Vida

VIDA
Alfonsina Storni

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.

Foto.– 123RF.

Piedritas en la ventana

PIEDRITAS EN LA VENTANA
Mario Benedetti

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.

Bendita alegría

BENDITA ALEGRÍA
Raquel Lanseros

Te confunden con otras, alegría:
ingenuidad, simpleza,
candidez,
inocencia.
Te subestiman con diminutivos
sucedáneo de la felicidad
eterna hermana pobre de la euforia.

Parecen no acordarse de la helada rutina,
cuando las insistencias se vacían de sangre
y el espanto aprisiona como un despeñadero.

No recojas el guante, te lo ruego,
olvida el desafío que lanza la ignorancia.
No nos dejes perdidos en medio de qué océano,
sin tu luz, alegría,
la de las manos anchas
la que convierte el alma en lugar habitable.

Desatiende el rumor de las trincheras,
la retórica vana de los oportunistas.
Tú eres el destilado de libertad más único,
el orgasmo espontáneo del espíritu.

Bienhallada alegría
la pura de sabor
la complaciente
tú que vives y reinas en el tuétano limpio
ahora y en el albor de toda hora
quédate con nosotros.

Bendito placebo futbolero

La ciudadanía de este país se ha sacudido por unas horas el pesimismo y la angustia que la viene atenazando desde hace unos años. La gesta de la selección española de fútbol ha servido de válvula de escape para soltar la presión acumulada y mejorar nuestra maltrecha autoestima. El éxito de La Roja, con un juego primoroso, ha sacado a la gente de manera momentánea de sus preocupaciones, ha actuado como un efecto placebo que comenzará a remitir en cuanto cada cual se enfrente con la cruda realidad que nos acompaña. El espejismo durará tanto como los fastos de celebración de la segunda Eurocopa consecutiva. A partir de ahí comenzará a remitir la sensación analgésica que ha supuesto la proeza del grupo humano dirigido por Vicente del Bosque (¡qué saber y categoría humana tiene este hombre!), un equipo que ha convertido este juego en puro arte. Estábamos tan acostumbrados a los fracasos que Casillas, Xavi, Iniesta y compañía nos han descubierto otra dimensión del fútbol patrio, un nuevo registro donde, con humildad y esfuerzo, nos hemos ganado la vitola de favoritos en cada competición… Por méritos propios. Cuando el champán de este triunfo pierda las burbujas, cuando las vuvucelas dejen de sonar por las calles, cuando la afición (el entusiasmado jugador número 12) se quite las pinturas de la cara y guarde las banderas, nos daremos de bruces con nuestro duro día a día… Con un horizonte de más recesión económica, con pocas expectativas de creación de empleo, con subida de la luz y el gas, con el repago de medicamentos, con la inminente subida del IVA, incluso de los artículos de primera necesidad… Suma y sigue. Pese a todo, el combinado español nos ha dado una alegría que no resuelve pero al menos matiza los problemas. Bendito placebo futbolero.

Recuperar ilusión y confianza

Paco Casero obsequia a sus amigos con correos electrónicos en los que transmiten reflexiones, unas veces bucólicas y otras más filosóficas, pero todas ellas cargadas de su saber honesto y de la profunda humanidad que exuda por sus poros. Para este fin de semana nos regaló un hermoso y profundo texto que, al menos a mí, me ha invitado al análisis de la situación y me han evocado los versos de Benedetti sobre la defensa de la alegría. La crisis se está llevándose muchas cosas por delante… No dejemos que nos quite también la alegría y la ilusión, recuperemos la confianza en nuestras posibilidades. Os dejo las palabras de mi admirado y querido Paco para que vosotros extraigáis también vuestras propias conclusiones.

“En el caminar diario por los diversos lugares y con gentes diversas, siempre sale a relucir qué pienso de la actual situación. Confieso que estoy en una grave contradicción con la disyuntiva de reconocer la triste y grave realidad y el mantener y transmitir ánimos e ilusión. Hace unos días, varios empresarios me invitaron a charlar un rato, después de reflexionar conjuntamente yo esperaba que me planteasen algunas cuestiones (me suele ocurrir casi siempre), algún problema…, pero no, lo que ellos deseaban era compartir y recuperar la confianza.

Hay palabra que en estos momentos son claves, entre ellas CONFIANZA, CREDIBILIDAD, COMPROMISOS, VERDAD, DIGNIDAD, ÉTICA… y está claro que hay acontecimientos que van en otra dirección. ¿Cómo es posible que todavía no haya dimitido Carlos Dívar? ¿Con qué fuerza moral puede seguir siendo Presidente del Tribunal Supremo? ¿Cómo es posible irse a un partido de fútbol a Polonia ante la situación que estaba el pasado fin de semana? Y así podíamos continuar narrando hechos imposibles de justificar, los cuales crean desconfianza.

Nos dicen que el problema es la deuda. Cuando era pequeño disponíamos de menos riquezas y mucho menos poder adquisitivo, pero había un sistema curioso y era el ditero o la cartilla en la tienda, donde tú comprabas e ibas pagando poco a poco, existía confianza y el sistema funcionaba. Ahora la política ha permitido que se desarrolle un sistema que es insaciable, que siempre quiere más y que no tiene límites ni sentimientos y mucho menos responsabilidad. Un sistema que el único ‘valor’ es ganar a cuenta de lo que sea. Es grave que la política haya renunciado a dar la batalla y no defienda a la ciudadanía. ¿Por qué no se actúa contra las responsabilidades de todos éstos? ¿Para cuándo la reforma del Banco Central Europeo, el atajar el fraude fiscal o la transacciones financieras en sus dividendos? Aunque es verdad que todos tenemos algo en esta irresponsabilidad de lo que ha venido sucediendo, debería estar claro que algunos tienen mucho más. Más autoestima y menos soberbia.

Todos los días nos hablan de hacer sacrificios, lo dicen personas que carecen de credibilidad y de ética. Desde pequeño me enseñaron la cultura del esfuerzo y el trabajo. Con el tiempo he añadido la ilusión por hacer una sociedad mejor en valores, con derechos y deberes…. ¿Pero dónde está el límite al sacrificio? ¿Qué queremos? ¿Adónde vamos? ¿El problema son los funcionarios o una administración inoperante? Si seguimos reduciendo los salarios a los empleados públicos, ¿vamos a tener mejores servicios públicos?

En definitiva, la confianza y la credibilidad se gana en el día a día y que ciertas actuaciones o comportamientos no ayudan, que la verdad debe ser sagrada, que debemos ser más exigentes y no permitir ciertas cosas, empezando por cada uno de nosotros. No es solo que quienes dirigen los mercados no nos creen, si no solo con ver la prensa extranjera nuestra credibilidad esta por los suelos. Hay que recuperar la CONFIANZA y nuestra DIGNIDAD, en eso trabajo con ilusión cada día. Hoy me siento más responsable que ayer, pero menos que mañana.”

El primer beso

EL PRIMER BESO
Amado Nervo

Yo ya me despedía…. y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tú te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, señor, esta alegría.»