¿Por qué a una cárcel?

Sigue la llegada masiva de inmigrantes a las costas españolas. El buen tiempo que continúa haciendo pese a estar en la segunda quincena de noviembre los anima a seguir jugándose la vida en busca de un futuro mejor. El control en el litoral andaluz los obliga a hacer travesías más largas y, por tanto, con más riesgo. Este fin de semana más de medio millar ha arribado a Murcia, un punto hasta ahora no muy frecuente en las rutas de las pateras. Y como no es habitual tanta avalancha en esa comunidad, se han encontrado desbordados para atender a los 534 migrantes recién llegados. La solución del Ministerio del Interior no puede resultar más estrambótica: trasladarlos a Archidona (Málaga) y alojarlos en una cárcel aún por inaugurar. Sin entrar a valorar las condiciones del recinto, seguramente mejores que las de muchos centros de internamientos de extranjeros, la decisión del Gobierno de la nación tiene un mensaje subliminal inaceptable, una carga simbólica perniciosa, que rechina. Hay quien desde la derecha ha vinculado por prejuicio ideológico (y sin ningún tipo de escrúpulos ni datos objetivos) a inmigración y delincuencia. Alojarlos en una prisión por mucha bondad que persiga esta medida de emergencia puede alimentar esa imagen distorsionada y xenófoba cuando estamos ante seres humanos que huyen del hambre, de la guerra, de la muerte.