No he querido escribir estos días de uno de los asuntos de actualidad de la semana porque cada cual hace con su dinero lo que quiera siempre que sea legal. Si hoy escribo este post es porque los protagonistas, Pablo Iglesias e Irene Montero, lo han convertido en materia pública convocando un referéndum entre las bases de Podemos para seguir o no en sus cargos tras la compra de un chalet de lujo por valor de 600.000 euros. Esta operación inmobiliaria no es noticia en sí misma, lo que ocurre es que la demagogia y populismo podemitas la habrían definido como propia de la casta si los titulares de la escritura fueran de otro signo político. Iglesias y Montero han impartido tantas lecciones de moralidad y han repartido tantos carnets de pureza democrática que esta compra ha puesto sobre el tapete sus contradicciones. Haz lo que yo diga y no lo que yo haga. Y por si no fuera ya sangrante la incoherencia entre su discurso y su praxis, también existen sospechas más que fundadas sobre supuesto trato de favor en la obtención de la hipoteca: cobertura del 90% del precio de compra, cuando el límite para la inmensa mayoría está en el 80%, y condiciones muy favorables de pago, al alcance de muy pocos proletarios en el mercado bancario. El resultado es que tienen una vivienda propia de aquellos a quienes los morados llaman casta y además han conseguido supuestos privilegios hipotecarios de los bancos. Se someten al veredicto de los suyos en un plebiscito personal, una maniobra a la desesperada de trasnochado culto al líder, pero la gente, la ciudadanía en general, ya los tiene calados.

Foto.- La Razón.

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