Caerse del caballo

Las últimas horas de la campaña electoral se han visto sacudidas por el fichaje de Ángel Garrido, presidente de la Comunidad con el PP hasta hace dos semanas, por parte de Ciudadanos. Garrido se ha caído del caballo como San Pablo y se ha convertido de la noche a la mañana de azul en naranja. Por su boca han salido una prolija batería de críticas hacia los que ya son sus nuevos compañeros, palabras que albergan los archivos y que lo perseguirán en este salto al vacío. Se suma a lo que él denominó populismo pop de Rivera y su troupe sin rubor alguno, por despecho, por rencor, por deseo de venganza tras haber sido descabalgado del sillón con el premio de consolación (que no es poco) de un cuarto puesto en las listas de las europeas y escaño asegurado en Estrasburgo. La naturaleza humana se mueve más veces de las deseadas por los bajos instintos. El portazo de Garrido con aura revanchista lo sirve frío en un momento especialmente delicado para el partido de toda su vida a pocos días de la cita con las urnas. Sin duda, un golpe bajo injustificable desde la ética y explicable a duras penas desde los oscuros entresijos de ciertas conductas personales.

Y si cuesta digerir la decisión del fichado, lo que no tiene un pase es la política de pillaje de recursos humanos desplegada por Ciudadanos de un tiempo a esta parte. Un partido que dice representar la nueva política, que se da golpes de pecho como regenerador, no puede actuar con métodos filibusteros y abrir las puertas al transfuguismo. No dice mucho de Rivera que dé amparo y cobijo a todo aquel que sale rebotado o se siente molesto con otra formación política. Con este supuesto efectismo, Ciudadanos transmite ansiedad, desesperación y la idea de no contar con gente preparada en sus filas. Mal negocio para los naranjas. El tiro le puede salir por la culata como con el dedazo interruptus y posterior pucherazo descubierto en sus primarias en Castilla y León. También debería Rivera recordar las enseñanzas clásicas: Roma no paga traidores.

Viñeta.- Ricardo, en El Mundo.