Vistatriste 2

Los puentes están dinamitados. El encuentro de las distintas familias de Podemos culminó ayer en fracaso y con las posiciones más distantes si cabe. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón parecen hoy enemigos irreconciliables, se sitúan en las antípodas. Desde el 26-J, con el pinchazo electoral (pérdida de más de un millón de votos por el ansia pablista del sorpasso que nunca llegó), la brecha se ha ido ensanchando sin cesar. No sólo estamos ante una pelea de sillones, que también. No comparten el modelo organizativo de partido: el primero quiere un poder omnímodo, de corte cesarista, con manos libres para hacer y deshacer, el segundo defiende una dirección más colegiada con recorte de atribuciones al líder. Tampoco existe sintonía en la acción política: el uno propugna la pancarta y la algarada y el dos se inclina por una política transversal haciendo valer la presencia en las instituciones. Ni siquiera coinciden en la estrategia de alianzas: Iglesias empuja para la fusión de Izquierda Unida, Errejón plantea una mayoría cualificada para que no prospere la convergencia. Entre ellos se ha abierto un abismo prácticamente insalvable. En una reciente actividad parlamentaria ni siquiera se sentaron juntos, pusieron un escaño y un compañero de por medio. La frialdad se ha instalado en su relación. Viven un enero gélido, la pobreza amistosa ha echado raíces. Todo apunta a una guerra sin cuartel durante el segundo fin de semana de febrero. Vistalegre acogerá a una asamblea de enfrentamiento y crispación, muy alejada de la primera edición de camaradería y buenos augurios. No sufren una crisis de crecimiento, es un conflicto profundo con consecuencias impredecibles.

Foto.La Razón. El saludo frío y marcando distancia en la Diputación Permanente del Congreso de hace una semana.

Falso arrepentimiento vs inhumanidad

La muerte repentina de Rita Barberá ha copado la actualidad política de las últimas horas y los opinadores gráficos han plasmado certeramente lo que ha acontecido. Por un lado, se ha producido el teatral arrepentimiento de los que fueran durante muchos años compañeros de siglas: sus antiguos colegas del Partido Popular han salido en tropel en defensa de memoria de la ex alcaldesa de Valencia cuando la habían apartado e incluso ignorado por estar incursa en una investigación judicial. Por otro, el gesto inhumano e insensible de los miembros de Unidos Podemos de no secundar el minuto de silencio aun con el cuerpo presente a escasos metros de la Cámara.

De camino, se producido un debate en los medios, fundamentalmente conservadores, sobre el respeto a la presunción de inocencia y la crueldad de las penas de telediario y los juicios paralelos. Suscribo sus palabras y espero que esa declaración de intenciones sea extensiva a todos los representantes públicos. Llama la atención este volantazo especialmente de estos medios, que no han tenido piedad ni  recato en declarar la culpabilidad de otros políticos sin esperar siquiera el pronunciamiento de los tribunales. Basta con que se deje funcionar el estado de derecho. No es mucho pedir.

Viñetas.- Miki&Duarte (Grupo Joly), Gallego&Rey (El Mundo), Manel Fontdevila (eldiario.es), Puebla (ABC) y Ortifus (Levante)

Tuviste una oportunidad…

Cada día suena más falso y forzado el lamento cansino de dirigentes de Podemos y de su filial, Izquierda Unida, pidiendo un gobierno alternativo de progreso. Desde el primer momento, con los resultados del 26 de junio, se vio que era imposible. ¿A no ser que se considere que la antigua Convergencia es de izquierdas? Sería tanto o más que aceptar pulpo como animal de compañía. ¡A quién pretenden engañar! Ahora que no salen los números, Unidos Podemos propone un día tras otro esa alianza y cuando realmente era factible, tras las elecciones del 20 de diciembre, rechazaron el acuerdo pensando sólo en un sorpasso que no se produjo. Como decía aquella canción de Los Secretos, tuviste una oportunidad y la dejaste escapar. Por tanto, la formación morada y sus satélites han de asumir la consecuencia de sus actos y dejar de culpar a los demás de sus errores. Si hoy no hay un gobierno de cambio, es porque la ambición de Pablo Iglesias y sus cuates lo impidió. Esa es la verdad que se niegan a reconocer en los cuarteles de Podemos y quizá por eso hay un cisma entre Iglesias y su antiguo amigo Íñigo Errejón. Una de sus socias, Mónica Oltra, líder de Compromís, ha deslizado una ligera autocrítica y ha admitido hace unas horas que, a toro pasado, Podemos debió apoyar un Gobierno socialista ante de las segundas elecciones. Cuanto les está costando aceptar una realidad que salta a la vista.

Foto.eldiario.es. Oltra e Iglesias.

Los que predican y no dan trigo

Predicando…

…y no dando trigo.

¿Qué dirían estos puristas de boquilla si un dirigente de cualquier otro partido político tuviera un trabajador sin contrato y al que pagaba en negro? No me equivoco mucho al imaginar que aplicarían la crítica más furibunda y le exigirían la dimisión inmediata.  Hasta sus socios de Izquierda Unida le ha pedido una aclaración y ejemplaridad ante un asunto poco ético. ¡Menos no se despacha! Ni por ésas. Las explicaciones de Pablo Echenique resultan insuficientes. No admite sin ambages el error. Prefiere poner paños calientes y refugiarse en excusas insustanciales. Es que encima le hacía un favor al asistente teniéndolo en la economía sumergida. Sus compañeros de Podemos, todos de mutis por el foro. Episodios como éste retratan a estos nuevos salvadores de la patria.

5,2 + 0,9 = 5

Comparativa Podemos IU 2015-2016 en España

En política no siempre dos más dos suman cuatro. Ya lo había dejado escrito en este blog en los últimos meses (21 de abril y 7 de mayo). Y eso es lo que le ha pasado a Unidos Podemos el 26-J. El conglomerado liderado por Podemos, con sus confluencias (En Comú Podem en Cataluña, Compromís en la Comunidad Valenciana y En Marea en Galicia), aumentó sus integrantes con Izquierda Unida y la formación balear Més para la cita con las urnas del domingo pasado. Partían con un apoyo total en diciembre de 2015 de 6.173.371 votos. A los 5.212.711 votos de la plataforma morada hay que incorporar los 926.783 de IU y los 33.877 de Més. El proyecto ampliado de Pablo Iglesias no sólo no ha sumado, sino que ha restado. Toda esta sopa de siglas se ha quedado en 5.049.734 apoyos, dejándose en el camino 1.123.637 votos y cayendo incluso por debajo del techo alcanzado en solitario por Podemos y confluencias en los comicios de 2015. Uno cada cinco electores le ha retirado la confianza. Esta tendencia a la baja se ha registrado en todos los territorios y con especial  intensidad en Andalucía y Madrid. En definitiva, un mal negocio.

Sorpresa

Todos los pronósticos saltaron anoche por los aires. Nadie había pronosticado el resultado final de las elecciones repetidas. Los ciudadanos hablaron con sus votos y destrozaron todas las encuestas. Y la expresión de la voluntad del pueblo hay que respetarla, nos guste o no. No somos como Julio Anguita, que en sus tiempos mozos abroncaba a los españoles que no le daban el apoyo del que él se creía merecedor. A partir de ahí, unas conclusiones a vuelapluma.

  1. Los resultados parecen disipar un nuevo bloqueo. El triunfo del bloque de derechas sobre el de izquierdas sólo deja con opciones reales de formar gobierno a Mariano Rajoy.
  2. Gana el PP y aumenta su distancia respecto al resto. Al partido de la gaviota le ha funcionado la estrategia de la polarización y el miedo al radicalismo de Podemos. El Brexit ha representado el último empujón para amarrar un registro que no habían imaginado en el mejor de sus sueños. Está claro que al PP la corrupción y las patadas al estado de derecho (las grabaciones del ministro del Interior, por ejemplo) no le pasan factura.
  3. El PSOE se mantiene como segunda fuerza política. Cierto que ha cosechado el peor resultado desde 1977, pero también que ha frenado el sorpasso de Unidos Podemos. Ha superado en votos y en escaños a los de Pablo Iglesias. Y ha sido fundamentalmente gracias a los 537.687 votos con que los socialistas han aventajado a los morados en Andalucía. Ningún sondeo previó este escenario.
  4. Fracaso de la convergencia entre Podemos (más confluencias) e Izquierda Unida. Se han dejado en el camino 1.090.000 votos. Uno de cada cinco electores le ha retirado la confianza a la formación morada y aledaños en seis meses. El proyecto de Iglesias encalla: tocó techo el 20 de diciembre. Queda sobre su conciencia que con su fatídico desempate ha propiciado una victoria más amplia del PP. Y es que, como su maestro Anguita en los años noventa del siglo pasado, Podemos es esa izquierda útil para la derecha. Otro daño de esta aventura fallida: Izquierda Unida ha entregado sus siglas para nada, sacrificio baldío.
  5. Ciudadanos también ha sido víctima de la polarización… Y de la ley electoral. Con casi el mismo porcentaje de votos, pierde ocho escaños. Tiene sobre su tejado la pelota de mantener a Rajoy como presidente del Gobierno. A ver en qué quedan las proclamas de campaña. Tendrán difícil ponerle un veto al actual inquilino de la Moncloa.
  6. Los institutos de opinión, tras el enésimo fracaso de sus augurios electorales, se tendrían que replantear su futuro. ¿Aquí no dimite nadie o entona al menos el mea culpa sin excusas? Sonoro fiasco de los sondeos, traspié sin paliativos. No ha acertado ninguno en nada. Sociólogos y politólogos se lo tienen que hacer mirar. Al igual que las mesas de debate políticos en televisión y radio, que han llenado horas y horas de programación con encuestas que se han alejado mucho de la realidad. El resultado supone un duro correctivo a esa forma espectacularizada de analizar la política.

Foto.- Vozpopuli. Colas para votar en un colegio de Barcelona.

Transformismo político

Evolución de Podemos

Menos del 12% de los votantes de Podemos dice sentirse socialdemócratas. Éste es uno de los muchos datos recogidos en la última encuesta del CIS y que pasan casi desapercibidos por el inusitado interés que despierta la estimación del voto y la asignación de escaños. Si esto es así, ¿a qué viene esa repentina conversión de Pablo Iglesias y su troupe a la socialdemocracia? Está claro: se trata de una simple pose para limar con técnicas de comunicación sus aristas más agresivas, las que despiertan mayor rechazo ante un electorado español poco dado al extremismo y la radicalidad. A Iglesias le hemos le hemos descubierto su perfil más duro, ha destilado abiertamente todo su rencor hacia el PSOE, la genuina socialdemocracia en España, durante esta legislatura fallida. No es de extrañar. Sabemos de dónde viene. No puede engañar a nadie. El líder de Podemos es tan socialdemócrata como Sánchez Gordillo, Cañamero o Julio Anguita. (Modo ironía ON).

Estamos, por tanto, ante el ejercicio de transformismo político más burdo para ocultar lo que hay debajo de la piel del cordero. Los principales dirigentes se han transmutado a la velocidad de la luz. Han pasado de la izquierda radical a la socialdemocracia en apenas un par de años. Sin pudor. Las últimas proclamas de Iglesias declarándose socialdemócrata no sólo no han convencido a nadie sino que han removido las tripas a muchos de los cuadros de la formación morada y mucho más a sus nuevos aliados de Izquierda Unida, de extracción y solera comunista, que siempre (desde la III Internacional en 1919 y la creación del PCE en 1921) han considerado a los socialistas como traidores de la izquierda. Ahora Iglesias sostiene que Marx y Engels eran socialdemócratas. Este revisionismo histórico insulta la razón y suena a catálogo comercial con publicidad engañosa. Pura mercadería.