Huyen del terror

(Advertencia: la imágenes son extremadamente duras, espeluznantes, pero reflejan la situación que viven muchas mujeres en el África subsahariana. Son crímenes de lesa humanidad a cargo de la banda terrorista y fundamentalista islámica Boko Haram).

Tenía muchas dudas si difundir este vídeo que ha circulado y mucho por WhatsApp durante las últimas horas. Su crudeza es máxima, duele ver el escaso respeto a la vida humana. Me han animado a su publicación las escandalosas declaraciones del nuevo líder del Partido Popular, Pablo Casado. Unas reflexiones propias de la derecha extrema, que buscan sembrar cizaña y alentar las bajas pasiones desde la mentira y la inoculación del miedo, inflando cifras a la enésima potencia y falseando la realidad por intereses espurios, indecentes. Casado se ha quitado la careta usando, como comentaba un amigo, un estilo cafre, en la misma onda de Le Pen o Salvini, de la ultraderecha que rebrota sin complejos en Europa. El vídeo recoge una de las causas que hace que miles de mujeres y hombres arriesguen la vida en un camino lleno de peligros hasta alcanzar la costa de Marruecos y jugarse a continuación la vida cruzando el Estrecho. Huyen del terrorismo, de la guerra, de las hambrunas, de las enfermedades, de la sequía y los rigores del cambio climático… Saben que allí no hay futuro, sólo escasas expectativas de vida y la muerte rondando a cada instante. Casado y muchos de sus cuates deberían ver este y otros muchos testimonios de lo difícil que es la existencia en esos pagos… ¿Quién frena esta presión migratoria cuando un mundo mejor está tan cerca y las imágenes que llegan a estos países desde aquí alumbran la esperanza de una vida mejor? Sólo es posible con la cooperación internacional, haciendo que las economías de estos estados, hoy muchos de ellos fallidos y con guerras tribales, prosperen y la gente no se quiera desarraigar. Mientras que eso no ocurra, este fenómeno de carácter global no tendrá fin y será imparable. No hay frontera que aplaque la desesperación.

Efecto huida

El Partido Popular exige lealtad a los demás partidos cuando gobierna pero jamás la practica cuando está en la oposición. Para la historia quedan las desafortunadas palabras del ya ex ministro Cristóbal Montoro sobre dejar caer la economía que ya vendría la derecha para recuperarla. Son especialistas en malmeter y atizar las bajas pasiones. Uno de sus temas recurrentes es el de la inmigración. Hace apenas unos días que han sido desalojados democráticamente de la Moncloa y al calor del gesto humanitario del Aquarius por parte del Ejecutivo socialista de Pedro Sánchez han sacado a pasear el efecto llamada. La llegada masiva de este fin de semana a las costas andaluzas nada tiene que ver con esta decisión de decencia, sino con la llegada del buen tiempo y con el cierre de otras rutas migratorias. Hasta que estuvo Mariano Rajoy, primeros de junio, habían llegado al litoral de Andalucía más de 8.000 migrantes, más de 1.200 menores de edad. Por tanto, estamos ante un efecto huida del hambre, de la guerra, del terror. Es una realidad que exige la implicación activa de la Unión Europea, la puesta en marcha de mecanismos efectivos de cooperación y que se actúe en origen para evitar que las mafias campen a sus anchas. El fenómeno de la inmigración hay que abordarlo con alturas de miras y no con la calculadora electoral. Del PP, sin embargo, no podemos esperar mucho.

Foto.ABC. Inmigrantes llegados este fin de semana a Tarifa (Cádiz).

Solidaridad a diario

Se nota que ha habido cambio en la Moncloa. La decisión del Gobierno de España de acoger a los migrantes del ‘Aquarius’ supone un aldabonazo a las conciencias dormidas, una llamada de atención a la Unión Europea, que sigue sin dar una respuesta global a la inmigración en el sur del Viejo Continente. Bruselas no puede continuar cruzada de brazos y se ha de comprometer con determinación con esta crisis humanitaria. En Andalucía entendemos bien este gesto de decencia y sensibilidad del nuevo gabinete socialista. Aquí la solidaridad la practicamos a diario. Nuestra posición geográfica nos sitúa como puerta de entrada de personas que huyen del hambre, de la guerra, del terror… El goteo es incesante. Sólo este fin de semana han llegado a nuestras costas más de 550 migrantes y en lo que va de año 1.350 niños y niñas han sido atendidos por los servicios sociales de la Junta de Andalucía. Esta comunidad fue la primera en proponer y acoger a menores no acompañados procedentes de Siria, país asolado por el enfrentamiento civil y el terrorismo, pese las reticencias del entonces Ejecutivo del PP. En Andalucía vivimos esta realidad muy de cerca y echamos de menos una Europa más solidaria, más responsable, más implicada.

Foto.Ideal. Inmigrantes llegados a Motril (Granada) este junio.

Contumaces en el error

Hoy se ha producido una luctuosa noticia que reabre el debate sobre el enorme error de recluir a inmigrantes en la cárcel de Archidona. La muerte de uno de los confinados, algunos medios han hablado de suicidio, nos devuelve a la primera línea de actualidad el despropósito del Ministerio del Interior de encerrar en una prisión a seres humanos que lo único que habían hecho era jugarse la vida en una patera huyendo del hambre, de la guerra o del terror. El Gobierno cosechó una crítica unánime por llevar a estas personas a una cárcel y de manera sibilina, como sostiene el sector ultra de la derecha en su discurso con tics xenófobos, vincular a inmigración con delincuencia. Además, el recinto, aún sin inaugurar, carecía de las mínimas condiciones de habitabilidad y no cuenta con ningún tipo de personal. Este triste episodio hace que la situación sea ya insostenible, como se ha señalado la Junta de Andalucía. La obligada investigación de lo ocurrido tiene que venir acompañada de la exigencia al ministro Zoido de encontrar un nuevo y más adecuado emplazamiento para los migrantes. Llevan demasiados días, más de un mes, en un recinto que no está concebido para este fin. Se echa en falta un poco de humanidad y también de diligencia.

Foto.- Diario Sur.

¿Por qué a una cárcel?

Sigue la llegada masiva de inmigrantes a las costas españolas. El buen tiempo que continúa haciendo pese a estar en la segunda quincena de noviembre los anima a seguir jugándose la vida en busca de un futuro mejor. El control en el litoral andaluz los obliga a hacer travesías más largas y, por tanto, con más riesgo. Este fin de semana más de medio millar ha arribado a Murcia, un punto hasta ahora no muy frecuente en las rutas de las pateras. Y como no es habitual tanta avalancha en esa comunidad, se han encontrado desbordados para atender a los 534 migrantes recién llegados. La solución del Ministerio del Interior no puede resultar más estrambótica: trasladarlos a Archidona (Málaga) y alojarlos en una cárcel aún por inaugurar. Sin entrar a valorar las condiciones del recinto, seguramente mejores que las de muchos centros de internamientos de extranjeros, la decisión del Gobierno de la nación tiene un mensaje subliminal inaceptable, una carga simbólica perniciosa, que rechina. Hay quien desde la derecha ha vinculado por prejuicio ideológico (y sin ningún tipo de escrúpulos ni datos objetivos) a inmigración y delincuencia. Alojarlos en una prisión por mucha bondad que persiga esta medida de emergencia puede alimentar esa imagen distorsionada y xenófoba cuando estamos ante seres humanos que huyen del hambre, de la guerra, de la muerte.

Presión migratoria

En lo que llevamos de año más de 3.800 inmigrantes han arribado a las costas de Andalucía. Este dato supone un incremento del 80 por ciento respecto a 2016. Pero no estamos hablando de números, sino de seres humanos que su juegan la vida por una expectativa de futuro mejor. Se demuestra, una y otra vez, que no existe frontera que contenga el hambre, las penurias o el miedo a la muerte por la guerra o el terrorismo. La costa andaluza se ha convertido en el segundo punto con más llegada de migrantes de la Unión Europea. Una realidad que nos debe hacer reflexionar. Sin embargo, vivimos demasiado ensimismados en nuestros problemas del primer mundo y no vemos la necesidad de recuperar la cooperación internacional y favorecer el desarrollo y la mejora de vida en los países de origen de la migración. Nadie quiere abandonar su hogar, sólo buscan oportunidades donde las hay. Ese anhelo no conoce límites.

Foto.- El País.

Todo sigue igual

2016 ha comenzado con los mismos argumentos de siempre. Más allá de la política, la actualidad está marcada por asuntos que nos conmueven, nos indignan y no parecen tener fin. Leo que ya se han registrado las dos primeras víctimas por violencia de género, una mujer y su hija de 9 meses asesinadas por un desalmado que luego se suicidó, que Endesa corta suministro eléctrico a una anciana de 83 años con serios problemas de salud, que un juez ordena desahuciar a una mujer de 86 años que avaló un préstamo a su hija sin saber leer o que hallan el cadáver de un subsahariano en Ceuta y llegan las primeras pateras a Andalucía. El mismo paisaje de adversidades que desmienten la fanfarria de la recuperación económica. Sólo habremos superado la crisis cuando los que peor lo han pasado en estos últimos siete años recobren el nivel de vida perdido. Terrorismo machista, pobreza, desahucios o inmigración siguen en la agenda, que nadie lo olvide.

Foto.- Minutos de silencio a las puertas de la Generalitat valenciana por el primer caso de terrorismo machista en 2016.