están poniéndose las botas mientras que la inmensa mayoría se empobrece!

Viñeta.– Los calvitos en elplural.com.

Espionaje generalizado

Cada día que pasa resulta más inaceptable el espionaje generalizado de los servicios secretos de Estados Unidos a propios y extraños. Las revelaciones de Edward Snowden está arrojando luz sobre las cloacas del país más poderoso del mundo. (Reino Unido tampoco se queda atrás en el síndrome del Gran Hermano). Nadie se ha quedado a salvo desde ciudadanos a países aliados en una estrategia más propia de la Guerra Fría que de este periodo de distensión donde el único peligro para Occidente reside en el terrorismo islamista y en las operaciones de relativa monta de estados como Corea del Norte. Si ese fisgoneo permanente lo hace un país de abolengo democrático, qué harán otros como menos pedigrí. Una práctica bochornosa ante la que no se ha escuchado una palabra de disculpa ni contrición por parte de sus autores. Sí han alzado la voz las víctimas, en especial la Alemania de Merkel. La desconfianza es moneda de cambio en las relaciones de las grandes potencias y la diplomacia el telón que oculta lo que ocurre entre bastidores. ¿En manos de quién estamos? Haría bien la Casa Blanca en fijar toda la atención sobre sus enemigos reales y no dispersarse en cotillear a sus potenciales socios.

Viñetas.- Erlich y El Roto en El País.

La terca Alemania

Alemania no se baja del burro. Será por convicción, por la cercanía de sus elecciones generales (previstas para el otoño) o por ambas circunstancias que Angela Merkel no renuncia a sus recetas económicas de austeridad a ultranza a pesar del estropicio que está provocando en la zona euro y el empobrecimiento de la población de los países comunitarios, especialmente de los del sur de Europa. Esa obstinación en el error nos conducirá a una década pérdida y a una insoportable marcha atrás en nuestra calidad de vida. Cada día avanzamos más hacia a una Europa a la alemana en lugar de hacia una Alemania a la europea. Un especie de Tercer Reich económico que toma decisiones de forma imperial en nombre de todos y sin contar con nadie. Flaco favor que está (estamos) haciendo al proceso de integración europea. Esa postura terca está alentando el euroescepticismo y provocando que la gente vea en Europa más el problema que la solución a la crisis económica. Y mientras Berlín aprieta y decide, el resto calla y acata sin rechistar. Y ya se sabe que quien calla, otorga.

PD.– De lectura obligada el artículo de Joaquín Estefanía: Policía malo y policía bueno.

Decepcionante

Mariano Rajoy acudió ayer al Parlamento y despachó el trámite con ínfulas de superioridad. El presidente se encastilló en sus posiciones, ratificó que no piensa abandonar la política económica que está empobreciendo a España y a los españoles (“no va a haber cambio de rumbo”) y despreció las ofertas de diálogo lanzada por la oposición en su conjunto (con Merkel se muestra más flexible, casi sumiso, no alza la voz). Vino a decir el político gallego que quien quiera que apoye sus reformas, ese eufemismo maldito que se emplea en el PP cuando se refiere a recortes y pérdida de derechos. Se desenvolvió sin humildad y haciendo gala de orgullo por estar haciendo lo que tenía que hacer pese a las dramáticas cifras de paro (1,2 millones más de españoles sin empleo desde que llegó a la Moncloa) y a las más que lúgubres previsiones de recuperación económica (el desempleo no bajará del 25% hasta 2017). Su paso por la Cámara baja nos mantiene en la foto fija que nos impone el poder financiero, Alemania y la burocracia de Bruselas: mantenimiento de la dictadura de la austeridad, demolición del estado del bienestar (siguiente estación: pensiones) y cerrazón ya no a pactar, ni siquiera a conversar con las demás fuerzas políticas cobijado en su cómoda mayoría absoluta. En resumen, una respuesta de Rajoy decepcionante y que no alumbra un horizonte de esperanza.

La mandamás europea

No quedaba ninguna duda. Pero el episodio (o despropósito) de la Unión Europea con Chipre ha supuesto una nueva demostración sobre quién manda en el viejo continente. Merkel marca el paso y el resto de mandatarios aceptan sin rechistar. Se está ganando a pulso el apelativo de su ancestro alemán Otto von Bismarck: es la nueva canciller de hierro.

Viñeta.Manel F., en eldiario.es.