Dispuso sus cabellos…

Dispuso sus cabellos,
sacudió las pavesas oscuras de los ojos,
midió sobre sus yemas una brizna rosada,
soltó la falda triste
y apareció desnuda.

Ni diosa, ni dulce ni serpiente.

La verdad de su carne,
sola en lluvia o en tacto.
Memoria de la hierba,
desde el talón tensada.

Alisó una última
estela fervorosa
y supo, inexorable, que no existe
Paraíso o espadas.

Juana Castro, de su poemario Fisterra.

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