PSOE, 6 – PP, 1

La apuesta por la modernización de la línea férrea entre Algeciras y Bobadilla, infraestructura clave para el transporte de mercancías y viajeros del Campo de Gibraltar, tiene el sello socialista. Así se desprende de la respuesta del Gobierno a una pregunta del senador que suscribe sobre el presupuesto ejecutado en este proyecto entre 2008 y 2019, ambos años inclusive.

La cantidad invertida en este periodo, menos seis de gobierno socialista (2008 a 2011 y desde el 1 de junio de 2018 hasta 2019) y un poco más de seis del PP (desde 2012 hasta el 1 de junio de 2018), asciende a 294.023.100 euros. En la etapa socialista, se concentra el 86,3% de la inversión: más de 253,5 millones. Mientras que en los seis años del PP sólo se produjo una inversión de 40,3 millones, que representan el 13,7% del total. Con años de inversión prácticamente cero a cargo de los ejecutivos de Mariano Rajoy.

Lo que significa que, durante estos doce años, seis de cada siete euros invertidos en la modernización de esta línea básica para el futuro de la comarca, la provincia de Cádiz y Andalucía se produjo bajo los mandatos socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.

De acuerdo con los datos ofrecidos en la respuesta parlamentaria, los años de Gobierno del PP han supuesto un freno a una obra de vital importancia para la conexión del Puerto de Algeciras y para la mejora del transporte de pasajeros. La ejecución presupuestaria de este periodo deja en evidencia la falta de compromiso del PP con este proyecto estratégico, por el que, en cambio, se apuesta con rotundidad en la etapa del PSOE y concretamente en el plan integral para el Campo de Gibraltar impulsado por el presidente Sánchez.

La falta de inversión del PP cuestiona la forma de hacer política del alcalde de Algeciras y también senador del PP, José Ignacio Landaluce. Es llamativo que durante mucho tiempo el señor Landaluce ha permanecido callado y sumiso, con un sinfín de fotos de propaganda, mientras el Ejecutivo del PP estaba boicoteando de facto esta infraestructura básica y reduciendo la inversión a cantidades raquíticas.

Pura demagogia: silencio cómplice cuando se agraviaba a la comarca por parte de los equipos de Rajoy y tono crítico contra el Gobierno de Pedro Sánchez, cuando ahora se está gestionando con compromiso, sensibilidad y dinero la modernización de la línea Algeciras-Bobadilla.

Lo único que pretenden el PP en general y el señor Landaluce en particular es tapar sus vergüenzas por su desinterés y discurso de boquilla con esta infraestructura. Sólo buscan hacer ruido para confundir a los ciudadanos porque el único partido que ha apostado y apuesta por la Algeciras-Bobadilla es el PSOE. Los datos de ejecución de los Presupuestos Generales entre 2008 y 2019 hablan por sí solos.

¿Lealtad?

Basta repasar la cronología de los hechos para poner en evidencia a aquéllos que pedían endurecer el confinamiento restringiendo la movilidad y parando la actividad de sectores considerados no esenciales, aquéllos que cuando el Gobierno ha tomado la medida se han puesto a despotricar con el único fin de desgastar a quien toma una decisión difícil y previamente reclamada por ellos. Un caso de libro de doble moral. Cuando uso el indeterminado ‘aquellos’ me estoy refiriendo al Partido Popular, con Pablo Casado al frente de la desleal maniobra, y sus altavoces.

21 de marzo
El Gobierno de la Región de Murcia pedirá a Pedro Sánchez que prohíba cualquier actividad que no sea esencial para el abastecimiento de la población y la supervivencia, ordenando el cierre de todas las demás empresas e industrias garantizando así un mayor confinamiento de la población. (Seguir leyendo)

23 de marzo
Las voces que llaman a endurecer el confinamiento de los ciudadanos para frenar el coronavirus crecen cada día. A la propuesta del presidente de la Generalitat, Quim Torra, de confinar Cataluña se han unido otras autonomías como Murcia, que aprobó unilateralmente el cierre total de todas las actividades económicas no esenciales en la comunidad. También Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León y la Comunidad Valenciana abogan por restringir más la movilidad, aunque cada una con sus matices… (Seguir leyendo)

25 de marzo
Pedro Sánchez se esforzó este miércoles por la noche en convencer a los grupos del Congreso de que tenían que estar “unidos”, entre sí y con el Gobierno, frente al coronavirus. Durante el debate sobre la prórroga del estado de alarma, que esta vez sí necesita la aprobación del Parlamento, el presidente basó su intervención en esta idea. Pero la oposición, pese a que votó en su inmensa mayoría a favor de la extensión de este periodo excepcional (321 ‘síes’, 28 abstenciones y ningún ‘no’), pidió, a grandes rasgos, medidas de confinamiento social más duras que los actuales… (Seguir leyendo)

28 de marzo
El PP apoya las medidas para endurecer el confinamiento paralizando todas las actividades consideradas no esenciales, pero el secretario general del partido, Teodoro García Egea, ha criticado este sábado de nuevo al Gobierno en una intervención posterior a la de Pedro Sánchez… (Seguir leyendo)

30 de marzo
“No hay posiciones diferentes, hay días diferentes”. Pablo Casado justificó así que el PP se desmarcara este lunes de los planes, decretos y actuaciones del Gobierno en la crisis del coronavirus. El líder de la oposición endureció el tono y achacó a Pedro Sánchez errores graves en las formas y en el fondo. Le achacó “falta de diálogo” por no haber contactado con los partidos para pactar las últimas medidas… (Sigue leyendo)

Conclusión
El Gobierno de España había intentado en todo momento no frenar por completo la economía para evitar profundizar la crisis que sufriremos (aquí y en todo el mundo) como consecuencia del coronavirus. Confiaba en que las iniciales medidas de restricción de movilidad dieran sus frutos, no cerrando la puerta a endurecerlas si fuera pertinente. Cuando ha habido que dar el paso, guiado por la opinión de científicos y técnicos y anteponiendo la necesidad de vencer a la pandemia, los que habían reclamado un parón de más sectores económicos, se comen sus palabras, olvidan todo lo dicho y arremeten contra el Ejecutivo. No buscan derrotar al virus, sino al Gobierno…

Foto.- Heraldo de Aragón. Casado y Santiago Abascal.

Lo que no hay que hacer…

Esta crisis sin precedentes por el coronavirus es el momento de la unidad, de la solidaridad, de la responsabilidad individual y colectiva. En definitiva, de dar lo mejor de nosotros mismos como ciudadanos y como sociedad. Ahora no toca el regate corto y la búsqueda de un pírrico beneficio político. Esta consideración viene a tenor de una carta dirigida con el consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre, al ministro de Sanidad, Salvador Illa, por la distribución de material sanitario para hacer frente a la pandemia. Una misiva convenientemente filtrada a los medios y jaleada por el PP andaluz y que desafortunadamente no es consecuente con la excepcionalidad y la gravedad de la situación que nos está tocando vivir. No podemos perder la perspectiva en la que nos encontramos: desde la declaración del estado de alarma, la autoridad competente es el Ministerio y las decisiones se toman pensando en una dimensión nacional en colaboración con el resto de administraciones.

No se trata de que cada comunidad autónoma haga la guerra por su cuenta, sino de dar una respuesta colectiva a este desafío que afecta España (y a todo el planeta). Además, no caben ni la media verdad ni el regate corto. No se ha producido incautación, como reconoce la propia empresa (ver vídeo), sino puesta a disposición del material como exige nuestra legislación y el sentido común. Lo que está haciendo el consejero Aguirre y su equipo es justo lo contrario que exige este momento histórico. Debemos remar todos juntos y no retorcer la realidad buscando un espurio rédito político. En esta crisis o vamos todos juntos o no venceremos. Confiemos en que sólo sea un desliz pasajero del consejero y que la Junta de Andalucía se sume a la unidad de acción que exigen y se merecen todos los andaluces y los españoles.

Martes de progreso

Cada martes conquistamos avances y derechos. Cada Consejo de Ministros viene cargado de decisiones de calado. Hemos pasado de los viernes sociales (fecha anterior de la reunión del Gobierno de España) a los martes de progreso. Hoy mismo otros dos proyectos de ley han visto la luz: la reforma educativa que permitirá derogar la nociva LOMCE y la ley de libertad sexual, que consagra que sólo él ‘sí es sí’, el consentimiento expreso, para las relaciones sexuales. Dos pasos más en menos de dos meses que se unen a la subida del salario mínimo, de las pensiones y de las retribuciones de los funcionarios, a la modificación parcial de la reforma laboral para acabar con los despidos por bajas médicas justificadas, a la regulación de impuestos para las multinacionales tecnológicas y las transacciones financieras o a medidas para hacer frente a la caída de precios de la producción agrícola y ganadera, entre otros muchos.

Este amplio catálogo de logros contrasta con el griterío de la oposición de las derechas. Sólo preocupada en la crispación, el ruido y en provocar el enfrentamiento en los españoles para tapar estos avances. Con un Partido Popular instalado en una estrategia desquiciada de tierra quemada por una doble razón: la primera, para intentar difuminar que este ejecutivo de coalición de PSOE y Unidas Podemos funciona y que los mensajes catastrofistas desde las filas de Pablo Casado y aledaños distan mucho de la realidad; y la segunda, la disputa del PP por mantenerse como primer partido de la derecha le hace radicalizarse para competir con Vox. Los motivos que mueven a los populares nada tienen que ver con los intereses de los españoles, sólo están buscando su beneficio particular o defender su espacio político. O dicho de otro modo: puro partidismo, nada de patriotismo.

Foto.- RTVE.

Patriotismo de conveniencia

La historia se repite y el Partido Popular vuelve a hacer gala de su carencia absoluta de visión de Estado. Se ha estado negociando en Bruselas el primer presupuesto de la Unión Europea de la era post-Brexit. La tensión era evidente entre los 27 países miembros y la cumbre ha acabado sin acuerdo para cubrir la falta de recursos que ha supuesto la salida de Reino Unido. España ha estado liderando el bloque de estados contrarios a la reducción presupuestaria. O lo que es lo mismo, haciendo frente a eventuales recortes en el reparto de fondos europeos, que fundamentalmente afectaría a la política agracia común. Holanda, Suecia, Dinamarca o Austria se niegan a incrementar su aportación a las cuentas europeas. El Gobierno de España ha defendido con firmeza en Bruselas nuestras posiciones, hay mucho en juego y hay que pelearlo.

Pero como ya ocurrió a mediados de los noventa del ciclo pasado, cuando Felipe González negociaba aumentar los fondos comunitarios para nuestro país y José María Aznar lo llamaba pedigüeño en su estrategia de asalto al poder, ahora el Partido Popular ha estado intentando torpedear con su discurso radical la labor negociadora del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la cumbre. En lugar de ponerse detrás del legítimo representante de España, el PP ha demostrado, una vez más, su irresponsabilidad y no ha sumado fuerzas a la causa española. Un lugar muy destacado en esta táctica cerril lo ha ocupado la Junta de Andalucía, que ante la debilidad de Pablo Casado ejerce de oposición al Ejecutivo de la nación olvidando que representa al conjunto de andaluces y andaluzas.

Cuando el PP pierde el poder se tira al monte y antepone sin escrúpulos su interés electoral al general de España, en un demostración impúdica de patriotismo de conveniencia. Si uno repasa los grandes pactos de Estado que se han alcanzado en este país se han producido por la generosidad y altura de miras cuando el PSOE está en la oposición. La lealtad que exige la derecha cuando está en la Moncloa no se la aplica cuando pasa a ocupar la bancada opositora. Si ya lo dijo el ex ministro Montoro antes de llegar al cargo en los primeros tiempos de la crisis: “…que se caiga España que ya la levantaremos nosotros”. Pues en ésas siguen… Bronca, crítica visceral y nula visión de Estado… Los tenemos calados.

Artículo publicado ayer en centrohistorico.info.

Foto.Diario de Sevilla. Protestas de los agricultores por los bajos precios.

Desmesura

La reacción de las derechas al proyecto de ley para regular la eutanasia ha sido desproporcionada y mezquina. En su competición con Vox por el voto ultra, el Partido Popular, a través de su diputado José Ignacio Echániz, nos ha dejado la siguiente perla: “Hay una filosofía de la izquierda para evitar un coste social…. Son recortes sociales en toda regla con la excusa del derecho a morir”. Con este enfoque demuestra la nula sensibilidad con las personas que padecen una enfermedad grave, crónica o invalidante que produce sufrimiento insoportable. Ninguna empatía tampoco con sus familias. Lo que vuelve hacer de nuevo el PP es poner su moral por delante de los derechos y libertades individuales y de los principios y valores consagrados por la Constitución. Con este proyecto, el Gobierno de España busca preservar la integridad y la dignidad de enfermos en la recta final de su vida, con garantías jurídicas, éticas y sanitarias.

Nadie en la dirección nacional del PP ha rectificado, ni siquiera matizado, a su portavoz en este debate. Por tanto, suscribe de la primera a la última letra de este exabrupto ruin. El partido de Pablo Casado lleva mucho tiempo instalado en la desmesura. El PP ha calcado la línea argumental con las que hizo frente otros avances sociales conquistados a lo largo de más de cuatro décadas de democracia. Hicieron lo mismo que ahora con el divorcio, el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Primero ponen el grito en el cielo y luego se suben al carro de estos derechos, que no obligan a nadie, sólo están al alcance de las personas que libre y voluntariamente deciden hacer uso de ellos. Como ha señalado el portavoz socialista en el Senado, Ander Gil, el PP siempre llega diez años tarde a la defensa de estos logros sociales.

Morir en paz

Hace ya más de trece años, mi madre sufrió un ictus brutal que le provocó la muerte unos pocos días después. El daño producido por el derrame cerebral era de tal calibre que en el mejor de los escenarios habría quedado postrada en cama sin respuesta a ningún estímulo externo, conectada a una máquina para respirar y sin posibilidad alguna de recuperación o mejoría. Traducido a términos coloquiales, su estado sería el de un vegetal. Ella nos había dejado un testamento vital por vía oral: quería pasar por el tránsito de la muerte sin dar la lata a nadie, un reflejo fiel de lo que fue una vida de bondad y generosidad sin límites. A las veinticuatro horas del mazazo, mis hermanos y yo nos reunimos con el equipo médico que la atendía en el hospital público, un parte de extrema gravedad que ya conocía bajo cuerda a través de otro doctor amigo que trabajaba en el mismo centro.

Tras escuchar a la médica, y visto el panorama tan oscuro, le sugerí con tacto si se podría acelerar un final para un cuadro clínico tan terrible y sin marcha atrás, cumpliendo así con los deseos de nuestra progenitora. La respuesta de la médica fue airada y admonitoria. Se tomó francamente mal la petición familiar. Hasta tal punto de que le tuve que recordar que nadie iba a querer a nuestra madre más que nosotros. Ella fallecía horas después (apenas cuarenta horas después) por la crudeza del daño cerebral y descansaba definitivamente como ansiaba: sin generar molestia alguna. Todo un privilegio (merecido) que le concedió la naturaleza. Otras muchas personas y familias no han tenido tanta suerte.

A María, mamá, no hay día que no la tenga en el recuerdo, pero esta mañana escuchando la radio he rememorado estos duros momentos porque la ley de eutanasia llega hoy al Congreso de los Diputados. Será la tercera tentativa para regular este derecho y está vez tiene que ser la definitiva. Una amplía mayoría de la Cámara apoya la necesidad de esta importante conquista. Sólo encuentra el rechazo de Partido Popular y Vox, una derecha muy antigua que sigue anclada en una obcecación decimonónica, lejana incluso de la visión de muchos de sus votantes. Han de saber que morir en paz es un derecho. No hagan sufrir más a más familias.

Foto.- El País.