El señor de los destrozos

El consejero de Salud y Familia de la Junta de Andalucía es de esas personas que practican el desahogo como deporte y se ponen sin sonrojo el mundo por montera. Jesús Aguirre tiene el sistema público de salud como los zorros. Tiene enfadados y con el hacha de guerra a todos los sectores sanitarios, todos, incluso aquellos que en otra época iban de la mano del PP. Su trayectoria en el cargo tiene bemoles. Se sacó de la chistera medio millón de pacientes en listas de espera con un particular sistema de medición que dibujaba una Andalucía enferma, con un porcentaje inverosímil de potenciales pacientes. Una estratagema para poner en marcha un plan de choque y regar el negocio de sus colegas de la privada. Cuando se dio a conocer a finales de noviembre pasado la última estadística del Ministerio de Sanidad sobre espera sanitaria, con el mismo método de medición de siempre, Andalucía presentaba peores registros que antes de llegar las derechas a la Junta y con el triste bagaje de ser la comunidad que más había empeorado en España… y en tan corto periodo de tiempo. De estar mejor que la media, la gestión de Aguirre y las derechas nos ha colocado en el furgón de cola. Somos farolillo rojo, por ejemplo, en espera para una intervención quirúrgica con 164 días, nada menos que 91 más, tres meses más, que en la etapa socialista.

Con la gestión de la crisis de la listeriosis también se cubrió de gloria. Minimizando primero la gravedad del brote y poniéndose del lado de la empresa responsable de la enfermedad en lugar de estar con las víctimas. Luego, la contumacia de los hechos lo obligó a rectificar tanta equidistancia y displicencia. No en vano este alerta alimentaria ha causado tres muertes, ocho abortos, más de 200 ingresos hospitalarios y ha afectado a más de 2.000 personas. Ciertamente no era para tomárselo a la ligera ni con lisonjas.

También tiene en su haber en estos once meses de gestión el episodio chusco de las vacunas perdidas y luego encontradas, así como un fabuloso historial de colocar en cuatro días a sus amigos, dicho por el mismo Aguirre, en los puestos directivos del sistema público sanitario, la mayoría sin experiencia de gestión. A esta larga lista dedazos se acaba de sumar la incorporación en un puesto de libre designación de un sobrino suyo (en la foto, BOJA, 16 de diciembre de 2019, número 240, pág. 56). Un fichaje para el que no se ha tenido ninguna prevención ética. La exigencia de regeneración es para los demás, nunca para uno mismo, claro.

Los mentideros políticos hablan de cambios de alto nivel en el Gobierno andaluz a la vuelta de las fiestas. Más cambios y eso que el gabinete conservador ostenta ya el curioso récord de más de 30 ceses/dimisiones en menos de un año. Entre ellos, el que suena con más fuerza es el del consejero de Salud. No quiero pedir la dimisión de Aguirre, y mira que la merece, no vaya a ser que por pedirla desde la oposición se refuerce en el puesto. Pero es urgente que sea destituido… los destrozos que está haciendo en la sanidad pública son de aúpa.

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