Ataque a los agricultores andaluces

Los previsiones eran malas pero los hechos ciertos resultan catastróficos y dañinos. La distribución definitiva de los fondos de la Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2014-2020 recrudece el castigo del Gobierno de la nación hacia Andalucía. La Junta ya alertó en 2014 de que Andalucía era la única autonomía que perdía fondos respecto al marco comunitario anterior por decisión caprichosa y arbitraria del Gobierno de Mariano Rajoy. Con el reparto cerrado de las ayudas europeas, se ha consumado la agresión pero mucho más severa que la anunciada. Al final serán más de 900 millones de euros los que dejen de recibir los agricultores de Andalucía, más del doble de lo previsto en su momento. Hasta 2020 se nos escamotean 616,5 millones en ayudas directas y 286 para desarrollo rural. La propaganda del PP, con el conspicuo Arias Cañete al frente del Ministerio, sostenía que no se perderían más de 60 millones en ayudas directas. La realidad multiplica esta cifra por diez. Esto se suma a que ya nos habían metido la mano en la cartera en la inversión para desarrollo rural. Los datos son tozudos y confirman la preocupación mostrada entonces por el Gobierno de Susana Díaz.

Además del agravio con Andalucía, el modelo que defiende la derecha prima a las grandes superficies, a los terratenientes, y se penaliza a los pequeños y medianos agricultores. Por primera vez se imputa una reducción a los beneficiarios de ayudas inferiores a 5.000 euros, que en esta comunidad son 208.000 agricultores, el 80% del total. Se hace una reducción lineal del 8,64% para todos por igual y no progresiva a partir de los 5.000 euros. Es la primera vez que en la historia de la PAC se utiliza un ajuste tan regresivo que favorece a los que más tienen y se ceba con los débiles. Muy del estilo del PP: regalos fiscales y amnistías para los poderosos y mano dura con las clases medias y trabajadoras. Un agravio más para exigir un cambio de gobierno en las elecciones que se repetirán el 26 de junio.

Foto.elconfidencial.com. Cañete y Rajoy.

Por donde amargan los pepinos

Alemania ha rectificado sin entonar un claro mea culpa, en voz baja en comparación con la estridente acusación sin pruebas, incluso intentando justificar su desacertada decisión y su alarmismo banal. La Unión Europea ha levantado la alerta alimentaria contra los productos hortofrutícolas españoles sin hacer mucho ruido, sin reprender la precipitación y la ausencia de rigor de las autoridades germanas, suavemente como para no ofender al gigante teutón. Se absuelve a los pepinos andaluces de ser transmisores de la bacteria E.coli como un mero trámite y dejan por los suelos el prestigio del agro nacional.

Ahora toca elevar nuestro clamor. Todos a una. Se requiere una reivindicación firme y por derecho para paliar los daños económicos y los efectos sobre la reputación de frutas y verduras hispanas, una producción de extraordinaria calidad y con rigurosos controles fitosanitarios. No se puede perder ni un minuto. Por un lado, exigir compensaciones por las pérdidas ocasionadas o incluso recurrir a los tribunales como piensa hacer una de las empresas afectadas y, por otro, el lanzamiento de una campaña de promoción para recuperar el terreno perdido por la precipitada y frívola denuncia alemana sobre los pepinos andaluces.

Haría falta un frente común, pero el Partido Popular, como siempre, a lo suyo. En los momentos más duros de esta crisis, esta derecha, con su tradicional patriotismo de pacotilla, ha intentado sacar tajada. Ha difundido desde su sede de Génova un argumentario para responsabilizar al Gobierno del episodio por, a su entender, debilidad en Europa. Un discurso ramplón y oportunista que han replicado algunos de sus más destacados dirigentes. Ni en los momentos más complicados el PP tiende la mano y se pone a colaborar con el Ejecutivo socialista. Para completar el duro, los editoriales de ABC o El Mundo y los opinadores de la fiel infantería conservadora, buscando echarle el muerto a Alfredo Pérez Rubalcaba, son de aurora boreal. Toda esta gente suele amargar por donde lo hacen los pepinos.

Foto.- La ministra alemana de Agricultura y Defensa del Consumidor, Ilse Aigner, en su comparecencia para aclarar el error con los pepinos andaluces.

Pepinos

¡Qué fácil resulta destrozar la reputación de una persona, una marca o un producto! Ha bastado con un anuncio frívolo y sin fundamento científico por parte de algunas autoridades alemanas para tirar por tierra el prestigio de las exportaciones hortofrutícolas españolas y, especialmente, de las andaluzas. La alerta sanitaria por el presunto contagio de la bacteria E.coli a través de pepinos andaluces ha prendido en los mercados, generando dudas sobre la producción nacional, con fronteras cerradas a cal y canto. Como ocurrió con el mal de las vacas locas, la gripe aviar o la gripe, con sólo poner un rumor en circulación, se  desata el pánico y fragua una crisis alimentaria.

Si se demuestra después que la alarma creada no tenía sentido, que la respuesta germana se sustentaba en la ligereza o en la precipitación (no quiero ni pensar en una hipotética intencionalidad para perjudicar a las frutas y verduras de España), ¿quién va a reparar los daños ocasionados a la imagen y la agricultura de este país? Más allá de los 200 millones de euros de pérdidas semanales por el bloqueo a estos productos, ¿cómo se restaña el buen nombre de las exportaciones, de las garantías sanitarias y de los buenos hábitos agrícolas españoles?

El rigor del anuncio de Alemania está en entredicho. Sin ningún tipo de fundamento científico, de manera preventiva, se ha puesto en cuarentena al campo español. Los productos hortofrutícolas nacionales llegan a todos los rincones del planeta y la epidemia de E.coli está localizada en la zona de Hamburgo. Un representante de los exportadores españoles ponía hoy sobre la mesa esa palmaria evidencia. ¿Por qué sólo la infección se produce en esta ciudad germana y no en otros lugares? Lo que está certificado es que los pepinos han salido de España aptos para el consumo. ¿En qué momento y lugar se han contaminado? En muy pocas fechas conoceremos el desenlace de este enigma.