El papelón de Rivera

La ruptura de Ciudadanos con Manuel Valls deja en un muy mal lugar a Albert Rivera. La respuesta iracunda del líder naranja retrata a un político de poco fuste y cortos vuelos. El ex primer ministro francés ha tenido un gesto de altura al propiciar la continuidad de Ada Colau y frenar el avance del independentismo. Con esta audaz decisión ha evitado que Barcelona se convierta en otro escaparate de propaganda del separatismo catalán. Se podría decir que la jugada es positiva o, al menos, desde la óptica del partido naranja, se primaría el mal menor. Si este partido nació según sus fundadores para frenar la deriva secesionista, ¿por qué no han visto con buenos ojos este movimiento político? Rivera, dirigente caprichoso y acelerado, ha preferido cortar amarras en cambio con Valls, con quien mantenía un enfriamiento de relaciones por las críticas de éste a los pactos implícitos y también explícitos de Cs con la extrema derecha.

¿Le ha molestado a Albert Rivera el frenazo en seco que ha sufrido el independentismo en Barcelona? Por su modo de reaccionar como elefante en cacharrería se diría que sí. ¿Preferiría un alcalde como Ernest Maragall para tener otro frente de confrontación continua? Ciudadanos se ha instalado en la polarización y en el frentismo, en el cuanto peor mejor. Cataluña y, por tanto, España se merecen una mirada más elevada y menos mezquina. No se trata de agitar el conflicto para arañar un puñado de votos, sino de buscar caminos de entendimiento para ir reduciendo los decibelios y la temperatura. No incrementar la presión por interés particular y sí favorecer la reconstrucción de puentes y la convivencia democrática. Se ha de mirar un poco más allá del propio ombligo. La réplica desproporcionada de Cs y Rivera ante el gesto de Valls se asemeja mucho a la pataleta de un niño al que le quitan un juguete. Pero, Albert, hay algo que un dirigente político debería saber: con las cosas importantes no se juega.

Foto.- El Español. Valls y Rivera.

El gesto de Valls

Lo que ha hecho Manuel Valls no es habitual en la vida política. El ex primer ministro francés y concejal electo por Barcelona le ha ofrecido a Ada Colau sus votos para que siga al frente de la Alcaldía de la ciudad. Y lo hace gratis, sin pedir nada a cambio, sólo con la finalidad de impedir que el independentismo se haga con el bastón de mando municipal. Si inaudito es el gesto de Valls, no menos llamativa es la equidistancia de Colau y las reservas manifestadas por su gente de confianza a esta vía. La todavía alcaldesa prefiere un pacto imposible con ERC y PSC, imposible porque los socialistas no pactarán con los separatistas. Cuesta entender el purismo de En Comú Podem, la confluencia catalana vinculada a Podemos. No hay mejor forma de transformar y hacer avanzar a una sociedad que desde las instituciones, y más aún quitándole un instrumento político de tanta magnitud como el Ayuntamiento de Barcelona a ERC y Ernest Maragall, que lo pondrían al servicio del procés y no de los ciudadanos, como están haciendo desde la Generalitat. En este caso, las dudas de Colau y su partido ofenden.

Foto.- elnacional.cat.

Cuña de la misma madera

Dicen que no hay peor cuña que la de la misma madera. Eso habrán pensado esta mañana muchos ciudadanos cuando distintos medios de comunicación hacían referencia al libro sobre Ada Colau en el que, como dirían por mi tierra, viste de limpio a Pablo Iglesias. En el volumen, con el título ‘Ada, la revolución democrática’, la alcaldesa de Barcelona marca distancias con el líder de la formación morada y afea tanto la “arrogancia” como la “forma de expresarse” de Iglesias y de los principales dirigentes podemitas. Subraya Colau que “hay un cierto estilo de Pablo y el núcleo impulsor de Podemos con el que no conectamos. Me hacen sentir más catalana que nunca. Es una diferencia de estilo, personal y política. Barcelona en Comú no es Podemos. No lo ha sido nunca“.

El desayuno se le ha tenido que atragantar a Iglesias. Colau pone el dedo en la llaga y golpea en el flanco más débil del número uno de Podemos. Ha recibido muchísimas críticas por su soberbia y su prepotencia en los últimos tiempos, unas críticas que ha despreciado vinculándolas a sectores de la vieja política y los poderes económicos. Le falta humildad para reconocer sus defectos. Sin embargo, las palabras de Colau vienen de dentro, del corazón del entramado político que surge al calor del 15-M. El fuego amigo es el que más daño provoca porque, además de la credibilidad que contiene, te coge con la guardia baja y golpea hasta lo más profundo. Viendo el revuelo provocado por sus reflexiones sinceras, Colau ha corrido esta mañana para, a través de su cuenta de Twitter, intentar reparar el desaguisado. Pero la mecha ya estaba prendida…

Sillones y referéndum

Sin entrar en las formas, la prepotencia que preside todas las comparecencias de Pablo Iglesias salta a la vista de cualquiera, el documento de Podemos para pactar con el PSOE representa una apuesta inequívoca por unas nuevas elecciones. Esta contraoferta al programa inicial presentado por el socialista Pedro Sánchez está cargada de maximalismo y pretende dinamitar cualquier posibilidad de encuentro o humillar a un partido con 136 años de historia con postulados inasumibles y que se alejan mucho de la gente y de la tradición de la izquierda.

El texto de la formación morada sitúa al mismo nivel el rescate ciudadano, la lucha contra el desempleo o el fortalecimiento de los servicios públicos con el reparto de sillones, la celebración de un “imprescindible” referéndum sobre la independencia de Cataluña o la reforma del modelo territorial dividiendo España entre territorios de primera (naciones) y de segunda (comunidades políticas), lo que en la práctica supone un modelo confederal asimétrico y con estados independientes (léase Cataluña, Euskadi o Galicia) que se asocian a España. Con estos mimbres resulta imposible un acuerdo de gobierno. Mucha retórica hueca de Iglesias y sus cuates y a la hora de la verdad sus prioridades se centran en contentar a sus confluencias independentistas descosiendo España.

Y la agenda social no es ni siquiera segundo plato. El documento de Podemos destila un ansia de poder desmedido. Ellos, que tantas lecciones han dado a lo que denominan la vieja política, anteponen los sillones también a una respuesta de progreso para los ciudadanos que peor lo han pasado durante esta crisis. Iglesias se arroga para sí una vicepresidencia con competencias absolutas, cuando algunas corresponderían incluso al presidente del Gobierno. El documento establece la estructura del futuro Ejecutivo, el número de ministerios (con una pintoresca cartera de Plurinacionalidad para pagar el peaje que les exige Ada Colau y En comú) y la creación de nuevos organismos estatales bajo la órbita del partido morado.

Iglesias y compañía están demostrando una forma de negociar sui géneris por no decir arrogante y desde la atalaya de una hipotética superioridad. ¿No habíamos quedado que lo primero son las políticas y luego los nombres y los puestos? Pues no. Éstos que van de nuevos pero ya tienen varios trienios en política no están mostrando su vis más antigua. Parecen vendedores ambulantes de crecepelo. Qué diferencia con la actitud de Izquierda Unida, con quien los socialistas ya han acordado doce medidas políticas y sociales pensando en la gente.

¿Quiere Podemos pactar?

Podemos y, sobre todo, sus allegados no parecen querer acuerdo de izquierdas. El programa del partido de Pablo Iglesias se supedita a las reivindicaciones de otros grupos de raíz independentista que iban en la misma lista de confluencia. Basta escuchar las posiciones de En comú en Cataluña, de las mareas gallegas y en menor medida de los valencianos de Compromís para desvirtuar el rescate de las personas como primer objetivo y situar por delante de todo el derecho de autodeterminación de los pueblos. Con esa línea roja que trazan están dando un portazo previo a cualquier posibilidad de diálogo. Ahí están sus contumaces declaraciones:

Xabier Doménech (En comú): “El compromiso con la celebración de un referéndum se mantiene. Esa condición no es menos importante que el diálogo sobre medidas sociales, la lucha contra la corrupción o la derogación de la reforma del artículo 135 de la Constitución“.

Alexandra Fernández (En Marea): “Reconocer a Galicia como sujeto político propio y como nación periférica del Estado con una especificidad propia y, como tal, con derecho a decidir“.

Mónica Oltra (Compromís): “El referéndum de Cataluña es una cuestión de estado, importante, tiene que abordarse. Si queremos preservar la unidad del estado español, tenemos que dar pasos. No podemos seguir enrocados cada uno en una posición extrema… Defendemos un modelo de estado donde los territorios estén por voluntad y no porque se les dobla el brazo detrás de la espalda… Si preguntamos, tal vez el problema se resuelve en cuestión de meses“.

Con estos mimbres el acuerdo resulta más que complejo. Además  de la reclamación identitaria y rupturista, se pone en riesgo la igualdad de todos los españoles vivan donde vivan.

Foto.Diario crítico. Mónica Oltra, Ada Colau y Pablo Iglesias.

Iglesias se rinde a Colau

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A Pablo Iglesias le ha salido un contrapoder dentro de Podemos: Ada Colau. En el juego interno de fuerzas y equilibrios el líder de Podemos ha cedido parcelas a la alcaldesa de Barcelona para retener el voto más independentista e identitario de Cataluña o Galicia. No quedaban apenas dudas de que esa era la razón que explica que la primera línea roja de la oferta de pacto poselectoral sea el derecho a la autodeterminación de los territorios y la celebración de un referéndum en Cataluña. Hoy la certeza es ya del cien por cien. El bloque catalán de la formación morada ha dejado clara cuál es la hoja de ruta irrenunciable: la celebración de una consulta sobre la ruptura con España. Los doce diputados catalanes de En Comú, franquicia de Podemos, votarán en contra de cualquier acuerdo que no la contemple. Esta postura hace imposible un acuerdo con el PSOE, primera fuerza de la izquierda en las elecciones del 20 de diciembre, y demuestra que el alma independentista que habita en la formación morada prepondera sobre la componente ideológica. O dicho de una manera más directa: que Pablo Iglesias ha claudicado, se ha rendido a Colau, y relega la posibilidad de un giro social con tal de contentar a los sectores soberanistas que lo apoyan. ¡Vaya chasco!

Las dos almas de Podemos

A Podemos le pasa como a la CUP: tiene dos almas. Una de izquierdas y otra independentista. Sólo de esta forma se puede entender que Pablo Iglesias ponga como línea roja para negociar el derecho de autodeterminación o derecho a decidir de Cataluña u otro territorio antes que políticas progresistas de empleo, educación, sanidad o protección social, políticas que vengan a corregir el sufrimiento causado por la derecha en estos cuatro años de gobierno en España. Iglesias es rehén de las aspiraciones de En Comú de Ada Colau o las mareas gallegas, donde el sentimiento soberanista cohabita y, cuando no, supera al ideológico. Hasta seis veces le preguntaron en la rueda de prensa tras su reunión con Mariano Rajoy en la Moncloa sobre si estaba dispuesto a renunciar al referéndum de independencia en Cataluña y en ninguna ocasión dijo que no. Parece que en la formación morada se han olvidado de las reivindicaciones del 15-M. No recuerdo a nadie en las plazas pidiendo a gritos el derecho a decidir. La indignación no tenía nada que ver con la independencia de territorios, sí con la crisis, sí con el desempleo, sí con la pérdida de derechos, sí con el menor bienestar de las familias, sí con la necesidad de una regeneración democrática. Podemos ha desplazado todo este catálogo ideológico a un segundo término y ha puesto en su frontispicio supuestas urgencias que tienen más de cuestión interna (facturas debidas) que con el interés social y ciudadano. No están respetando el espíritu con que nació el 15-M. Ellos sabrán sus (inconfesables) razones.

Foto.Público.