La ley de Rajoy

La retirada del anteproyecto de reforma de la actual ley de plazos de interrupción del embarazo ha sido un triunfo de la sociedad española. Ahora Rajoy se quiere sacudir su responsabilidad y echarle el muerto al dimitido Gallardón. Y la iniciativa es suya y del PP, que no busque vías de escape falaces porque no va a convencer a nadie. El vídeo que ha preparado el PSOE deja la posición del presidente al descubierto durante los últimos casi tres años.

Ángel caído

No soy creyente pero la caída en desgracia de Alberto Ruiz Gallardón me recuerda el pasaje bíblico del ángel caído. Mariano Rajoy ha utilizado al ya ex ministro de Justicia  como ariete contra la progresista ley de plazos del aborto aprobada durante el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y lo ha dejado caer del paraíso conservador por el peso de las encuestas y el previsible castigo del centro ante tanta  reacción en los aledaños del PP. Una respuesta oportunista del presidente del Gobierno y una cabeza de turco después de tensionar a la sociedad española por razones de pura moralina.

Se podía recurrir al enemigo que huye, puente de plata… Pero no. Gallardón ha sido el peor ministro de Justicia de la democracia y en este periodo en el Gobierno ha mostrado su cara más rancia y ultra. Ahí quedan las injustas tasas que diseñan una justicia de primera y de segunda. Su renuncia ha sido un triunfo de las mujeres, de su libertad para decidir sobre su maternidad, y también el fracaso del ex alcalde de Madrid. Ha puesto tanta carne en el asador Gallardón que la desautorización pública de Rajoy no le ha dado más salida que su dimisión. El ex ministro ha quedado achicharrado y su marcha era inevitable, digna pero cantada y sin más vuelta de hoja. El presidente ha sacrificado a uno de sus peones para mejorar sus opciones ante las urnas por razones de cálculo electoral.

Ahora sólo queda que el Gobierno de la nación retire el recurso contra la ley vigente y deje que España sea un país moderno y no de tiempos del Medievo.

Días aciagos para Gallardón

Alberto Ruiz Gallardón ayer metió la pata usando en vano y con desprecio el nombre de Andalucía y hoy lo han cazado en una mentira. Dos actitudes censurables en un político y más si éste es ministro de Justicia. Dijo hace 24 horas el otrora alcalde de Madrid que el Gobierno no había aprobado ningún indulto a condenados por casos de corrupción. Y Jueces para la Democracia y los partidos de la oposición le han sacado los colores con un catálogo de casos. Durante los últimos dos años, el Consejo de Ministros ha concedido a propuesta del Ministerio de Justicia esta medida de gracia a una decena de cargos con penas por delitos contra la hacienda pública, entre ellos varios miembros de su partido (el alcalde y tres concejales de la localidad malagueña de Valle de Abdalajís ) y de CiU. El no rotundo y solemne con el que Gallardón despejó la denuncia se ha convertido en una nueva mancha sobre su credibilidad. El ministro ha intentado matizar sin mucho éxito su contundente negativa cuando se ha descubierto el engaño. No levanta cabeza desde que se le cayó la careta de moderado con la reforma regresiva de la ley del aborto. Acumula demasiados días aciagos.

Nota.- Para que no quede duda de las palabras de Gallardón: enlace del vídeo en El Mundo.

Del túnel a la caverma

Forges ha sintetizado genialmente hacia dónde nos conduce el Gobierno de Rajoy con su perjudicial gestión de la salida de esta maldita crisis. Une dos metáforas: del túnel de este tenebroso periodo de turbulencias económicas, sociales y políticas a la caverna del pasado. El Ejecutivo del PP protagoniza una enorme involución con leyes como la del aborto o la de seguridad ciudadana, con la reforma educativa, laboral o de la administración local, con la privatización de servicios públicos o el copago, con una justicia sólo para quienes tienen recursos y pueden pagar las tasas… Suma y sigue. En definitiva, recortes en derechos y en libertades que nos hacen retroceder a tiempos de infausto recuerdo y dibujan un país menos atractivo y más gris.

Griso acorrala a Gallardón

Susanna Griso ha dejado en evidencia a Alberto Ruiz Gallardón en Espejo Público. Y es que su reforma retrógrada de la ley del aborto tiene difícil justificación y menos aún cuando se ponen sobre la mesa argumentos de peso. La periodista lo ha acorralado ante las cámaras y el ministro de Justicia se ha refugiado en la defensiva muletilla de “usted está mal informada”.  Escaso bagaje para un político con teórica fama de oratoria, como también la tenía de moderado. La cara de Gallardón demuestra el apuro que está pasando en la entrevista: no puede ocultar su incomodidad ante una batería de preguntas que desmontan su débil argumentación. Está tan encastillado en sus posiciones reaccionarias que el ministro reconoce que la eliminación del supuesto de malformación grave del feto para interrumpir el embarazo en su texto normativo responde a una “convicción personal”. Inaudito. Es inaceptable que en democracia se legisle desde la moral particular o desde las creencias religiosas. No fue una buena mañana para un Gallardón al que se le ha caído la careta y ofrece cada vez de forma más nítida su verdadera esencia.