Lección francesa para la izquierda

La primera vuelta de las presidenciales francesas han dejado fuera a los dos partidos clásicos (la derecha tradicional gaullista, los republicanos de François Fillon, y a los socialistas encabezados por Benoit Hamon) y a la izquierda. Triunfo del centro liberal de Emmanuel Macron, ex ministro de Economía con François Hollande, que competirá el 7 de mayo con la ultraderecha antieuropea y xenófoba de Marine Le Pen. La izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon ha subido menos de lo que pronosticaban algunas encuestas y ha quedado en cuarta posición. La izquierda sale mal parada en Francia. El Partido Socialista se desploma con un candidato que se escoró al radicalismo y la izquierda radical no ha sido capaz de atraer ese voto. Según estudios poselectorales del que se hacen eco algunos medios, el 68% de los votantes socialistas que apoyaron a Hollande en 2012 se han ido con Macron y menos del 20% con Mélenchon y el resto ha permanecido en el PSF. Otro dato significativo es que muchos de los sufragios de Le Pen provienen de antiguos electores comunistas. En cinco años de crisis y gestión complicada se ha producido un profundo cambio en el panorama político francés.

Con estos datos se pueden sacar unas primeras conclusiones para la socialdemocracia:

  • Cuando se renuncia a los orígenes para imitar a otros, la gente aleja de los socialistas.
  • La socialdemocracia ha de ser reconocible y útil. Cuando se aparta de ese camino, los ciudadanos se van a otras opciones.

Y tambiénpara la izquierda radical:

  • La gente vota a la izquierda si no presenta un programa que les mejore la vida, no se consigue mayorías por estar detrás de la pancarta o intentar asaltar los cielos.
  • No generar confianza un modelo que ha fracasado en el mundo entero.
  • Y ya con el resultado y con vistas a la segunda vuelta: no se puede mantener la equidistancia (como ha hecho Mélenchon o en España los líderes de Podemos) y hay que aunar fuerzas para parar a la ultraderecha.
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