Letras, berzas y soponcios

Si no pagas las letras, te surgen los problemas… Pero si las borras, con intenciones aviesas, también y bien gordos. La manipulación de una foto distribuida por el departamento de comunicación del Ayuntamiento de Málaga ha provocado una marejadilla en el equipo de gobierno, con cabezas rodando por las escaleras y escenas propias de sainete, de cuplé de Carnaval o, por ponernos más televisivos, de Escenas de matrimonio o Cámara Café.

Vamos por partes. Situemos la representación: una peña de la capital, Cortijo de Torres, organiza su tradicional berza carnavalesca. Acumula ya diez ediciones. La Diputación regaló a los peñistas camisetas y delantales corporativos con su logo bien visible, una ‘M’ bien rolliza y distintiva, como respuesta a la solicitud de ayuda para la jornada gastronómica. El uso de dicho atuendo provocó un vivo debate entre los socios, una vez que la concejal Teresa Porras, del PP, montó en cólera cuando conoció la noticia, trasladó sus quejas y exigió que nadie usara las prendas de la Diputación en la medida que era el Ayuntamiento el que subvencionaba el ágape. La conclusión final del grupo fue que cada cual se pusiera lo que quisiera. Libre albedrío, es decir, triunfó la tesis de que a caballo regalado…

El día de la fiesta, el alcalde, Francisco de la Torre, pasó por la berza y se hizo la clásica foto con las cocineras, al menos dos de ellas lucían el mandil de la ‘M’. Sin embargo, el servicio de prensa del Ayuntamiento suministró la instantánea a los distintos medios de la ciudad con un retoque de laboratorio. La letra corporativa de la institución provincial había desaparecido como por ensalmo. Y siendo chusca la manipulación del original, suena más cutre la explicación oficial cuando se conoce el trucaje: se sostiene desde la Casa Grande de Málaga que todo el casposo episodio se debe a un lamentable error de un fotógrafo que estaba haciendo prácticas con el Photohop. Irrisoria salida por no decir patética e increíble. Hasta la propia mujer del alcalde dijo en una tertulia radiofónica que cuando oyó la versión oficial casi le “da un soponcio”.

Este episodio bufo se ha llevado por delante al director de Comunicación del Ayuntamiento. Posiblemente, un chivo expiatorio o una cabeza de turco para poner un cortafuego al escándalo. Le ha tocado la china, pero un periodista tan avezado como Isidro Cuberos no incurriría en un error tan básico. La manipulación de la foto suena a bravata de cuadro político descerebrado y sectario. Dicen que Cuberos presenta su dimisión tras una discusión acalorada con el regidor malagueño. Más a favor de esta versión.

Más allá de esta cabeza cortada de cuajo, y es que alguien tenía que pagar tanta desmesura, este lamentable asunto demuestra que los comportamientos cerriles no caben en política, que no se puede actuar desde el sectarismo y el exceso de celo, que no proceden las presiones sobre la sociedad civil por cuestiones tan inanes y que hay que tener más respeto a la ciudadanía y a las demás instituciones, sea cual sea el partido político que gobierne. El equipo de gobierno de Málaga ha mostrado la patita por debajo de la puerta y se avizora una actitud antidemocrática, insolidaria y de desconsideración a la autonomía de los colectivos y organizaciones sociales.

El alcalde quiere cerrar con urgencia el caso porque, a su juicio, es una “simple anécdota”. No se puede dar carpetazo tan rápido a un tan hecho procaz y triste, impropio de una institución como el Ayuntamiento de Málaga. El patrocinio público de actividades vecinales no les da derecho de pernada. Hacen falta explicaciones creíbles o, al menos, verosímiles.

Fotos: Diario Sur. Imagen trucada e imagen original. La segunda mujer por la izquierda luce un mandil de la Diputación sin la ‘M’ corporativa de la Diputación.

Roscón

¿Por qué hay cosas que sólo se comen una vez al año? Creo que el roscón de Reyes es mi pastel preferido (también me pierdo con los piononos de Santa Fe, lo digo por si alguien alguna vez se acuerda de mí). Me encantan los roscones de cualquier forma, pero sobre todo el que va relleno de nata. Empiezo a comer con deleite muy pronto, el día 4, vamos desde ayer, cuando llegan las primeras unidades a los mostradores, y prosigo hasta el día 7, si es que tengo paciencia para no devorarlo antes. Soy un poco sibarita, lo confieso, y suelo comprar el roscón en la pastelería de la Campana. Todo un clásico, una apuesta segura, para chuparse los dedos. Posiblemente, éste sea el mejor momento de todas las fiestas navideñas, junto al intercambio de regalos. Mucho protestar de todo este negocio consumista y cuando llega la hora de la verdad también me gusta recibir mi parte. Día de cabalgata, calles atestadas y noche de ilusión. Me he portado bien y este año no me toca carbón. ¿Dejarán algo en mi casa sus majestades de Oriente? Yo, por si acaso, me he autorregalado en las rebajas. No vaya a ser que por mi inclinación republicana los reyes magos pasen de largo. He sido muy generoso conmigo mismo, he dejado la visa temblando. Me lo merezco, digo yo.