Vox y la propaganda

Viejas recetas para tiempos nuevos. Cuando se analiza el discurso incendiario de Vox, se encuentran los rasgos clásicos de la propaganda de la extrema derecha. En un repaso somero de la profusa bibliografía sobre la materia, se perciben nítidas concomitancias con otros movimientos autoritarios de nuestra historia reciente. La formación que lidera Santiago Abascal ofrece mensajes son simples y reduccionistas, falaces y repetitivos, persiguen construir una apariencia de realidad desde la deformación, la exageración o la mentira, al más puro estilo Goebbels. Su propuesta es muy básica y de brocha gorda. Tratan de manipular psicológicamente a un destinatario vulnerable y que no tiene certezas en el futuro. En el caso español un país que está saliendo de una profunda crisis que ha dejado secuelas importantes en el bienestar y en el desarrollo económico y el empleo, además del debate territorial con Cataluña en el centro de la escena política. Su estrategia tiene un perfil netamente populista. Percuten en las dudas y los miedos colectivos y proponen soluciones milagrosas a fenómenos complejos.

Vox se presenta como una fuerza ultranacionalista (que exuda nostalgia del franquismo) y se constituye con el objetivo de perseguir y aniquilar las políticas de izquierda que, desde su ideario, son liberticidas y destructivas. Como sus ancestros políticos, es un partido totalitario, que no transige con las ideas de los contrarios y aboga por un control férreo de la vida social y cultural para su uniformación desde posiciones del nacionalcatolicismo. Estos radicales se definen como soberanistas de España, hacen ostentación de los símbolos de manera excluyente (se quieren apropiar del país y su bandera) y defienden la pureza de la raza (su posición sobre la inmigración es un ejemplo nítido). Además, son partidarios de la mano dura, de métodos expeditivos, de medidas contundentes y bravuconas. La transacción, el diálogo y el cumplimiento de las leyes, propios de la democracia y el estado de derecho, los ven como pérdida de tiempo o cesiones a los adversarios. Frente a lo que consideran blandura democrática, enarbolan la fuerza y el carácter.

En definitiva, esto es Vox. Sin complejos y envalentonados. (Entre tanto, Partido Popular y Ciudadanos alimentando a la hidra).

Foto.- Grupo Vocento. Abascal y la ultra francesa Marine Le Pen.

Siempre la radio

No entiendo mi vida sin la radio. Me acompaña en cualquier momento. Recuerdo mi primer transistor de onda media, traído desde Ceuta, lo más básico del mercado y que me permitió despertarme con las noticias y acostarme con un clásico de la época: ‘Medianoche’, de Antonio José Alés en la Cadena Ser (el Cuarto Milenio radiofónico de la época). O también las reuniones familiares de sobremesa en torno a radionovelas de largo recorrido, mucho sufrimiento y final feliz. ¡Cuánto ha llovido desde entonces! Y la radio sigue ahí, pisando fuerte. Ha cambiado la tecnología pero la radio sigue viva, cercana, imprescindible… Las voces se hacen de la familia, las fanfarrias forman parte la banda sonora cotidiana, los pitidos horarios marcan el son de la actualidad. Es el medio que, a mi modesto modo de ver, cumple mejor con las tres funciones clásicas del periodismo: informar, formar y entretener. Hoy se celebra el Día Mundial de la Radio aunque para muchos, entre los que me encuentro, todos los días son de la radio.

Reglas para el ‘estercolero’

La convivencia en las redes sociales, muy especialmente Twitter, se está haciendo difícil. Este espacio para el debate y la conversación se ha convertido en una jungla, en un estercolero donde se arrojan insultos, se difunden falsedades y se deforma la realidad con intereses espurios. Y todo esto se hace con traje de camuflaje, a través de perfiles falsos, de fakes, de cuentas anónimas que se despachan a gusto desde la cobardía del anonimato. En este ambiente putrefacto, donde en lugar de exponer se grita, donde en lugar contraargumentar se agrede o se amenaza, cuesta mucho sobrevivir indemne. Dan ganas a veces de entonar un ‘hasta aquí hemos llegado’ y salirse de un ecosistema en el que rigen las leyes del lejano oeste establecidas por los indeseables trolls. Ninguna persona que se sienta dañada en su honor o su intimidad puede hacer bien poco ante los que suplantan identidades o se ocultan en cuentas falsas. Esta caos necesita una regulación que, garantizando el derecho constitucional y sagrado a la libertad de expresión, ponga coto a los desmanes. Se debería poner límites a aquellos que se ocultan detrás de un antifaz para enfangar el debate público, articulando fórmulas que permitan desenmascarar a los cobardes y garanticen una charla a cara descubierta. Todo lo que no sea eso es dejar indefensos a los que actúan de buena fe. Libertad de expresión por encima de todo, también transparencia absoluta e identificación de los que participan en estos espacios. Sólo así el necesario debate democrático será sano y edificante.

Obsesión con Canal Sur

Estas palabras pertenecen a Francisca ‘Kika’ Caracuel, portavoz del Partido Popular en la Diputación de Málaga. Aquí lo importante no es quién lo dice sino qué dice y a qué partido pertenece.  Caracuel ha puesto rostro y voz al deseo más íntimo del PP: echar el candado a la Radio Televisión de Andalucía (RTVA). Menos mal que no está en su mano, de lo contrario habrían hecho lo mismo que con Canal Nou o despedir a casi un millar de personas como en Telemadrid. Los populares siempre hacen lo mismo: o manipulan y abusan para sus propios intereses de los medios públicos o los desmantelan cuando los han debajo en la quiebra (ojo con la calamitosa situación financiera de RTVE) y sin ninguna credibilidad ante la ciudadanía.

La obsesión del PP con Canal Sur viene de lejos, prácticamente desde el nacimiento de la cadena pública a finales de la década de los ochenta. Desde entonces andan enfrascados en una campaña permanente de desgaste. Como no pueden con ella, intentan dañar la imagen de un instrumento público que vertebra social y territorialmente a esta tierra respetando los principios de veracidad, neutralidad y pluralismo y manteniendo una audiencia respetable. El acoso no se dirige sólo contra la empresa sino también contra los trabajadores. El hostigamiento a los periodistas no cesa. Presiones que buscan condicionar la libertad de información de unos profesionales que llevan demasiado tiempo soportando actitudes para nada respetuosas.

El jefe de filas del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, tiene la oportunidad de desautorizar a su compañera o callar y otorgar. Me inclino por la segunda opción, ojalá me equivoque, no caerá esa breva. En la derecha han construido falazmente la leyenda urbana de que la RTVA es su enemiga. Y con esa rigidez mental que les caracteriza, todo vale con tal de atizar a la cadena pública.

Política de catálogo

Me declaro partidario de la innovación en la comunicación. Nuevos tiempos exigen nuevas formas de interacción con los ciudadanos. Las nuevas tecnologías han multiplicado las posibilidades y los formatos de diálogo (hasta hace poco el mensaje era unidireccional) entre representantes  y representados. Pero una cosa es modernizar y otra banalizar. Desde un punto de vista político, la presentación del programa de Podemos como un catálogo de venta de productos lo veo como una frivolización de la política. Y no sé si ese documento viene acompañado de las correspondientes hojas de reclamaciones para incumplimientos porque las ofertas no están garantizadas con una memoria económica de ficción. Pero sin analizar el fondo, que tiempo habrá, la forma elegida convierte el programa en mercancía y al ciudadano en consumidor. Un retroceso en cuanto a la consideración del electorado: se le presenta publicidad y no compromisos en virtud de un ideario político. Cada cual elige la forma de comunicarse con la gente, pero llama la atención que la formación morada, de corte anticapitalista, emplee métodos del liberalismo para presentar sus propuestas políticas. Qué lejos queda eso del programa, programa, programa. ¡Qué paradoja!

Viñeta.– Miki&Duarte (Grupo Joly)

Maniobra escandalosa

¿Qué diría cualquiera (y cuando digo cualquiera pienso sobre todo en el Partido Popular andaluz y sus altavoces) si me nombraran director de Canal Sur Televisión? Pondrían el grito en el cielo y con toda la razón. Pero es una hipótesis imposible, algo impensable a todas luces. A nadie en la cadena pública andaluza se le ocurriría hoy tan siquiera barajar mi nombre. La razón es clara: tengo una adscripción política muy definida y un medio que pagamos todos con nuestros impuestos tiene que elegir para sus puestos de dirección a profesionales sin identificación partidaria. El que ocupe un cargo de esas características no sólo tiene que ser, sino también parecer neutral. He intentado llevar la argumentación al absurdo para censurar la designación de Eladio Jareño, director de Comunicación y coordinador de Presidencia durante la etapa de Alicia Sánchez Camacho en el PP catalán, como nuevo director de TVE.

No se ha cortado un pelo el director general del ente público nacional, José Antonio Sánchez, al nombrar a una persona de la confianza de la Moncloa y de la calle Génova. Si el número uno de RTVE dice sin complejos que es de derechas y que vota al PP, pues esta circunstancia tampoco ha de ser un obstáculo para los miembros de su equipo directivo. Para redondear la jugada en el currículo de Jareño distribuido por la empresa se ha borrado todo lo relacionado con su pasado pepero. La desfachatez no tiene límites en el PP y sus aledaños. Han actuado como si mantuvieran el rodillo de su mayoría absoluta, como si en España no hubiera cambiado nada en los últimos años. Siguen aferrados a modos autoritarios y a políticas que aborrecen los ciudadanos. Sin embargo, el ruido de la incertidumbre política ha desplazado del primer plano de la actualidad esta maniobra escandalosa y artera con la firma azul de la gaviota. Una decisión que es mal síntoma y un anticipo de las trampas que tendremos que sufrir hasta que se despeje el horizonte político. Éstos de la derecha tienen muy mal perder y usarán cualquier instrumento a su alcance para soldarse al poder.

Sigue la purga en RTVE

El equipo directivo de RTVE que lidera José Antonio Sánchez está dejando a la cadena pública en sus momentos más bajos de credibilidad y de audiencia y al borde de la quiebra económica. Pueden pasar a la historia como los (cuasi)enterradores del ente. No se contentan en poner el medio al servicio de Mariano Rajoy y el Partido Popular, tirando por tierra el prestigio ganado en los años anteriores a que anidara la gaviota en la Moncloa, sino que ejecuta una sistemática caza de brujas sobre todo aquel que no comulgue con su sectarismo. A todo trabajador que no siga las directrices filopeperas se le envía a mazmorras o a galeras, esto es, se les aparta de la primera línea informativa.

El último episodio de persecución laboral lo ha sufrido el reputado periodista Óscar González por publicar presuntamente en un sistema informático de la casa la siguiente frase: “Una sencilla regla de tres: manipulación es corrupción; la dirección de Informativos manipula, ergo…”. La dirección le atribuye la autoría a González y le ha abierto un expediente disciplinario que puede acabar con suspensión temporal de empleo y sueldo. Y es que los amigos de Moncloa y la calle Génova están enardecidos, entre otras muchas verdades que no quieren ver ni oír, con las críticas del Consejo Profesional por la desmedida cobertura ofrecida a la detención de los titiriteros y el poco tiempo dedicado a los últimos casos de corrupción del PP.

Con esta decisión, han buscado un chivo expiatorio con quien cargar toda su ira y para seguir metiendo miedo a la redacción. Un nuevo caso de purga profesional de un staff acuciado por su gestión parcial, tendenciosa y atrabiliaria. Los trabajadores le han dado una lección con una respuesta inteligente, ejemplar y pacífica. Una vez conocida la iniciativa sancionadora empezaron a publicar en el mismo canal Inews poemas de Mario Benedetti, Ángel González, Miguel Hernández, Blas de Otero o Bertold Brech alusivas a la injusta situación y de apoyo a su compañero. No hay arma más poderosa que la palabra para desnudar a los necios.