Salvajada

La brutalidad no se puede tolerar en las sociedades civilizadas. Cuesta digerir un año más el triste y cruento espectáculo del Toro de la Vega, en Tordesillas (Valladolid). Tanta crueldad, tanta saña, tanto sadismo resultan insoportables. No podemos permanecer impasibles ante una salvajada propia de la Edad Media e incompatible con el siglo XXI. No se puede defender la violencia desmedida contra un animal con el débil argumento de la costumbre. Muchas costumbres ancestrales han ido desapareciendo con la evolución social y cultural de los seres humanos. ¿O no han quedado como vestigio de un pasado tétrico la esclavitud o el derecho de pernada? Se ha de encarar un debate serio (y que no acabe como ayer a pedradas entre detractores y defensores de esta sanguinaria fiesta) que ponga fin a este espectáculo salvaje que proyecta hacia el exterior una imagen de España bárbara y distorsionada. Alguien tiene que ponerle con urgencia el cascabel al gato. La Administración competente no puede seguir mirando hacia otro lado.

A la Iglesia le falta autocrítica

Nos cuesta demasiado la autocrítica. Buscamos siempre un culpable o una excusa fútil para no asumir nuestra responsabilidad, una reacción lógica de la naturaleza humana por mucha sotana, bonete o púrpura con la que nos adornemos. La Iglesia católica pierde cada día más afectos, se lo gana a pulso por su inmovilismo e incapacidad para hacer un humilde ejercicio de contrición, asumir su penitencia y rectificar de postulados infumables en los tiempos que corren. Se desangra sin que sus teóricamente lúcidos popes sean capaces de practicar un torniquete de urgencia ante esa pérdida de feligresía. Es tanta la soberbia y la prepotencia que se encastillan en sus posiciones obsoletas, se parapetan en explicaciones absurdas, se enrocan en digresiones chuscas.

En este mapa general de la Iglesia de Roma, el caso español adquiere ribetes esperpénticos. En el año 2010, las bodas civiles casi han duplicado a las religiosas: 49.000 frente a 26.000. La Conferencia Episcopal, en lugar de analizar las razones que sustentan ese vuelco en el comportamiento de la sociedad española, se ha tirado por los cerros de Úbeda, con justificaciones peregrinas y, si me apuran, insultantes contra aquellos que han optado por los juzgados o los ayuntamientos para contraer matrimonio. El portavoz de la cúpula eclesial, monseñor Martínez Camino, equipara el compromiso que acarrea la unión civil con un contrato de telefonía móvil. Sus coléricas palabras no admiten ninguna duda:

El matrimonio religioso es uno y para toda la vida, y además es el formado por un hombre y una mujer, y no por otro tipo de uniones. En cambio, el matrimonio civil se puede repetir hasta cuatro veces al año. […] Cada tres meses ese contrato se puede disolver de manera unilateral sin aducir razón alguna. El matrimonio civil es un contrato más leve que el hecho de contratar un servicio de telefonía móvil, que a uno le resulta mucho más difícil de rescindir“. (Corte de audio de la Cadena Ser)

Además de esta ristra de sandeces, el prelado apuntó al causante de esta pandemia que azota a la Iglesia. Y cómo no, su dedo acusador ha señalado al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, instigador de “políticas hostiles contra la familia y la vida“. Ya tenemos la coartada perfecta para endosar el fracaso a un tercero que pasaba por allí. No me imaginaba al presidente conspirando desde la Moncloa que la gente no pase por la vicaría. Dice el refranero: errar es humano, pero echarle la culpa al otro es más humano todavía. Por muy divino o aspirante a la gloria que sea el que cometa el yerro.

Andalucía, notable alto en Dependencia

Andalucía saca una muy buena nota en la aplicación de la Ley de la Dependencia. No es una valoración caprichosa ni al albur de mi ideología. La destacada calificación parte de un foro neutral y cualificado como es el Observatorio de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. En su último dictamen, correspondiente al primer semestre de 2010, otorga a la comunidad andaluza un notable alto (8) en el desarrollo del considerado cuarto pilar del estado del bienestar. Hasta una valoración de 8,5 obtienen autonomías como Castilla-La Mancha, País Vasco, Castilla y León y Aragón.

El Gobierno de Andalucía ha hecho bien sus deberes desde el primer momento. Por eso, esta tierra es la primera en número absoluto de personas valoradas y que reciben la prestación. En términos relativos, lidera la tabla en número de solicitudes sobre la población y ocupa el tercer lugar en el porcentaje de beneficiarios sobre el total de habitantes. Es una cuestión de sensibilidad y de compromiso con muchas familias que requerían de la administración una respuesta a sus dificultades y su sufrimiento, de saber entender y estar covencido de que había que hacer algo para favorecer el bienestar de mucha gente con un familiar en situación de dependencia.

A la cola de la clasificación, con una evaluación bajísima, para sacar los colores a cualquiera, están Canarias (0,5), Madrid (2) y Valencia (2), las dos últimas los buques insignias de la supuesta buena gobernanza del PP y la peor puntuada es una comunidad con un pacto de gobierno entre nacionalistas y populares. Este barómetro refleja con claridad cuál es el interés que la derecha patria le presta a una ley de tanta relevancia, una norma que articula un derecho ciudadano de nueva generación. Encima, cuando uno ve al PP de Andalucía arremeter contra la Junta por la dependencia no entiende nada. ¡Cómo se pueden refugiar en el cinismo, en la destrucción, en la política de tierra quemada, cuando su expediente está lleno de suspensos y borrones y Andalucía es un alumno aventajado! Se da una situación como en el cuento de la hormiga y la cigarra. Para completar el duro, nos topamos con un Javier Arenas, que además de baranda andaluz es el responsable nacional de la política autonómica del PP, jugando a la doble moral y desentendiéndose de unas políticas que mejoran la vida de las personas y de las familias.

El dictamen del Observatorio pone a cada cual en su sitio, reconoce el esfuerzo ingente de unas comunidades en el desarrollo de esta ley y deja en evidencia a otras que con tal de meter el dedo en el ojo del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no atienden a muchos posibles beneficiarios y dedican el dinero que reciben del Estado a otros menesteres quizá inconfesables. Dan en las posaderas de los dependientes la patada que les gustaría propinar a Zapatero.

Más datos en Dictamen sobre dependencia – Junio 2010

Coto a la barbarie

De Baena a Isla Cristina. El espanto no conoce fronteras. Otra violación múltiple sacude nuestras conciencias. Siete menores, dos de ellos con una edad inferior a los 14 años y por tanto inimputables con la legislación en la mano, han agredido sexualmente a otra menor de 13 años con problemas psíquicos. El horror adquiere dimensiones descomunales. Algo estamos haciendo mal (todos y todas, sin excepción) para que por las cabezas de unos críos pasen atrocidades de este calibre.

La sociedad no se puede quedar cruzada de brazos ni dejar impunes estas conductas inadmisibles. Es imprescindible un profundo y sereno debate colectivo con la ulterior asunción de medidas que, de forma estructural, corrijan esas lacerantes goteras que arruinan nuestra convivencia. No cabe duda de que hay que seguir profundizando en la educación en igualdad y en valores y también estudiar una posible modificación legal que proteja mejor a las posibles víctimas y penalice las acciones deleznables. Como padre resulta desolador que dos de los agresores estén ya en su casa por tener sólo 13 años.

José Chamizo, defensor del Pueblo de Andalucía, lanza la idea de arbitrar algún tipo de castigo a los chicos que delinquen (por ejemplo, órdenes de ingreso en centros de trastornos del comportamiento), sobre todo cuando aumentan los agresores menores de edad. ¿Hay que poner sobre la mesa la reflexión sobre una eventual reforma de la Ley del Menor para penalizar más estrictamente los delitos de violación? El asunto es complejo: exige cabeza fría y no dejarse arrastrar por el acaloramiento del momento (¡ya no estamos en el Far West!), sino tomar decisiones meditadas y eficaces. Esta lacra se corrige especialmente con prevención sin olvidar el efecto disuasorio que tiene la sanción.

Ruido de sotanas

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La revolución ha llegado a los palacios episcopales, las campanas de las iglesias tocan a rebato, los gritos de movilización se transmite desde los púlpitos a la feligresía. La jerarquía eclesiática ha entrado de nuevo en el debate político como un elefante en una cacharrería. La jornada de ayer nos ha mostrado la cara más retrógrada, más casposa y más insolidaria de una dirección de la Iglesia católica en España anclada en el pasado, muy cerrada al pensamiento y las convicciones de la ciudadanía española.

Han alzado su voz abracadabrante contra la futura de ley del aborto y contra la terapia que ha permitido en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla el nacimiento de un niño que va a salvar la vida de su hermano (¿no han visto los curas la felicidad dibujada en la cara de los padres?, ¿no sienten piedad por la vida de ese niño que se moriría sin remisión?, ¿este ser humano no tiene derecho a la vida?).

Los jerarcas han perdido el norte. Han sacado una campaña de publicidad, con el dinero que le pagamos todos los españoles de nuestros impuestos merced a un preconstitucional Concordato, en la que hacen demagogia con el respeto a la vida de un embrión humano y un lince. La tesis católica es que un niño está menos protegido que este felino en peligro de extinción. La Iglesia se salta a la torera las conclusiones científicas y nos quieren imponer a todos su forma reaccionaria de entender la vida, en definitiva, su moral particular y reduccionista. El aborto es una opción y no una obligación, y su materialización es un derecho de las mujeres que estarán sometidas a seguimiento estricto de la legislación.

Dos consideraciones finales a modo de pregunta: ¿A quién le está haciendo el juego la Conferencia Espicopal? ¿Hasta cuándo estos insumisos a las reglas de la democracia van a seguir disfrutando de unos privilegios medievales? Mientras tanto sería más apropiado menos ruido de sotanas y más nueces evangélicas (igualdad de las mujeres en la Iglesia, el derecho a una muerte digna, la lucha contra las enfermedades de transmisión sexual, la investigación con células madre… Suma y sigue.).

Obama mueve ficha…

…y lo está haciendo con criterio. Los primeros pasos del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, están respondiendo a las expectativas que había levantado en la campaña electoral. La nueva administración norteamericana ha decidido retirar las tropas de Irak en 2010, ha apostado públicamente por la constitución de un Estado Palestino, ha anunciado el desmantelamiento de Guantánamo, ha congelado el salario de los altos cargos de la Casa Blanca, ha puesto límite para los emolumentos de los directivos de las empresas que reciban ayuda estatal, se ha implicado en la Alianza de las Civilizaciones… Un largo catálogo de medidas que están mostrando la cara progresista del presidente de la primera potencia mundial y que marca una clara diferencia con su antecesor, George W. Bush.

La última iniciativa es la autorización de la investigación con células-madre con financiación federal. Obama levanta algunas restricciones en una clara apuesta por la ciencia con conciencia para “curar algunas de nuestras más devastadoras enfermedades y patologías” frente a la cerrazón del pensamiento único de los sectores más conservadores. Y se posiciona en este debate sin renunciar a su credo cristiano y con mucha cautela: “Estoy obligado a ayudar a los que sufren… Se hizo una elección errónea entre la ciencia razonable y los valores morales. Creo que esos dos aspectos no son irreconciliables”. No se entiende, por tanto, la reacción alarmista y desaforada de los estamentos más ultras.

El Vaticano ha puesto ya el grito en el cielo. Muestra públicamente su preocupación ante la consolidación de un “Zapatero global”. Resulta sintomática la comparación entre los presidentes de EEUU y de España. La Santa Sede teme que Obama emule el perfil laico de José Luis Rodríguez Zapatero. Y eso que nuestro jefe del Gobierno está contenido, no ha desplegado todo el arsenal de sus convicciones en ese campo por pura diplomacia y pragmatismo. Lo que demuestra esta salida de la Iglesia de Roma, además de su posición anacrónica ante la evolución de la ciencia, es el pavor a perder comba ante la opinión pública internacional. ¿Quién se puede oponer a aliviar el dolor de enfermos y el sufrimiento de muchas familias? Sólo la derecha política, como hizo el PP y el Gobierno de Aznar en España o la administración Bush en EEUU. Así les ha ido.

Foto: El País.

Diversión inmoral

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Italia amanece convulsionada por una noticia: tres chicos han prendido fuego a un inmigrante indio en la provincia de Roma. El hecho en sí es dramático, sin duda, pero lo más chocante, lo más espeluznante, es la explicación ofrecida por estos agresores empadronados en el mundo del bienestar. No se sentían concernidos por un acto tan salvaje, lo hicieron por simple diversión, como si estuvieran practicando la caza del zorro. La víctima se encuentra en estado grave.

¿Qué clase de educación han recibido estos jóvenes para que vean con esta cruel naturalidad un atentado contra una vida humana? Posiblemente, estos muchachos del primer mundo se consideran superiores a los pobres que llegan del lado oscuro de nuestro planeta. Ciudadanos de primera frente a parias de piel oscura sin derechos. Gente acomodada que carece de principios y valores y que no considera seres humanos a los que no son de su esfera social. Han quemado a un hombre para solaz y entretenimiento con la misma frialdad con la que hubieran destrozado una pieza cualquiera del mobiliario urbano, sin ningún tipo de remordimiento o carga de conciencia. No sé si es más inmoral el comportamiento atroz de estos jóvenes energúmenos o el de una sociedad que crea monstruos, asiste impávida e insensible a sus barbaridades y no se preocupa por modificar esta dinámica. Algo tenemos que cambiar. Las luces de alarma están encendidas.

Foto: La Stampa. Carabinieris examinan el lugar donde el inmigrante indio fue quemado en la estación de Nettuno, ciudad a 70 kilómetros al sur de Roma.

El gran bulevar

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Tuvo lugar ayer la inauguración oficial de la Alameda en Sevilla, aunque de facto ya hace muchos meses que estaba abierta al público. El proyecto de reurbanización de este espacio emblemático de la capital andaluza recoge opiniones para todos los gustos. Mas quién la ha visto y quién la ve. El cambio ha sido brutal: ha pasado de ser una explanada terriza, desaliñada y degradada a convertirse en un magnífico bulevar. Más allá de cuestiones estéticas, siempre sujetas a controversias y a socorridos chistes, mi ciudad gana una gran plaza pública para goce y disfrute de la ciudadanía. El Ayuntamiento está desarrollando un modelo de ciudad abierto y cosmopolita, haciendo la Sevilla del siglo XXI.

Foto: El Correo de Andalucía.

Imagen de la vergüenza

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Me da pena algunas veces ser de Sevilla. Hay unos cuantos energúmenos, pocos pero con efectos implacables, que destrozan sistemáticamente los esfuerzos por embellecer y mejorar esta ya de por sí magnífica ciudad. Los vándalos campan a sus anchas. Arrasan con el mobiliario urbano, ensucian las paredes con garabatos indefinibles (una cosa son los graffitis y otra las mamarrachadas que lucen fachadas y puertas por doquier), atentan contra las apuestas culturales del Ayuntamiento… El alucinado que en la madrugada del martes arrancó de su pedestal una estatua de Dalí en la Plaza del Salvador estará disfrutando en su casa con su fechoría, refocilándose en su barbarie. ¡Menudo gilipollas! Antes ocurrió algo similar con pintadas en una exposición de escultura en la Alameda o con las continuas pintadas infames en edificios simbólicos. Pero este tipo de comportamientos dañinos repercuten de forma ostensible en la imagen de Sevilla, una población que tiene en el turismo una de sus principales fuente de riqueza y que necesita estar atractiva para captar visitantes. Y no sólo por interés hay que velar por los enseres públicos o el caserío, sino por civismo, por saber estar, por demostrar un elemental respeto a lo colectivo. ¿Quién le pone el cascabel al gato del vandalismo?

Foto: Diario de Sevilla.

Vaticano medieval

A vueltas con el stablisment de las sotanas. No ha pasado ni una semana y me veo impelido a censurar a la Santa Sede, ese rebaño de purpurados que intentan (sin mucho éxito) hacernos pasar por su aro retrógrado y reaccionario. Hace unas fechas esos personajes que viven y conspiran en el estado más pequeño del mundo perdonaban una chiquillada de John Lennon: el músico osó a afirmar que The Beatles eran más famosos que Jesucristo y la curia ha mantenido a los cuatro de Liverpool en el purgatorio de los proscritos durante cuarenta años. Un pequeño gesto a valorar, eso sí, perdón con mucho retardo, así obra la Iglesia, con excesiva lentitud de reflejos, de espaldas al mundo y a la realidad. Una de cal y miles de arena. Era demasiado aperturismo para unas mentes tan cerradas y obtusas. Ahora, el Vaticano se opone a una propuesta de Francia, en nombre de la Unión Europea, para despenalizar la homosexualidad. En la actualidad, en 91 países (con diferentes confesiones religiosas) se persigue a gays y lesbianas con castigos que van desde la privación de la libertad hasta la pena de muerte en ochos países islámicos. Ante este dato estremecedor, espeluznante, los encargados de velar por la palabra de Dios se esconden en argumentos rocambolescos y rancios. Dice el representante de la Santa Sede ante la ONU que se crearían “nuevas e implacables discriminaciones”. ¡Qué error! ¡Qué horror! Los que sufren discriminación son aquellas personas que no pueden ejercer su libertad de orientación sexual y si lo hacen, en determinados países sufren graves consecuencias. La Iglesia, en sintonía con la irracionalidad de las naciones que mantienen esa prohibición, se equivoca intentando imponer criterios morales a la libertad individual y los derechos civiles e ignorando pasajes de sus Evangelios. Comprensión y tolerancia que Roma sí ha derrochado con esos abominables sacerdotes y obispos acusados de pederastia y abusos sexuales a niños. La iniciativa sólo pretende pedir a los estados y a los organismos internacionales el respeto de los derechos humanos y el reconocimiento de nuevas categorías de personas protegidas. El Vaticano se cierra en banda. Sigue varado en la Edad Media. ¡Benedicto, que estamos en el siglo XXI!

Foto: Un homosexual de la ciudad de Al Baha, en el sur de Arabia Saudí, sentenciado por su orientación sexual a recibir 7.000 latigazos. El castigo se administra en varios días, de una vez supondría la muerte.