Qué espera Rajoy…

Todo el mundo sabe que Andalucía está mal financiada. También Mariano Rajoy aunque mire hacia otro lado. Lo viene denunciando desde hace años el Ejecutivo que preside Susana Díaz. Hemos recibido 5.522 millones de euros menos entre 2009 y 2015, entre otras razones por la sesgada aplicación del actual modelo desde que llegó el PP a Moncloa en 2011, un modelo por cierto caducado desde 2014. Esta discriminación la ha confirmado el grupo de expertos designados por el Gobierno de la nación y de las CCAA, la última liquidación correspondiente al ejercicio de 2015 (cada andaluz ha recibido 104 menos que la media de las comunidades) y por si no hubiera suficientes argumentos, esta semana hemos conocido un informe de FEDEA, fundación del BBVA, que sitúa a Andalucía entre las tres autonomías peor financiadas. Los datos, la legislación y el acuerdo alcanzado en la Conferencia de Presidentes en enero pasado obligan a aprobar ya un nuevo modelo de financiación. Rajoy debe dejar de hacer lo de siempre, no esperar a que los temas se pudran y hacer posible una negociación inmediata. No hay excusas y además hay urgencias para garantizar la igualdad de los ciudadanos vivan donde vivan. El presidente del Gobierno debe salir de su letargo. No parece muy preocupado en cumplir con su palabra ni con la LOFCA y mucho menos en acabar con los agravios. Del PP andaluz no esperamos nada, más que callar y otorgar, aunque su postura pusilánime y servil perjudique a Andalucía.

El agravio que no cesa

El capítulo de los agravios del Gobierno de Mariano Rajoy para con Andalucía crece día a día. Es tan voluminosa la lista que resulta insoportable. Parafraseando a Miguel Hernández, es el rayo que no cesa y que pretende achicharrar cualquier posibilidad de crecimiento o de posicionamiento estratégico de esta tierra. Por no remontarnos muy atrás y repasar sólo las últimas semanas: reducen drásticamente la inversión en los Presupuestos Generales para este año (un 36% menos que en 2016), recurren la jornada de 35 horas semanales de los empleados públicos de la Junta, aprueban 1.170 millones para el trayecto de alta velocidad entre Valencia y Castellón y resuelve con un by-pass de segunda división la unión entre Sevilla y Málaga, de la conexión ferroviaria del Puerto de Algeciras ni se acuerdan cuando la lluvia torrencial de millones en otros territorios no para…

Si todo esto no fuera suficiente y escandaloso, el Boletín Oficial del Estado acaba de publicar un decreto ley por el que el Ministerio de Fomento se hace cargo del pago de una autopista gallega, la AP-9, una decisión que contrasta con la negativa a levantar el peaje de la AP-4 entre Dos Hermanas y Jerez (expira la concesión en 2019) o a cubrir la parte que paga la Junta entre Jerez y El Puerto de San María (más de 100 millones desembolsados desde 2005). El Gobierno, primero por boca de Ana Pastor y luego de Íñigo de la Serna, ha rechazado sin contemplaciones la petición del consejero andaluz de Fomento, Felipe López, de liberar la totalidad del trazado o de asumir lo que paga la Junta, que es la única administración autonómica que atiende con sus propios fondos la supresión de un peaje en una vía de competencia estatal. El agravio es manifiesto, la desigualdad en el trato es insultante. Y sólo existe una explicación: se trata de Andalucía. Así les va al PP en esta tierra. De nuevo callarán y otorgarán sumisos.

Foto.- Cadena Ser.

Comparaciones ociosas

La comunicación política ha de ser creíble, cuando menos verosímil. Cuando se exagera, se frivoliza o se falsea la realidad, el mensaje produce el efecto contrario al que persigue o incluso genera vergüenza ajena. Al director de campaña del PP andaluz, que son los que mandan en el partido de la gaviota, Mariano Rajoy dixit, se le encendió la bombilla y le escribió a la número dos regional, Dolores López Gabarro, una de esas frases supuestamente ingeniosas para ganar un titular. Y ésta, presta y dispuesta, la hizo suya y comparó a la presidenta andaluza, Susana Díaz, con su homólogo catalán, Artur Mas. Políticamente se parecen tanto como un huevo a una castaña. Dicen que las comparaciones son odiosas y, en muchas ocasiones, también ociosas. Ésta en concreto es tan ridícula como falsa y choca incluso con el mensaje de su jefe Rajoy. El presidente del Ejecutivo dice compartir al 100% la tesis de la dirigente socialista sobre la defensa del orden constitucional en el modelo de Estado. Pues no sólo desbarra el autor intelectual de la ocurrencia sino que contradice lo que mantiene su presidente. Una circunstancia que da idea del guirigay interno que hay en el PP, que cada cual sigue el ritmo que le marca el director de campaña. Una banda sin director y sin partitura. Nadie duda de la posición de Susana Díaz en el debate territorial y conoce sus dos líneas rojas inquebrantables: la unidad de España y la defensa de la igualdad de los ciudadanos vivan donde vivan. Eso sí, no va a permanecer callada ante los agravios del Gobierno de la nación con esta tierra.

Bomberos pirómanos

Aún en la triste resaca de la acalorada reunión del Consejo de Política Financiera y Fiscal (CPFF), en la que el pelotón de fusilamiento del Partido Popular capitaneado por el ministro Montoro había cargado sus armas contra Andalucía, salta a la palestra que las comunidades de Madrid y Valencia han ocultado déficit por un montante global de varios miles de millones de euros. Todos intuíamos que el trato dado a Andalucía, a la que se les exigió un esfuerzo adicional de reducción de gasto para superar la prueba, era injusto y desigual, que se le estaba aplicando un rasero más exigente que al resto. Con un déficit similar a la media nacional y un endeudamiento muy inferior, a Andalucía se le impone un ajuste de 3.800 millones, el 20 por ciento del total. El Gobierno andaluz hizo sus deberes en 2011 y presentó ante el CPFF un plan de equilibrio financiero riguroso y responsable. Se escrutó el documento con lupa, por poner pegas se cuestionó hasta pasajes del preámbulo, mientras que los de otras autonomías recibían luz verde prácticamente sin pasar de la primera pagina. Escribe el periodista Luis Barbero que en la actitud del ministro se intuyen “razones partidistas”. Una sensación que comparto al cien por cien. Se le exige a la comunidad un esfuerzo superior presentando mejores credenciales, lo que constituye un agravio comparativo insoportable.

Andalucía ha cumplido con la contención del gasto y asume por imperativo legal y por responsabilidad la obligación del déficit de 1,5% para 2012.  Sin embargo, el Gobierno de Rajoy desde que desembarcó en la Moncloa no ha parado de poner en duda la solvencia financiera de Andalucía desde la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría a Montoro, pasando por Antonio Beteta, secretario de Estado de Hacienda. Y resulta que el ínclito Beteta, que dejó la Consejería de Hacienda madrileña para asumir el alto cargo en el Ministerio, ahora tan implacable con otras CCAA, en su anterior destino usaba trucos de ingeniería contable para ocultar sus desviaciones presupuestarias. Madrid maquilló sus cuentas: de los 1.000 millones de déficit en 2011 que declaraba ahora reconoce el doble. Si Beteta se aplicara la ley de Transparencia que ha elaborado el Gobierno (aún en trámite pero ya presentada) tendría que dimitir por coherencia. ¿A quién hemos puesto a guardar el gallinero? En lugar de perseguir a las comunidades de otro signo político, debería el Ministerio de Hacienda haber aplicado más celo en el control de las gobernadas por el PP. Madrid, Valencia y Castilla-León han situado el déficit nacional en el 8,9%, cuatro décimas más que el presentado a Bruselas en marzo, lo que traducido a dinero contante y sonante son 4.000 millones.

Montoro y Beteta, en lugar de actuar como bomberos, se desenvuelven como auténticos pirómanos. No está este país para bromas y estos dos altos representantes del Estado se dedican a hacer política de bajos vuelos, sin importante el prestigio de la marca España. ¡En qué manos estamos! Y Javier Arenas callando antes estas tropelías contra Andalucía y España… Y ya se sabe: quien calla, otorga.

Eufemismo

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define eufemismo como “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Con la ligereza habitual o el oportunismo ramplón de los que hace siempre gala, Javier Arenas, a la sazón presidente andaluz del PP, sacaba el domingo uno de esos conejos virtuales de su chistera y anunciaba que estaba barajando el posible traslado de la sede regional de su partido a Antequera. Un movimiento táctico de cortas alas con el que pretendía subirse a los trenes baratos del agravio y del localismo pedestre. Puro ardid, mera añagaza, ladina treta para ganar un titular.

Al día siguiente, el número dos del PP andaluz, Antonio Sanz, consideraba la ocurrencia como un “eufemismo” y negaba que se estuviera estudiando ese eventual traslado al centro geográfico de Andalucía. Sonora y patética marcha atrás. Todo el tenderete por los suelos en veinticuatro horas en una demostración de falta de seriedad y rigor, en una muestra palmaria de la frivolidad con que algunos se toman la política, en un despropósito más con el avieso objetivo de aventar el fuego de la división y el enfrentamiento entre ciudades y provincias, en un ejercicio cínico de irresponsabilidad que no sirve para construir una Andalucía más fuerte.

Para colmo, es decir, para acabar de estropearlo, dice Sanz que con el “eufemismo” se pretendía reafirmar el compromiso del PP con Antequera. Suena más bien a tomadura de pelo y falta de respeto hacia la gente de esta bella y acogedora ciudad. Ha sido un juego de mal gusto, un traspié en pos de un beneficio pírrico usando a esta población como excusa de una maniobra ridícula.