Negar la evidencia

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Esta máxima de Cicerón viene al caso de la contumacia de Ciudadanos de negar la evidencia de sus pactos con la extrema derecha en Andalucía y en otras latitudes de esta piel de toro que es España. Y no es sólo que hayan conseguidos mullidos sillones con el imprescindible apoyo de Vox, también han firmado en esta comunidad un acuerdo presupuestario para 2019 y 2020 con políticas regresivas en materia de igualdad y derechos. El documento lleva los logos y la rúbrica de las tres formaciones políticas y, por tanto, los naranjas son artífices de este contubernio. El delegado de zona de Cs y vicepresidente del Gobierno andaluz de las derechas, Juan Marín, niega una y otra vez esta realidad, con el mismo desahogo que se presenta como nuevo en política cuando lleva desde 1983 y ha pasado por cuatro partidos distintos, una trayectoria con más evoluciones que un pokémon. Tiene bemoles no darse por aludidos o mirar al tendido cuando lo enfrentan al espejo de las contradicciones de su idilio con los ultras. La inmensa mayoría de los ciudadanos, con minúscula, la gente, los han calado, no engañan a casi nadie. Distintas encuestas reflejan que un 64%, prácticamente dos de cada tres, afirma que el partido de Rivera ha pactado con el de Abascal. Al menos el Partido Popular no tiene arrobo en reconocer lo obvio. El silencio ominoso y cuando no la mentira descarada corrompen la verdad. Y Ciudadanos, un partido que dijo venir a regenerar y está degenerando a velocidad de la luz, debería dejarse de hipocresía.

El papelón de Rivera

La ruptura de Ciudadanos con Manuel Valls deja en un muy mal lugar a Albert Rivera. La respuesta iracunda del líder naranja retrata a un político de poco fuste y cortos vuelos. El ex primer ministro francés ha tenido un gesto de altura al propiciar la continuidad de Ada Colau y frenar el avance del independentismo. Con esta audaz decisión ha evitado que Barcelona se convierta en otro escaparate de propaganda del separatismo catalán. Se podría decir que la jugada es positiva o, al menos, desde la óptica del partido naranja, se primaría el mal menor. Si este partido nació según sus fundadores para frenar la deriva secesionista, ¿por qué no han visto con buenos ojos este movimiento político? Rivera, dirigente caprichoso y acelerado, ha preferido cortar amarras en cambio con Valls, con quien mantenía un enfriamiento de relaciones por las críticas de éste a los pactos implícitos y también explícitos de Cs con la extrema derecha.

¿Le ha molestado a Albert Rivera el frenazo en seco que ha sufrido el independentismo en Barcelona? Por su modo de reaccionar como elefante en cacharrería se diría que sí. ¿Preferiría un alcalde como Ernest Maragall para tener otro frente de confrontación continua? Ciudadanos se ha instalado en la polarización y en el frentismo, en el cuanto peor mejor. Cataluña y, por tanto, España se merecen una mirada más elevada y menos mezquina. No se trata de agitar el conflicto para arañar un puñado de votos, sino de buscar caminos de entendimiento para ir reduciendo los decibelios y la temperatura. No incrementar la presión por interés particular y sí favorecer la reconstrucción de puentes y la convivencia democrática. Se ha de mirar un poco más allá del propio ombligo. La réplica desproporcionada de Cs y Rivera ante el gesto de Valls se asemeja mucho a la pataleta de un niño al que le quitan un juguete. Pero, Albert, hay algo que un dirigente político debería saber: con las cosas importantes no se juega.

Foto.- El Español. Valls y Rivera.

¿Impostura?

Hace justo una semana de que Pablo Casado, tras el hundimiento electoral del 28 de abril, se autoproclamaba otra vez de centro (nunca lo fueron ni él ni el PP) y llamaba a Vox por fin lo que es: “Ultraderecha”. En política como en la vida, las palabras se las lleva el viento y lo importante son los hechos. Cierto que el presidente del primer partido de la derecha española ha moderado su discurso y ha dejado el histrionismo y los aspavientos para Albert Rivera e Inés Arrimadas, que siguen en modo campaña y pensando más en ellos que en España. Pero no consiste sólo en bajar decibelios sino en corregir los errores y las apuestas radicales que se han venido sucediendo en los últimos tiempos. No es creíble esta conversión centrista cuando en Andalucía se mantiene el pacto con la extrema derecha. Y tampoco resulta verosímil si no se produce un compromiso público de que tras las elecciones municipales y autónomicas (en 12 comunidades) no se reeditarán los pactos de la vergüenza con Vox donde sumen las tres derechas. Está claro que el hundimiento en las generales y la presión de cargos de su partido obligaron a Casado a hacer este movimiento táctico, un guiño cosmético, para aguantar hasta la cita electoral de mayo. Un posicionamiento de supervivencia que suena a impostura.

Foto.- Efe. Casado, Rivera y Abascal, en la manifestación de Colón.

Resultado inapelable

Las elecciones generales de este domingo han deparado un rotundo triunfo del PSOE y una única opción para la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez. Los socialistas casi doblan a la segunda fuerza, un Partido Popular que se ha hundido con estrépito perdiendo la mitad de los apoyos que cosechó en 2016. Las urnas han dado una mayoría de izquierdas frente al tridente de las tres derechas, un amplio apoyo en favor de la moderación, el progreso y la convivencia frente a la radicalización, el retroceso y el frentismo.

El PSOE vuelve a ganar unas elecciones de ámbito general once años después y lo hace con notable diferencia sobre el resto, hasta el punto de que el mapa de España ha virado en menos de tres años del azul al rojo, con 123 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado, una cámara esta última en la que dominaba el PP desde el siglo pasado. Se ha producido una fuerte movilización de la izquierda para evitar que ocurriera el pacto de la vergüenza de las derechas y la ultraderecha, las consecuencia del 2 de diciembre han sido un agente movilizador del voto progresista.

El pueblo español ha parado en seco a la derecha altanera y faltona. El PP sufre un serio varapalo y presenta los peores resultados desde su refundación en 1990 (16,7% y 66 escaños). Mantiene por décimas la segunda posición, con Ciudadanos pisándoles los talones a punto de darle el sorpasso, y la cabeza de Pablo Casado en el aire. Los naranjas mejoran su grupo en las Cortes pero quedan muy lejos del discurso triunfalista de su líder, Albert Rivera, que ha fracasado en su estrategia de aislar al PSOE con su monotema territorial y ya se postula fatuamente como el nuevo líder de la oposición.

La extrema derecha entra por primera vez en las Cortes desde que se instauró la democracia, con 24 escaños y más del 10% de los votos. Una presencia que asusta pero que está muy por debajo de las expectativas. Las exhibiciones de fuerza en sus mítines y sus campañas fake habían producido un espejismo electoral, un temor que finalmente no ha sido para tanto por la madurez de nuestro electorado. Hasta ahora, los ultras estaban camuflados en el PP y ahora tienen espacio propio. España ya ofrece una foto parlamentaria muy a la europea.

Dos apuntes más. Unidas Podemos se deja casi la mitad de los escaños, pasa a ser cuarta fuerza en España, pierde su grupo en el Senado y el liderazgo de Pablo Iglesias queda tocado. Aunque sin su presencia en la recta final de la campaña, muy especialmente por su gestión de los debates, el resultado final habría sido peor. El nacionalismo periférico ha salido reforzado por la radicalidad de las derechas: por primera vez el independentismo catalán gana unas generales en esta comunidad y PNV y Bildu refuerzan sus posiciones. El PP se queda sin representación en Euskadi y sólo tiene un escaño en Cataluña. A la derecha el tiro le ha salido por la culata.

Y Andalucía ha sido la comunidad que más ha aportado a la victoria socialista y de Pedro Sánchez. Más de un millón y medio de sufragios, 24 diputados y 24 senadores, triunfo en las ocho provincias y primera fuerza en 734 de los 786 municipios de esta comunidad. Cumpliendo con creces los objetivos comprometidos públicamente por Susana Díaz, que se ha volcado en esta campaña.

Unos resultados que además tienen una lectura en clave autonómica: Andalucía ha planteado en las urnas una moción de censura al actual gobierno regional tripartito de las derechas y la extrema derecha. El mensaje de la gente de esta tierra ha sido nítido contra este pacto de perdedores y de la vergüenza. El PSOE dobla en votos y en escaños al segundo y tercero: 24 representantes socialistas frente a 11 de Ciudadanos y 11 del PP.

Sin duda, el gran derrotado de estos comicios es el actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Acumula en cuatro meses los dos peores resultados del PP. Hasta tal punto que ha sido superado por Ciudadanos en Andalucía y es ya la tercera política. Con estos datos, el Ejecutivo andaluz no presenta el sentir de la mayoría y da muestras de debilidad e inestabilidad, sobre todo porque para aprobar cualquier medida depende de Vox. En menos de 100 días el electorado le ha dado un sonoro suspenso.

 

Caerse del caballo

Las últimas horas de la campaña electoral se han visto sacudidas por el fichaje de Ángel Garrido, presidente de la Comunidad con el PP hasta hace dos semanas, por parte de Ciudadanos. Garrido se ha caído del caballo como San Pablo y se ha convertido de la noche a la mañana de azul en naranja. Por su boca han salido una prolija batería de críticas hacia los que ya son sus nuevos compañeros, palabras que albergan los archivos y que lo perseguirán en este salto al vacío. Se suma a lo que él denominó populismo pop de Rivera y su troupe sin rubor alguno, por despecho, por rencor, por deseo de venganza tras haber sido descabalgado del sillón con el premio de consolación (que no es poco) de un cuarto puesto en las listas de las europeas y escaño asegurado en Estrasburgo. La naturaleza humana se mueve más veces de las deseadas por los bajos instintos. El portazo de Garrido con aura revanchista lo sirve frío en un momento especialmente delicado para el partido de toda su vida a pocos días de la cita con las urnas. Sin duda, un golpe bajo injustificable desde la ética y explicable a duras penas desde los oscuros entresijos de ciertas conductas personales.

Y si cuesta digerir la decisión del fichado, lo que no tiene un pase es la política de pillaje de recursos humanos desplegada por Ciudadanos de un tiempo a esta parte. Un partido que dice representar la nueva política, que se da golpes de pecho como regenerador, no puede actuar con métodos filibusteros y abrir las puertas al transfuguismo. No dice mucho de Rivera que dé amparo y cobijo a todo aquel que sale rebotado o se siente molesto con otra formación política. Con este supuesto efectismo, Ciudadanos transmite ansiedad, desesperación y la idea de no contar con gente preparada en sus filas. Mal negocio para los naranjas. El tiro le puede salir por la culata como con el dedazo interruptus y posterior pucherazo descubierto en sus primarias en Castilla y León. También debería Rivera recordar las enseñanzas clásicas: Roma no paga traidores.

Viñeta.- Ricardo, en El Mundo.

El drama de la derecha

La derecha hoy no es una, sino trino. Hasta hace unos años, el Partido Popular aglutinaba a todo el voto conservador, incluido la facción más extrema y nostálgica, y de una parte del centro. El nacimiento primero de Ciudadanos le empezó a restar apoyos por su ala más moderada. La posterior irrupción de Vox se puede llevar ese parte más ultra de su electorado y dejar al PP como al gallo de Morón: sin plumas y cacareando. La presencia de Vox ha deslizado a sus dos adversarios hacia posiciones más radicales. Casado y sus cuates compiten con los de Abascal para ver quién parece más facha o dice la barbaridad más grande… Rivera, en su afán de ocupar el espacio dejado por el PP, ha dado otro salto ideológico mortal con dos tirabuzones y ha abandonado el centro… Dos procesos electorales más y al líder de Cs lo vemos abrazando idearios más reaccionarios y es que hay apellidos que marcan. Entre azules y naranjas cunde el nerviosismo por evitar el crecimiento de su competidor ultra, con quien a la misma vez sumar para repetir el Gobierno trifachito de Andalucía. Si las cuentas les salen a los tres, habrá reedición del pacto de la vergüenza. La derecha hoy es una hidra de tres cabezas. Que no nos tomen por tontos: no será un acuerdo de PP y Ciudadanos, será una alianza a tres bandas con Abascal sentado en el Consejo de Ministros y con Aznar de padrino de la ceremonia. Si queremos evitar este engendro de las derechas, hay que ir a votar el 28 de abril. Después no valen las lamentaciones.

Viñeta.– PAT, en elplural.com.

Con el rumbo perdido

La derecha está de los nervios antes las próximas citas electorales. El Partido Popular está haciendo las listas a las generales como si se tratara del casting de Gran Hermano VIP, buscando a gente famosa para frenar su caída. Ciudadanos actúa con histrionismo fichando en el patio de otras formaciones, haciendo pucherazos para colocar a los preferidos de Albert Rivera, soltando la piel de corderos en entrevistas en las que se encaran con periodistas por sus preguntas y supuestamente comprando dosieres de rivales políticos en las cloacas del sistema (quien calla, otorga y hasta ahora nadie de la formación naranja ha desmentido esta información). Han alimentado a la extrema derecha y ahora temen que la bestia los pueda engullir: Sectores conservadores, tradicionalmente cercanos al PP, como la jerarquía de la iglesia católica y otros colectivos sociales, tienen el corazón partío. El controvertido arzobispo de Granada ya ha pedido en una carta a sus feligreses el apoyo para Vox. En el caso de Ciudadanos, el veto de Rivera a Pedro Sánchez y al PSOE, hace que un tercio de sus votantes centristas pueda retirarle el voto, según las encuestas. Esta realidad hace que estén dando palos de ciegos, cometan errores de bulto y se prodiguen en aspavientos estériles. El patio de la derecha está revuelto y transmutando. Y la culpa la tienen los dos partidos que tantos golpes se dan de constitucionalismo por abrazarse y blanquear al radicalismo ultra.

Foto.Última hora. Pablo Casado con Juan José Cortés, uno de sus teóricos fichajes estrella.