Hasta aquí hemos llegado

Insaciables. Con la excusa de la crisis, el liberalismo se ha cebado con los trabajadores en los últimos cinco años. Nos han asestado golpes y más golpes y nos han arrebatado con avaricia derechos laborales. No se conforman con el resurgimiento de la figura de los trabajadores pobres, que con un sueldo de miseria no tienen para llegar a final de mes. Les parece poco que la brecha de la desigualdad se haya agrandado de tal manera que más de tres millones de personas hayan dejado de ser clase media y se encuentren en riesgo de exclusión. Se frotan las manos porque hoy los ricos son más ricos y los pobres más pobres. El peso de la crisis lo hemos soportado los trabajadores y ahora que se atisba la recuperación quieren más hachazos sobre los de siempre. No están satisfechos con las vueltas de tuerca que nos han dado. Pero hasta aquí hemos llegado.

El Banco de España plantea abaratar de nuevo el despido, quitar protección a los contratos fijos y una nueva revisión salarial. Otro tijeretazo en la barriga de los trabajadores. Al calor de las elecciones, el supervisor bancario se mete en arena política. Posiblemente animado por el Gobierno de Mariano Rajoy. Lo usa para que lance globos sonda a ver si cuelan. Quiere sin duda el PP, empujado sus compromisos inconfesables, endurecer su reforma laboral infame. Una reforma que impuso sin diálogo y que genera poco empleo y además precario y con condiciones casi de explotación. Más que nunca hace falta que el 26 de junio saquemos democráticamente a Rajoy y al PP de la Moncloa y el nuevo Gobierno socialista derogue la reforma laboral y construyamos un nuevo marco de relaciones laborales que recupere la negociación, respete los derechos de la fuerza del trabajo y genere empleo de calidad y estable.

Foto.EFE. Luis María Linde, gobernador del Banco de España.

No olvidemos estos cuatro años

De esto es lo que no quiere hablar Mariano Rajoy en campaña y seguramente pasará de puntillas en el debate cara a cara con Pedro Sánchez esta noche. Su balance de recortes es estremecedor. Después de tres años y muchos meses encerrado en el plasma y dando tijeretazos al bienestar de los españoles desde su mullido sillón del Palacio de la Moncloa, ahora se pone el traje de campaña y pone cara de bueno. ¿Y a quién va engañar? Él y sólo él es el responsable del desaguisado social que hemos sufrido desde 2011. Cientos de miles de familias han padecido en sus carnes las políticas crueles del PP. No se debería pasar por alto esta dura realidad a la hora de coger la papeleta de voto el domingo. No olvidemos estos cuatro años de sufrimiento. La desigualdad cabalga desbocada en España.

Y hay programas de partidos nuevos que profundizan en esta línea. Ciudadanos mantiene los copagos, quiere cerrar universidades periféricas, plantea bajar el IVA de artículos de lujo y subir el de los productos básicos de la cesta de la compra (pan, leche, legumbres…), plantea un contrato único que supone despido más barato y una vuelta de tuerca más a la reforma laboral aprobada por el PP… Más madera.

Es el momento del cambio, pero de un cambio seguro y progresista, sensible con las dificultades que atraviesan muchas familias y con conocimiento y preparación para la acción de gobierno transformadora que necesita España. Y ahí la única opción la representa el PSOE.

 

Más leña

No paran. Los representantes de los mercados no cejan en su empeño de dejar el estado del bienestar reducido a un vestigio del pasado. No hay día que uno de esos organismos que nadie elige en las urnas nos den lecciones de cómo conjurar esta prolongada crisis, sin importarles que salgamos casi desnudos, como los hijos de la mar, que escribiría Machado. El Fondo Monetario Internacional se ha descolgado con otra vuelta de tuerca a la reforma laboral con la añagaza de crear empleo. Más leña a la pérdida de derechos de los trabajadores: despidos más baratos (será ya hacerlos libres), salarios más bajos y liquidación en la práctica de la negociación colectiva. Prácticamente, el FMI plantea dejar a los asalariados a la intemperie y sin ningún tipo de protección. Los empresarios se han frotado las manos, el Gobierno se tentado la ropa tras el desgaste que le ha supuesto la ya dura reforma laboral de febrero de 2012 y no se ha dejado seducir por este nuevo canto de sirenas (al menos, de momento), la oposición y los sindicatos han puesto el grito en el cielo. Otros expertos sostienen justo lo contrario que este organismo tan fallón en sus recetas (ahora admiten que se han pasado en la dosis de austeridad con Grecia): con la reducción de salarios no se crean más puestos de trabajo. Nos hicieron creer que los costes laborales eran altísimos es la cantinela del discurso dominante neoliberal. La fórmula para recuperar competitividad no supone deprimir las retribuciones, sino en poner en marcha políticas de estímulo e invertir en investigación, desarrollo e innovación. De seguir la senda que nos marcan los mercados, saldremos de la crisis, sin duda, pero en peores condiciones y con un retroceso de conquistas abismal.

Satisfacción injustificada

Me han contado esta mañana una demostración de fuerza de un empresario blandiendo la reforma laboral que me ha puesto los pelos como escarpias. El patrón (o negrero) le exige a un trabajador que firme un documento admitiendo que se ha tomado las vacaciones sin haberlas disfrutado, ni siquiera se las abona, y a las pocas semanas lo pone de patitas en la calle aduciendo reducción de ingresos. A estos abusos están sometidos los trabajadores desde que el Gobierno del PP aprobó una reforma laboral que los ha dejado a la intemperie, con el despido casi gratuito y que ha destrozado el equilibrio de las relaciones laborales en beneficio del empresario. Me entero de este triste episodio el mismo día que todos los periódicos recogen la satisfacción de Mariano Rajoy por los resultados que está dando la reforma laboral. Los datos no soportan este triunfalismo del inquilino de la Moncloa: desde que entró en vigor la norma, hay más de un millón de parados más y varios millones de trabajadores españoles están en riesgo de perder la protección de su convenio colectivo. Eso sin contar otros derechos arrebatados y la espada de Damocles que se cierne contra el obrero que ose alzar la voz ante las injusticias y los abusos. Escuchando a Rajoy da, por tanto, la sensación de que vive en una burbuja o en otro planeta. Esa autocomplacencia llega a ofender.

Otro engaño más

Los poco más de cien días de Mariano Rajoy en el Gobierno están resultando un auténtico timo. Los engaños se suceden con ritmo de vértigo, sus hachazos no están dejando títere con cabeza. Dijo que no subiría los impuestos porque supondría una agresión a las familias y traería más paro y lo ha hecho; aseguró que no abarataría el despido y ha aprobado un reforma laboral que lo hace prácticamente libre y muy fácil para los empresarios, una reforma tan lesiva que le ha costado una huelga general y grandes manifestaciones; garantizó que “metería la tijera en todo menos en pensiones, sanidad y educación” y esta tarde, a través de una fría nota de prensa, anuncia recortes adicionales de 10.000 millones en educación y sanidad. Eso sin contar la drástica reducción de estas partidas en los Presupuestos Generales presentados el 30 de marzo. El actual inquilino de la Moncloa es una máquina de incumplir sus promesas y además en un tiempo récord. Y para más inri, sigue escondido en su despacho sin dar la cara. ¿Quién se va a poder fiar de su palabra? Con estos antecedentes, sólo los muy fanáticos.

Reforma contra el empleo

¡Qué lejos queda ya ese mantra impostado de que el PP era el partido de los trabajadores (Cospedal dixit)! El Gobierno de Rajoy ha elaborado una reforma laboral a la medida de su ideología. Histórica pero en sentido negativo por las consecuencias negativas que acarrea. El júbilo de la patronal CEOE y de otros grupos de la derecha patria evidencia el sesgo de la medida. Beneficia sin ambages a los empresarios y nos debilita a los trabajadores. En este nuevo marco laboral se abarata el despido de forma generalizada. Perdemos todos los que tenemos nómina, quedamos al albur de unos nuevos requisitos para la rescisión de contrato favorables para el patrón. Sólo con nueve meses de menos ingresos, que no de pérdidas, el empresario te puede poner de patitas en la calle y de forma procedente, con una indemnización de 20 días por año trabajado en lugar de los 45 días vigentes hasta hoy.

La reforma de Rajoy supone un recorte brutal de derechos y de la protección de los trabajadores y se traducirá en un efecto llamada para la destrucción de más empleo. Si en un panorama económico de recesión, como mínimo hasta el primer semestre de 2013, y una previsión de seis millones de parados para el año en curso, abaratar el despido de forma generalizada es como dar un cheque en blanco a los empresarios para hagan y deshagan a su antojo. Si un cambio legislativo no es la quimera para dinamizar el empleo, en este caso no sólo no se crean unas condiciones favorables para dinamizar el mercado laboral, sino que la norma empuja en sentido contrario a la destrucción de empleo.

Para redondear esta agresión a los trabajadores sin contar con los sindicatos, se hace saltar por los aires la negociación colectiva al circunscribirlo a cada empresa. Además, los trabajadores perderán los derechos laborales después de dos años de bloqueo de los convenios colectivos, que se tendrán que negociar de nuevo desde cero. Para los jóvenes se legaliza la explotación hasta los 30 años regulando un miserable contrato de prácticas y a los parados se les cambian los cursos de formación por trabajos para la comunidad y así de camino aligerar la plantilla de empleados públicos (algo así como los voluntarios que planteaba Ana Botella en Madrid).

Éste es el Gobierno del cambio hacia atrás, del retrocambio. Ha elegido competir bajando los salarios y aumentando las jornadas laborales, instaurando un modelo de relaciones laborales de países del tercer mundo, en vez de emular con países desarrollados a través del conocimiento, la innovación y la aportación de los trabajadores. Estamos en una reforma contra el empleo al alumbrar un despido más fácil y barato.

El ventajismo de la CEOE

La patronal se quiere aprovechar de la desesperación de la gente que persigue un empleo. Al calor de la cifras del paro, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) se ha descolgado con dos propuestas que suponen asestar un duro golpe a la clase trabajadora. Una de carácter general, abaratar el despido y que éste tenga efecto con menor control judicial. Y otra dirigida a un sector poblacional, los menores de 30 años, para los que se plantea un contrato de inserción (¿o de esclavitud?) con una retribución como máximo del salario mínimo interprofesional y sin derecho a derecho a desempleo e indemnización, es decir, sin protección social.

La CEOE, a través de un presidente como Gerardo Díaz Ferrán con la autoridad moral a ras de suelo, pretende extraer ventaja del exceso de mano de obra demandante de un puesto de trabajo. Con este caldo de cultivo, los patronos han mostrado su verdadero rostro. Llevan tiempo amagando, tirando la piedra y escondiendo la mano. Por fin, han manifestado con elocuencia su aviesa hoja de ruta con la que piensan a acudir a la mesa de la reforma laboral con el Gobierno de España y los sindicatos. El diálogo social ha de servir para mejorar el mercado de trabajo y no para usar la crisis como coartada para arrebatar derechos y conquistas de los trabajadores.

Ya va siendo hora de exigir a los empresarios una verdadera implicación con los designios de este país. No se puede apelar siempre a la teta de mamá Estado en los momentos de vacas flacas y cuando llega la temporada de bonanza, embolsarse los beneficios y engrosar las cuentas corrientes particulares. ¿Dónde está la responsabilidad del sector privado para sumar a la bolsa común y no a la propia? ¿Para cuándo un poco de cordura por parte de la cúpula patronal?

Por cierto, al PP no le queda más remedio que retratarse. Ahora tiene la oportunidad de demostrar si está con la gente o está con la elite empresarial que quiere cebarse con los de siempre, los más débiles.

Foto.El Mundo.

Soniquete cansino

El mensaje repetitivo de algunos organismos produce ya hastío y cansancio. El Fondo Monetario Internacional (FMI) vuelve a la carga dibujando un horizonte de pesimismo para la economía española y anuncia como medida mágica para corregir su negro augurio la rebaja de los salarios. Ya veremos si se cumple esta desilusionante previsión, si bien se antoja sintomático que siempre los poderosos quieran descargar el peso de esta profunda crisis sobre los hombres de la clase trabajadora, sobre el eslabón más débil de la cadena.

Ni una palabra de admonición a los bancos, auténticos responsables de la catástrofe internacional con sus productos basura. Sin embargo, estas entidades han recibido el oxígeno imprescindible de las autoridades de todos los países desarrollados para que su problema no derivara en un caos generalizado. Sólo el presidente norteamericano, Barack Obama, se ha atrevido a plantarles cara con su rotundo aviso de que “si quieren pelea, la tendrán”. Con la economía renqueante y de capa caída, las entidades financieras siguen haciendo caja, ganando dinero a espuertas. Es verdad que menos que en años anteriores de vacas gordas. No se trata de poner el foco en lo que dejan de ingresar, sino en el escandaloso volumen de beneficios que siguen amasando.

¿Por qué el FMI no le reclama un mínimo sacrificio a los bancos? ¿Por qué no dedican una cuota de sus dividendos al apoyo al tejido productivo y empresarial? Ése es un asunto tabú o se tilda de desvaríos de rojeras. En los periodos de bonanza se ponen las botas, engordan sus ya acaudaladas cajas fuertes, y cuando la economía pierde pulso demandan la solidaridad del conjunto de la sociedad. Un monumento a la codicia sin límites. ¿Para cuándo socializar al menos parte de sus beneficios en lugar de asfixiar más a los de siempre?

Si ya las recetas del FMI se reciben como un soniquete cansino, ya en territorio patrio la retahíla del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, resulta ya insoportable. Vincular exclusivamente la salida de la crisis a la reforma del mercado de trabajo suena apocalíptico y falso. Un día sí y otro también, MAFO agita el espantajo de las reformas laborales y propugna el abaratamiento del despido para incentivar la contratación. Un alegato de lo más liberal. Al garante las conquistas de décadas.

El conejo de ‘Kaká’ Rajoy

Que no es el de la Loles. Es otro conejo y no una niña lo que ha sacado Mariano Rajoy de su chistera de prestidigitador poco avezado. Por fin sabemos que la receta del principal partido de la oposición para luchar contra el desempleo es abaratar el despido. Ya era hora de que se mojara, se quitara la careta y enseñara su agenda oculta. Lleva meses la patronal pregonando la necesidad de recortar derechos de la clase trabajadora, en ese tiempo el presidente del PP ha estado jugando al despiste, con posiciones ambiguas y discursos ambivalentes. La segunda gran idea es congelar el sueldo de los funcionarios, como ya hicieron en los tiempos de Aznar. El catecismo de la derecha ofrece siempre la misma fórmula: recorte de las conquistas sociales y laborales, que sean los más débiles los que se aprieten el cinturón.

En la entrevista concedida a El Mundo, Rajoy ha demostrado que tiene dos vocaciones frustradas. Por un lado, hace oposiciones a pitoniso: “Cuando gobierne bajará el paro”. Así, sin más, como por arte de ensalmo o a través de conjuros secretos, a lo Harry Potter. Y tiene que recurrir a la magia o a lo esotérico porque no tiene nada que ofrecer a la ciudadanía. No lo digo yo, que también lo creo, lo ha reconocido don Mariano esta mañana en una entrevista en la Cadena Ser: perfilará su alternativa durante los próximos meses en el marco de cinco grandes convenciones. ¿Y qué ha estado haciendo hasta ahora? Pues eso, sacar conejos de la chistera.

La segunda aspiración no cumplida es la de ser futbolista. Rajoy sueña con ser una estrella del deporte rey y, además, demuestra que no tiene abuela. Responde a una pregunta del periodista: “Sería un mediapunta. Como Kaká, como Cesc o como Iniesta. Los tres son jugadores seguros y fiables“. No pica bajo el político gallego y se compara, sin modestia alguna, con lo mejorcito del panorama futbolístico. La ciudadanía no piensa lo mismo y le ha dado ya dos veces calabazas enviándolo al banquillo… de la oposición. No me imagino a Rajoy con el 8 del Madrid o del Barça en la espalda, tampoco con el 4 del Arsenal, lo visualizo con un número por encima del 25, un dorsal de eterna esperanza que no acaba nunca de cuajar y es cedido a otros equipos de inferior categoría para que se foguee.

Algo se mueve

primero-de-mayo-en-malaga

La recesión económica, el incremento de la tasa de desempleo, las exigencias retrógradas de reducir conquistas sociales de los trabajadores, empresas en dificultades, expedientes de regulación de empleo… Las consecuencias de esta primera gran crisis de la globalización han propiciado el resurgimiento de las movilizaciones con motivo del Primero de Mayo, Día del Trabajo. Más gente en todas las concentraciones convocadas por los sindicatos en España y Andalucía. ¡Y es que cuando aprieta el zapato! El grito ha sido unánime: no al recorte de derechos sociales, no al abaratamiento del despido y garantías de mantenimiento de la protección social. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero lo tiene claro: ni un paso atrás en los derechos sociales. La clase trabajadora no puede pagar las facturas de una crisis provocada por la avaricia del capital. Hasta en sectores más aperturistas de la Iglesia católica se da un toque de atención a los empresarios desalmados. El arzobispo de Sevilla, monseñor Amigo Vallejo, ha alzado la voz contra la codicia de algunos representantes de la patronal dispuestos a sacar rentabilidad de estas aguas revueltas. Y al calor de esta celebración reivindicativa se producen noticias para la esperanza. El consejero de Empleo del Gobierno andaluz, Antonio Fernández, anuncia una caída del desempleo en el mes de abril en esta comunidad autónoma. ¿Habremos tocado fondo? Parece que algo se mueve.

Foto: El País. Manifestación del 1º de Mayo en Málaga.