Gracias

junio 9, 2017

Desde hoy tengo la responsabilidad y el honor de ser consejero de Cultura del Gobierno de Andalucía. Un reto apasionante en un área fundamental para crear sociedades más avanzadas, más inclusivas y con mejor convivencia. Pero no es un solo un derecho para forjar ciudadanos más formados y más críticos. También es una oportunidad de generar riqueza y empleo, más si cabe en una tierra tan rica y con tanto talento y creatividad como la nuestra. Las industrias culturales son ya un sector económico potente en esta comunidad y contituyen una fuente de oportunidades para ayudar a consolidar un nuevo modelo productivo y crear empleo de calidad.

Y ante esta ocasión que me brinda el destino quiero dar las gracias a mucha gente.

Primero, a la presidenta Susana Díaz por pensar en mí para este puesto y darme una de las mayores satisfacciones políticas que podía imaginar. A esa confianza sólo se le puede responder con afecto, trabajo y dedicación.

A mi familia, a Regina, Miguel Ángel, Daniel, Abril y un largo etcétera de seres queridos, por animarme a asumir todas las empresas que se presentan aunque sean a costa de las vivencias y el tiempo compartidos.

A mis amigos y amigas, ese grupo de incondicionales que vive estas alegrías como si fueran propias. Nunca fallan. A mí me pasa lo mismo cuando les ocurre a ellos, nos une ese cordón indestructible del afecto sincero y desinteresado.

A mi equipo de estos últimos cinco años como portavoz del Gobierno andaluz. Sin ellos quizá no estaría hoy aquí. Su ayuda, su entrega y sus aportaciones no tienen precio. Me faltarán años para agradecer tanto compañerismo y tanta generosidad.

De bien nacidos es ser agradecidos. Sin duda. Y hoy, momentos antes de tomar posesión como consejero, he recordado a mis padres, ya nos están desde hace demasiado tiempo. Sin ellos, María y Manolo, nada habría sido posible. Habrían sentido un enorme orgullo de ver a uno de sus hijos ante este nuevo desafío vital. ¡Cuánto trabajaron para sacarnos adelante! Es de justicia tenerlos en la memoria hoy y siempre.

Ahora ya descargada la emoción, a trabajar. Y que la inspiración nos coja (esto será obra de un equipo, no de una persona) en el tajo.