Los zarpazos de Mato

El Ministerio de Sanidad de la mano de Ana Mato va de zarpazo en zarpazo. A cada cual más dañino. Sin duda, no es una estrategia azarosa ni improvisada. La derecha española ha trazado una hoja de ruta muy calculada para quebrar el modelo sanitario público, universal y gratuito y avanzar en la vía de los aseguramientos privados. Se busca un modelo dual al estilo de Estados Unidos, donde los que tengan recursos se puedan costear una sanidad de calidad y el resto, la gran mayoría, contará con un servicio público devaluado. No inventan nada: ya lo hizo Thatcher en Reino Unido. Bajo ese paraguas se sitúa toda las políticas del PP: privatizaciones y copagos, exclusión de colectivos y recortes de prestaciones a troche y moche, reducciones presupuestarias y mensajes tan apocalípticos como falaces sobre la insostenibilidad del modelo público.

En este ambiente, el Gobierno nos presenta una nueva medida injusta e injustificable manoseando sin pudor los conceptos de la eficiencia y del ahorro del sistema: dejar de atender a personas en situación de desempleo que permanezcan más de tres meses fuera de España y que hayan agotado la prestación. La insensibilidad del Ministerio vuelve a quedar patente. ¿Cómo se puede explicar semejante afrenta? Se quiere castigar doblemente a las personas que se ven obligadas a emigrar por no encontrar trabajo. Además de hacer frente a la dolorosa situación de tener que marcharse de nuestro país para buscar empleo, el Ejecutivo de Rajoy les quiere arrebatar su derecho a la atención sanitaria cuando regresen. Una aberración.

Esperemos que esta medida no sea más que un globo sonda y tenga los días contados. El gabinete de Mato debería reflexionar y dar marcha atrás como ha hecho esta misma semana con los copagos de ambulancias y de las prótesis ortopédicas. Esta ministra solo acierta cuando rectifica. De momento, Andalucía y Asturias, dos comunidades con gobiernos progresistas, han manifestado su rechazo y su intención de no poner en marcha este nuevo recorte de derechos. La ciudadanía no está para más vueltas de tuerca.

Foto.El Comercio.

El tocino y la velocidad

Nos decía Mariano Rajoy en la celebración del segundo aniversario de su triunfo electoral que iba a pisar a fondo el acelerador de las reformas. Cada vez que escucho la palabra reforma en boca de un dirigente del Partido Popular me echo a temblar. Desde que el presidente pronunció estas palabras ya nos han anunciado un par de vueltas más de tuerca en clave de ajustes sociales. Nos desayunamos el jueves una reforma de la ley de huelga para limitar este derecho fundamental y hoy se nos ha atragantado el café con una revisión de la reforma laboral (objetivo: ahorrar, vulgo recortar, 2.500 millones). Dos medidas que pretenden estrechar el cerco a los trabajadores y que nos augura un futuro muy negro. Todo apunta a una reducción brutal de los derechos laborales, y la primera reforma ya supuso un duro golpe al marco de convivencia y de relaciones laborales. Me daba que, de tanto pisar el acelerador, en los cuarteles generales acabarían confundiendo la velocidad con el tocino. Las prisas no suelen ser buenas consejeras.

Falsa equidistancia

El Gobierno de la nación ha aprobado una reforma del sistema eléctrico para intentar paliar el déficit de tarifa (la diferencia entre que cuesta la producción y distribución de la energía y los ingresos de las empresas eléctricas) que no ha contentado a nadie. A los consumidores nos subirán el recibo un 3,2% más, otro nuevo golpe a las maltrechas economías familiares, mientras que las compañías, que reivindicaban una medida aún más favorable a sus intereses, han mostrado su disconformidad anunciando despidos y de propina han cosechado un importante batacazo en la Bolsa. Esta decisión hipotéticamente salomónica grava los bolsillos de los usuarios y se traducirá, si las empresas cumplen su amenaza, en el despido de cientos o miles de empleados. Me suena impostado el enfado de las compañías: esta pose airada no sería más que una coartada para acometer un expediente de regulación de empleo. Podrán aligerar sus plantillas y, por tanto, reducir sus costes laborales con esta excusa. Y en realidad los consumidores seguiremos soportando la mayor carga del reparto del déficit.

La semana de Andalucía

Esta semana tiene un significado especial. Se celebra el 28-F, el día de Andalucía, el hito histórico que permitió a esta comunidad autónoma romper los planes de la derecha y construir un estado de las autonomías en pie de igualdad. Conseguimos el denominado ‘café para todos’ frente aquellos que propugnaban un modelo de dos velocidades, con territorios de primera y de segunda. Nunca hemos querido ser más que nadie pero tampoco menos. Hoy vivimos momentos convulsos en los que se pone en tela de juicio el modelo territorial que nos ha conducido a las tres décadas de mejor convivencia y más prosperidad en mucho tiempo. Este espacio compartido se enfrenta al dilema del choque de dos trenes: el revisionismo centralista del conservadurismo más rancio y las ínfulas secesionistas del nacionalismo radical catalán. Si no media el diálogo y el sentido común, en esa colisión de intereses perderemos todos.

Se cumplen 33 años del referéndum que nos catapultó a la autonomía plena y desde aquí no se va a permitir desandar lo andado, se va a combatir cualquier intento de discriminación. El autogobierno nos ha permitido avanzar y recuperar buena parte del tiempo perdido por el abandono histórico de la derecha hacia esta tierra. El lustro de dura crisis (no sólo andaluza, sino española e internacional) no puede desdibujar los esfuerzos de un pueblo que, partiendo de muy atrás, se supo enganchar al tren del progreso y ganar en autoestima. Este 28-F será más reivindicativo: ya no caben más recortes, se necesitan políticas de estímulo y la preservación de nuestros derechos y nuestros servicios públicos. La receta del ajuste duro sin rostro humano y de la reducción del déficit público no es un programa económico, es la sentencia para seguir profundizando en la depresión y en la angustia de la ciudadanía.  Ante los nuevos problemas no valen las viejas soluciones y ha quedado claro que no existe un único camino (el que se nos marca con disciplina militar y neoliberal desde Alemania) para salir de la crisis.

Los silencios amenazantes de Rajoy

Mariano Rajoy no despejó casi ninguna duda en su entrevista de anoche en TVE. Sí incrementó la incertidumbre de la ciudadanía al no responder a algunas preguntas fundamentales. Si su objetivo era tranquilizar a la población española, no lo consiguió. Dibujó si cabe un panorama más incierto. Sabemos (o ya sabíamos) que lo único que preocupa a Rajoy es reducir el déficit. Le preocupa lamentablemente más la contabilidad, que cuadren las cuentas, que la creación de empleo, que la igualdad de oportunidades, que la defensa de los servicios públicos fundamentales o que el sufrimiento de las personas. Muy inquietante el mantra del presidente del Gobierno, que de manera machacona defiende los recortes como única vía para salir de la crisis. Por estos derroteros, es de temer más drásticos ajustes para conseguir el objetivo del déficit.

Fue más preocupante lo que no dijo, lo que no respondió el presidente del Gobierno, o incluso lo que insinuó, que lo que dijo. Sus silencios se pueden traducir en nuevas amenazas para los españoles. No contestó sobre recortes en pensiones, ni sobre la posible subida de las cotizaciones sociales de los trabajadores, no aclaró si España acudiría al rescate. De sus titubeos mejor ni hablar: recordaba aquel curioso episodio en la entrevista realizada por Pedro J. Ramírez en los que no alcanzaba a entender su letra. El asunto era ahora de una mayor trascendencia (el rescate de España) y vaciló en cambio ante una pregunta de cajón.

Es mucha casualidad que Rajoy no termine de deshojar la margarita del rescate hasta pasadas las elecciones vascas y gallegas. No hace falta ser malpensados para concluir que este retraso algo tiene que ver con el calendario electoral y con un intento de aplazar medidas duras e impopulares a fin de no dañar los intereses del PP el 21 de octubre. Algo muy parecido a lo que hizo con motivo de las elecciones andaluzas y asturianas el 25 de marzo posponiendo la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para este año. Esto quiere decir que las condiciones que nos impondrán desde Bruselas (y Berlín) para un eventual rescate serán muy dolorosas, supondrán nuevos sacrificios para la ciudadanía.

Camino de la depresión

Los españoles nos hemos echado a la calle contra los recortes del Gobierno de Rajoy. La gran movilización de ayer es la expresión de un profundo descontento de la sociedad española. Muchas familias están al límite, ya no aguantan más. Se ha escuchado un nítido y vigoroso ‘BASTA YA’ a una política basada en recortes de derechos y de servicios públicos que nos arruina día a día. La inmensa mayoría es consciente que por este camino acabamos en la depresión del país. La gente está harta de hacer sacrificios sin saber a dónde nos lleva y sin una mínima certeza de cuándo saldremos de esta maldita crisis. Está muy extendida la sensación de que todo este sufrimiento es inútil.

Ya estamos escarmentados: los recortes sólo llaman a nuevos recortes y la situación no es que no mejore, es que cada día está peor. Hace falta un cambio de rumbo, medidas de estímulo económico y otras decisiones que no penalicen a los de siempre. Además, los tijeretazos, tal y como los aplica este Gobierno de Rajoy, manifiestan una preocupante falta de equidad. Son injustos porque arremeten contra lo fundamental, que son los servicios públicos, que son la verdadera garantía de igualdad entre los ciudadanos. Y los esfuerzos recaen siempre sobre los mismos y, sin embargo, no se acometen de manera decidida medidas contra las grandes fortunas, el fraude fiscal o privilegios de algunos estamentos como la Iglesia.

No sólo es arbitrario en el reparto de los sacrificios, sino que el Gobierno es muy poco transparente. Resulta inaudito que los Parlamentos de Alemania, Holanda o Finlandia tengan más información que los representantes del pueblo español. Se hurta, por tanto, información a los españoles que tienen todo el derecho a saber. Se impone desde la Moncloa el oscurantismo y el ordeno y mando. Tremendo.

Viñeta.- El Roto en El País.

La vuelta de tuerca del BOE

No es casualidad. Tiene toda la pinta de obedecer a una incomprensible y contraproducente estrategia de comunicación (¿o desinformación?). El Gobierno de Rajoy le da una vuelta de tuerca más a sus duros recortes cuando los publica en el Boletín Oficial del Estado (BOE). En la letra pequeña se encierran nuevos disgustos para el sufrido pueblo español. Este fin de semana no ha sido una excepción. Empleados públicos y parados se han llevado sorpresas adicionales. Tristes incorporaciones emboscadas en el articulado de los decretos leyes que saltan de inmediato a la primera línea de actualidad. Detalles, en algunos casos de enorme trascendencia, que se descuidan intencionadamente en las comparecencias que suceden al Consejo de Ministros. Los responsables se ahorran explicaciones y salen del trance con menos dificultades. Luego los redactores de los decretos-leyes, dirigidos por la vicepresidenta, cargan las tintas mucho más de lo anunciado. Un cierto ensañamiento con nocturnidad y alevosía por parte de los legisladores. No respetan esta gente del Partido Popular ni el duelo tras los ajustes y te castigan el estómago (y la dignidad) con el puyazo extra del BOE. Pero todo se acaba sabiendo por mucho que los ajustes se expliquen en inglés y se camuflen en una página web foránea para inversores.  Ese ritual oscurantista se les vuelve en contra. El malestar ciudadano crece y crece con cada nuevo hachazo a sus derechos. Ya es insoportable que arruinen nuestra vida y la de nuestros hijos para que encima nos tomen por tontos.

Verborrea

¡Qué maravillosos tiempos aquellos de oposición! Esos días felices en los que se podía criticar todo sin tener que rendir cuentas ante nadie. Ni siquiera purgar el pecado de la mentira y los falsos testimonios ante los confesionarios. Al Partido Popular en aquellos momentos todo le salía gratis. Hicieron una oposición tan radical, de tierra quemada, que ahora se le vuelve en contra como un bumerán. Los archivos audiovisuales y las hemerotecas están repletos de manifestaciones como la recogida en el vídeo que acompaña este post. Están haciendo justo lo contrario de lo que decían y con una saña inimaginable.

El Gobierno de antes, a su juicio, era malo malísimo, y ellos llegarían con su varita mágica para arreglarlo todo y recuperar la confianza como por ensalmo. No vamos a tapar los errores de Zapatero. Su principal fallo fue aplicar un plan de ajuste impuesto por Bruselas y contrario al programa socialista y a su propia trayectoria política. Y el PSOE ha pagado por ello, primero en las municipales de mayo y después en las generales de noviembre de 2011. Se ha aprendido la lección a base de disgustos. El recorte con ZP fue de 15.000 millones de euros. Todos los cornetas conservadores del apocalipsis cargaron contra el presidente socialista de manera inmisericorde. Bandazos, improvisación, subordinación a las directrices de la UE…

Desde que llegó Rajoy llevamos recortes por valor de más de 100.000 millones en cuatro tacadas y en sólo siete meses: 16.000 millones en el primer Consejo de Ministros de diciembre, 10.000 millones adicionales en sanidad y educación públicas a la vuelta de las elecciones andaluzas y asturianas del 25-M, una reducción brutal en los Presupuestos Generales de 2012 aprobados por las Cortes Generales a finales de junio y esta misma semana un plan de ajuste para salvar a la banca por valor de 65.000 millones que pagaremos todos los ciudadanos. Estos milagreros son unos farsantes, unos vendedores de humo, unos charlatanes de feria. Mucha verborrea y pocas soluciones. Rajoy no es más que un bluf. Y los cornetas tocan con sordina.

Duro en el fondo y cruel en las formas

El plan de ajuste de Mariano Rajoy es un mazazo a los de siempre. Los 65.000 millones que necesitan los bancos para sanearse se traducen en unos recortes brutales por el mismo importe en políticas públicas que las pagaremos los de siempre. Con el sacrificio de parados, pensionistas, empleados públicos y trabajadores en general se socorre a unos bancos que se han hartado de ganar de dinero y que han gestionado calamitosamente cegados por la avaricia. Estos gestores financieros de pacotilla se irán de rositas y la inmensa mayoría de los ciudadanos sufragaremos sus despropósitos con menos sueldo, menos derechos y menos servicios públicos. Es normal que la gente se encienda ante tanta injusticia e inequidad en el reparto de los esfuerzos. La cagan los bancos y lo sufrimos todos. Cuando tienen beneficios, no se acuerdan de nadie.

Si el fondo es brutal, la puesta en escena de esta agresión a la ciudadanía por parte de la bancada del Partido Popular fue cruel. Los diputados conservadores jaleaban, aplaudían a rabiar, blandían amplias sonrisas, no disimulaban su satisfacción con el catálogo de dolorosos recortes que desgranaba su jefe casi sin darle trascendencia. Se produjeron momentos bochornosos en los que la algarabía de los peperos producía sonrojo. Especialmente cuando el presidente del Gobierno explicó el tijeretazo a los parados, las palmas echaban humo y los vítores se colaban por los micrófonos de ambiente. Una eclosión de sadismo cuando se golpeaba a los que más están sufriendo la crisis, los hombres y las mujeres que están sin empleo.

La foto que ilustra este post ha corrido como la pólvora por Twitter. No hace falta irse tan lejos: los parlamentarios socialistas acogieron con pesar y un mutismo absoluto el recorte anunciado por Zapatero en mayo de 2010, siendo éste de mucha menor cuantía y gravedad. Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. ¿Cómo se puede expresar júbilo ante la constatación de nuevas calamidades para la ciudadanía? No se puede brindar con champán por las desgracias ajenas, salvo que se tengan malos interiores o se haya perdido la decencia. Uno espera de sus congéneres, por muy de derechas que sean, un mínimo de empatía con la angustia de los demás. Lo dice además su catecismo.

Apuntes sobre un plan de ajuste brutal

Mariano Rajoy ha comparecido en el Congreso de los Diputados (¡ya era hora!) y ha dado cuenta del panorama terrible al que se enfrenta este país al menos hasta 2015.  Os dejo unas serie apuntes de urgencia sobre la intervención del presidente del Gobierno.

  • Nadie lo dudaba y se ha confirmado: el rescate de la banca lo pagaremos todos los españoles. Lo que era un préstamo en condiciones ventajosas para las entidades financieras en apuros se materializa en un duro plan de ajuste que padecerán las clases medias y trabajadoras y una intervención en toda regla de nuestro país. La ayuda europea a los bancos sí tenía condiciones y son leoninas para el conjunto de la ciudadanía. Más sacrificios, menos servicios públicos y menos derechos.
  • Rajoy ha hecho gala de una formidable falta de respeto a los parados. Ha cuestionado la integridad moral de las personas que más están sufriendo esta maldita crisis económica. Es muy fuerte decir que se les bajará la prestación por desempleo a partir del sexto mes para incentivar la búsqueda de trabajo. Ha llamado vagos e indolentes a los cinco millones y medio de parados. Pero, alma de cántaro, ¿dónde está el empleo? Si fuera tan fácil encontrar una ocupación, no habría tanta gente en las listas del INEM.
  • El presidente presenta un plan de ajuste que recae íntegramente sobre las clases medias y trabajadoras. Ni una sola medida dirigida a gravar las grandes fortunas y a las rentas más altas y ninguna intención de combatir el fraude fiscal o la economía sumergida. Los recortes llegan a los más débiles: pierden los desempleados, se castiga a los pensionistas y se reducen los partidas de protección social.
  • Y también se penaliza a los empleados públicos. Nuevo tajo a las nóminas, incremento de la jornada laboral y amenaza de destrucción de muchos puestos de trabajo. Atacando al trabajador público se ponen en riesgo los servicios públicos. Se abre la puerta a muchas privatizaciones. Se sacrifica lo público en beneficio del negocio privado.
  • En ningún momento ha planteado un modelo alternativo de crecimiento económico que nos permita salir del agujero negro de esta crisis. Muchos recortes y ninguna medida de estímulo económico y de fomento del empleo. El problema de este país no es el déficit, o no es sólo el déficit, sobre todo es el paro. Rajoy ha pasado de puntillas por la principal preocupación ciudadana.
  • Abanico de contradicciones, donde dije digo, digo Diego. La subida del IVA o acelerar el calendario del retraso de la edad de jubilación a los 67 años son dos claros ejemplos de adaptación del discurso a las circunstancias. Doble lenguaje.
  • El presidente hace descansar todo en la herencia recibida, sigue agitando el fantasma de Zapatero, busca culpables para eludir su responsabilidad. No reconoce ni un solo error: ni el retraso en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2012 (para no perjudicar las opciones del PP en las elecciones andaluzas y asturianas del 25-M; objetivo frustrado) o en la toma decisiones que exigía Bruselas, ni la arrogancia con la que se ha respondido a las instituciones comunitarias, ni la desconfianza producida por la tardanza del Gobierno en enfrentar el pufo de Bankia… Siempre es mejor imputar todo al adversario o incluso al empedrado.