El defecto Zancajo

Una de las razones de la alarmante caída de la audiencia general de Canal Sur TV está en la pérdida de credibilidad de sus noticiarios. Los informativos constituyen la razón de ser de un medio público, la viga maestra sobre la que se sustenta y se justifica su existencia. Sin embargo, como ya he señalado anteriormente en este blog, la ‘nuestra’ no es profeta en su tierra: los andaluces prefieren conocer la actualidad a través de otras cadenas. Lo que supone un gran fracaso para un ente que por proximidad debería ser la referencia para sus conciudadanos. En los dos últimos meses ha conseguido sus dos peores datos de audiencia general en sus 31 años de historia gracias al desplome de su espacios informativos.

En mayo, los servicios informativos de Canal Sur han certificado su preocupante tendencia a la baja con una audiencia media del ‘Noticias 1‘ y el ‘Noticias 2’ por debajo del 10%. En concreto, se han situado en el 9,9%. El noticiario de mediodía ha cerrado mayo con un 10,3%, con cambio de formato, modificación de duración y fraccionamiento de la emisión para trampear la medición de audiencia. Ha oscilado entre un mínimo histórico para la cadena del 5,6% (2 de mayo) y el 12,8% (14 y 16 de mayo). El espacio de la tarde-noche, que reúne a más público en términos absolutos, ha ido aún peor y ofrece una raquítica cuota de pantalla del 9,5%. Más de la mitad de las ediciones, también divididas en dos partes, han presentado un share por debajo de los dos dígitos, con una horquilla que va del 7,3% (6 y 27 de mayo) y el 11,9% (12 de mayo).

Estos resultados no dan para estar orgullosos y mucho menos si los comparamos con los de otras televisiones autonómicas. En mayo, Canal Sur ha ocupado el sexto lugar de nueve autonómicas auditadas por la consultora Barlovento. En la media de las franjas de mediodía y noche, la catalana TV3 cuenta con los informativos más vistos, con un 25% de cuota de pantalla. Le siguen la vasca ETB, con un 23% de promedio, y Aragón TV, que  se aproxima al 22%. Estas tres cadenas doblan con mucho la audiencia de la andaluza. Es muy llamativo el nivel de seguimiento del informativo de mediodía de la autonómica aragonesa, que concita el mayor porcentaje de público de todas sus competidoras en ese tramo rozando el 30% y con ediciones que superan ampliamente esta barrera. Por delante de la ‘nuestra’, y con un colchón cómodo, se sitúan también los informativos de la gallega TVG y la balear IB3. Y la castellana-manchega CCM le pisa los talones, sólo una décima por detrás.

El balance, por tanto, de los informativos es pésimo y tiene un principal responsable, su actual director, Álvaro Zancajo. Su llegada al puesto a finales de enero de este año ha supuesto un agravamiento vertiginoso de pérdida de audiencia, aunque en aras a la objetividad desde hace tiempo la tendencia era decadente y a la baja. Su irrupción ha resultado trágica para los Servicios Informativos y no sólo por la fuga de telespectadores. Al sectarismo, ausencia total de pluralismo y manipulación se han unido purgas y dimisiones que han puesto a la redacción en pie de guerra. Protestas del Consejo Profesional, de todos los sindicatos y de los profesionales a cuerpo descubierto en redes sociales contra la deriva de la casa y el incumplimiento del deber de servicio público. Y por si no era suficiente tamaño desaguisado, Zancajo está en disputa abierta con el director general, Juande Mellado, y la directora de Antena, Isabel Cabrera, de la facción del PP afecta al Gobierno de las derechas de Andalucía. Él rinde cuentas a Pablo Casado y la calle Génova. Guerra de familias que sufre la cadena. La cuota de Ciudadanos ni pincha ni corta, figura en el organigrama y milita en la irrelevancia.

Se presentó el fichaje de Zancajo como un revulsivo y está resultando ser una bomba de consecuencias incalculables. A su llegada en julio del año pasado, Mellado entregó las riendas de los informativos a Javier Domínguez, profesional de la casa casi desde los inicios, de corte conservador y formas moderadas, un nombramiento bien acogido por la mayoría de la redacción. Apenas seis meses después, se le relevó del cargo por indicación de altas esferas políticas para dar entrada un periodista de Madrid, con trayectoria polémica, inclinaciones ultras y métodos expeditivos. No ha defraudado. Se ha mostrado tal y como se preveía. Lo que se pensó como un efecto para someter a una plantilla de rojos (sic) se ha tornado en un serio defecto, el defecto Zancajo.

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